DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C
Perseverar en la oración no es tratar de convencer a Dios sino disponernos a recibir su voluntad y sus dones.

Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C
Perseverar en la oración no es tratar de convencer a Dios sino disponernos a recibir su voluntad y sus dones.
La gran fiesta en honor de Yahvéh era llegar a la comunión con su propia vida a través del signo de la sangre.
MEMORIA DE SAN JOAQUÍN Y SANTA ANA, PADRES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
Si algo debemos retener de los padres de la Virgen es que sin duda pertenecen al Pequeño Resto de Israel.
Elementos de la victoria de Dios: la Palabra, el Espíritu y su ministro.
FIESTA DEL APÓSTOL SANTIAGO
Para la obra de Dios valemos todos: también los intensos.
Faraón había comprado la pasividad de los israelitas con abundante comida; Dios rompe esa estrategia dándoles pan del cielo.
Homilía para el DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C
¿Cuáles son nuestras prioridades y cómo las transforma un amor que sencillamente no tiene límites, el de Cristo?
Al presentarnos escenas de la historia del pueblo de Dios, la Iglesia quiere que saquemos enseñanza para nuestra propia historia y vida.
Cristo hace su misión desde el amor que restaura, y se margina de totalitarismo, sofismas y manipulaciones.
MEMORIA DE SANTA MARÍA MAGDALENA
Todo lo que en nosotros estuvo al servicio del pecado ahora debe quedar al servicio de Dios.
DOMINGO XVI DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C
Al que está completamente lleno de sí mismo no le cabe la bendición de Dios.
Cuando Cristo se aparta de los fariseos no está simplemente protegiéndose: está propiciando un encuentro profundo con sus discípulos.
Cuando Cristo habla de su propia humildad no la pierde porque a ello le mueve la sola caridad.
Lo que Dios “esconde” a los arrogantes es modo también de hacerlos peregrinos, y así al final pobres y humildes.
La exigencia de amor de Cristo revela bien quién es él y que puede hacer por nosotros.
No bastan los prodigios, milagros y sanaciones para que un corazón humano se abra a Dios.