Doy gracias a mi Dios

«Doy gracias a mi Dios» (Fil. 1,3)

Es significativa en las cartas de San Pablo la presencia abundante de la acción de gracias: todas las cartas excepto Gálatas y Tito comienzan con una oración de acción de gracias (1 Tes. 1,2; 2,13; 2 Tes. 1,3; Rom. 1,8; 1 Cor. 1,4; Col. 1,3; Ef. 1,16; Fil. 1, 3-4; Flm. 4;2 Tim. 1,3). Ella nos testimonia que -a pesar de las innumerables deficiencias que Pablo detecta en sus comunidades- es capaz de percibir los signos positivos de conversión, de vida cristiana, de crecimiento; y es capaz de descubrir, tras esos signos, la acción amorosa y benevolente del Padre que ha derramado su gracia desbordante en sus cristianos.

Pablo da gracias a Dios por la obra de la redención, por la elección y predestinación a ser hijos de Dios… La fe, el amor mutuo, la esperanza constituyen el motivo más frecuente de la gratitud de Pablo: ellas ponen al hombre en contacto con Dios, le levantan a un nivel nuevo de existencia, y Pablo da gracias por ello como el máximo beneficio otorgado por Dios.

Juntamente con la acción de gracias brota de los labios de Pablo la oración de bendición (2 Cor. 1,3ss; Ef. 1,3ss). Esta oración, típicamente judía, es expresión de una mirada contemplativa que se admira ante los planes maravillosos y las obras grandes de Dios.

Tanto la acción de gracias como la bendición nos descubren al apóstol que es capaz de reconocer la acción de Dios en los acontecimientos y en las personas y se asombra ante ella. Una y otra son la reacción espontánea a la intervención de Dios que realiza su designio de salvación en medio de los avatares y vicisitudes de la historia humana.


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Por qué hay que volver YA al Bien Común

Hay dos modos sencillos de reventar una sociedad y hacer desaparecer toda posibilidad de convivencia:

(1) Exaltar unos derechos omitiendo sistemáticamente otros.

(2) Privilegiar a unas personas y relegar sistemáticamente a otras.

Dos ejemplos de exaltación unilateral de derechos:

(1) Me importa tanto proteger “mi” propiedad privada que no me interesa quién se muera de hambre.

(2) Es tan importante el derecho a la protesta que no interesa cuánto se afecte el derecho de otros a su trabajo o su movilización.

Dos ejemplos de privilegios:

(1) Hay una brecha entre ricos y pobres. Y sucede que sólo los hijos de los ricos tienen las mejores oportunidades, con lo que la brecha sigue.

(2) Los miembros del partido comunista tienen plenos derechos ciudadanos, y los que no lo sean carecen de ellos.

La búsqueda consecuente del BIEN COMÚN, enseñanza predicada con perseverancia por la Iglesia, intenta apartarnos de esas visiones unilaterales, precisamente para ayudar a construir sociedad en condiciones de paz y convivencia humana para todos.

LECTIO 2021/12/08

LECTURA ESPIRITUAL: De los Sermones de san Anselmo, obispo

#LectioFrayNelson para la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María

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No todas las viudas tenían la misma condición económica en la Biblia

Pregunta: Leo Judit 8;7 y me pregunto> ¿cómo es que hereda una viuda, siendo que eran despojadas? — C.A.B.B.

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No era igual las condiciones de todas las mujeres en aquellos tiempos.

Ya en el Antiguo Testamento sabemos de mujeres que tuvieron una gran influencia pública, como Débora (véase Jueces 4), o que marcaron la historia de la salvación desde el ámbito de lo privado, caso de Rebeca (que eligió cuál de sus hijos recibiría la bendición patriarcal, en Génesis 27), caso de Rut (que sin ser judía fue la bisabuela directa del rey David), caso de Betsabé (la gran amada del rey David, y madre de Salomón), o también, en otro sentido, caso de Dalila (aquella filistea que sedujo y dominó a Sansón (Jueces 16).

Otras mujeres aparecen destacadas como testimonios universales de fe (caso de la viuda de Sarepta y el profeta Elías, en 1 Reyes 17), o de caridad y servicio a los profetas (caso de aquella mujer que apoyó tanto al profeta Eliseo en 2 Reyes 4). Este último ejemplo es muy elocuente porque, según el relato, es ella la que decide disponer de un espacio especial para el profeta, con todas las características que el lugar debe tener.

Así que ser mujer no significaba una sola realidad ni ser viuda implicaba necesariamente pasar terribles penurias. Las viudas y los huérfanos, y a veces también los extranjeros, son presentados a menudo como indigentes porque esa era la condición de muchos, al quedar privados de quién los respaldara “oficialmente” pero, como vemos, las excepciones de tal situación no eran pocas.