365 días para la Biblia – Día 102

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 102 de 365

Deuteronomio 32
Salmo 103
1 Tesalonicenses 2

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

365 días para la Biblia – Día 101

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 101 de 365

Deuteronomio 30–31
Salmo 102
1 Tesalonicenses 1

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

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Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

365 días para la Biblia – Día 100

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 100 de 365

Deuteronomio 28,47–29,28
Salmo 101
Hechos 28

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Breve ordo para la semana del 9 al 15 de Diciembre de 2018

Homilías breves para esta semana:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLRmr1_QLb8pfEX-f2zvz5sWWGGM4ZiQZR


Lectura Espiritual para esta semana:


Liturgia de las Horas para esta semana:

9 de Diciembre de 2018: Domingo II de Adviento, ciclo C

Lunes 10:

Martes 11:

Miércoles 12: Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

Jueves 13: Memoria de Santa Lucía, virgen y mártir

Viernes 14: Memoria de San Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Sábado 15:



Una reflexión de Mons. Munilla sobre el adviento y la alegría

Los cristianos tenemos muchas razones para la alegría. La liturgia del Adviento nos las recuerda una y otra vez, ante el peligro de que los agobios de nuestra vida nos impidan disfrutar de ellas: “(…) cuando salimos animosos al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este mundo” (Oración colecta, Domingo II de Adviento), “(…) concédenos llegar a la Navidad -fiesta de gozo y salvación- y poder celebrarla con alegría desbordante” (Oración colecta, Domingo III de Adviento).

Ciertamente, la alegría es fruto de una Buena Noticia, pero no puede ser alcanzada sin librar antes una importante batalla interior. La alegría no es un estado anímico que nos sobreviene y nos abandona caprichosamente, sino que es un hábito que se adquiere con voluntad y perseverancia. Es el fruto del ejercicio de la penitencia interior, que nos lleva a mortificar tantas tristezas inconsistentes que pretenden imponerse a las razones para el gozo interior. Aunque nos puedan parecer incompatibles estos dos conceptos, no dudemos de que la “alegría” es la mejor “penitencia”. Más aún, hemos de desconfiar de las penitencias que no nos lleven a superar nuestras tristezas y amarguras. La penitencia más perfecta es aquella por la que le ofrecemos a Dios y a nuestro prójimo una sonrisa transparente y perseverante, que solamente puede brotar de un corazón enamorado y agradecido.

Para resolver esta aparente paradoja, tal vez debamos redescubrir el auténtico sentido de la “penitencia”, es decir, su sentido teológico. Decía Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, que “la penitencia realiza la destrucción del pecado pasado”. No olvidemos que la tristeza se introdujo en nosotros como fruto del pecado; y que éste no será plenamente vencido hasta que no rescatemos la alegría. Rescatamos la alegría, sólo cuando hemos vencido el pecado.