Cada noche, antes de dormir

Cada noche, antes de dormir, hay un instante sagrado, de valor infinito.

Desconectate, apaga el celu, apaga el televisor y la música…

Animate a entrar en tu propia conciencia. Algunas veces da miedo, otras, pereza; incluso vértigo.

Ahí, discreto, muchas veces callado pero siempre amante… está Dios.

Búscalo, o, mejor dicho, déjate encontrar por Él, que siempre está dentro, aún cuando vos estas fuera y huis.

Escuchá atentamente: quiere hablarte, y espera tu respuesta.

A veces sólo te dice: “te amo, hijo mío”, o “eres mío, te creé para que descanses en Mí”.

Otras veces te dirá, como a Magdalena: “¿qué buscas… a quién buscas… por que lloras?”

Otras, te dirá dolorido: “¿dónde está tú hermano?” o “¿por qué me persigues?”

Siempre podrás escuchar: “Vení a mi, vos que estas afligido y agobiado… yo te aliviaré”

Como cuando eras niño, habla con confianza, dormite contándole tus penas y confiandole tus sueños.

Pedile perdón, y fuerzas para ser más bueno mañana.

En su pecho paternal hay lugar, siempre. No lo dejes con las ganas de abrazarte.

P. Leandro Bonnin

San Francisco Solano: camino de la misión

Camino de las Indias

Por esos años era continuo el flujo de noticias que llegaban de las Indias, unas ciertas y concretas, otras más vagas y confusas, todas estimulantes para un corazón apostólico. Los franciscanos de España conocían bien la obra misionera formidable que sus hermanos, con otros religiosos, iban llevando a cabo en México. También del Perú recibían informaciones alentadoras, pues allí estaban presentes los de San Francisco desde un principio: Quito, 1534, Lima, 1535, Cuzco, 1535-1538, Trujillo y Cajamarca, hacia 1546.

Mucho menos conocida era, para los franciscanos y para todos, la tierra del Chaco y del Tucumán, aunque ya se iba sabiendo algo. Fray Juan de Ribadeneira, fundador del convento franciscano de Santiago del Estero, al sur de Tucumán, había misionado esa zona con sus religiosos en los años setenta y ochenta, y trajo informaciones de ella cuando en 1580 y 1589 viajó a España para buscar misioneros.

Por otra parte, el primer obispo de Tucumán, fray Francisco de Vitoria, aquel a quien vimos desempeñar un lamentable papel en el inicio del III Concilio de Lima (1982), era hombre de mucho empuje, que había promovido intensamente la evangelización de esa parte central de Sudamérica. Pronto llegaron a ella franciscanos y jesuítas, respondiendo a su llamada.

En aquellos años, un Comisario general de Indias coordinaba el esfuerzo misionero franciscano hacia el Nuevo Mundo, y él designaba un Comisario reclutador para cada expedición. En 1587-1589, cuando fray Baltasar Navarro, desempeñando esta función, reclutaba para las misiones de Tucumán una docena de frailes, no aparece en las primeras listas el nombre de Francisco Solano, ya algo mayor, y no demasiado fuerte. Al parecer, sólo fue incluído a última hora como suplente.

A comienzos de 1589, una flota de 36 barcos se va conjuntando poco a poco en San Lúcar de Barrameda. En ella habrá de embarcarse, con gran magnificencia, el nuevo virrey del Perú, don García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, acompañado de una corte de damas, letrados y soldados. Una docena de frailes, entre ellos fray Francisco Solano, descalzos y con sus pequeños sacos de viaje, esperaba también el momento del embarque.

En marzo de 1589 salen de Cádiz, y tras tocar en Canarias, llegan en unos cuatro meses a Santo Domingo, Cartagena y Panamá. Aquí los frailes del Tucumán han de esperar unos meses para poder embarcarse de nuevo para el Perú. Salen por fin a últimos de octubre, en un barco que lleva unas 250 personas. Y a la semana sufren una terrible tormenta que parte en dos el galeón. El buen ánimo de San Francisco hizo entonces mucha falta para infundir la calma y la esperanza en aquellos 80 supervivientes que lograron recogerse en la desierta isla de Gorgona.

Mientras el padre Navarro remaba con algunos compañeros de vuelta a Panamá, distante unas ochenta leguas, en busca de socorros, fray Francisco anima aquella comunidad de náufragos como puede. En dos meses hay tiempo para hacer chozas, practicar la pesca y la recogida de frutos, atender a los enfermos, y organizar también las oraciones y la catequesis. Por fin, llega en Navidad un bergantín de Panamá, y a los siete meses de haber salido de España desembarcan en el Perú, en el puerto de Paita.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

¿Qué hacer si se te pierde tu niño en un lugar concurrido?

Querido padre Nelson, lo que le quiero compartir no es una pregunta sino más bien una respuesta. Es algo que le sucedió a una familia, en una playa de Estados Unidos: un lugar muy concurrido en el que de repente los papás del pequeño Andrés se dieron cuenta de que el niño se acababa de extraviar. Habiendo tanta gente y siendo tan pequeño el niño, el pánico se empeñó a adueñar del corazón de Julia, la mamá. Pero uno de los guardias del lugar conocía la técnica que voy a describir y que le pido que Usted la difunda porque sé que a Usted lo lee mucha gente.

Lo que el guardia les dijo era que no se podía perder ni un instante, y entonces hicieron rápidamente un grupo de adultos: el papá, la mamá, y un tío de Andrés, el guardia y un voluntario. Lo que cada uno de ellos tenía que hacer era gritar, sí, así como se oye: GRITAR este mensaje: “Se acaba de extraviar un niño de cuatro años de edad, calleo castaño claro, piel blanca, tiene una camiseta de color rojo! ¿Lo han visto? Por favor: hay que encontrar al niño Andrés! ¡Por favor! Tiene cerca de 4 años…”

Eran entonces cinco adultos gritando por todas partes en la playa este mensaje. Antes de 15 minutos el niño había sido localizado. Haber actuado pronto y de manera decisiva hizo la diferencia. Pero hay un aspecto escalofriante en esta historia. Cuando la mamá le preguntó al niño por qué se había alejado, él contó que “un señor grande y muy chistoso le había dicho que si quería conocer una nave espacial de verdad…” La mamá, conteniendo las lágrimas y la indignación, le preguntó qué había pasado con ese señor tan simpático, y el niño respondió con inocencia: “Cuando ustedes vinieron gritando, él como que se asustó y se fue.”

Enseñanza: si un niño se extravía, algo MUY GRAVE puede estarle sucediendo y hay que actuar inmediatamente involucrando al mayor número de personas. Una estrategia sencilla puede salvar a muchos niños y niñas, en muchos lugares. — H.B.