noviembre 8, 2009

El Hermano Mayor de la Parabola del Hijo Prodigo

UN PERSONAJE MEZQUINO

(Lc 15, 25-27; Gén 4,2; Sab 2,24)

Les invito a reflexionar con especial atención sobre el segundo cuadro de la parábola. En ella no hay una solo detalle que no tenga un significado querido por Jesús. Veamos la historia del hijo mayor, contada por Jesús ante dos clases de interlocutores: los pecadores y publicanos y los fariseos, escribas y sacerdotes. En este hijo, Jesús quiere hacer un pintura del espíritu que anima a los dirigentes judíos: los fariseos, los escribas, y una cantidad de personas de ayer, de hoy y de siempre, que marginan y rechazan a los que creen malos. Al describir al hijo mayor Jesús quiere descubrirnos un espíritu que se esconde bajo capa de religiosidad y de cumplimiento estricto de normas y deberes. Ya había dicho el relato que “el padre repartió su bienes entre los dos“. Al hijo mayor le interesó muy poco que su padre, también a él, diese la herencia, que sólo se da cuando el padre muere. Con eso le estaba reclamando que el padre había muerto, también, para él. Pero el mayor no entendió el lenguaje del padre al repartir la herencia a los dos hermanos y continuó viviendo lejano del Padre, a pesar de estar con Él. Al respecto, es interesante anotar que, en labios del hijo mayor, refiriéndose a su padre, no se encuentra, ni una vez, la palabra “padre”, sí un tú totalmente despectivo.

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