Enseñar a los alumnos a pensar, no a buscar en Google

“El profesor Aswath Damodaran ejerce la docencia en la especialidad de Finanzas en la New York University Stern School of Business, y varias veces ha sido nombrado “Profesor del Año” en su centro de estudios. En el portal EdSurge, Damodaran habla sobre su experiencias en el aula y sobre la necesidad de enseñar a los estudiantes a desentrañar los problemas para darles solución, y no simplemente buscar en Google cuál puede ser…”

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Apartes preciosos de “Las Glorias de María” ofrecidos por Aciprensa

San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, salió en defensa de la Madre de Dios y publicó su famoso libro “Las Glorias de María”.

En dicha obra, capítulo X, se leen 7 importantes rasgos del Santo Nombre de María que todo cristiano siempre debe recordar:

1.- Nombre Santo

“El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen. Este nombre fue elegido por el cielo y se le impuso por divina disposición, como lo atestiguan San Jerónimo, San Epifanio, San Antonino y otros”.

2.- Lleno de dulzura

“El glorioso San Antonio de Padua reconocía en el nombre de María la misma dulzura que San Bernardo en el nombre de Jesús. ‘El nombre de Jesús’, decía éste; ‘el nombre de María’, decía aquél, ‘es alegría para el corazón, miel en los labios y melodía para el oído de sus devotos’… Se lee en el Cantar de los Cantares que, en la Asunción de María, los ángeles preguntaron por tres veces: ‘¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo? ¿Quién es ésta que va subiendo cual aurora naciente? ¿Quién es ésta que sube del desierto rebosando en delicias?’ (Ct 3, 6; 6, 9; 8, 5)”.

“Pregunta Ricardo de San Lorenzo: ‘¿Por qué los ángeles preguntan tantas veces el nombre de esta Reina?’ Y él mismo responde: ‘Era tan dulce para los ángeles oír pronunciar el nombre de María, que por eso hacen tantas preguntas’. Pero no quiero hablar de esta dulzura sensible, porque no se concede a todos de manera ordinaria; quiero hablar de la dulzura saludable, consuelo, amor, alegría, confianza y fortaleza que da este nombre de María a los que lo pronuncian con fervor”.

3.- Alegra e inspira amor

“Tu nombre, oh Madre de Dios –como dice San Metodio– está lleno de gracias y de bendiciones divinas. De modo que –como dice San Buenaventura– no se puede pronunciar tu nombre sin que aporte alguna gracia al que devotamente lo invoca. Búsquese un corazón empedernido lo más que se pueda imaginar y del todo desesperado; si éste te nombra, oh benignísima Virgen, es tal el poder de tu nombre –dice el Idiota– que él ablandará su dureza, porque eres la que conforta a los pecadores con la esperanza del perdón y de la gracia”.

4.- Da fortaleza

“Los demonios, afirma Tomás de Kempis, temen de tal manera a la Reina del cielo, que al oír su nombre, huyen de aquel que lo nombra como de fuego que los abrasara. La misma Virgen reveló a santa Brígida, que no hay pecador tan frío en el divino amor, que invocando su santo nombre con propósito de convertirse, no consiga que el demonio se aleje de él al instante”.

“Y otra vez le declaró que todos los demonios sienten tal respeto y pavor a su nombre que en cuanto lo oyen pronunciar al punto sueltan al alma que tenían aprisionada entre sus garras. Y así como se alejan de los pecadores los ángeles rebeldes al oír invocar el nombre de María, lo mismo –dijo la Señora a santa Brígida– acuden numerosos los ángeles buenos a las almas justas que devotamente la invocan”.

5.- Promesas de Jesús

“Son maravillosas las gracias prometidas por Jesucristo a los devotos del nombre de María, como lo dio a entender a santa Brígida hablando con su Madre santísima, revelándole que quien invoque el nombre de María con confianza y propósito de la enmienda, recibirá estas gracias especiales: un perfecto dolor de sus pecados, expiarlos cual conviene, la fortaleza para alcanzar la perfección y al fin la gloria del paraíso. Porque, añadió el divino Salvador, son para mí tan dulces y queridas tus palabras, oh María, que no puedo negarte lo que me pides”.

“En suma, llega a decir San Efrén, que el nombre de María es la llave que abre la puerta del cielo a quien lo invoca con devoción”.

6.- Brinda consuelo

“San Camilo de Lelis, recomendaba muy encarecidamente a sus religiosos que ayudasen a los moribundos con frecuencia a invocar los nombres de Jesús y de María como él mismo siempre lo había practicado; y mucho mejor lo practicó consigo mismo en la hora de la muerte, como se refiere en su biografía; repetía con tanta dulzura los nombres, tan amados por él, de Jesús y de María, que inflamaba en amor a todos los que le escuchaban”.

“Y finalmente, con los ojos fijos en aquellas adoradas imágenes, con los brazos en cruz, pronunciando por última vez los dulcísimos nombres de Jesús y de María, expiró el santo con una paz celestial”.

7.- Buena aventura

“Roguemos pues, mi devoto lector, roguemos a Dios nos conceda esta gracia, que en la hora de la muerte, la última palabra que pronunciemos sea el nombre de María, como lo deseaba y pedía San Germán”.

“Concluyamos con esta tierna plegaria de San Buenaventura: ‘Para gloria de tu nombre, cuando mi alma esté para salir de este mundo, ven tú misma a mi encuentro, Señora benditísima, y recíbela’. No desdeñes, oh María –sigamos rezando con el santo– de venir a consolarme con tu dulce presencia. Sé mi escala y camino del paraíso. Concédele la gracia del perdón y del descanso eterno. Y termina el Santo diciendo: ‘Oh María, abogada nuestra, a ti te corresponde defender a tus devotos y tomar a tu cuidado su causa ante el tribunal de Jesucristo’”.

Un precioso cuaderno de avisos espirituales

San Alonso Rodríguez supo ciertamente que Pedro Claver iba a ser un gran santo. En Mallorca, antes de separarse de él, le dió, escrito de su mano, el Oficio parvo de la Inmaculada, que toda su vida guardó San Pedro, y rezó tres veces por semana. Y le dió además un cuaderno de avisos espirituales, también autógrafo. Pedro Claver, con especial licencia de sus superiores, lo recibió como un precioso tesoro, y siempre lo llevó consigo, hasta su última enfermedad, en que lo tuvo sobre su pecho.

Merece la pena que transcribamos aquí una selección de los avisos espirituales de San Alonso Rodríguez, hecha por A. Valtierra y R. M. de Hornedo (44-45), ya que en ellos tenemos una síntesis exacta de la espiritualidad vivida por San Pedro Claver. Esto es justamente lo que él vivió:

«Para buscar la voluntad de Dios es necesario que el hombre, en todos los casos, menosprecie hacer su voluntad; porque cuanto más muriere a sí mismo, tanto más vivirá a Dios; y cuando más se purgare de el amor suyo, y amor propio, tanto más abundará en el de Dios. Y para cumplir la voluntad de Dios, es menester que el hombre le ame; porque la medida del amor será el cumplimiento de la voluntad de Dios.

«No está la perfección del religioso en tener el cuerpo cerrado de paredes, sino en tener el alma acompañada de virtudes.

«Si quiere ganar mucho y bien hablar, hable de Dios siempre y con Dios, viviendo con El a solas humildemente.

«Hablar poco con los hombres y mucho con Dios.

«Antes de salir de casa, visite a Nuestro Señor en su templo y pídale que le acompañe y vaya siempre con El.

«Nunca comer cosa dulce, ni regalada, ni otra que la necesaria para sustentar la vida: quien admite el regalo del cuerpo pierde el del espíritu, y quien se regala con los hombres pierde los regalos de Dios.

«Gócese en los vituperios y estime los baldones, por los que Cristo sufrió por él; humíllese en las afrentas, pues merece más por sus pecados.

«Medite a menudo la pasión del Señor; acuérdese en cada hora lo que padeció por él y déle muchas gracias y pídale su cruz y llévela con gusto por su amor.

«Sirva a las misas siempre que pudiere, acordándose que los ángeles asisten y sirven al Señor que allí se ofrece; mírele en el altar, como en el Calvario, y ofrézcale con el sacerdote a su Eterno Padre.

«Sea muy devoto de la Santísima Virgen, amándola y sirviéndola de todo corazón; visítela muchas veces cada día; ofrézcale todas sus obras; récele su rosario y si pudiere sus horas; y no pierda ocasión de hacerle cualquier servicio; contemple sus virtudes, y anímese a imitarlas con la gracia de Dios.

«Sea también devoto del santo ángel de su guarda y de San Ignacio, nuestro padre, ámele como hijo, venérele como a padre y ponga a ambos por intercesores para alcanzar lo que pidiere a Dios.

«Velar mucho y dormir poco; cuanto se ahorra de sueño se añade de vida y merecimientos.

«Estudiar con cuidado lo necesario y no lo supérfluo; la ciencia conveniente aprovecha, y la supérflua envanece.

«Busque en todas las cosas a Dios y le hallará y tendrá siempre a su lado».

Bajo la acción de la gracia de Dios, cumpliendo fielmente estas normas de vida, San Pedro Claver, convirtió y bautizó 300.000 esclavos negros en las Indias.


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.