Testimonio de una joven sobre el rezo del Rosario

Hay quien dice que los jóvenes ya no rezan el Rosario, que es una oración demasiado antigua y monótona para ellos. Otros afirman que el Rosario en familia solo sirve para que los niños aborrezcan el rezarlo. Teresa García Serrano desmiente estas afirmaciones con la espontaneidad de sus dieciocho años recién cumplidos y a punto de comenzar sus estudios de Magisterio.Teresa nos cuenta en su testimonio cómo aprendió a rezar el Rosario con su familia, de la mano de sus padres. Y no se ha avergonzado nunca de rezarlo, ni siquiera ante sus compañeros de clase en el instituto, ante los que ha dado testimonio muchas veces. De hecho – cuenta ella – ha regalado varios rosarios a compañeros suyos, con la esperanza de que un día también ellos le digan a nuestra Madre del Cielo, a través de esta oración, un “te quiero”. Como ella hace cada día, porque “siempre hay tiempo para rezar el Rosario, siempre”, por la sencilla razón de que es una oración que “se puede rezar en cualquier lado, en cualquier momento del día”, “hay tantos y tantos momentos del día en los que puedes llevar tu rosario en mano, o un denario, o con los diez dedos que nos ha dado Dios, y rezarlo cuando vas por la calle, cuando vas al colegio”.

Pedro Claver, un mártir del confesionario

Mártir del confesonario

El mismo martirio que el franciscano Motolinía refería un siglo antes en México, lo vivía el jesuita Claver en Cartagena. Ordinariamente, entraba en su confesonario de cinco a ocho de la mañana. Pero en cuaresma o grandes fiestas, «era tal la multitud de negros y negras que venían, que este testigo -el hermano Nicolás- no sabe cómo tenía fuerzas, cuerpo ni espíritu para tanto, y más con una vida austera y rigurosa». Por otra parte, «la iglesia es muy húmeda por estar cerca del mar y estrecha y muy caliente. Hay mucho zancudo [mosquito]. En ella estaba el padre Claver toda la mañana y la mayor parte de la tarde en su confesonario estrecho y caluroso. Los cilicios le acompañaban».

En cambio, atestiguó Zapata de Talavera, para los penitentes «en el confesonario tenía una canastilla con algunos regalos, y con sus manos los daba a algunos negros o negras más enfermos, en especial dátiles y rosmarino».

«Algunas veces, añade un testigo, le sucedió sentarse a confesar a las ocho de la noche y no dejarle levantar hasta las once del día siguiente, de cuyo trabajo le sobrevinieron algunas veces desmayos que le quebraron las fuerzas para poder decir misa. En estos casos permitía algo que él consideraba muy regalado: el hermano Nicolás le aplicaba un poco de vinagre para reconfortarle».

«Hubo una peste de viruelas -refiere el hermano Rodríguez-, el padre Claver visitaba a todos, cansaba a tres o cuatro hermanos, iba con uno y cuando no podía caminar llamaba a otro: era incansable, infatigable. Al entrar, después de horas de trabajo, decía al portero que le llamaran por la noche para las confesiones, porque él estaba listo, y que los otros padres estaban cansados de las fatigas del día y era justo que reposasen. Las llamadas eran frecuentes. Al punto estaba en la portería [tenía la celda al lado para eso] y se presentaba al portero diciéndole que ya estaba vestido y listo. Siempre llevaba al cuello dos cajas de vidrio con los óleos».


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Mensaje del Rector General de la Universidad Santo Tomás, en Colombia

Un saludo en Cristo y María. Quiero proponerte que promovamos una gran campaña de oración a través del Santo Rosario en todo COLOMBIA para pedir a Dios especialmente por nuestros jóvenes, más aún nuestros universitarios, algunos de los cuales están siendo engañados y manipulados por ideologías infundadas, para justificar las marchas del próximo 21 de noviembre.

Hay que orar por ellos y también por sus padres para que los acompañen en familia más de cerca. Oremos para que los jóvenes no salgan ese día a la protesta. No hay recurso más fuerte ni más eficaz para que la voluntad de Dios impere, que el rezo del Santo Rosario. Por él, María se apersona de nuestros clamores para llevarlos a Dios. Oremos y propongamos todo tipo de iniciativas en esta línea. Te va mi oración también a ti.

P. José Gabriel Mesa Angulo, O.P.
Rector General de la USTA