Permanecer en vela, ordena Cristo

Tres palabras nos conducen poco a poco al centro de esta parábola: Dios que llega “como un ladrón” en la noche; la necesidad de cuidar los verdaderos tesoros; y para ello, sabernos siempre administradores que un día rendiremos cuentas.

Cuando llegue tu tiempo…

Un fotón tarda cientos de miles de años en alcanzar la superficie solar; cuando llega su momento, se desplaza a la máxima velocidad concebible para dar su don al mundo.

Piensa lo que eso significa: miles y miles de años para salir del sol, y desde ahí, a vertiginosa velocidad, un poco más de ocho minutos para alcanzar, por ejemplo, el cristal de mi ventana, y luego el recinto de mis ojos, donde entregará toda su energía y su razón de ser.

Uno podría decir que ese fotón está esperando “pacientemente” su hora, su minuto, su instante. Uno puede imaginar que ese fotón se está preparando para la que será su única misión en su larga y a la vez breve existencia.

Ese fotón me obliga a hacerme preguntas. ¿Cómo me estoy preparando para servir? ¿He caído en impaciencia porque no llega “mi hora”? ¿Estoy dispuesto a servir con agilidad? ¿Estoy dispuesto a darlo todo?

¡Qué regalo es la luz! Pero no es fácil ser fotón.

Hijos y padres, absorbidos por las pantallas

“Para Twenge, no se ha insistido suficiente en los daños que puede provocar el abuso de estas tecnologías. No se trata solo, ni principalmente, de los perjuicios para la capacidad de atención. Lo mas grave es que cada vez más jóvenes prefieren relacionarse con sus amigos o familiares a través de Snapchat o Facebook que verse cara a cara; quedarse en la habitación contestando a wassaps que salir a la calle…”

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Interesante análisis sobre Amoris laetitia y los dubia de los Cardenales

“Recientemente se ha publicado un interesante artículo firmado por D. Rodrigo Guerra López, dedicado a la exhortación postsinodal Amoris Laetitia del Papa Francisco. El artículo resulta especialmente significativo porque se ha publicado en la Revista Medellín de la CELAM (el Consejo Episcopal Latinoamericano), en un número dedicado al Papa Francisco. Si bien el autor trata en su artículo la exhortación en su conjunto, lo cierto es que el tema fundamental parece ser el de los divorciados en una nueva unión. Más de un tercio de sus páginas se dedican a este tema y da la impresión de que la parte general del principio está orientada a preparar el camino de la tesis presentada por el autor a ese respecto…”

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Misioneros ensanchadores de México

Hemos recordado aquí la inmensa labor misionera realizada en México por la Compañía de Jesús con los indios tepehuanes, los de Sionaloa y Chínipas, los de Tarahumara, Pimería y California; pero los jesuitas llevaron adelante, en condiciones de similar dureza, otras muchas misiones entre laguneros, acaxees y xiximíes, yaquis, mayas y yumas, los indios del Nayarit y tantos otros.

Por eso hemos de afirmar que todas esas regiones son actualmente México gracias a los misioneros jesuitas, que ensancharon la patria mexicana con su grandioso esfuerzo evangelizador. Y de franciscanos, dominicos, agustinos y otros religiosos hay que decir lo mismo: los misioneros fueron los principales creadores del México actual.

Sin embargo, hoy vemos en las ciudades de aquella nación pesadas estatuas, en el más puro estilo del realismo soviético, dedicadas a Juárez, Obregón o Carranza, pero apenas hallaremos ningún recuerdo de estos santos padres de la patria mexicana…

La verdad, sin embargo, de la historia humana está escrita con páginas indelebles, pues queda grabada en el corazón de Dios. Concluimos, pues, con las palabras de Alfonso Trueba en su obra Ensanchadores de México (66): «Pensamos en la grandeza moral que encierran las páginas de nuestra historia, de esa historia que el pueblo mexicano desconoce porque se la han ocultado. Y pensamos que México es una nación hecha por santos. Sus destructores han querido y quieren que se la lleve el diablo, pero esos santos han de volverla a su antiguo destino, y han de salvarla. Dios lo quiera».


El autor de esta obra es el sacerdote español José Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aquí la obra se publica íntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse aquí.