“Fuentes de la Iglesia en el país africano de Burkina Faso denunciaron que los terroristas que han perpetrado los atentados de los últimos meses contra los católicos no eligen a sus víctimas al azar, sino que buscan a los sacerdotes…”
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Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
LAS MÁSCARAS DEL MAL
El maligno tiene muchas mascaras, a veces se conmueve hasta las lagrimas exponiendo sus ideas, otras veces usa un discurso disfrazado de inclusión, de amor fraterno y hasta de paz y tolerancia. Pareciera que le interesara la humanidad aunque la verdad sueña tan solo con destruirla.
Tiene muchas facetas, disfraces, ideas brillantes a los ojos del mundo, es astuto, y tristemente más que nuestra pobre humanidad ingenua y fácil de convencer, pues se ha paseado por la historia y nos supera en malicia e inteligencia. Imagínense, tuvo a Dios de su lado cuando brillaba como la luz (Luz-bel) antes de convertirse en lucifer.
Se vale de caras bonitas, de personajes de aprobación general, de líderes carismáticos, de actores y actrices de cine, de modelos, de personajes filántropos, de científicos, de millonarios y de gente reconocidas por su éxito, fama y fortuna.
Si un líder apuesto, como el primer ministro de Canadá (Trudeau) llora para exponer la importancia de la ideología de género y la imposición del aborto hasta el último mes de gestación, se gana miles de aplausos, sin embargo su crueldad no lo convierte en otra cosa que en un tonto útil del maligno.
Si una actriz como Scarlett Johansson, quien interpretó a Black Widow, la heroina de Avengers, apoya el feminismo radical, el lesbianismo, o la adopción de niños de parte de parejas del mismo sexo, es ovacionada entre un público joven y confundido por su fama, su belleza o su aprobación mediática. Lo mismo ocurre con la actriz de Harry Potter Emma Watson o la carita de muñeca de Star Wars, Natalie Portman (Novia de Thor en Avengers) Todas ellas feministas radicales y abortistas.
Si un multimillonario dona miles de preservativos o propone la esterilización masiva de las naciones, es visto por la mayoría, como un héroe, un prócer de la ecología o un sabio y atinado ser humano.
¡Al fin alguien pensante! Sí, pensante como piensa el mal, no el bien.
Estas y muchas caras más utiliza la oscuridad para engañar al mundo. Hasta se pone del lado de la naturaleza, haciéndonos creer que la mejor manera de preservar nuestro planeta y cuidar de las especies, es haciendo campañas que protejan la mayor diversidad posibles, pero eso si, asesinando al hombre.
Todo esto lo expone muy bien el mundo, usa palabras bonitas, hace discursos agradables en TED, en redes sociales, en revistas y noticieros. Es de buen humor, carismático, ágil al hablar y exponer sus ideas. Mientras nos va robando sonrisas, aplausos y el corazón nos conduce hacia su campo de concentración.
Pero nunca podrá esconder sus propósitos por largo tiempo. Tarde o temprano muestra sus agresivas intenciones, y todas apuntan a destruir al hombre, borrarlo de la faz de la tierra y sembrar en lugar de la vida, el caos y la muerte. El no quiere ver la tierra reverdeciendo, solo quiere ver el mundo deshabitado y desierto. Sueña con un moridero, con llanto, rechinar de dientes, fuego y azufre.
No han visto acaso la igualdad social que propone el comunismo en que termina? En paz? En igualdad? En prosperidad?
Prosperidad solo para sus líderes, el pueblo termina desangrado, atado de pies y manos, sin posibilidades, sin sueños, con hambre, perseguido o muerto.
Si los santos tienen como ideal, traer el paraíso a la tierra, el maligno aspira verla convertida en un infierno.
Si Dios quiere sembrar amor entre todos, el mal tan sólo quiere vernos destruyéndonos los unos a los otros en medio de conflictos, intolerancias, egoísmos y guerras.
El demonio se burla de nosotros, nos tienta haciéndonos creer que en las cosas terrenas encontraremos la felicidad. Nos invade de afanes materiales, de querer poseer, de proyectos mentirosos, de lujuria, de caminos que nos separen del evangelio, de una falsa alegría y una falsa paz.
Es un gran fraude, un falso camino, padre de la mentira y la muerte, contrastado radicalmente con Jesús, quien es EL único camino, LA única verdad y LA única y verdadera vida. Jesús es el hijo de Dios!
El Espíritu Santo nos acompañe, nos guíe y nos ilumine, para que podamos caminar hacia el cielo, descubramos los planes del mal que nos quieren llevar a la desgracia y conduzcamos acertadamente nuestras almas hacia el Señor. Somos sus ovejas y el es nuestro pastor, reconozcamos su voz en medio de tanto ruido.
Dios los bendiga.
Me ha sucedido con alguna frecuencia últimamente que resulto acusado de crear o fomentar las divisiones en la Iglesia. Como es de esperar, la acusación va unida a frases relativamente piadosas como: “Dios no quiere odio ni división sino amor y unidad;” o también: “No debemos dar testimonio de separación sino de unión en la Iglesia.”
Lo interesante es preguntarnos en dónde empiezan las divisiones y cuál ha de ser nuestra actitud responsable cuando surgen esas divisiones.
Por ejemplo, en el siglo III hubo un sacerdote llamado Arrio que empezó a decir que Cristo era una creatura de Dios y que no era eterno como el Padre. Su dicho más repetido se conoce bien: “Hubo un tiempo en que Dios era Dios pero no era Padre.” Por supuesto, esa no es la fe católica. Y el “Cristo” de Arrio no es el nos predicaron los apóstoles.
La pregunta es: ¿qué debe hacerse cuando alguien hace eso con Cristo? ¿Es responsable quedarse callado para no perturbar la tranquilidad en la Iglesia? ¿Pero es que acaso esa tranquilidad, que abre espacio y complicidad a la mentira, es compatible con nuestra fe? ¿No hubiera bastado a tantos mártires negar algo “sencillo” como la Resurrección del Señor, la Maternidad Divina de la Virgen o la Divinidad del Espíritu Santo para que, en sus respectivas épocas, se les hubiera dejado en paz? ¿Eran entonces ellos los que causaban “división” o más bien eran ellos los que denunciaban las novedades heréticas que dividen y confunden a la Iglesia?
La falsa unidad, fruto de una tranquilidad irresponsable que deja pasar cualquier cosa que se diga, no es una señal de amor a Cristo sino de absoluto desinterés por su Persona, su Palabra y el valor de su sacrificio. ¿Tolerarías que se dijera cualquier cosa de tu padre difunto? ¿Permitirías que se lastimara la memoria de tu madre? ¿Por qué entonces hay que creer que de Cristo y de su Iglesia sí se puede decir lo que sea, y que todos debemos permanecer callados por no romper la paz? ¿Es paz o es mordaza?
Por supuesto hay que hablar con caridad pero la caridad no riñe sino que reclama la claridad propia de la verdad.
«Desde la primera vez que se me pasó por la cabeza la idea de la llamada de Dios hasta que entré en el seminario pasaron diez años: con eso te haces una idea de las ganas que tenía de ser sacerdote», cuenta con humor Alejandro Ruiz-Mateos, un seminarista de sexto curso de Madrid, que este miércoles ha dado su testimonio en la presentación de la Jornada de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, organizada por la Conferencia Episcopal, Obras Misionales Pontificias, Confer y Cedis.
“Francisco dejó claro que ser católico implica aceptar la Revelación y no salirse de ella. Durante su encuentro este viernes en el Vaticano con la XXIª Asamblea Plenaria de la Unión Internacional de Superioras Generales, Francisco respondió a varias preguntas de las religiosas presentes, algunas de ellas concernientes a los estudios que el Papa ordenó sobre la institución de las diaconisas en los primeros siglos de la Iglesia…”
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“El Papa Francisco promulgó la Carta Apostólica en forma Motu proprio “Vos estis lux mundi” (Ustedes son la luz del mundo) que contiene las nuevas medidas que deben adoptar todas las diócesis del mundo para prevenir y combatir los abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia contra menores de edad y personas vulnerables. Las normas de este Motu proprio, publicado por la Oficina de Prensa de la Santa Sede este 7 de mayo, entrarán en vigor el próximo 1 de junio de 2019…”
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Crecí en una parroquia de Bogotá que lleva por nombre “La Anunciación.” Recuerdo en especial a algunos de nuestros párrocos: Alvaro Fandiño Franky, y luego quien estuvo muchos años, Jaime Hoyos Sáenz.
Como en estos tiempos solo se mencionan las palabras “niño” y “sacerdote” en la misma frase si también están las palabras “escándalo” y “abuso”, es mi deber, y lo hago con gusto, recordar en voz alta el bien que tantos sacerdotes ejemplares, como los ya mencionados, tuvieron en la formación de mi carácter, mi fe y mi vocación.
Es una terrible injusticia que la labor heroica, silenciosa, perseverante de tantos hombres buenos sea olvidada a propósito de modo que los peores sentimientos se levanten contra la Iglesia de Cristo. Una mirada más reposada y sobre todo más justa siempre revela que la norma ha sido buscar el bien, como yo lo recibí de niño tantas veces, y que la excepción han sido los lamentables casos que hoy nos duelen a todos.
Desde aquí quiero saludar con gratitud a tantos sacerdotes generosos y quiero decirles que muchos de nosotros tenemos suficiente memoria como para no dejarnos arrastrar por la injusticia. Dios bendiga a los hombres de Dios.
“No tengo paciencia para los sacerdotes que se declaran homosexuales e insisten en que el sacerdocio es una especie de jaula. Nadie te obligó a convertirte en sacerdote. Los fieles no necesitan lidiar con tus problemas, amigo. No merecen lidiar con ninguno de nuestros problemas. Les servimos. Punto…”
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Padre Nelson Medina: con motivo de la condena del Vaticano al excardenal Theodore McCarrick me he sentido un poco desconcertada y no termino de aclararme. Por momentos pienso: ¿qué sentido tienen condenar a un anciano de 88 años? Y casi me parece que es más una especie de “ajuste de cuentas” o de crueldad con un anciano, o como ganas de aparentar que en la Iglesia sí se está haciendo algo frente a tantos escándalos en tantos países. ¿No hay algo de fariseismo en esa especie de show que se ha montado por todas partes y en todos los medios? Yo no le quito importancia a sus crímenes sino que simplemente pregunto. Tal vez usted me pueda ayudar a entender. — C.G.
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Yo encuentro explicable que muchos laicos–y entre ellos, Ud.–tengan una actitud de profunda desconfianza ante las medidas que toman las autoridades de la Iglesia, estando a la vista tantos errores y escándalos. Invito, sin embargo, a tener también una actitud crítica frente a la propia mirada, no sea que terminemos creyendo que juzgamos de lo de fuera cuando solo estamos viendo la acumulación de nuestros propios prejuicios y dolores.
Un modo interesante de discernir algunas situaciones morales difíciles es hacerse la pregunta por el caso opuesto. Este tipo de ejercicio funciona así: cuando Ud. esté frente a un caso complejo en el que es posible tomar uno de dos caminos, pregúntese: Manteniendo todas las circunstancias iguales, ¿es preferible tomar la opción primera o la segunda?
Voy a dar un ejemplo que no tiene que ver directamente con la situación que sirve de tema a su pregunta. Pensemos en una familia. Quedó una herencia considerable cuando murieron los papás y el hermano mayor fue depositario de la confianza de todos los menores para hacer todas las diligencias legales. Resulta que ese hermano mayor abusó de esa confianza y, simplificando las cosas, logró manipular las cosas para quedarse con más del doble de lo que legalmente le hubiera correspondido. Un tiempo después, estando enfermo de mucha gravedad, en su lecho de muerte confiesa su fechoría, con la gravedad de que sus irresponsabilidades financieras habían malgastado lo que tenía y lo que usurpó a sus hermanos, de modo que en la práctica no hubo restitución alguna. Pregunta: ¿sirve de algo esa confesión de su pésimo proceder?
En términos puramente económicos, no parece que una confesión así sirva de algo pero apliquemos el criterio mencionado: ¿qué es mejor, que se vaya a la tumba sin decir nada de lo que se robó, o que lo confiese a sus hermanos como de hecho lo hizo? Pocas personas dirán que da lo mismo una cosa que otra, y menos aún dirán que era mejor que no hubiera dicho nada. Su acto humilde, y presumiblemente sincero, no arregla muchas cosas pero parece que quedarse callado sería moralmente peor.
Si aplicamos ese criterio a McCarrick llegamos a una pregunta como esta: Supongamos que este corrupto ex-cardenal muere dentro de dos años. Situémonos en dos posibles escenarios. En el escenario UNO, nadie lo expulsó del sacerdocio, y murió sin ninguna pena canónica con respecto al Orden Sagrado. En el escenario DOS, que es el que se ha dado, una sentencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ratificada como inapelable por el Papa Francisco, lo declara, en términos sencillos, expulsado de las obligaciones y derechos propios del sacerdocio. Pregunta: En 20, 30 o 50 años, ¿va a dar lo mismo una cosa que la otra? En 20, 30 o 100 años, ¿dará lo mismo que se diga: “Theodore McCarrick cometió tales crímenes y murió sin ser nunca castigado” o que se diga: “A pesar de numerosos errores y complicidades que Theodore McCarrick supo utilizar con astucia para su beneficio, finalmente se realizó un proceso canónico completo en contra suya, que condujo a su expulsión del orden clerical”?
Por supuesto hay muchísimas cosas que sucedieron en la historia de McCarrick y que jamás debieron suceder. De seguro, hay muchas complicidades agazapadas que deberían ser castigadas con seriedad comparable. Pero si la pregunta es: ¿se debió o no se debió pronunciar esta sentencia particular?, yo pienso que la respuesta es clara.
Uno puede dedicarse a renegar y desconfiar, y decir que es demasiado poco y demasiado tarde; o puede hacer el juego de las conjeturas sobre las intenciones, pero nada de eso cambia que un poco de bien puede ser el comienzo de más bien; mientras que otro poco de maldad, en este caso de impunidad, en nada ayuda al bien de la Iglesia.
Addendum sobre una posible excomunión
En cuanto a la excomunión, recordemos que esta tiene dos formas en la Iglesia Católica: “latae sententiae” y “ferendae sententiae” La primera, a veces llamada “automática,” no requiere intervención explícita ni pública de la autoridad eclesiástica y, para todos los efectos prácticos, obra en la conciencia de la persona. Por el tipo de hechos gravísimos en que parece comprobado que estuvo envuelto el ex-cardenal cabe suponer que él haya estado bajo este tipo de excomunión pero, por el mismo argumento, también es posible que haya recibido la absolución de la misma excomunión–cosa que tampoco tendría que ser pública en modo alguno. Así que para los efectos de esta conversación, la “latae sententiae” no entra.
En cuanto a una excomunión “ferendae sententiae,” que es una sentencia pública emanada de la autoridad competente, hay dos problemas. Primero, para que la pena sea aplicada debe haber resistencia o contumacia (canon 1347). En el caso presente, la actitud de aceptación de McCarrick difícilmente puede contar como rebeldía. Uno puede sentir indignación hacia él y lo que hizo pero hablar de contumacia frente a las acciones que se han tomado, incluyendo ya la pena canónica de la expulsión del Colegio Cardenalicio, no es algo que corresponda a los hechos.
Suponiendo que de alguna manera se construyera el argumento de que en el presente hay contumacia, el segundo problema con la pena ferendae sententiae es que por su propia naturaleza una pena así no puede ser perpetua (véanse los cánones 1336 y 1342 § 2.). Esto implica que la misma excomunión podría ser levantada ante las señales externas de obediencia y aceptación. Tal levantamiento de la excomunión debería suceder en un tiempo previsiblemente corto, dada la edad de McCarrick, y ello nos pondría en la situación casi ridícula de producir una condena y meses después reivindicar a la misma persona.
Por todo ello es evidente que las excomuniones, en cuanto penas canónicas, de ninguna manera eran instrumentos correctivos apropiados en el caso que estudiamos.