FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Pasar por lo peor sin maldecir, sin enloquecer, sin desesperarse, sin vengarse, sin odiar: eso revela a Dios.

Alimento del Alma: Textos, Homilias, Conferencias de Fray Nelson Medina, O.P.
FIESTA DE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Pasar por lo peor sin maldecir, sin enloquecer, sin desesperarse, sin vengarse, sin odiar: eso revela a Dios.
Lección Primera
Apostolado y martirio
La palabra mártir
El martirio, entendido según su estricta significación etimológica [testimonio], no se conoció antes del cristianismo. No hay mártires en la historia de la filosofía: «Nadie -escribe San Justino- creyó en Sócrates hasta el extremo de dar la vida por su doctrina» (II Apología 10). Tampoco el paganismo tuvo mártires. Nunca hubo nadie que, con sufrimientos y muerte voluntariamente aceptados, diera testimonio de la verdad de las religiones paganas. Los cultos paganos, a lo más, produjeron fanáticos, como los galos, que se hacían incisiones en los brazos y hasta se mutilaban lamentablemente en honor de Cibeles. El entusiasmo religioso pudo llevar en ocasiones al suicidio, como entre aquellos de la India que, buscando ser aplastados por su ídolo, se arrojaban bajo las ruedas de su carro. Pero éstos y otros arrebatos religiosos salvajes nada tienen que ver con la afirmación inquebrantable, reflexiva, razonada de un hecho o de una doctrina.
El martirio, sin duda, quedó ya esbozado en la antigua Alianza, en figuras admirables, como las de los tres jóvenes castigados en Babilonia a la hoguera, Daniel en el foso de los leones, los siete hermanos Macabeos, inmolados con su madre… Pero el judío se dejaba matar antes que romper su fidelidad a la religión que era privilegio de su raza, mientras que el cristiano acepta morir para probar la divinidad de una religión que debe llegar a ser la de todos los hombres y todos los pueblos.
Y ése es, precisamente, el significado de la palabra mártir: testigo, que afirma un testimonio de máxima certeza, dando su propia vida por aquello que afirma. La palabra misma, con toda la fuerza de su significación, no se halla antes del cristianismo; tampoco en el Antiguo Testamento. Es preciso llegar a Jesucristo para encontrar el pensamiento, la voluntad declarada de hacer de los hombres testigos y como fiadores de una religión.
«Vosotros -dijo Jesús- seréis testigos (mártires) de estas cosas» (Lc 24,48). Más aún: «Vosotros seréis mis testigos en Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los últimos confines de la tierra» (Hch 1,8). Y los Apóstoles aceptan esta misión con todas sus consecuencias.
Así San Pedro, para sustituir a Judas, el traidor, declara: «Es necesario que entre los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió con nosotros… haya uno que con nosotros sea testigo de la resurrección» (Hch 1,22). Y en su primer discurso después de Pentecostés: «Dios ha resucitado a Jesucristo, y de ello somos testigos todos nosotros» (2,32). Y con Juan, ante el Sanedrín: «Nosotros somos testigos de estas cosas… y con nosotros el Espíritu Santo que Dios ha dado a todos aquellos que le obedecen» (5,32.41). Otra vez, después de azotados, salen del Consejo «felices de haber sido hallados dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús» (5,41). Y al fin de su vida, escribiendo a las iglesias de Asia, Pedro persiste en el mismo lenguaje: «Yo exhorto a los ancianos que hay entre vosotros, yo que también soy anciano y testigo de los padecimientos de Cristo»… (1Pe 5,1).
Así pues, el significado primero de la palabra mártir es el de testigos oculares de la vida, de la muerte y de la resurrección de Cristo, encargados de afirmar ante el mundo estos hechos con su palabra. Desde el primer día este testimonio se dio en el sufrimiento y, como hemos visto, en la alegría de padecer por Cristo. Enseguida, después de estas primeras pruebas, vino el sacrificio de la misma vida, como testimonio supremo de la palabra.
Ya Jesucristo lo había predicho a los Apóstoles: «Seréis entregados a los tribunales, y azotados con varas en las sinagogas, y compareceréis ante los gobernadores y reyes por mi causa, y así seréis mis testigos en medio de ellos» (Mc 13,9; +Mt 10,17-18; Lc 21,12-13).
Al mismo tiempo, les asegura su asistencia: «Cuando os hagan comparecer ante los jueces, no os preocupéis de lo que habréis de decir, sino decid lo que en aquel momento os será dado, porque no sois vosotros los que tenéis que hablar, sino el Espíritu Santo… El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre al hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los harán morir; y vosotros seréis odiados por todos a causa de mi nombre. Pero el que persevere hasta el fin se salvará» (Mc 13,11-13; +Mt 10,19-20; Lc 12,11-12; 16-17).
Cuando los cristianos pudieron comprender por los acontecimientos la fuerza de estas palabras de su Maestro, se consideró la muerte gloriosa de sus más antiguos y fieles discípulos como el coronamiento de su testimonio. Desde entonces, muerte y testimonio quedaron entre sí definitivamente asociados.
Antes, pues, de finalizar la edad apostólica, la palabra mártir adquiere ya su significado preciso y claro, y se aplicará a aquel que no solo de palabra, sino también con su sangre, ha confesado a Jesucristo.
Pero ya en ese mismo tiempo se extiende también su significado a quienes podrían decirse testigos de segundo grado, a aquellos «bienaventurados que creyeron sin haber visto» (Jn 20,29), y que, habiendo creído así, testificaron su fe con su sangre.
San Juan, concretamente, a fines del siglo I, emplea la palabra mártir en dos ocasiones con este sentido. En el mensaje que dirige a la iglesia de Pérgamo, hablando en el nombre del Señor, menciona a «Antipas, mi fiel testigo, que ha sido entregado a la muerte entre vosotros, allí donde Satanás habita» (Ap 2,13). Alude a un cristiano martirizado por los paganos en tiempos de Nerón. Y en otro pasaje, cuando se alza ante el apóstol vidente el quinto sello del libro misterioso, alcanza a ver «debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y del testimonio que habían dado» (6,9).
Y no será la primera generación cristiana de creyentes la única en dar este testimonio. La historia de los mártires no había hecho entonces sino comenzar.
[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]
Tema 3 de 4: El Poder del Yo
* Historia de una transición
* Historia de una división
* Historia de un vacío
* Historia de otro vacío
* Historia de un malentendido
* Historia de otro malentendido: Si “ser verdadero” es “ser espontáneo” y ser “libre” es seguir el instinto, impulso, moda o pasión del momento, entonces la Iglesia es la institución más mentirosa y más asfixiante. Es la gran hipócrita.
* Pero no es el final de la historia… El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.
[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]
Tema 2 de 4: El Poder del Conocimiento
* Bases de la Gnosis
* Qué omite la Gnosis
* El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.
[Curso de formación permanente ofrecido a los sacerdotes de la Diócesis de Pereira, en Colombia. Abril-Mayo de 2013.]
Tema 1 de 4: El Poder del Lenguaje
* Ejemplos recientes de eufemismo:
* Hay también ejemplos menos recientes:
* ¡Estos no son sólo cambios de palabras!
* Detrás de la expresión “Interrupción voluntaria del embarazo” hay esta ideología:
* Detrás de “Matrimonio igualitario” hay esto:
* Detrás del lenguaje de “muerte digna” hay esto:
* Detrás del modo como se practican algunos exámenes prenatales hay esto:
* El curso completo de Apuntes de Guerra Semántica puede seguirse aquí.
La Pasión de Cristo es la muestra más clara de la fuerza de paz que Cristo tiene y ofrece.
¿Cómo se articulan los mandamientos, el amor y la alegría?
famor“El presidente ruso, Vladímir Putin, ha abogado este viernes por modificar los acuerdos bilaterales en materia de adopciones con Francia y otros países en relación con la reciente aprobación del matrimonio homosexual en aquel país. «Debemos reaccionar ante lo que ocurre a nuestro alrededor. Nosotros respetamos a nuestros socios, pero pedimos que respeten nuestras tradiciones culturales y éticas, y las normas legales y morales de Rusia», ha dicho Putin, citado por las agencias locales…”
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Hola Fray Nelson, le escribo desde Phoenix, Az. Recien descubri su video en youtube sobre el curso de LA FE, el cual se me hizo muy edificante pero tengo algunas preguntas… Cuando habla del descentramiento. Entiendo lo de reconocer lo que nosotros somos y capacidades, pero me causa un poco de confusión entonces lo que decía Sn. Agustin, de que “Yo te buscaba fuera de mi, pero estabas dentro”? lo cual me lleva a preguntarme como es el descentramiento fuera de nosotros si Dios esta dentro de nosotros? y no es ese Dios dentro de nosotros y nuestro dialogo con el parte (O ES) asi la Fe? Que Dios lo bendiga.
* * *
La persona que está centrada en sí misma no está centrada en Dios, aunque sigue siendo cierto que sólo Dios habita realmente en lo profundo de nuestro ser.
Es quiere decir que, cuando uno está centrado en sí mismo, lo que uno considera como “centro” es una mentira. En realidad es lo mismo que sucede con toda idolatría: al fijar la atención, el amor o la esperanza en un ídolo nos estamos engañando. Lo que sucede es que cuando uno se centra en sí mismo el ídolo es invisible pero real: es el propio yo, agigantado, arrogante, exigente pero tan mentiroso como los demás ídolos.
Des-centrarse, entonces, es abandonar la idolatría del propio yo y a la vez es darle a Dios el trono y lugar que le corresponde. Cuando la Palabra de Dios tiene poder en mi vida, hasta el punto de que mis criterios los mido por esa Palabra, y no me tomo yo como medida de mí mismo, ahí se está dando un genuino des-centramiento.
Uno ve que todo des-centrarse implica obediencia, confianza, fe y esperanza., y a ello precisamente nos induce el Espíritu Santo que con su susurro saludable, nos conduce a la verdad completa.
Dios es mi Padre, Cristo es mi Hermano; el Espíritu Santo es mi guía. Soy nueva creatura; no tengo ataduras: soy de la familia celestial.
MEMORIA DE SAN JOSÉ, OBRERO
El Papa Juan Pablo II nos recordó que el trabajo humano no sólo transforma al mundo sino que transforma al trabajador mismo.
[Seminario ofrecido en la Asociación Jesús en Ti confío. Bucaramanga, Abril de 2013.]
* Seguimos un esquema antropológico basado en las enseñanzas de San Agustín y Santa Catalina de Siena. Cristo sana y libera, de adentro hacia afuera, empezando por las potencias de nuestra alma: voluntad, inteligencia y memoria.
(1) Enfermedades de la VOLUNTAD son: las seducciones idolátricas (propias de la avidez por el placer, la codicia, y el afán de prestigio; y también los temores ante los poderes de este mundo.
Cristo nos sana del poder de las seducciones mostrándonos cuáles son las verdaderas alegrías, y desenmascarando las falsas alegrías; y también otorgándonos el gozo de amar a Dios y alabarle, y de servir a los hermanos con gusto viendo en ello una prolongación del amor recibido.
Cristo nos sana del poder del miedo, según aquello que dice 1 Juan 4,4: El Espíritu Santo que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo. Así llegamos a decir lo que dijo San Pablo: “Todo lo puedo en aquel que me fortalece” /Filipenses 4,13).
(2) Enfermedades de la INTELIGENCIA son el engaño y la ignorancia. El gran engaño es la falsa alternativa que con la quiere atraparnos el demonio, haciéndonos creer que debemos escoger entre ser obedientes o ser felices. Las grandes ignorancias nuestras son: ignorar quién es nuestro verdadero Padre; qué es el reino de Dios, y a qué cielo hemos sido llamados.
Cristo nos sana del engaño mostrando que la verdadera y estable felicidad está en la perfecta obediencia de amor que él, primero que todos, practicó.
Cristo sana de las ignorancias profundas revelando con su presencia, palabra y ministerio cuál es el camino que lleva a la vida plena y abundante.
(3) Enfermedades de la MEMORIA son el prejuicio y el seguir las malas costumbres de la propia época.
Cristo sana de los prejuicios poniendo muchas veces como modelo y ejemplo a aquellas personas que solían ser despreciadas: las mujeres, los niños, los samaritanos, los gentiles.
Cristo sana de las modas perniciosas manifestando una maravillosa libertad sellada por el amor que deja ver el rostro santísimo de Dios.
[Seminario ofrecido en la Asociación Jesús en Ti confío. Bucaramanga, Abril de 2013.]
* Las bases de la sanación son dos: (1) La certeza de que Dios tiene un plan de amor para mi vida, y que por consiguiente las “cañadas oscuras” no son el final del camino. (2) La certeza de que las persecuciones, incomprensiones, fracasos, enfermedades también tienen un lugar en nuestra vida, y de hecho hacen bien para quitar soberbia, autosuficiencia y vanidad; y para inspirarnos solidaridad y compasión.
* Sobre esa base, la sanación lleva un orden general de adentro hacia afuera. El orden más propio es este:
(1) Experiencia del amor de Dios “aquí y ahora” : saberse amado y acogido por Dios.
(2) Sentir que el amor de Dios recorre y sana el pasado, de modo que uno puede hablar de lo vivido con realismo, aceptación y paz.
(3) Certeza de que el amor de Dios libra del temor al futuro, o a enfrentar los mismos enemigos u obstáculos que tuvieron poder sobre uno.
(4) Sanación de la memoria: los “estribillos” de derrota o de prejuicio.
(5) Limpieza profunda del lenguaje, quitando la negatividad, la vulgaridad, el doble sentido, la mentira.
(6) Bendición de la imaginación: aprender a anhelar y soñar “según Dios.”
(7) Sanación y restauración de la familia.
(8) Sanación de nuestro cuerpo.
(9) Protección para los bienes y realidades materiales, fruto del esfuerzo y trabajo realizado.
(10) Bendición y protección para nuestras finanzas.
¿Cómo es que los verdaderos cristianos logran conservar la paz aún en medio de desilusiones y persecuciones?