¿Una Iglesia Católica gay friendly?

A diferencia de “un partido político”, que cambia “sus programas según los electores”, los católicos “tenemos que ser fieles a la Revelación, a la Palabra de Dios. Y tenemos esta antropología: Dios ha creado al hombre, varón y mujer, y esta es la base antropológica de la doctrina de la Iglesia acerca del matrimonio”, aseguró.

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Me alegro de sufrir por vosotros

El capítulo anterior nos ha hecho descubrir cómo San Pablo se concibe a sí mismo íntimamente asociado a Cristo y a su mensaje. Para él, evangelizar no es una tarea meramente externa, sino que le implica totalmente desde dentro. El mensajero debe identificarse con el mensaje, y debe identificarse también con Aquel que le envía.

Llegamos así a un aspecto esencial en el conocimiento y en la experiencia que Pablo tiene del misterio de Cristo: el misterio de la cruz. Configurado con Cristo, vamos a descubrir al Apóstol «crucificado con Cristo» (Gal. 2,19) y «configurado a su muerte» (Fil. 3,10).

«Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús» (Gal. 6,17)

Varias veces alude San Pablo en sus cartas a «las marcas de Jesús» que lleva impresas en su cuerpo. Indudablemente no se refiere a estigmas ni a ningún otro tipo de fenómeno extraordinario, sino a las cicatrices debidas a los malos tratos sufridos por Cristo (2 Cor. 4,10; 6,4-5…).

En 2 Cor. 11,24-27 nos da incluso una lista detallada de pruebas por las que había tenido que pasar: «Cinco veces recibí de los judíos cuarenta azotes menos uno. Tres veces fui azotado con varas; una vez apedreado; tres veces naufragué; un día y una noche pasé en el abismo. Viajes frecuentes; peligros de ríos; peligros de salteadores; peligros de los de mi raza; peligros de los gentiles; peligros en ciudad; peligros en despoblado; peligros por mar; peligros entre falsos hermanos; trabajo y fatiga; noches sin dormir, muchas veces; hambre y sed; muchos días sin comer; frío y desnudez». Y el libro de los Hechos nos certifica del realismo de todo ello: cárceles, tribunales, latigazos, insidias, amenazas de muerte, motines… El sufrimiento físico ha acompañado a cada paso al apóstol en su existencia.

Más aún, en 2 Cor. 12, 10 habla de «injurias», «persecuciones», «angustias», «sufridas por Cristo». Por tanto, junto a los sufrimientos físicos está ese roce continuo de la humillación, la contradicción, las dificultades y trabas de todo tipo; y ello por parte de los judíos, de las autoridades romanas… o de los mismos «falsos hermanos» (fue sin duda una de las espinas más dolorosas del apóstol la presencia continua de los judaizantes, de los falsos apóstoles, que ponían en tela de juicio su labor e incluso contradecían abiertamente la predicación de Pablo).

Él mismo presenta estos sufrimientos, «soportados por Cristo», como una prueba de la autenticidad de su apostolado (2 Cor. 12,12). Pablo ha sufrido de hecho en su carne por Cristo y por el Evangelio, por sus comunidades y por cada evangelizado. Y eso es señal clara de que nada buscaba para sí. Pues ciertamente el mercenario cuando ve venir al lobo abandona las ovejas y huye, pues en realidad no le importan las ovejas (Jn. 10,12-13); en cambio, el buen pastor -el auténtico apóstol- da la vida por las ovejas (Jn. 10,11).


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

¿Hablar de Dios hoy?

¿Qué sentido tiene hablar de Dios cuando parece que a nadie le importa?

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Esta pregunta que aparece con alguna frecuencia, por ejemplo, en mis clases en la Facultad de Teología, tiene un magnífico análisis y respuesta en este artículo publicado por InfoCatólica. Me permito transcribir sólo una parte:

Es muy importante depurar la idea de Dios. En efecto: ¿Cuándo los ateos niegan la existencia de Dios, a qué idea de Dios se están refiriendo? Esto es muy importante, porque según cual sea la caracterización que hagan de Dios, los teístas también podríamos coincidir en su rechazo y en su negación. Por ejemplo, Nietzsche y Sartre, niegan la existencia de Dios porque dicen que Dios no puede ser causa de sí mismo; pero éste es el Dios de Hegel, no el del cristianismo, ni el del teísmo propuesto por la metafísica del ser. Lo mismo pasa cuando se rechaza la existencia de Dios porque se le identifica con la nada; y, así, podrían multiplicarse los ejemplos; como es el caso del juez sancionador, que es una figura propia del teísmo moral kantiano, que nada tiene que ver con el Dios Amor del que nos habla San Juan; ni del Dios infinitamente bueno (puesto que es el mismo bien subsistente, ya que el bien y el ser se identifican por ser trascendentales del ente) de la teología natural tomista. Como decíamos, es muy importante depurar la imagen de Dios; y, para ello, resulta capital ver cuál es la idea que tienen de Dios los ateos cuando niegan su existencia real.