No importa qué tan lejos te ha extraviado el pecado; de allí puede sacarte la mano de tu Dios.
LA GRACIA del Domingo 18 de Diciembre de 2011
El origen de Cristo se remonta a tiempos antiguos. Mucho antes de María, el pueblo entero estaba “embarazado” del Mesías, en virtud de la promesa que Dios hizo al rey David, por boca de Natán.
El Verbo encarnado y la solidaridad humana
32. Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios “ha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente”. Desde el comienzo de la historia de la salvación, Dios ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino también a cuanto miembros de una determinada comunidad. A los que eligió Dios manifestando su propósito, denominó pueblo suyo (Ex 3,7-12), con el que además estableció un pacto en el monte Sinaí.
Esta índole comunitaria se perfecciona y se consuma en la obra de Jesucristo. El propio Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana. Asistió a las bodas de Caná, bajó a la casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre evocando las relaciones más comunes de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la vida diaria corriente. Sometiéndose voluntariamente a las leyes de su patria, santificó los vínculos humanos, sobre todo los de la familia, fuente de la vida social. Eligió la vida propia de un trabajador de su tiempo y de su tierra.
En su predicación mandó claramente a los hijos de Dios que se trataran como hermanos. Pidió en su oración que todos sus discípulos fuesen uno. Más todavía, se ofreció hasta la muerte por todos, como Redentor de todos. Nadie tiene mayor amor que este de dar uno la vida por sus amigos (Io 15,13). Y ordenó a los Apóstoles predicar a todas las gentes la nueva angélica, para que la humanidad se hiciera familia de Dios, en la que la plenitud de la ley sea el amor.
Primogénito entre muchos hermanos, constituye, con el don de su Espíritu, una nueva comunidad fraterna entre todos los que con fe y caridad le reciben después de su muerte y resurrección, esto es, en su Cuerpo, que es la Iglesia, en la que todos, miembros los unos de los otros, deben ayudarse mutuamente según la variedad de dones que se les hayan conferido.
Esta solidaridad debe aumentarse siempre hasta aquel día en que llegue su consumación y en que los hombres, salvador por la gracia, como familia amada de Dios y de Cristo hermano, darán a Dios gloria perfecta.
[Constitucion Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, n. 32]
LA GRACIA del Jueves 21 de Julio de 2011
El contraste entre la manifestación contundente de Dios en el Sinaí y su compasiva manifestación en la mansedumbre de Cristo nos invita a alabar su misericordia, sabiduría y poder.
Invitacion a la Pneumatologia (11 de 18)
Invitación a la Pneumatología: Curso dado por Fray Nelson Medina a los frailes estudiantes de teología del Studium Generale de los Dominicos de Colombia en el primer semestre de 2010. Sesión 11: Un estudio teológico de la acción del Espíritu Santo en el misterio de la Encarnación.
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| José | María | Jesús | Espíritu Santo | Encarnación | |
|---|---|---|---|---|---|
| USUAL | Protector marginado | Doncella amada | Semi-dios | Reemplazo de José / Esposo de María | Cópula Dios-mujer |
| TEO- LÓGICA |
Verdadero esposo y padre virginal | Punto de partida para la nueva creación | Verdadero Dios y verdadero hombre | No le quita a José su esposa / Bendice y consagra a la pareja | Nueva creación |
| DES- MITO- LOGI- ZADA |
Hombre-esposo | Mujer-esposa | Hijo de José y María | Recurso literario | Cópula hombre-mujer |
Ene. 2: El valor inmenso de la fe en el Dios Encarnado y el deber de no dejarse confundir
Una homilía para el 2 de Enero, destacando la frase de San Juan de aprender a valorar la fe que hemos reicbido, y no dejarnos engañar.
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Toda la belleza del misterio de la Encarnacion desfilando ante tus ojos agradecidos
Una homilia para el 31 de Diciembre con énfasis en el prólogo de San Juan y lo que significa un “anticristo” según este apóstol, en su Primera Carta.
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Dic. 20: Con Cristo llega la luz plena
Una homilia para el cuarto domingo de adviento, en el ciclo C.
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Dic. 18: Una mirada a la paternidad virginal de San Jose
Homilia para el 18 de diciembre, sobre el evangelio en que San José es llamado “hijo de David,” y en el que su esponsalidad y paternidad reciben del Cielo una confirmación maravillosa e inesperada.
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Dic. 17: Cristo, entretejido en nuestra historia para salvarla
Homilia para el 17 de Diciembre, preparación próxima para la Navidad.
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Que nos dice la Encarnacion del Hijo de Dios hoy?
«Fuente y culmen de la economía de la salvación, Alfa y Omega de la historia humana (cf. Ap 1, 8; 21, 6; 22, 13), Cristo revela la condición del hombre y su vocación integral. Por esto, “el hombre que quiere comprenderse hasta el fondo a sí mismo –y no sólo según pautas y medidas de su propio ser que son inmediatas, parciales, a veces superficiales e incluso aparentes–, debe, con su inquietud, incertidumbre e incluso con su debilidad y pecaminosidad, con su vida y con su muerte, acercarse a Cristo. Debe, por decirlo así, entrar en Él con todo su ser; debe «apropiarse» y asimilar toda la realidad de la Encarnación y de la Redención para encontrarse a sí mismo. Si se realiza en él este hondo proceso, entonces da frutos no sólo de adoración a Dios, sino también de profunda maravilla de sí mismo” (Carta Enc. Redemptor hominis (4 marzo 1979), 10: AAS 71 (1979), 274).» (Veritatis splendor 8b)
«Los creyentes en Cristo deben, de modo particular, defender y promover este derecho, conscientes de la maravillosa verdad recordada por el Concilio Vaticano II: “el Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre” (Const. Past. Gaudium et spes, 22). En efecto, en este acontecimiento salvífico se revela a la humanidad no sólo el amor infinito de Dios que “tanto amó al mundo que dio a su Hijo único” (Jn 3, 16), sino también el valor incomparable de cada persona humana.» (Evangelium vitae 2c)
[Textos de Juan Pablo II, llamado El Grande]
