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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
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¡Es el turno de la soprano en la Novena de N. S. de Lourdes!
Texto:
Panis angelicus
fit panis hominum;
Dat panis caelicus
figuris terminum
O res mirabilis!
manducat Dominum
Pauper, pauper,
servus, et humilis.
Traducción:
Pan de los Angeles,
se convierte en pan de los hombres;
El Pan del cielo
termina con todas las prefiguraciones
¡Qué maravilla!
Consume a su Señor
el siervo pobre y humilde.
Durante la Novena a N.S. de Lourdes este año en Tallaght, no lejos de Dublín, el cantor interpretó el Adoro Te Devote, himno eucarístico por excelencia de Santo Tomás de Aquino. Felizmente quedó esta grabación en vivo, que les comparto.
Texto:
Adóro te devóte Iatens Deitas,
Quae sub his figúris vere látitas:
Tibi se cor meurn totum súbiicit,
Quia te contémplans totum déficit.
Visus, tactus, gustus in te fállitur.
Sed audítu solo tuto créditur.
Credo, quidquid dixit Dei Fílius
Nil hoc verbo Veritátis vérius.
In cruce latébat sola Déitas,
At hic latet simul et humánitas;
Ambo tamen credens atque cónfitens,
Peto quod petívit Iatro paénitens.
Plagas, sicut Thomas, non intúeor;
Deum tamen meum te confiteor
Fac me tibi semper magis crédere,
In te spem habére, te dilígere
O memoriále mortis Dómini!
Panis vivus, vitam praestans hórnini!
Praeta meae menti de te vivere.
Et te illi sermper dulce sápere.
Pie pellicáne, Iesu Dómine,
Me immúndum munda tuo sánguine.
Cuius una stilla salvum fácere
Totum mudum quit ab omni scélere.
Iesu, quem velátum nunc aspício,
Oro fiat illud quod tam sitio;
Ut te reveláta cernens fácie,
Visu sim beátus tuae glóriae. Amen.
Traducción:
Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta Palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vió Tomás pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.
Amén.
Joyful Friar
A Picture Is Worth A Thousand Words
The old priest was shocked by the sight of that pair of shoes just at the moment they were talking with such fervor of perfection and religious observance.
“What do you say of the light-mindedness of that young religious?” he asked his companion.
Martin did not like to pass judgment on others. If he had to give an opinion, he looked for the good side.
“No, no,” he replied at once, “it is not a question of light-mindedness. The great providence of God permits this deviation so that sinners may be brought back to Him. You know, Father, there are people so accustomed to an easy life and to pleasures that they are frightened when one even mentions austerity to them. Let us imagine now that a man like that, whose life is quite disordered, comes here to confess his sins. … Do you think your austere appearance and those shoes as big as boats that you are wearing would inspire trust in his heart? Not at all! But if he saw that young priest with his beautiful little shoes, he might think, ‘Now there is one who will understand me!’ And he would go to confession, and then the grace of God would do the rest.” The good priest accepted the lesson, and laughed heartily with Martin.
Ending On A Cheerful Note
Missionary Zeal
Love Is Boundless
What We Can Learn from St. Martin To-day
Called To Be Saints
Saint Martin, Man of God
What We Can Learn from St. Martin To-day
A New Kind of Justice
Patron Saint of Social Justice
What We Can Learn from St. Martin To-day
The Wonders of the Lord
Martin, the Miracle-Maker
What We Can Learn from St. Martin To-day
Without Love I Am Nothing
Martin of Charity
What We Can Learn from St. Martin To-day
Man of Prayer
A Contemplative Man
What We Can Learn from St. Martin To-day
Humility
St. Martin, A Humble Lay Dominican Brother
What We Can Learn from St. Martin To-day
Why Do We Celebrate the Saints?
Basic Facts about St. Martin de Porres’ Early Life
What We Can Learn from St. Martin To-day
Angel de Luz, ¡Maestro mío!
¡Oh siervo fiel de Jesucristo!
Tan sólo bien de ti recibo,
tan sólo paz, si estás conmigo.
Angel de Dios, Angel amigo,
tu bendición es mi camino,
tu amable voz me lleva a Cristo,
y al Cielo voy junto contigo.
Angel de Amor, vence tú el frío
que quiere helar mi alma de niño,
¡qué poco sé del Dios que sirvo,
y cuánto pesan mis extravíos!
Angel de Paz: te necesito.
¿Adónde vas? ¡Ora conmigo!
Tú sabes bien que Dios te dijo
“Cuida de él porque es chiquito.”
Ante la Cruz lloro y recito:
¡Gracias Jesús, por ti yo vivo!
Y ante la Cruz, Angel Bendito,
te doy las gracias y un beso mío.
Como este gesto vuelve con frecuencia en mi jornada, tengo el peligro de hacerlo sin prestarle la atención que se merece. Sin embargo es precioso por su historia, por su significado y por su poder.
Es la señal de mi fe; muestra quién soy y lo que creo. Es el resumen del Credo. Es la señal de mi agradecimiento. Tengo que hacer con amor y emoción este gesto que me recuerda que Jesús ha muerto por mí. Es la señal de mi intención de obrar, no para la tierra, sino para el Cielo. Al hacerla, y pronunciando estas misteriosas palabras.
-“EN EL NOMBRE DEL PADRE Y DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO” me comprometo a obrar:
• en el nombre del Padre que me ha creado,
• en el nombre del Hijo que me ha redimido,
• en el nombre del Espíritu Santo que me santifica.
En una palabra: a actuar como hijo o hija de Dios.
Este signo es la señal de la consagración de toda mi persona.
Al tocar mi frente: rezo a Dios todos mis pensamientos.
Al tocar mi pecho: consagro a Dios todos los sentimientos de mi corazón.
Al tocar mi hombro izquierdo: le ofrezco todas mis penas y preocupaciones.
Al tocar mi hombro derecho: le consagro mis acciones.
La señal de la Cruz es en sí misma fuente de grandes gracias. Debo considerarla como la mejor preparación a la oración, pero ya es en sí misma una oración, y de las más impresionantes. Es una bendición.
Si me emociona ser bendecido por el Papa, por un obispo, ¡cuánto más ser bendecido por el mismo Dios!.
Señor, concédeme la gracia de hacer de mi señal de la cruz un “Heme aquí” motivador para la oración, para la acción, para mi día entero; así como una poderosa llamada de las bendiciones del cielo sobre mí.
¡Qué bien se está contigo SEÑOR junto al SAGRARIO!
Qué bien se está contigo, ¿por qué no vendré mas?
Hace ya muchos años que vengo a diario y aquí te encuentro siempre -AMOR SOLITARIO- solo, pobre, escondido, pensando en mi quizás!….. TU no me dices nada ni yo te digo nada; si TU lo sabes todo ¿que voy a decirte? Sabes todas mis penas, todas mis alegrías, sabes que vengo a verte con las manos vacías.
y que no tengo nada que te pueda servir.
Siempre que vengo a verte, siempre te encuentro solo
¿Será SEÑOR que nadie sabe que estás aquí? no sé; pero se, en cambio, que aunque nadie viniera, aunque nadie te amara ni te lo agradeciera, aquí estarías siempre esperándome a mi….. ¿Por qué no vendré mas? ¡Que ciego estoy, que ciego! Si se por experiencia que cuando a TI me llego siempre vuelvo cambiado, siempre salgo mejor.
¿A donde voy Dios mío, cuando a mi Dios no vengo?
¡Si TU me esperas siempre! Si a TI siempre te tengo
si jamás me has cerrado las puertas de tu AMOR.
Por otros se recorren a pie largos caminos,
acuden de muy lejos cansados peregrinos o pagan grandes sumas que no han de recobrar.
Por Ti, nadie me pregunta, de TI nadie hace caso,
si alguna vez te visitan es solo así de paso; aquí eres TU quien jamás paga si alguno quiere entrar.
¿Por qué no vendrás si se que aquí, a TU lado, puedo encontrar, Dios mío, lo que tanto he buscado mi luz, mi fortaleza, mi paz mi único bien?
¡Si jamás he sufrido, si jamás he llorado SEÑOR sin que conmigo llorases TU también! ¿Por qué no vendré mas JESUCRISTO BENDITO?
¡Si TU lo estás deseando! si yo lo necesito! Si se que no soy nada cuando vengo aquí….. Si aquí me enseñarais la ciencia de los santos como aquí la buscaron y la aprendieron tantos, que fueron tus amigos y gozan de TI….
¿Por qué no vendré más, si sé yo que TU eres el modelo único y necesario que nada se hace duro mirándote a TI aquí….?
El SAGRARIO es la celda donde estás encerrado…..
¡Que pobre, que obediente, que manso, que callado,
que solo, que escondido……nadie se fija en TI!
¿Por qué no vendré más? ¡ Oh Bondad infinita!
riqueza inestimable que nada necesita, y que te has humillado a mendigar mi amor Abreme ya esa puerta, sea esa ya mi vida olvidado de todos, de todos escondida,
¡Que bien se está contigo, que bien se está SEÑOR !
Amén
Tengo la costumbre de andar con una pequeña cruz de madera en el pecho. Amo esta cruz porque Jesucristo salvó al mundo por este signo. Además, como hermano-religioso y ministro de la Iglesia Católica, quiero mostrar así mi entrega total a Jesús, mi Maestro.
Pero pasa, a veces, que cuando me ven los hermanos evangélicos con esta cruz en el pecho, comienzan a criticarme y me echan en cara que así estoy crucificando a Cristo; otros me dicen que soy idólatra, y que soy un condenado con el patíbulo pegado en el pecho; y por último no faltan los que hasta me quieren prohibir hacer la señal de la cruz o persignarme.
No entiendo por qué algunos se ponen tan fanáticos, o por qué se escandalizan frente a una cruz colgada en el pecho…
Bueno, no importa lo que piensan ellos de mí, pero sigo llevando esta cruz en el pecho porque es para mí un símbolo de la fe que llevo en mi corazón, esta fe en Cristo crucificado y resucitado.
Ahora les voy a hablar sobre la grandeza de la cruz de Cristo, y cómo el Señor invitó a sus verdaderos discípulos a cargar su cruz y seguir sus pasos. Ojalá que tengan la paciencia de consultar todos los pasajes bíblicos que les voy a citar. Creo sinceramente que nuestros hermanos evangélicos, al no leer toda la Biblia, sólo por ignorancia llegan a prohibir estas cosas.
La cruz de Jesucristo
Jesús murió crucificado, y su cruz, juntamente con su sufrimiento, su sangre y su muerte, fueron el instrumento de salvación para todos nosotros. La cruz no es una vergüenza, sino un símbolo de gloria, primero para Cristo, y luego para los cristianos.
1. El escándalo de la Cruz
“Nosotros predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos” (1Cor. 1, 23). Con estas palabras, el apóstol Pablo expresa el rechazo espontáneo de todo hombre frente a la cruz.
En verdad uno se pregunta: ¿Cómo podía venir la salvación al mundo por una crucifixión? ¿Cómo puede salvarnos aquel suplicio reservado a los esclavos? ¿Cómo podría venir la redención por un cadáver, por un condenado colgado en el patíbulo, por una muerte tan cruel como la de un malhechor?… (Deut. 21, 22; Gal. 3,1).
Cuando Jesús anunciaba su muerte trágica en la cruz a sus discípulos, ellos se horrorizaban y se escandalizaban. No podían tolerar el anuncio de su sufrimiento y de su muerte en la cruz (Mt. 16, 21; Mt. 17, 22).
Así, la víspera de su pasión, Jesús les dijo que todos se escandalizarían a causa de El. (Mt. 26, 31). Y en verdad, a raíz de una condena injusta, Jesús fue crucificado y murió en forma escandalosa.
2. El misterio de la Cruz
Jesús nunca dulcificó el escándalo de la cruz, pero sí nos mostró que su crucifixión ocultaba un profundo misterio de vida nueva. El camino de la salvación pasó por la obediencia de Jesús a la voluntad de su Padre: “Jesús fue obediente hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil. 2, 8). Pero esta muerte fue “una muerte al pecado”. A través de la debilidad de Jesús crucificado se manifestó la fuerza de Dios (1Cor. 1, 25). Si Jesús fue colgado del árbol como un maldito, era para rescatarnos de la maldición del pecado (Gál. 3, 13). Su cadáver expuesto sobre la cruz permitió a Dios «condenar la ley del pecado en la carne. (Rom. 8, 3).
Además, “por la sangre de la cruz” Dios ha reconciliado a todos los hombres (Col. 1, 20), y ha suprimido las antiguas divisiones ente los pueblos causadas por el pecado (Ef. 2, 14-18). En efecto Cristo murió “por todos” (1Tes. 5, 10) cuando nosotros aún éramos pecadores (Rom. 5, 6), dándonos así la prueba suprema de amor. (Jn. 15, 13 y 1Jn. 4, 10). Muriendo “por nuestros pecados” (1 Cor. 15,3 y 1 Ped. 3,18), nos reconcilió con Dios por su muerte (Rom. 5, 10), de modo que podemos ya recibir la herencia prometida (Heb. 9, 15).
3. La cruz, elevación a la gloria
La cruz se ha convertido en un verdadero triunfo por la Resurrección de Cristo. Solamente después de Pentecostés, los discípulos, iluminados por el Espíritu Santo, quedaron maravillados por la gloria de Cristo resucitado y luego ellos proclamaron por todo el mundo el triunfo y gloria de la cruz.
La cruz de Cristo, su muerte y resurrección han destruido para siempre el pecado y la muerte. El apóstol Pablo nos canta en un himno triunfal:
La muerte ha sido destruida en esta victoria.
Muerte ¿dónde está ahora tu victoria?
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?
El aguijón de la muerte es el pecado.
Pero, gracias sean dadas a Dios,
que nos da la Victoria por Cristo Jesús Nuestro Señor
(1 Cor. 15, 55-57)
Escribe también el apóstol San Juan:
“Así como Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto (signo de salvación en el Antiguo Testamento), así también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todo aquel que crea, tenga por El vida eterna” (Jn. 3, 14-32).
Y dijo Jesús: “Cuando Yo haya sido levantado de la tierra, atraeré a todos a mí” (Jn. 12, 32).
La suerte de Cristo crucificado y resucitado será, entonces, la suerte de los verdaderos discípulos del Maestro.
4. La cruz de Cristo y nosotros
En aquel tiempo Jesús dijo: “Si alguien quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame” (Mt. 16, 24). Eso quiere decir que el verdadero discípulo no sólo debe morir a sí mismo, sino que la cruz que lleva es signo de que muere al mundo y a todas sus vanidades (Mt. 10, 33-39). Además el discípulo debe aceptar la condición de perseguido, perdonando, incluso, al que quizá le quite la vida (Mt. 23, 34).
Así para el cristiano llevar su cruz y seguir a Jesús es signo de su gloria anticipada: “El que quiere servirme, que me siga, y donde Yo esté, allá estará el que me sirve. Si alguien me sirve, mi Padre le dará honor”(Jn. 12,26).
5. El cristiano lleva una vida de crucificado
La cruz de Cristo, según el apóstol Pablo, viene a ser el corazón del cristiano. Por su fe en el Crucificado, el cristiano ha sido crucificado con Cristo en el bautismo, y además ha muerto a la ley del Antiguo Testamento para vivir para Dios.
“Por mi parte, siguiendo la ley, llegué a ser muerto para la ley a fin de vivir para Dios. Estoy crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gál. 2,19-20).
Así el cristiano pone su confianza en la sola fuerza de Cristo, pues de lo contrario se mostraría “enemigo de la cruz”. “Porque muchos viven como enemigos de la cruz de Cristo” (Fil. 3, 18).
6. La Cruz, título de gloria del cristiano
En la vida cotidiana del cristiano,”el hombre viejo es crucificado”(Rom. 6, 6) hasta tal punto, que quede plenamente liberado del pecado. El cristiano diariamente asumirá la sabiduría de la cruz, se convertirá, a ejemplo de Jesús, en humilde y “obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.
No debemos temer llevar una cruz en el pecho ni menos colocar un crucifijo en la cabecera de nuestra pieza. Sí debemos temer “la apostasía” o la traición a la verdadera religión que sería lo mismo que crucificar de nuevo al Hijo de Dios (Heb. 6, 6).
El verdadero cristiano con la cruz en la mano debe exclamar: “En cuanto a mí, quiera Dios que me gloríe sólo en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”» (Gál. 6, 14).
Consideraciones finales
1. En la cruz de Cristo encontramos como un compendio de la verdadera fe cristiana y por eso el pueblo cristiano con profunda fe ha encontrado miles y miles de formas para expresar su amor a Cristo crucificado. Espontáneamente la religión del pueblo ha reproducido por doquier, en pinturas y esculturas, cruces de distintas formas. El creyente ha colocado cruces sobre los cerros, en el techo de sus casas, etc. el cristiano se persigna para proclamar su fe en la gloria de Cristo; el discípulo fiel se coloca la cruz en el pecho para anunciar la fe que lleva en el corazón…
2. Estas expresiones populares no son de ninguna manera idolatría como pretenden algunos hermanos evangélicos. Es realmente una auténtica expresión de fe y de amor a Cristo que murió por nosotros. ¡Qué hermoso cuando uno entra en una familia cristiana y ve cómo la cruz de Cristo tiene un lugar privilegiado en el hogar! ¡Qué profunda fe se expresa cuando un cristiano hace, con sentimientos de reverencia, la señal de la cruz! Es muy fácil y barato burlarse de estas expresiones populares de fe. Pero tales ironías son faltas graves al respeto y al amor al prójimo, tales burlas son simplemente signos de una atrevida ignorancia.
3. Y ¿qué decir de la cruz en el pecho? Si alguien sacerdote, religiosa o laico- lleva una cruz en el pecho con fe y amor, con sentimientos de reverencia, nadie tiene el derecho de reírse de esta persona. ¿Quién eres tú para juzgar y criticar los auténticos sentimientos religiosos del pueblo? Sólo Dios sabe escudriñar lo más íntimo de nuestros corazones.
4. Por último, una palabra acerca del crucifijo. Cuando sobre la cruz se coloca la imagen de Cristo, llamamos al conjunto “crucifijo”. No se adora el madero, sino que el cristiano ve a Cristo muerto en ella. Tener un crucifijo no es ninguna idolatría. Es un signo de amor a Cristo.
Nunca la Iglesia ha enseñado a adorar cruces, sino a adorar a Cristo que en ella murió. Sí, la Iglesia nos invita a venerar estos signos de fe. También nos enseña la Iglesia que nadie debe llevar una cruz en el pecho si no tiene al menos la intención sincera de seguir las huellas de Jesucristo. Menos debemos llevar una cruz como un simple amuleto o como un adorno para lucirse.
El amor al Señor que murió en la cruz hace que frecuentemente se hayan hecho crucifijos de materiales preciosos, pero en nuestros días la Iglesia vuelve a preferir un crucifijo simple y rústico, más realista y expresivo.
Queridos hermanos, éstas son las razones por las que nosotros los católicos veneramos y honramos la santa Cruz con sumo respeto. Y cuando nosotros llevamos una cruz en el pecho, siempre debemos acordarnos de las palabras del apóstol San Juan:
“En cuanto a mí, no quiere Dios que me gloríe sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo”. (Gál. 6, 14). “Que nadie, pues, me venga a molestar. Yo, por mi parte, llevo en mi cuerpo las señales de Jesús” (Gál. 6, 17).