Unidad de Cristo 08

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Unidad de Cristo

Tema 8 de 13: ¿Cómo entra la noción de "persona" a la filosofía y la teología?

Puntos básicos

Historia del concepto

  1. "Pre-historia": Persona (griego: prósopon) fue originalmente usado para designar la máscara usada por un actor. Luego se aplicó al rol que representaba, y finalmente, a cualquier carácter ("personaje") en el escenario de la vida, a cualquier individuo.
  2. Escolástica. Persona incluye cinco notas:
    • substantia - lo que excluye el accidente;
    • completa - debe formar una naturaleza completa; un cerebro pensante no es una persona;
    • per se subsistens - la persona existe en sí misma y puede definir sus propios fines; es en justicia (sui juris) la esencial poseedora de su naturaleza y todos sus actos, el sujeto fundamental de predicación de todos sus atributos;
    • separata ab aliis - Esto excluye las llamadas substancias segundas (los universales), que no tienen existencia fuera del individuo;
    • rationalis naturae - Y esto excluye todo lo que sea suppositum pero no sea intelectual.
  3. Xavier Zubiri: Persona es un de suyo formalmente suyo.

Algunas fuentes del Personalismo actual[1]

  1. Frente al individualismo y al colectivismo. El personalismo surge en Europa entre las dos guerras mundiales. Frente al individualismo que exalta a un individuo meramente autónomo,[2] el personalismo subraya el deber de la solidaridad del hombre para con la sociedad; y frente a los colectivismos que supeditan la persona a valores abstractos como la raza o la revolución, destaca el valor absoluto de cada persona concreta e individual.
  2. Es notable el elenco de pensadores del siglo XX que han visto en el personalismo una clave de pensamiento perfectamente compatible con la teología cristiano-católica. Entre ellos cabe mencionar: Max Scheler, Martin Buber, Emmanuel Mounier, Maritain, Nédoncelle, Pareyson, Edith Stein, Emmanuel Lévinas, Karol Wojtyla, Romano Guardini, Gabriel Marcel, Julián Marías, Paul Ricoeur, Xavier Zubiri o Dietrich Von Hildebrand.
  3. Palabras y categorías nuevas que trae el personalismo a la escena pueden encontrarse en un texto como este, de Carlos García Andrade:[3]
Todos los seres humanos somos personas. Seres personales, dotados de autoconciencia, de libertad, de capacidad para conocer y amar (todas estas características, dadas en mayor o menor grado según las peculiaridades o la situación físico-psíquico-biológica de cada uno). Y, sin embargo, la persona es un misterio. Lo que constituye en cada ser humano ese rasgo que lo convierte en ser personal resulta ser algo sumamente escurridizo y difícil de atrapar conceptualmente. La dificultad para captar lo que encierra la palabra ‘persona’ radica en que nuestro conocimiento es por abstracción. La natu­rale­za humana, aquello que todos los hombres tenemos en común, aquello por lo que somos seres humanos y no otra realidad, puede ser objetivada al abstraerla de los hombres comunes existentes: es lo que suele denominarse como la 'esencia humana.' Pero la persona es precisamente aquello que no es común, que es único e irrepetible en cada uno. ¿Cómo objetivar y abstraer pues a la persona? La persona se define como sujeto, no como objeto, no hay ciencia de las personas, ya que la ciencia se ocupa de objetos. Esto ya nos da una pista de que nos encontramos ante una realidad especial: ¿Cómo es posible que, siendo algo común a todos los hombres, sea tan único en cada uno que no permita establecer generalizaciones aparte del hecho común de que somos personas? ¿Habrá que negar todo posible discur­so universal sobre la persona?

¿Definir las Personas Divinas en términos de sus relaciones?

  1. De "persona" se empieza a debatir en teología desde tiempos de Tertuliano y su De Trinitate. San Hilario de Poitiers marca un hito en este desarrollo y luego San Agustín, con su propio tratado ayuda a clarificar términos, anotando su descontento por el hecho de que las relaciones entre personas humanas no son como las relaciones entre Personas Divinas.[4]
  2. Tal vez la nota más característica del tratado de Santo Tomás sobre la Trinidad[5] es el hecho de que la afirmación de que lo único que hace distintas a las Personas son sus mutuas Relaciones: una idea que es un poco contra-intuitiva. Esto implica que las Relaciones son "reales"[6] y no sólo "de razón"[7] El texto fundamental es: "En Dios no son distintas realmente la esencia y la persona; y, sin embargo, las personas se distinguen entre sí realmente. Pues la persona, como se dijo (q.29 a.4), indica la relación en cuanto que subsiste en la naturaleza divina. Asi, la relación, con respecto a la esencia, no se distingue realmente, sino que mantiene sólo distinción de razón; pero con respecto a la relación opuesta y en virtud de la misma oposición, mantiene distinción real. Por lo tanto, permanece una esencia y tres personas."[8]
  3. Una nueva dimensión surge cuando la analogía se devuelve al ámbito humano con el lenguaje de la Trinidad como "familia." A favor de ello han estado varias intervenciones Pontificias.[9]

Lecturas Recomendadas

  1. Persona en la Enciclopedia Católica
  2. Historia del Tratado Trinitario: primera y segunda partes.
  3. Persona en Santo Tomás - Una reflexión de Dr. Rafael M. De Gasperin
  4. Asociación Española de Personalismo
  5. Entrevista con Juan Manuel Burgos, uno de los líderes del personalismo hoy en el mundo de habla hispana. Otra entrevista aquí
  6. La Noción de Persona en la Enseñanza de Pablo VI (Tesis Doctoral de Fr. Luis Sastoque, O.P.)

Notas

  1. Una reseña más amplia aquí
  2. Téngase en cuenta la noción escolástica del concepto de persona con todo lo que debe quedar "excluido" para que pueda hablarse de persona.
  3. Véase el texto completo.
  4. Véase De Trinitate, VII, 6. Con San Agustín empieza la diferencia más clara entre el tratado trinitario visto por la Iglesia de Occidente y visto por la Iglesia de Oriente. Más sobre esto en la [[Unidad de Cristo 09|Unidad 9] de este seminario.
  5. S. Th, I, qq. 27-43
  6. I, q. 28, a. 1
  7. Por eso en este contexto usamos las mayúsculas al hablar de las Relaciones entre las Divinas Personas: no se trata de nombres gramaticalmente "comunes."
  8. I, q. 39, a. 1
  9. Texto representativo de Juan Pablo II y otro de Benedicto XVI.