El arte de las artes

EL ARTE DE LAS ARTES: educar un niño

Leí en la revista ARBIL de INTERNET, un artículo de Tomás Melendo, con diez consejos para educar a un niño, y me ha gustado:

1.- AMAR AL NIÑO: buscar su bien en todo lo que se le haga.

2.- AMARSE LOS DOS ESPOSOS: el niño es feliz si ve que sus padres se quieren.

3.- ENSEÑARLE A QUERER: el egoísmo puede hacerle fracasar en la vida.

4.- DARLE BUEN EJEMPLO: el ejemplo influye más que las palabras.

5.- ELOGIARLE LO DIGNO DE ELOGIO: el elogio ayuda más que la reprimenda y el castigo.

6.- EJERCER LA AUTORIDAD CON CARIÑO PERO CON FIRMEZA: si no aprende a obedecer, va a sufrir mucho en la vida. Normas pocas, claras y en cosas fundamentales. En lo no importante, dejar libertad.

7.- REGAÑAR Y CASTIGAR CUANDO SEA NECESARIO: pero que el niño vea que se hace por su bien. Hacerlo en privado y con serenidad. Nunca airados o delante de otras personas. Ni compararlo con otros mejores que él.

8.- FORMARLES LA CONCIENCIA: que no se dejen influir por la ideas malsanas de la televisión o INTERNET. Motivarles las ideas rectas.

9.- NO MIMARLOS: condescender a sus caprichos es perjudicarle.

10.- EDUCAR SU LIBERTAD: No es libre el que hace lo que se le antoja: ése es esclavo de sus apetitos. Es libre el que elige voluntariamente lo bueno.

Y PARA HACER BIEN TODO ESTO, PEDIR AYUDA A DIOS Y ENCOMENDARLO A SU ÁNGEL DE LA GUARDA.

JORGE LORING, S.I.

Apuntes de la Guerra Semantica, 4 de 4

[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]

Tema 4 de 4: El Poder del Evangelio

* Una batalla muy antigua

  • Por lo menos desde el siglo II, la Iglesia ha tenido que enfrentar la amenaza gnóstica.
  • Autores señalados: San Ignacio de Antioquía y San Ireneo de Lión.
  • En general, los Padres de la Iglesia no proceden argumentando desde la metafísica sino desde la verdad de la salvación.
  • Su punto de partida es: “¡Somos salvos!” y desde ahí la pregunta: “¿Quién es este Cristo en quien somos salvos?”
  • Todo radica en comprender que la verdadera desgracia del ser humano no es la pobreza, la enfermedad, la ignorancia o la injusticia, sino que debajo de todo ello subyace lo realmente espantoso: el PECADO.

* La unicidad de la fe: Aparece un camino claro

  • Reconocimiento del pecado
  • Arrepentimiento
  • Escucha del kerigma
  • Certeza de haber sido amado
  • Acogida en fe de la salvación
  • Camino de formación (catequesis)
  • Inserción viva en la Iglesia.

* ¿Qué hace entonces a Cristo único?

  • No es en primer lugar su mensaje.
  • Ni sus milagros.
  • Ni su estatura moral.
  • Ni el testimonio de su solidaridad.
  • Ni la capacidad de convocatoria y liderazgo.

* Cristo es único por la verdad de su Encarnación y por la verdad de su sacrificio redentor.

  • Un sufrimiento “aparente” indicaría un amor “aparente,” y una salvación “aparente,” enseña San Ignacio de Antioquía.
  • Caro cardo salutis, dice San Ireneo: En la verdad de la encarnación radica la verdad de la salvación.

* Queda entonces como señal positiva y necesaria que se presenten con claridad estas realidades: Pecado, Arrepentimiento, Conversión, Fe, Gracia, Cruz, Sangre de Cristo, Muerte, Resurrección, Bautismo, Eucaristía, Espíritu Santo, Iglesia, Sacramentos, Vida Eterna.

* La Recuperación del Lenguaje

  • El punto fundamental es que las palabras derivan su fuerza semántica última no de otras palabras sino de la vida.
  • Fundamentalmente la vida se expresa a través de narraciones, luego son ellas las que deben tener un lugar sobresaliente en nuestro ministerio.

* Esto implica:

  • Primacía de la Historia de la Salvación sobre la simple memorización de conceptos.
  • Primacía de los testimonios sobre la predicación moralista.
  • Primacía de las vidas de santos sobre las exhortaciones o regaños.

* Pero los conceptos son importantes, y por eso en un segundo momento hay que enseñar a recibir con pensamiento crítico lo que el mundo ofrece. Y el comportamiento moral correcto es muy importante, y por eso hay que seguir como San Pablo el camino del modo “indicativo” al modo “imperativo.”

* No olvidar finalmente que el lenguaje integral por excelencia es la liturgia, y que en la plenitud de su significación está todo cuanto necesita la Iglesia para alimentarse y expresarse.

* El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.

Leccion Primera sobre el martirio

Lección Primera

Apostolado y martirio

La palabra mártir

El martirio, entendido según su estricta significación etimológica [testimonio], no se conoció antes del cristianismo. No hay mártires en la historia de la filosofía: «Nadie -escribe San Justino- creyó en Sócrates hasta el extremo de dar la vida por su doctrina» (II Apología 10). Tampoco el paganismo tuvo mártires. Nunca hubo nadie que, con sufrimientos y muerte voluntariamente aceptados, diera testimonio de la verdad de las religiones paganas. Los cultos paganos, a lo más, produjeron fanáticos, como los galos, que se hacían incisiones en los brazos y hasta se mutilaban lamentablemente en honor de Cibeles. El entusiasmo religioso pudo llevar en ocasiones al suicidio, como entre aquellos de la India que, buscando ser aplastados por su ídolo, se arrojaban bajo las ruedas de su carro. Pero éstos y otros arrebatos religiosos salvajes nada tienen que ver con la afirmación inquebrantable, reflexiva, razonada de un hecho o de una doctrina.

El martirio, sin duda, quedó ya esbozado en la antigua Alianza, en figuras admirables, como las de los tres jóvenes castigados en Babilonia a la hoguera, Daniel en el foso de los leones, los siete hermanos Macabeos, inmolados con su madre… Pero el judío se dejaba matar antes que romper su fidelidad a la religión que era privilegio de su raza, mientras que el cristiano acepta morir para probar la divinidad de una religión que debe llegar a ser la de todos los hombres y todos los pueblos.

Y ése es, precisamente, el significado de la palabra mártir: testigo, que afirma un testimonio de máxima certeza, dando su propia vida por aquello que afirma. La palabra misma, con toda la fuerza de su significación, no se halla antes del cristianismo; tampoco en el Antiguo Testamento. Es preciso llegar a Jesucristo para encontrar el pensamiento, la voluntad declarada de hacer de los hombres testigos y como fiadores de una religión.

«Vosotros -dijo Jesús- seréis testigos (mártires) de estas cosas» (Lc 24,48). Más aún: «Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los últimos confines de la tierra» (Hch 1,8). Y los Apóstoles aceptan esta misión con todas sus consecuencias.

Así San Pedro, para sustituir a Judas, el traidor, declara: «Es necesario que entre los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió con nosotros… haya uno que con nosotros sea testigo de la resurrección» (Hch 1,22). Y en su primer discurso después de Pentecostés: «Dios ha resucitado a Jesucristo, y de ello somos testigos todos nosotros» (2,32). Y con Juan, ante el Sanedrín: «Nosotros somos testigos de estas cosas… y con nosotros el Espíritu Santo que Dios ha dado a todos aquellos que le obedecen» (5,32.41). Otra vez, después de azotados, salen del Consejo «felices de haber sido hallados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús» (5,41). Y al fin de su vida, escribiendo a las iglesias de Asia, Pedro persiste en el mismo lenguaje: «Yo exhorto a los ancianos que hay entre vosotros, yo que también soy anciano y testigo de los padecimientos de Cristo»… (1Pe 5,1).

Así pues, el significado primero de la palabra mártir es el de testigos oculares de la vida, de la muerte y de la resurrección de Cristo, encargados de afirmar ante el mundo estos hechos con su palabra. Desde el primer día este testimonio se dio en el sufrimiento y, como hemos visto, en la alegría de padecer por Cristo. Enseguida, después de estas primeras pruebas, vino el sacrificio de la misma vida, como testimonio supremo de la palabra.

Ya Jesucristo lo había predicho a los Apóstoles: «Seréis entregados a los tribunales, y azotados con varas en las sinagogas, y compareceréis ante los gobernadores y reyes por mi causa, y así seréis mis testigos en medio de ellos» (Mc 13,9; +Mt 10,17-18; Lc 21,12-13).

Al mismo tiempo, les asegura su asistencia: «Cuando os hagan comparecer ante los jueces, no os preocupéis de lo que habréis de decir, sino decid lo que en aquel momento os será dado, porque no sois vosotros los que tenéis que hablar, sino el Espíritu Santo… El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre al hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los harán morir; y vosotros seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin se salvará» (Mc 13,11-13; +Mt 10,19-20; Lc 12,11-12; 16-17).

Cuando los cristianos pudieron comprender por los acontecimientos la fuerza de estas palabras de su Maestro, se consideró la muerte gloriosa de sus más antiguos y fieles discípulos como el coronamiento de su testimonio. Desde entonces, muerte y testimonio quedaron entre sí definitivamente asociados.

Antes, pues, de finalizar la edad apostólica, la palabra mártir adquiere ya su significado preciso y claro, y se aplicará a aquel que no solo de palabra, sino también con su sangre, ha confesado a Jesucristo.

Pero ya en ese mismo tiempo se extiende también su significado a quienes podrían decirse testigos de segundo grado, a aquellos «bienaventurados que creyeron sin haber visto» (Jn 20,29), y que, habiendo creído así, testificaron su fe con su sangre.

San Juan, concretamente, a fines del siglo I, emplea la palabra mártir en dos ocasiones con este sentido. En el mensaje que dirige a la iglesia de Pérgamo, hablando en el nombre del Señor, menciona a «Antipas, mi fiel testigo, que ha sido entregado a la muerte entre vosotros, allí donde Satanás habita» (Ap 2,13). Alude a un cristiano martirizado por los paganos en tiempos de Nerón. Y en otro pasaje, cuando se alza ante el apóstol vidente el quinto sello del libro misterioso, alcanza a ver «debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían dado» (6,9).

Y no será la primera generación cristiana de creyentes la única en dar este testimonio. La historia de los mártires no había hecho entonces sino comenzar.

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Apuntes de la Guerra Semantica, 3 de 4

[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]

Tema 3 de 4: El Poder del Yo

* Historia de una transición

  • De la verdad a la certeza (Kant)
  • De la certeza a la autenticidad (Heidegger)
  • De la autenticidad a la espontaneidad (John Lenon)

* Historia de una división

  • La certeza queda asegurada en la ciencia; la autenticidad queda asegurada en la espontaneidad del yo.
  • Luego la certeza no necesariamente coincide con la autenticidad: se dan así dos verdades, una externa y otra interna.

* Historia de un vacío

  • La verdad externa, científica, constata hechos: habla del ser pero no puede establecer un deber-ser.
  • La verdad interna, espontaneista, constata deseos: habla del querer-ser pero no puede establecer un deber-ser.
  • El deber-ser queda a merced de la sola legislación y capricho de cada país.

* Historia de otro vacío

  • La verdad externa, científica, provee de recursos y medios: tecnología.
  • La verdad interna, espontaneista, provee de fines gobernados por el mercado, la moda, la opinión.
  • La vida misma carece entonces de significado: es una “pasión inútil.”

* Historia de un malentendido

  • El vacío de fines y significados se interpreta como posibilidad inagotable de definirse como uno quiera y de reinventarse sin cesar.
  • La imagen de libertad que subsiste es la proclamación del absoluto de la voluntad, desligada de la tarea, ahora imposible, de buscar la verdad.

* Historia de otro malentendido: Si “ser verdadero” es “ser espontáneo” y ser “libre” es seguir el instinto, impulso, moda o pasión del momento, entonces la Iglesia es la institución más mentirosa y más asfixiante. Es la gran hipócrita.

* Pero no es el final de la historia… El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.

Apuntes de la Guerra Semantica, 2 de 4

[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]

Tema 2 de 4: El Poder del Conocimiento

* Bases de la Gnosis

  • En la vida enfrentamos desafíos y debemos tomar opciones.
  • Si uno opta de una manera necia o sin la necesaria información, lo más probable es que se equivoque, y luego sufra las consecuencias.
  • Por eso uno necesita el conocimiento acertado y oportuno (GNOSIS) para vivir de una manera más productiva y más feliz.
  • Los problemas no son nuevos ni son nuevas las soluciones.
  • La sabiduría no es algo nuevo sino antiguo, milenario, que ha sido buscado en todas las culturas.
  • Las religiones y filosofías son expresiones de esa búsqueda, que es común a toda la humanidad.
  • Los libros sagrados recogen elementos esencialmente comunes.
  • Los grandes líderes y fundadores son gente que llegó a esa luz común.
  • Pero los representantes de las religiones (clero) han sido envidiosos y egoístas en compartir los verdaderos secretos que conducen a una vida fecunda, plena y feliz.
  • Lo que tienen en común esas religiones puede ser enseñado de manera universal y lógica: GNOSIS.
  • Lo que la gente necesita es trascender, ser iluminada, alcanzar sabiduría, recuperar su verdadero yo, fundirse en la armonía del cosmos.

* Qué omite la Gnosis

  • Reducción cristológica: Cristo pasa a ser un maestro: un mensajero que no importa en sí mismo.
  • La encarnación no interesa, ni el ser de Cristo, ni su dolor, ni su Cruz, ni su muerte, ni su resurrección.
  • Reducción soteriológica: No hay mención de la gracia, ni hay donación que nos transforma, ni hay comunidad reconciliada (Iglesia).
  • Los sacramentos no interesan. Se les reemplaza por un re-encantamiento del mundo (neo-paganización).
  • Reducción espiritual: La oración pasa a ser “meditación,” y la meditación pasa a ser una apuesta por el vacío y la nada.
  • La presencia de Dios pasa a ser reemplazada por un estado mental- cerebral a criterio del solo sujeto.

* El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.

Apuntes de la Guerra Semantica, 1 de 4

[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]

Tema 1 de 4: El Poder del Lenguaje

* Ejemplos recientes de eufemismo:

  • Interrupción voluntaria del embarazo (Aborto)
  • Matrimonio igualitario (“Matrimonio” gay)
  • Muerte digna (Eutanasia)
  • Examen prenatal (Prospecto de Eugenesia)

* Hay también ejemplos menos recientes:

  • Tener una “aventura” (Ser adúltero)
  • Fulanito estaba “alegrón” (Es un borracho)
  • “Bautizar” la leche (Engañar al comprador agregando agua)

* ¡Estos no son sólo cambios de palabras!

* Detrás de la expresión “Interrupción voluntaria del embarazo” hay esta ideología:

  • El embrión / feto es parte del cuerpo de la mujer.
  • Cada quien dispone voluntariamente de sí mismo, y por tanto, de su cuerpo.
  • Es un derecho de la mujer abortar.
  • El Estado debe proclamar y defender ese derecho de la mujer.

* Detrás de “Matrimonio igualitario” hay esto:

  • El género es un constructo. Es potestad de cada uno descubrir / definir su género.
  • La orientación sexual es entonces un absoluto que puede ser reconocido pero no interferido.
  • Por eso la orientación sexual debe equipararse a la raza o la religión: todas las orientaciones equivalen.
  • Si existe matrimonio para unos debe entonces haberlo para otros.
  • El Estado debe proclamar y defender ese derecho.

* Detrás del lenguaje de “muerte digna” hay esto:

  • El bienestar físico, definido desde el sujeto, es criterio único de calidad de vida.
  • Tiene “dignidad” sólo aquella vida que tiene el bienestar así entendido.
  • La vida sin esa dignidad carece de sentido y de propósito.
  • Es lógico, coherente e incluso valiente terminar con una vida así.

* Detrás del modo como se practican algunos exámenes prenatales hay esto:

  • Hay unos estándares de lo que significa una vida digna.
  • Y hay estándares de lo que puede exigirse a unos papás.
  • Por debajo de esos estándares, el feto no merece vivir.
  • Luego, debe ser desechado.

* El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.

Rusia se levanta en defensa del matrimonio natural

“El presidente ruso, Vladímir Putin, ha abogado este viernes por modificar los acuerdos bilaterales en materia de adopciones con Francia y otros países en relación con la reciente aprobación del matrimonio homosexual en aquel país. «Debemos reaccionar ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Nosotros respetamos a nuestros socios, pero pedimos que respeten nuestras tradiciones culturales y éticas, y las normas legales y morales de Rusia», ha dicho Putin, citado por las agencias locales…”

Vladimir Putin

Click!

Que es el verdadero descentrarse?

Hola Fray Nelson, le escribo desde Phoenix, Az. Recien descubri su video en youtube sobre el curso de LA FE, el cual se me hizo muy edificante pero tengo algunas preguntas… Cuando habla del descentramiento. Entiendo lo de reconocer lo que nosotros somos y capacidades, pero me causa un poco de confusión entonces lo que decía Sn. Agustin, de que “Yo te buscaba fuera de mi, pero estabas dentro”? lo cual me lleva a preguntarme como es el descentramiento fuera de nosotros si Dios esta dentro de nosotros? y no es ese Dios dentro de nosotros y nuestro dialogo con el parte (O ES) asi la Fe? Que Dios lo bendiga.

* * *

La persona que está centrada en sí misma no está centrada en Dios, aunque sigue siendo cierto que sólo Dios habita realmente en lo profundo de nuestro ser.

Es quiere decir que, cuando uno está centrado en sí mismo, lo que uno considera como “centro” es una mentira. En realidad es lo mismo que sucede con toda idolatría: al fijar la atención, el amor o la esperanza en un ídolo nos estamos engañando. Lo que sucede es que cuando uno se centra en sí mismo el ídolo es invisible pero real: es el propio yo, agigantado, arrogante, exigente pero tan mentiroso como los demás ídolos.

Des-centrarse, entonces, es abandonar la idolatría del propio yo y a la vez es darle a Dios el trono y lugar que le corresponde. Cuando la Palabra de Dios tiene poder en mi vida, hasta el punto de que mis criterios los mido por esa Palabra, y no me tomo yo como medida de mí mismo, ahí se está dando un genuino des-centramiento.

Uno ve que todo des-centrarse implica obediencia, confianza, fe y esperanza., y a ello precisamente nos induce el Espíritu Santo que con su susurro saludable, nos conduce a la verdad completa.