Elogios para Hernán Cortés, de sus contemporáneos

Pero volvamos a nuestro protagonista. A juicio de Salvador de Madariaga fue «Cortés el español más grande y más capaz de su siglo» (555), lo que es decir demasiado, si no se ignoran las flaquezas del Capitán y las maravillas humanas y divinas del siglo XVI español. También elogiosa es la obra Hernán Cortés, escrita en 1941 por Carlos Pereyra. Pero los elogios vienen de antiguo, pues ya en el XVII Don Carlos de Sigüenza y Góngora, escribe el libro Piedad heróica de Don Fernando Cortés, que es publicado mucho más tarde en México, en 1928.

En nuestro siglo, el mexicano Alfonso Trueba, publica en 1954 su Hernán Cortés, libertador del indio, que en 1983 iba por su cuarta edición. Y en 1956, el también mexicano José Vasconcelos afirma en su Breve historia de México que Hernán Cortés es «el más grande de los conquistadores de todos los tiempos» (18), «el más humano de los conquistadores, el más abnegado, [que] se liga espiritualmente a los conquistados al convertirlos a la fe, y su acción nos deja el legado de una patria. Sea cual fuere la raza a que pertenezca, todo el que se sienta mexicano, debe a Cortés el mapa de su patria y la primera idea de conjunto de nacionalidad» (19). Por otra parte, «quiso la Providencia que con el triunfo del Quetzalcoatl cristiano que fue Cortés, comenzase para México una era de prosperidad y poderío como nunca ha vuelto a tenerla en toda su historia» (167).

Otro autor mexicano, José Luis Martínez, en su gran obra Hernán Cortés, más bien hostil hacia su biografiado, ha de reconocer, aunque no de buena gana: «el hecho es que mantuvo siempre con los indios un ascendiente y acatamiento que no recibió ninguna otra autoridad española» (823). Y documenta su afirmación. Cuando en 1529 se le hizo a Cortés juicio de residencia, el doctor Cristóbal de Ojeda, con mala intención, para inculparlo, declaró: «que así mismo sabe e vido este testigo que dicho don Fernando Cortés confiaba mucho en los indios de esta tierra porque veía que los dichos indios querían bien al dicho don Fernando Cortés e facían lo que él les mandaba de muy buena voluntad» (823). Y años más tarde, en 1545, el escribano Gerónimo López le escribe al emperador que «a Cortés no solo obedecían en lo que mandaba, pero lo que pensaba, si lo alcanzaban a saber, con tanto calor, hervor, amor y diligencia que era cosa admirable de lo ver» (824).

Ciertamente, hay muchos signos de que Cortés tuvo gran afecto por los naturales de la Nueva España, y de que los indios correspondieron a este amor. Por ejemplo, a poco de la conquista de México, Cortés hizo una expedición a Honduras (1524-1526), y a su regreso, flaco y desecho, desde Veracruz hasta la ciudad de México, fue recibido por indios y españoles con fiestas, ramadas, obsequios y bailes, según lo cuenta al detalle Bernal Díaz (cp.110).

Por cierto que Cortés, al llegar a México, donde tantos daños se habían producido en su ausencia, no estaba para muchas fiestas; «e así -le escribe a Carlos I- me fui derecho al monasterio de sant Francisco, a dar gracias a Nuestro Señor por me haber sacado de tantos y tan grandes peligros y trabajos, y haberme traído a tanto sosiego y descanso, y por ver la tierra que tan en trabajo estaba, puesta en tanto sosiego y conformidad, y allí estuve seis días con los frailes, hasta dar cuenta a Dios de mis culpas» (V Carta).

Y poco después, cuando la primera y pésima Audiencia, estando recluído en Texcoco, también en carta a Carlos I, le cuenta: «me han dejado sin tener de donde haya una hanega de pan ni otra cosa que me mantenga; y demás desto porque los naturales de la tierra, con el amor que siempre me han tenido, vista mi necesidad e que yo y los que conmigo traía nos moríamos de hambre… me venían a ver y me proveían de algunas cosas de bastimento» (10-10-1530).


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.

¿Cuántos árboles en el paraíso?

Padre Nelson: En el libro del Génesis, la parte primera donde se mencionan los árboles de “la ciencia del bien y del mal” así como “el árbol de la vida”, según mi neófito criterio, al parecer se trataría de dos árboles distintos; sin embargo he oído sacerdotes que en sus prédicas expresan se trataría de un solo árbol. Por favor Padre Nelson acláreme esto porque me encuentro confundida. –GSHP.

* * *

Claramente se trata de dos árboles distintos. Y son distintos porque también se refleren a aspectos distintos del corazón humano: por una parte, la tendencia que tenemos de establecer como “bueno” o “malo” lo que a nosotros nos parece o nos conviene que sea así. Por otra parte, y esto es lo que representa el otro árbol, nuestro deseo de inmortalidad, y por contraposición, la aversión que tenemos al olvido, el absurdo, la esterilidad y la muerte: dos tendencias que “crecen” en nuestro corazón, como crecen los árboles.

Más allá de la moda transgénero

“Los sujetos post-quirúrgicos me parecían caricaturas de mujeres. Llevaban zapatos de tacón alto, mucho maquillaje y vestidos llamativos; me explicaban cómo se sentían al poder dar rienda suelta a sus inclinaciones naturales por la paz, la domesticidad y la dulzura. Pero sus grandes manos, sus prominentes nueces de Adán y sus evidentes rasgos faciales eran incongruentes y lo serían cada vez más a medida que envejecieran. Las psiquiatras a las que los enviaba para que hablaran con ellos conseguían ver intuitivamente a través del disfraz y la exageración en los gestos. “Las chicas conocen a las chicas”, me dijo una de ellas, “y eso es un chico”…”

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Gimnasio Mental 054

Lucía y su prima Susana gustan de las matemáticas y están hospedadas donde una amiga en común, que vive cerca de un aeropuerto. Esta les cuenta que en promedio cada cuatro minutos aterriza un avión, y que los aviones son claramente visibles en su aterrizaje desde un minuto antes de tocar la pista. Surgió una discusión entre Susana y Lucía: ¿qué es más probable asomarse diez veces al azar y no ver un solo avión aterrizando, o asomarse una sola vez y ver que en ese momento un avión aterriza?

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Teología Moral familiar y sexual, 11: Visión bíblica de la familia y la sexualidad humana

[Conferencias en el curso de Teología Moral familiar y sexual ofrecido en la Facultad de Teología de la Universidad Santo Tomás en el primer semestre de 2015.]

Tema 10: Visión bíblica de la familia y la sexualidad humana

2015-05-28 08.10.00

* La perspectiva bíblica tiene su raíz en una afirmación gozosa: somos creación de Dios, y en nosotros hay un designio y expresión de su bien. El cuerpo es bueno; la sexualidad es buena; ser sexuado es bueno. Como todo bien, nuestra corporalidad requiere un discernimiento moral pero el hecho fundante está en el bien de ser creaturas de un Dios bueno.

* Hombres y mujeres somos complementarios en varios planos, particularmente tres:

(1) De modo más obvio, en la biología, cuyo fruto propio es la procreación.

(2) En lo existencial: la tendencia principalmente masculina de obrar orientados por una meta se complementa con la tendencia mayormente femenina de cuidar el contexto.

(3) En cuanto al poder: la Biblia muestra que una mujer logra lo que no pudieron diez mil hombres filisteos; se puede decir que la mujer tiene el poder “de hecho” y que el hombre, si sigue a Dios en actitud de construir un bien, recibe el poder “de derecho.”

* El hogar se presenta, sobre todo en el Deuteronomio, como espacio de plenitud y felicidad humana, y a la vez, como la gran escuela de la fe y la liturgia. El hogar es espacio de fecundidad pero no solamente en lo numérico: ser de verdad fecundos es hacer nacer para la amistad y relación con Dios, y finalmente para el Cielo.

* El amor de pareja y la hermosura de la intimidad son celebradas en la Escritura, sobre todo en el Cantar de los Cantares, pero la alegría por saberse amado o el placer del sexo no deben llevar a idolatría. la idolatría es siempre fracaso de la humanidad. El amor humano, como todo lo humano, está siempre necesitado de redención.

* Es consecuente entonces ver la urgencia del Reinado de Dios como un amor que de suyo supera a cualquier otro amor, y esto explica la grandeza de la vocación del célibe por razón del Reino de Dios.

Teología Moral familiar y sexual, 10: Ideología de género

[Conferencias en el curso de Teología Moral familiar y sexual ofrecido en la Facultad de Teología de la Universidad Santo Tomás en el primer semestre de 2015.]

Tema 10: Ideología de género

2015-05-21 09.46.36

I. Propósito

* La ideología de género quiere separar “sexo” (concepto ligado a la biología) de “género” (palabra que alude a la construcción gramatical que diferencia masculino y femenino en algunos lenguajes, como el español). La idea es que el “género” es un constructo social que puede de-construirse y re-construirse según los parámetros que estén vigentes en cada modelo de la sociedad.

* La ideología de género abre así enormes posibilidades en varios frentes:

(1) El político gana un electorado a partir de los grupos cuyos “derechos” han sido vulnerados, y a partir de quienes simpaticen con esos grupos.

(2) El mercado gana un nuevo “nicho” al cual surtir de bienes y servicios, los cuales son especialmente lucrativos por las características de urgencia de satisfacción y conquista, propias d ela población LGBTI.

(3) La sociedad asegurará, en su mayoría, que se han dado pasos en la dirección de una mayor libertad subjetiva, y esta suele ser confundida con la libertad verdadera.

II. Orígenes de la ideología de género

* La raíz más clara es la separación entre placer y fecundidad en el sexo. Desligado de la fecundidad, el placer sexual convierte la intimidad en un entretenimiento sujeto a leyes de oferta y demanda. Desligada del placer, la fecundidad se convierte en un negocio en manos de tecnólogos y burócratas. La conjunción de estas circunstancias crea una falsa idea de autonomía absoluta y de libertad para autodefinirse, y para redefinir lo que significa ser humano.

* Una segunda causa es el marxismo redivivo. Karl Marx descubrió, o por lo menos hizo muy visible una consigna que ya había prestado servicios políticos en varias revueltas sociales: una vez que se presenta a un grupo social como “desposeído,” unas buenas dosis de odio van nutriendo de fuerza a ese grupo. Basta luego presentarse como su líder para tener en las manos abundante fuerza de transformación social y de ascenso al poder. Para Marx ese grupo eran los “pobres” y el “proletariado.” Nuevas ediciones del marxismo apelarán a las mujeres o a la población LGBTI.

* Como causa relativamente cercana hay que mencionar la entrada franca de estas ideas en la IV Conferencia sobre la Mujer, organizada por la ONU y celebrada en Pekín en 1995.

III. Vocabulario típico

* Los siguientes términos son frecuentes en el desarrollo de la agenda LGBTI: discriminación, hegemonía, polimorfía, homofobia, orientación sexual, patriarcado.

* El sentido general en el uso de de esos términos es presentar todo lo que dependa de la biología, la naturaleza o la tradición de las sociedades como perverso, esclavizante y manipulador. Lo nuevo en cambio, representado por la polimorfía y la libre escogencia de la orientación sexual, sería promesa de libertad y de justicia social.

IV. Proceso de implantación

* Estos son los pasos típicos en la imposición de la ideología de género en una sociedad:

(1) Lucha ruidosa, amplificada mediáticamente, en contra de la “discriminación” contra la mujer y contra LGBTI.

(2) Presentación obsesiva de una femineidad egoísta (esto silencia el deseo materno) y a la vez celebración festiva de lo homosexual y en general de lo “diverso.”

(3) Implantación legal de lo “igualitario.” Nuevo despliegue de medios sociales.

(4) Implementación y luego imposición forzada de programas educativos que aseguren que las nuevas generaciones sólo pensarán en clave de ideología de género.

(5) Ajuste de multas y castigos ejemplares para quienes se atrevan a disentir. Pérdida de sus hijos para los papás que quieran oponerse.

(6) Demonización de las personas o instituciones contrarias. Lucha escalada contra la Iglesia, desde la exhibición de sus llagas hasta los torrentes de calumnias y blasfemias.

(7) Proceso culminado: explotación abierta y sin resistencia del individuo, que ha quedado ya desprovisto de familia y de instituciones de rango medio que le puedan acoger, hablar otro lenguaje o ayudar de cualquier modo.