Generosos, siempre generosos

Un pobre hombre que vivía en la miseria y mendigaba de puerta en puerta, observó un carro de oro que entraba en el pueblo llevando a un rey sonriente y radiante.

El pobre se dijo de inmediato “Se ha acabado mi sufrimiento, se ha acabado mi vida de pobre. Este rey de rostro dorado ha venido aquí por mi, lo sé. Me cubrirá de migajas de su riqueza y viviré tranquilo”.

En efecto, el rey, como si hubiese venido para ver al pobre hombre, hizo detener el carro a su lado.

El mendigo, que se había postrado en el suelo, se levantó y miro al rey, convencido de que había llegado la hora de su suerte.

Entonces, de repente, el rey extendió la mano hacia el pobre y le dijo:
– Qué tienes para darme? El pobre , muy sorprendido y muy desilusionado, no supo que decir.

“Es un juego – se preguntó – lo que el rey me propone? Se burla de mi? Es un nuevo pesar?”

Entonces al ver la persistente sonrisa del rey, su luminosa mirada y su mano tendida, el pobre metió la mano en su alforja, que contenía unos puñados de arroz.

Cogió un grano de arroz, y se lo dió al rey, que le dió las gracias y se fue enseguida llevado por unos caballos sorprendentemente rápidos.

Al final del día, al vaciar su alforja , el pobre encontró un grano de oro.

Entonces se puso a llorar diciendo:

– ¿Por qué no le habré dado todo mi arroz ?!

Preciosos testimonios de generosidad

“El Abuelo Dobri ha ayudado, además, a numerosas personas e instituciones: pagó las facturas de los servicios públicos de un orfanato, que estaba a punto de quedarse sin calefacción y sin luz. También ayuda a las personas sin hogar. Sin embargo, nunca se conocerán todas las buenas acciones del anciano porque nunca habla de ellas…”

Generosidad

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Guardas muchas cosas?

En una ocasión, antes de dar inicio a mi sección diaria ‘Semillas para el espíritu’, del programa ‘Muy buenos días’, me dijo Jota Mario, el presentador: ‘Papá Jaime, hay una niña discapacitada que vive con su tía en un tugurio, en condiciones infrahumanas, y necesita una silla de ruedas’.

Ese día conté el caso de esta niña y hablé de la importancia del servicio amoroso y de dar sin esperar retribución. Recuerdo haber dicho enfáticamente que aquellas cosas inutilizadas tras seis meses ya no son propias y, por lo tanto, deben darse a alguien que las necesite.

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VI-A. Saber dar

217. Hijo, con tus beneficios no mezcles el reproche, ni a tus regalos juntes palabras tristes. Vale más la palabra que el regalo. (Sir 18,15-16)

218. Siempre que ofrezcas algo, hazlo con semblante alegre, y paga los diezmos de buena gana. (Sir 35,8)

219. La gracia de tu dádiva llegue a todo viviente; no la rehúses ni siquiera a los muertos. (Sir 7,33)

220. No te presentes ante el Señor con las manos vacías. (Sir 35,4)

221. El agua apaga el fuego ardiente y la limosna expía el pecado. (Sir 3,30)

222. La caridad es como un paraíso de bendición, y la limosna permanece para siempre. (Sir 40,17)

223. La limosna libra de la muerte y no deja caer en las tinieblas. (Tob 4,10)