Breviario del Ateismo y el Agnosticismo Contemporaneos

La presente avanzada del dúo ateísmo-agnosticismo es patente y vigorosa. La discusión, seamos claros, se ha planteado en un terreno específico: la racionalidad. El resumen de 200 o 250 años de ateísmo ilustrado se condensa en esta sencilla frase: Creer es lo opuesto a pensar.

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Las formas principales que ese argumento toma son:

A1. Si se trata de conocer el mundo, la fe sólo tiene fábulas y leyendas propias de una etapa inferior y ya superada del conocimiento humano. La ciencia en cambio esclarece de modo progresivo y seguro las leyes que gobiernan el cosmos, los hechos acaecidos en la historia e incluso los factores que determinan la conciencia y el comportamiento humanos.

A2. La fe misma está repleta de incoherencias disfrazadas en un lenguaje extraño y complejo, que desalienta cualquier cuestionamiento porque todo finalmente es “misterio.” Y sin embargo, lo que se ve de sus textos sagrados muestra una larga lista de contradicciones, empezando por un Dios que prohíbe hacer lo que luego manda hacer, según sucede con el mandamiento de “no matar” en la Biblia.

A3. Sencillamente no se puede admitir que este mundo repleto de maldades y sufrimiento de inocentes sea la obra de un Dios que es a la vez omnipotente, omnisciente y bondadoso. A la vista de tanto dolor hay que decir que ese Dios o no puede, o no quiere o no sabe cómo hacer mejor las cosas.

A4. Mientras que la fe alienta el dogmatismo sobre la base de una certeza que no puede ser cuestionada, el ejercicio de la razón es siempre discutir, buscar evidencia, analizar coherencia. Los creyentes son arrastrados por su fe hacia el fanatismo, y por ello mismo, constituyen un peligro latente para el bien público porque sus posturas pretenden escapar a las reglas del debate y la discusión abierta.

A5. La certeza psicológica que da la fe es la antesala de la violencia, como lo demuestra la Historia de la humanidad una y otra vez. Por definición, los creyentes son exclusivistas, ya que consideran que sólo lo suyo es cierto. Ahora bien, el encuentro de dos o más exclusivismos sólo puede engendrar una cadena de males: desaprobación mutua, supresión de la libertad para pensar y expresarse, y finalmente: totalitarismo, agresión y muerte.

A6. Los preceptos morales de la fe siempre tienen que postular un bien que está “más allá.” Los profetas y predicadores, sean de la religión que sean, no pueden vender lo obvio, lo que es visible y tangible, porque eso está al alcance de todos. Entonces venden esperanzas de un “más allá.” No es un sueño inocente porque conlleva el precio de mirar con miedo o desprecio a este mundo. El creyente queda así condenado a correr detrás de una felicidad engañosa y a nunca disfrutar la felicidad que sí podía tener. Su estructura psicológica está fracturada, su vida es sombría y acomplejada. La tentación de la hipocresía es permanente y por eso es apenas entendible que un creyente haga trampa.

A7. La religión es una forma de poder sobre la conciencia; un poder que, por su misma estructura, pretende estar por encima de toda confrontación. Por eso, a lo largo de la Historia, los poderosos han buscado a menudo arroparse con el credo de moda. En la alianza estratégica entre política y fe, la clase dirigente ha recubierto de privilegios al clero, y el clero ha brindado toda suerte de justificaciones a los dirigentes de turno.

A8. Las cosas serían soportables si los creyentes guardaran sus convicciones para sí mismos, pues al fin y al cabo cada quien puede ser dueño de sus fantasías. No es el caso para ellos. Su certeza de que la fe es verdadera, universal y saludable los empuja a sembrarla o imponerla en todas partes. La pretensión de ellos es que las leyes que nos rigen a todos respondan deben corresponder con los requerimientos de su credo, de modo que incluso los que no piensan como ellos se vean obligados a vivir como ellos, o mejor dicho: como ellos dicen que se debe vivir, incluso no son capaces de vivirlo.

A9. Uno de los principios básicos del funcionamiento de la sociedad moderna es la democracia, y sucede que las religiones sencillamente no pueden adoptarla. El pensamiento religioso distingue días especiales, lugares especiales y sobre todo personas especiales. Cuanta más religión en la vida pública mayor interferencia con los procesos abiertos de la democracia.

A10. La idea de autoridad y la idea de lo sobrenatural hacen que la capacidad de pensar se bloquee ante las cosas más evidentes. Mientras que todo el mundo ve que el preservativo es una ayuda contra la expansión de la pandemia del SIDA, los creyentes lo niegan; mientras que la evidencia histórica muestra que solamente el individuo tiene el derecho de decidir con quién vivir, el creyente quiere imponerle que su pareja sea del otro sexo; mientras que los escándalos sexuales se multiplican, la Iglesia Católica sigue aferrada a sus leyes medievales, como si el mundo no hubiera cambiado o como si pudieran seguir gobernando a base de bulas y excomuniones.

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Por supuesto, yo no comparto ninguno de esos puntos, y creo que, con mayor o menor dificultad, todos pueden refutarse. Pero es bueno tenerlos reunidos para saber qué piensa el que piensa distinto y contrario a nosotros. Invito a los lectores a dejar sus respuestas favoritas a estos planteamientos de ateos y agnósticos, indicando en cada caso a qué argumento responden, es decir: A1, A2, o el que sea. Bendiciones para todos.

Fr. Nelson Medina, O.P.