LA BIBLIA – Día 198 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 198 de 365

2 Crónicas 32–33
Proverbios 22,17-29
Romanos 16

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

Formación católica todos los días: amigos@fraynelson.com

Predicación y más oración: https://fraynelson.com/blog

Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

Soneto a la Virgen del Carmen

¿Quién eres tú, mujer, que, aunque rendida
al parecer, al parecer postrada,
no estás sino en los cielos ensalzada,
no estás sino en la tierra preferida?

Pero, ¿Qué mucho, si del sol vestida,
qué mucho, si de estrellas coronada,
vienes de tantas luces ilustrada,
vienes de tantos rayos guarnecida?

Cielo y tierra parece que, a primores,
se compitieron con igual desvelo,
mezcladas sus estrellas y sus flores;

Para que en ti tuviesen tierra y cielo,
con no sé qué lejanos resplandores
de flor del Sol plantada en el Carmelo.

(Pedro Calderón de la Barca)

Incursiones de cazadores de esclavos en Paraguay

Incursiones de los cazadores de esclavos

En los primeros decenios las reducciones hubieron de sufrir graves ataques de bandeirantes o mamelucos, es decir, de paulistas procedentes del Brasil -precisamente fue un misionero jesuita, el padre Nóbrega, quien fundó Sao Paulo-, que entraban en los territorios misonales a la caza de esclavos. Particularmente terribles fueron las incursiones sufridas en las reducciones de Guayrá, que dieron lugar a la gran migración de 1631 decidida por el padre Ruiz de Montoya, y los ataques de 1636, 1638 y 1639.

Todos estos ataques ponían en peligro la existencia misma de las reducciones, y el padre Montoya viajó a Madrid donde consiguió autorización de armar a los indios. En 1640, en efecto, la Corona concedió permiso de usar armas de fuego a todos los indios de las reducciones, con gran escándalo y protesta de los hispano-criollos. Pronto se organizó y adiestró un fuerte ejército, que no hubo de esperar mucho para mostrar su fuerza.

En 1541 se libró una fuerte batalla en Mbororé, sobre el río Uruguay. En unas 900 canoas, se aproximaban 800 bandeirantes, armados hasta los dientes, acompañados por 6.000 tupíes aliados suyos, éstos sin armas de fuego. El ejército guaraní, conducido por el cacique Abiaru, era de 4.000 hombres, 300 de ellos con armas de fuego, que llevaban disimuladas. El padre Rodero hizo la crónica oficial de la pelea. Abiaru, con unos pocos, se adelantó en unas piraguas, y a gritos echó en cara al Comandante paulista la vergüenza de que gente que se decía cristiana viniera a quitar la libertad a otros hombres que profesaban la misma religión. El Comandante no respondió nada y su flota siguió avanzando. Estalló por fin la lucha, y en el río los paulistas y tupíes sufrieron tal descalabro que hubieron de refugiarse en tierra, donde al día siguiente continuó la batalla, con clara victoria guaraní.

Con eso se terminaron para siempre las grandes razzias procedentes del Brasil para la captura de esclavos. La fuerza armada guaraní fue tan potente que el Virrey del Perú, conde de Salvatierra, la nombró defensora de la frontera hispanolusa, y de hecho pudo impedir en adelante todos los intentos portugueses por entrar en el Río de la Plata. Pero antes de 1641 las reducciones sufrieron el horror de unos 300.000 indios cautivos. Se calcula que sólamente entre 1628 y 1630 los paulistas hicieron en las reducciones unos 60.000 esclavos. Cristianos viejos encadenaban a cristianos neófitos para venderlos como esclavos…


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

LA BIBLIA – Día 197 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 197 de 365

2 Crónicas 30–31
Proverbios 22,1-16
Romanos 15

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

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Seguimos el texto publicado en la página web del Vaticano.

LA BIBLIA – Día 196 de 365

Fr. Nelson Medina, O.P. lee contigo el texto completo de la Sagrada Escritura – Día 196 de 365

2 Crónicas 28–29
Proverbios 21,16-31
Romanos 14

Lo que se ha publicado de esta serie de lectura de la Biblia.

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El tema teológico de las partículas

Padre Fray Nelson una pregunta con respecto a recibir la comunión en la mano, si bien es cierto está permitido y al menos en mi diócesis por este tiempo han pedido que lo hagamos en la mano. Por ello al ser así como debemos manejar la parte en que posiblemente se puedan quedar partículas en la mano que no se alcance a observar, que deberíamos hacer después de recibir a nuestro amado Jesús en la mano y comulgar. —

* * *

El tema de las partículas es cierto pero tampoco debe llevarse hasta el extremo. Voy a citar primero tres ejemplos:

(1) Una persona va a la Santa Misa y comulga, recibiendo además la Comunión en la boca. Siente que algo de la hostia consagrada quedó en su boca, entre sus dientes, aunque intenta obrar de la mejor manera consumiendo todo. Dos horas después, cuando va a comerse un sandwich, todavía le asalta el temor de revolver sandwich y eucaristía.

(2) Un sacerdote celebra con devoción la Santa Misa. Es un hombre que recibió el llamado vocacional después de hacer estudios de química pura. Un día le asalta un pensamiento: las condiciones de volatibilidad del vino hacen que partículas de vino abandonen el líquido y simplemente floten por el aire. Por eso, al sentir, después de la consagración, algo del aroma propio del vino, que por supuesto ya él no reconoce como vino sino como Sangre de Cristo, le entra angustia de pensar que la Sangre del Señor terminará posándose quién sabe dónde.

(3) En la Santa Misa se utilizan unos paños llamados “purificadores.” Es obvio que en un purificador quedan partículas, en general, minúsculas, de la Hostia Consagrada, y además es visible un rastro del vino consagrado, es decir, Sangre Preciosa del Señor. ¿Qué se debería hacer con ellos, con los purificadores? En la práctica es necesario lavarlos. ¿Y qué pasa con esas micro-partículas?

Por esta clase de análisis, y otros parecidos, uno ve que, sin negar la presencia real de Cristo entero en cada partícula, hay un límite en lo que puede suceder a los “accidentes” de pan y vino. Escribe Santo Tomás de Aquino (S.Th. III q. 77 a. 4) :

Ya que el cuerpo de Cristo y su sangre suceden en este sacramento a la sustancia del pan y del vino, si los accidentes sufren una inmutación que no es suficiente para corromper el pan y el vino, esta inmutación no provoca la desaparición del cuerpo y de la sangre de Cristo en este sacramento, ya sea la inmutación por parte de la cualidad, como cuando cambia un poco el color o el sabor del vino o del pan, ya sea por parte de la cantidad, como cuando se divide el pan o el vino en unas partes en que se salva todavía la naturaleza del pan y del vino. Pero si la inmutación es tan profunda que la sustancia del pan y del vino se corrompe, no permanece el cuerpo y la sangre de Cristo en este sacramento. Y esto, tanto por parte de las cualidades: como cuando cambian tanto el color, el sabor y las otras cualidades del pan y del vino que en modo alguno se hacen compatibles con la naturaleza del pan y del vino, como por parte de la cantidad: como si se pulveriza el pan o se minimiza tanto el vino que ya no quedan allí las especies de pan y de vino.

De tal modo que, ya se trate de comulgar directamente en la boca, o recibir la Sagrada Eucaristía primero en la mano, lo que debe hacerse es tener el cuidado y la delicadeza (sin obsesiones) de verificar que no queda nada que podamos reconocer.