1. Vive la naturaleza. En la playa, en la montaña, en la serranía, descubre la presencia de Dios. Alábale por haber hecho la naturaleza tan hermosa.
Decálogo Del Artista
– Amarás la belleza, que es la sombra de Dios sobre el Universo.
– No hay arte ateo. Aunque no ames al Creador, lo afirmarás creando a su semejanza.
– No darás la belleza como cebo para los sentidos, sino como el natural alimento del alma.
Creo En Un Dios…
Creo en un Dios que me ama locamente y que en un exceso de amor dibujó mi alma… Qué valentía!
Creo en un Dios capaz de haber pensado un universo para que mis pies y mis manos lo abrazaran… Qué osadía!
El Muro De La Fraternidad
El muro de la fraternidad está hecho con piedras desiguales.
Cada Piedra tiene su historia. Las redondas provienen de los ríos.
Ellas rodaron durante muchos años en el seno de las corrientes sonoras.
Otras fueron cantos rodados, bajando por las pendientes de las montañas.
Algunas fueron extraídas expresamente de las canteras ardientes.
Sólo Dios, Pero…
Sólo Dios puede dar la fe…Pero tú puedes dar tu testimonio.
Sólo Dios puede dar la esperanza…Pero tú puedes transmitirle confianza a tus hermanos.
Sólo Dios puede dar amor…Pero tú puedes enseñar a amar a los demás.
Sólo Dios puede dar la paz…Pero tú puedes promover la armonía.
Sólo Dios puede dar la fuerza…Pero tú puedes sostener al desfallecido.
Sólo Dios es el camino…Pero tú puedes mostrárselo a los demás.
Civilización Del Amor
Queridos hermanos y hermanas:
Desde Pablo VI hasta nuestros días, a través de SS. Juan Pablo II, el Espíritu Santo ha estado diciéndole a la Iglesia: “Ha llegado la hora de construír la civilización del amor”. ¡Qué palabras tan importantes y a la vez, tan desatendidas!
Creo En Un Dios…
Creo en un Dios que me ama locamente y que en un exceso de amor dibujó mi alma… Qué valentía!
Creo en un Dios capaz de haber pensado un universo para que mis pies y mis manos lo abrazaran… Qué osadía!
Creo en un Dios que no tolera ninguna clase de muerte, ni de dolor, ni de partida.
Los que no pudieron ver al Papa
Yo quisiera decir sólo cosas buenas de la Jornada Mundial de la Juventud; sin embargo, a todos nos ayuda ser autocríticos, y la Iglesia Católica no es una excepción.
Hablemos de catecismos (5)
Es interesante seguir la pista que va del Catecismo Holandés al Catecismo de la Iglesia Católica, de Juan Pablo II. Se puede especular incluso que sin el acicate de los holandeses tal vez no se habría llegado al Catecismo de Juan Pablo II.
Hablemos de catecismos (4)
El Catecismo Holandés (CH), publicado originalmente en 1967, quería abordar al hombre “adulto,” esto es, al hijo de la Modernidad, al que está acostumbrado a pensar en términos de ciencia, capitalismo y, sobre todo, su propia existencia y su propia búsqueda de felicidad. El experimento no resultó bien. Siendo grandes navegantes los holandeses, este barco hizo agua muy pronto, bajo el impacto de diversos factores.
Hablemos de catecismos (3)
El Catecismo Holandés
El término catecismo suele asociarse con la infancia. Los niños necesitan recibir los rudimentos o bases de la fe, y por eso una asocia “clases de catequesis” con la imagen de grupos de niños y niñas quizá preparándose para su Primera Comunión o recibiendo clases de religión en la escuela.
Hablemos de catecismos (2)
Hace poco llegó ante mis ojos (más que “a mis manos,” pues la cosa sucedió en Internet) un ejemplar del famoso Catecismo de Heidelberg, que es citado entre los protestantes como una referencia común y autorizada de su fe.
Hablemos de catecismos (1)
Recientemente el Papa Benedicto XVI promulgó el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, una obra que se basa en el Catecismo promulgado por Juan Pablo II, pero que simultáneamente quiere condensar e ir más allá de ese mismo Catecismo, publicado en 1992.
¿Y yo qué?
Buena cuenta me doy que ese camino de nuevas comunidades de laicos y sacerdotes unidos en un compromiso común y estable son posibles e incluso necesarias. No como reemplazo, sino como posibilidad que embellece a la Iglesia y le ayuda a estar mejor dispuesta a su tarea fundamental: dar testimonio de Cristo y ser así sacramento universal de salvación, como bien la llamó el Concilio Vaticano II.
La otra cara de la moneda
La insistencia en comunidades laicales estrechamente unidas al ministerio y la vida de sacerdotes no trae únicamente ventajas. Un sacerdote unido a una comunidad es fácilmente un sacerdote sin tiempo para otra cosa. Su mundo puede achicarse increíblemente y empezar a gravitar en torno a las necesidades reales o ficticias de un grupo pequeño o incluso de unas cuantas personas, sea porque ellas lo necesitan, porque lo reclaman, o porque el sacerdote mismo se siente más seguro o confortable junto a ellas.
Dar razón del hermano
Volvamos a los sacerdotes y la familia.
El mundo se ha llenado de comunicaciones pero no de relaciones reales, a escala humana. Puentes inmensos, imponentes, inimaginables hasta hace pocos años, cruzan como avenidas el espacio físico, pero no logran con la misma facilidad cubrir lo que nos puede distanciar del corazón de un vecino o de un compañero de trabajo. El Internet de los corazones no se ha inventado.
