Kirill habla con Justin Welby: buscando una paz justa en Ucrania

“En el día [16 de Marzo], el Patriarca de Moscú, Kirill I, habló sobre la guerra de Ucrania por videoconferencia no solo con el papa Francisco sino también con Justin Welby, primado de la Comunión eclesial anglicana. El patriarca moscovita obtiene así un destacado logro mediático en medio de las críticas recibidas por no haber condenado la invasión de Ucrania…”

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Una oración a San José en horas de tribulación

Bienaventurado San José,
acudimos en nuestra tribulación;
y, después de invocar
el auxilio de vuestra Santísima Esposa,
solicitamos también
confiadamente vuestro patrocinio.

Por aquella caridad que
con la Inmaculada Virgen María,
Madre de Dios, os tuvo unido,
y por el paterno amor
con que abrazasteis al Niño Jesús,
humildemente os suplicamos
volváis benigno los ojos
a la herencia que
con su Sangre adquirió Jesucristo,
y con vuestro poder
y auxilio socorráis nuestras necesidades.

Proteged, oh providentísimo
Custodio de la Sagrada Familia,
la escogida descendencia de Jesucristo;
apartad de nosotros
toda mancha de error y corrupción;
asistidnos propicio, desde el Cielo,
fortísimo libertador nuestro
en esta lucha
con el poder de las tinieblas;
y, como en otro tiempo
librásteis al Niño Jesús
del inminente peligro de su vida,
así, ahora, defended
la Iglesia Santa de Dios
de las asechanzas de sus enemigos
y de toda adversidad,
y a cada uno de nosotros
protegednos con perpetuo patrocinio,
para que, a ejemplo vuestro
y sostenidos por vuestro auxilio,
podamos santamente vivir
y piadosamente morir
y alcanzar en el Cielo
la eterna felicidad.

Amén

Pablo nos enseña sobre el “misterio de iniquidad”

Hemos encontrado en el capítulo anterior expresiones de este tipo: «intentamos llegar a…, pero el Espíritu Santo nos lo impidió». Llama la atención que también encontramos en san Pablo estas otras: «quisimos ir a vosotros -yo mismo, Pablo lo intenté una y otra vez- pero Satanás nos lo impidió» (1 Tes. 2, 18). Aquí no es Dios quien «impide» un determinado proyecto de los apóstoles con la intención de sacar adelante otro proyecto suyo; quien aquí obstaculiza la acción de los apóstoles es otro: Satán, el Adversario.

En toda la tradición bíblica es muy conocido este personaje, enemigo del hombre, adversario de Dios y de sus planes (Gen. 3, 1; Job. 1,6; Mc. 1, 13; Ap 12,3). Y san Pablo es consciente de su acción: las dificultades surgidas en Tesalónica no son signo de un plan de Dios que a través de determinadas circunstancias marca otros caminos y otros momentos, sino indicio de una intervención del Maligno que procura a toda costa impedir la implantación del Evangelio entre los tesalonicenses.

Entendemos ahora el porqué de las preocupaciones del Apóstol en relación con la joven iglesia de Tesalónica. Todas las persecuciones y tribulaciones allí surgidas han sido en realidad atizadas por Satanás. Pablo, «no pudiendo soportar ya más», envía a Timoteo a Tesalónica ante el temor de que «el Tentador os hubiera tentado y que nuestro trabajo quedara reducido a nada» (1Tes. 3, 5).

Por tanto, las dificultades no provienen sólo de la debilidad en la fe de una comunidad aún no consolidada, sino de lo que Pablo llama en otro lugar «el misterio de la iniquidad» (2Tes. 2, 7), que actúa en la sombra sirviéndose normalmente del «impío», es decir, de aquellos hombres que se prestan a ser sus secuaces e instrumentos de su acción en la historia.

Abiertamente lo dice también en la Carta a los Efesios: «nuestra lucha no es contra la carne y la sangre -es decir, contra dificultades o enemigos de orden humano, natural-, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas» (Ef. 6, 12).

Entendemos desde aquí mejor todas las expresiones que san Pablo utiliza para hablar de su acción apostólica como de un combate. Dirigiéndose a Timoteo le exhorta a soportar las fatigas «como un buen soldado de Cristo Jesús» y a competir como un atleta (2 Tim. 2, 3-5). Todos los sacrificios hechos por el Evangelio los compara a los esfuerzos y renuncias que debe realizar un deportista para alcanzar el premio (1 Cor. 9,23-27). Y cuando encare el final de su vida hará balance de ella en idénticos términos (2 Tim. 4,7).

No son simples metáforas. Tampoco se refiere con estas expresiones sólo a las fatigas producidas por sus continuas idas y venidas. Es que experimenta su tarea evangelizadora como una lucha y una conquista: un «arrasar fortalezas» y un «reducir a cautiverio todo entendimiento para que obedezca a Cristo» (2 Cor. 10,4-5). Una lucha porque encuentra resistencias («sofismas y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios»). Una lucha porque los hombres no están bien dispuestos a recibir humildemente la salvación que viene de Cristo, sino que -instigados por Satanás- se yerguen en su soberbia, en su pretensión de «ser como dioses» (Gen. 3,4-5).

Podemos decir que la vida del apóstol es un combate continuo a favor de los que le han sido confiados (Col.2, 1). Unas veces serán los errores doctrinales, otras veces las debilidades morales de sus cristianos, otras la persecución abierta. Lo cierto es que el apóstol vive en lucha permanente con las fuerzas del mal. Y en esa lucha empeñará su misma vida.


El autor de esta obra es el sacerdote español Julio Alonso Ampuero, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

Historia de las Guerras de Religión

“¿Por qué decidió escribir un libro sobre las guerras de religión? Al inicio el objetivo de mi pesquisa era investigar la incredulidad como causa inquisitorial. Trabajé con los legajos del Archivo Diocesano de Cuenca, del Archivo Histórico Nacional, etc., con volúmenes de la Biblioteca Nacional de España, de la Bibliothèque Nationale de France, y de la Bibliothèque Fondation Maison des Sciences de l’Homme, de París. El propósito era explorar causas de ateísmo en los expedientes del Santo Oficio. Pero, como si el ámbito de investigación tuviera apéndices que le permitieran desplazarse por el plano, desde la Historia los personajes fueron caminando hacia la Filosofía…”

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LECTIO 2022/03/19

LECTURA ESPIRITUAL: De los Sermones de San Bernardino de Siena, presbítero.

#LectioFrayNelson para la Solemnidad de San José, Esposo de la Santísima Virgen María

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La guerra en Ucrania

Fray Nelson: ¿cuál es la posición oficial de la Santa Sede ante la guerra en Ucrania?

* * *

Creo que el periódico ABC de España nos ofrece una muy buena síntesis en su edición del 14 de Marzo pasado:

Cada semana se eleva el tono de las condenas del Papa Francisco a la invasión de Ucrania. Sin mencionar a Rusia para dejar abierta la puerta a una posible mediación de la Santa Sede, el Papa ha condenado este domingo duramente los bombardeos de Mariúpol, «ciudad mártir».

«Mariúpol se ha convertido en una ciudad mártir de la desgarradora guerra que está devastando Ucrania”, ha dicho el pontífice. “Frente a la barbarie de la matanza de niños, de personas inocentes y de civiles indefensos, no hay razones estratégicas que valgan: tiene que cesar la inaceptable agresión armada, antes de que reduzca las ciudades a cementerios», ha reclamado.

Ha sido en un breve discurso al terminar el ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico en la plaza de San Pedro.

«Con dolor en el corazón uno mi voz a la de la gente común, que implora el fin de la guerra», ha continuado el Papa.

En concreto, como gestos de buena voluntad, el Papa ha solicitado que «se trabaje real y resueltamente en la negociación, y que los corredores humanitarios sean efectivos y seguros».

Por otro lado, el Papa ha invitado a Europa a continuar con las iniciativas «de acogida de tantos refugiados en los que Cristo está presente», y ha dado las gracias «por la enorme red de solidaridad que se ha formado».

Como líder religioso, y sin mencionar explícitamente a Vladimir Putin, quien profesa la religión ortodoxa, el Papa Francisco ha clamado: «En nombre de Dios, escuchen el grito de los que sufren, pongan fin a los bombardeos y a los ataques… En nombre de Dios, les pido: ¡detengan esta matanza! ¡En nombre de Dios, escuchen el grito de los que sufren y pongan fin a los bombardeos y atentados!».

Francisco ha recordado que «Dios es solo el Dios de la paz, no es el Dios de la guerra, y los que apoyan la violencia profanan su nombre». A continuación, ha invitado a los 25 mil peregrinos que había en la plaza a rezar «en silencio por los que sufren y para que Dios convierta los corazones a una firme voluntad de paz». Además, ha pedido a «las comunidades diocesanas y religiosas que aumenten los momentos de oración por la paz».

El buen tiempo ha contribuido sin duda a que este domingo acudieran más peregrinos a la plaza de San Pedro, unos 25 mil, una cifra que se acerca a la de los tiempos previos a la pandemia.

Por otro lado, el número dos de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, reiteró ayer la disponibilidad de la Santa Sede a mediar en el conflicto. Este sábado publicó un análisis de la situación actual en el que constató que «por desgracia, tras la caída del Muro de Berlín no hemos sido capaces de construir un nuevo sistema de convivencia entre naciones que vaya más allá de las alianzas militares o de la conveniencia económica y la actual guerra en Ucrania deja clara esta derrota».

Según el jefe de la diplomacia vaticana, en cualquier caso, «nunca es demasiado tarde para hacer las paces, nunca es demasiado tarde para volver sobre los propios pasos y encontrar un acuerdo».