Amor, servicio, autoridad y sanación

La entrega de Cristo, primero en el misterio eucarístico del Jueves Santo, y luego en el altar de la Cruz, es la cumbre de la ofrenda de su amor que nos sana, salva y libera. Así nos enseña que la humanidad querida por Dios no es un mundo de iguales, recortados para quedar del mismo tamaño, sino una sociedad en la que el bien en el que cada uno sobresale (autoridad) es el bien con el que apoya y construye a los demás (servicio).

Catequesis mínima de la Pascua

La palabra “Pascua” viene del idioma hebreo (pesáh) y del griego (pascha). La palabra “Pascua” en español significa “paso” “salto”.

Para los judíos:

En el pueblo judío anterior al nacimiento de Cristo, la pascua era una fiesta de pastores en la que se mataba un cordero para pedir la fecundidad. Después pasó a celebrar la liberación del pueblo judío de la esclavitud de Egipto. En la pascua los judíos celebraban -y celebran en la actualidad- el “paso” (la Pascua) del Mar Rojo del pueblo hebreo hacia la liberación de la esclavitud.

Para los cristianos:

Todos los que creemos que Jesucristo es Dios celebramos la Pascua con otro contenido. Para los cristianos es la fiesta más importante de todo el año ya que en ella celebramos el “paso” de Jesús de la muerte a la vida. La Pascua para nosotros es la celebración de la RESURRECCIÓN DE JESÚS. El Señor es nuestra nueva Pascua.

Una poesía de la Liturgia de las Horas para el Viernes Santo

Brazos rígidos y yertos,
por dos garfios traspasados,
que aquí estáis, por mis pecados,
para recibirme abiertos,
para esperarme clavados.

Cuerpo llagado de amores,
yo te adoro y yo te sigo;
yo, Señor de los señores,
quiero partir tus dolores
subiendo a la cruz contigo.

Quiero en la vida seguirte
y por sus caminos irte
alabando y bendiciendo,
y bendecirte sufriendo
y muriendo bendecirte.

Que no ame la poquedad
de cosas que van y vienen;
que adore la austeridad
de estos sentires que tienen
sabores de eternidad;

que sienta una dulce herida
de ansia de amor desmedida;
que ame tu ciencia y tu luz;
que vaya, en fin, por la vida
como tú estás en la cruz:

de sangre los pies cubiertos,
llagadas de amor las manos,
los ojos al mundo muertos
y los dos brazos abiertos
para todos mis hermanos.

Amén.

Afirmar la dignidad de la mujer es afirmar también el don de la maternidad

“En una declaración a los Delegados de la Comisión sobre el Estatus de la Mujer durante un evento sobre la dignidad humana de las mujeres y niñas rurales, el Observador Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, Arzobispo Bernardito Auza, recordó que el trabajo en afirmar la dignidad de la mujer pasa también por el reconocimiento de la feminidad y la maternidad…”

Haz clic aquí!