Vsan005a
Fecha: 20030418
Título: Que el Senor convierta nuestros corazones para no ser como Caifas o Anas
Original en audio: 46 min. 12 seg.
“Cristo en la Cruz es como un libro", dijo Santa Catalina de Siena, y sus llagas más visibles, son como el principio de los capítulos de ese libro del amor divino.
De pronto, podemos extender esa comparación y decir que la Pasión de Cristo es no sólo un libro, sino una enciclopedia, porque nos enseña tantas cosas, es tan perfecta la enseñanza de Jesucristo en la Cruz, que a medida que la vamos conociendo más, la vamos admirando.
A ver qué podemos aprender hoy, con la ayuda del Espíritu Santo, de este texto de la Pasión y de las otras lecturas, es decir, el texto de Isaías y la Carta a los Hebreos.
Por lo pronto fijemos la mirada en Pilato, un hombre que se encuentra dividido, un hombre que está al borde, y de ese borde termina por caer, y termina por volverse cómplice del mayor crimen de la historia.
Él está al borde, porque sabe, adentro de su corazón, que todo es falso, que está al frente de un inocente, que las acusaciones son por envidia, y sabe que él tiene poder para evitar esa injusticia; pero en otro sentido, no quiere desestabilizar sus buenas aunque difíciles relaciones con las autoridades judías.
Trata de complacer y al mismo tiempo, trata de seguir lo que le parece mejor, pero están en conflicto estas dos fuerzas, se siente dividido. Podemos mirar esa división interna de Pilato y podemos examinar el conflicto que tiene valiéndonos de dos palabras: el está seguro de su autoridad, pero no está seguro de la verdad, y es muy peligrosa la autoridad cuando no tiene luz.
Pilato está seguro de la autoridad y se lo hace sentir a Jesús: “¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?” San Juan 19,10. De eso está seguro, está seguro de su fuerza, está seguro de su poder, pero de la verdad no está seguro.
Jesucristo le dice: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” San Juan 18,37 Era un llamado muy serio, era un reclamo íntimo y profundo a la conciencia de este hombre, “el que es de la verdad, escucha mi voz”.
Esta frase, por cierto, la ama el Papa Juan Pablo II, que siempre que se refiere a temas de moral utiliza de una o de otra forma este argumento, es posible hablar del bien con todos los seres humanos, porque todo el que busca la verdad, tarde o temprano se encontrará con Jesús.
Dice Jesús: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” San Juan 18,37, y Pilato le replica con una pregunta: “¿Que es la verdad?” San Juan 18,38.
Pero el relato sigue: “Dicho esto salió” San Juan 18,38. No se quedó a oír una respuesta, es el que sabe que no sabe y sin embargo no quiere saber, está incierto con respecto a la verdad; está cierto y convencido con respecto al poder; saber cuánto se puede, saber qué poder se tiene y no saber en dónde está la verdad.
Es también el drama que tiene nuestro mundo, y por eso nuestro mundo sigue condenando inocentes. Hay un gran poder, por ejemplo, en la genética, noticia por estos días: “Se completó la lectura del genoma humano”, "ya sabemos cuáles son los genes de la raza humana", es decir, "ahora tenemos más poder".
Y como para que nos animemos ante esa noticia, que no deja de causar escalofrío, nos dicen que hay esperanzas para los pacientes de Alzheimer, para los pacientes de Parkinson, para los pacientes de cáncer, estamos más cerca de sanar enfermedades, ¿o estaremos más cerca de crear otras?
¿Estamos cerca de sanar a los enfermos o estamos cerca de una generación de monstruos? ¿De qué estaremos más cerca? Tenemos mayor poder, el gran poder del siglo XX fue la energía nuclear que causó muchísimas ilusiones y luego grandes desilusiones.
Cuando yo era niño, una de las cosas que quería ser era físico nuclear, porque me fascinaban esos misterios de la fisión y de la fusión de los átomos, y cuando yo era niño, las enciclopedias de casa escritas, allá en esos tiempos, hablaban con entusiasmo de las maravillas que vendrían por la energía atómica.
Íbamos a tener energía sumamente barata, el progreso se difundiría por toda la tierra, habría paz y recursos por todas partes, seguramente estábamos a un paso de vencer el hambre, pero resulta que Dios me dio suficiente vida para oír la otra versión, pregúntele a cualquier país de Europa si quiere tener un reactor nuclear cerca de la casa, nadie lo quiere tener.
Escogieron un cierto lugar en Alemania para lo que llaman un basurero nuclear, es decir, para aquellos materiales que ya no pueden producir energía pero que tiene todavía contaminación radiactiva, esos depósitos hay que hacerlos en algún lugar.
Escogieron un determinado lugar, y el tren que llevaba los desechos radiactivos tuvo que detenerse, porque la gente de la población salió a acostarse sobre la carrilera, como un modo escandaloso de protestar, porque no querían que se hiciera esa obra ahí.
Hoy nadie quiere energía nuclear, y si por algo se teme o detesta a Corea del Norte es porque no se sabe qué va a hacer con la energía nuclear.
El mundo, como Pilato, tiene muchísima autoridad, tiene muchísimo poder y se ufana del poder; pero se ha despreocupado del problema de la verdad, como Pilato que tuvo tiempo para decir una frase larga sobre la autoridad que tenía, pero no tuvo tiempo para oír una frase corta sobre la verdad que necesitaba. De manera que, ahí está Pilato y Pilato sigue vivo y sigue condenando inocentes.
El Papa, que ha sufrido tanto en su propio pueblo, en su propia carne, tiene unos argumentos tan perfectos, tan ciertos, tan verdaderos cuando se trata de defender a los inocentes, y ahí el mundo hace lo mismo que hizo Pilato: "¿Será eso verdad? ¿O no será verdad?" Da la espalda y se va.
Por ejemplo, cómo no mencionar aquí el tema del aborto que ha condenado a tantos inocentes a una muerte espantosa. No tenemos que recordar aquí cómo se realizan los abortos ni qué vive el feto. Argumento para el aborto: “Si una mujer ha sido violada, por favor, por caridad concédanle el derecho a abortar”; caridad y derecho.
Bueno, ¿y qué pasa si pensamos no en el que la violó o en la violada, qué pasa si pensamos en el niño? ¿Entonces, vamos a matar a un inocente, como una manera de arreglarle la vida a otra inocente? ¿Que lógica tiene eso? Si estamos diciendo que es injusto violar a una mujer, estamos diciendo que es más justo matar a un inocente y vamos a justificar lo segundo para paz de lo primero?
Es estúpido, es absurdo, no es cierto, pero al mundo no le importa que sea cierto, simplemente tenemos la autorización legal, tenemos los métodos terapéuticos, tenemos los lugares, tenemos los dineros, lo vamos a hacer, lo hicimos.
De modo que el síndrome Pilato, que es mucho poder y poca luz, sigue lastimando al mundo, y sigue produciendo lo mismo que produjo en el caso de Pilato, es decir, muertes de inocentes, la única solución a esto es seguir el camino que Cristo le sugirió a Pilato.
Y luego le dijo: “¿A mi no me hablas? ¿De dónde eres tú?” San Juan 19,8-10; le dijo Pilato: “¿A mi no me hablas?” San Juan 19,10. Estaba bravo Pilato, Jesús guardaba silencio.
Y por tercera vez tengo que mencionar al Papa, porque creo que es un profeta en estos temas. El único camino es preguntarse seriamente por la verdad, no te preguntes solamente por lo que puedes, sino pregúntate por la luz que tienes para utilizar lo que puedes.
Podemos obtener otras enseñanzas, con la ayuda de Dios, si miramos a otro que tenía otra autoridad. Hablemos un poco de política judía del siglo primero. Resulta que todo el sistema político de los judíos estaba viciado, y los primeros que sabían eso eran ellos mismos.
Ustedes y yo hemos escuchado muchas veces la expresión “los sumos sacerdotes”, pero esa expresión es en sí misma una desobediencia a la Biblia. ¿Quién ha dicho que hay sumos sacerdotes? Eso contradice a la ley de Moisés.
Me permito recordarles, amigos, que según la ley de Moisés no había “sumos sacerdotes”, sino “un sumo sacerdote”, el cargo del sumo sacerdote era vitalicio, el sumo sacerdote permanecía en ese lugar hasta la muerte, eso era lo que estaba estipulado en la ley de Moisés.
Pero resulta que unos astutos habían tomado recuerdos de un gran sacerdote llamado Sadoc, ¿quién fue Sadoc? Sadoc fue un sacerdote de los tiempos del rey David, que tuvo una gran fortaleza de ánimo para permanecer frente a David todo el tiempo.
Ustedes saben que David, durante una parte importante de su vida, fue odiado, sobre todo por Saúl, y el que fuera amigo de David era tan odiado como David, pero a pesar de todas esas enemistades y esas persecuciones, hubo un sacerdote, al parecer muy virtuoso de nombre Sadoc, que permaneció fiel al rey David y vino a convertirse como en el gran modelo del sacerdote.
Porque si David es como el gran modelo del rey, Sadoc es como el gran modelo del sacerdote; pues fuera verdad o mentira, resulta que unos descendientes de Sadoc, que por eso se llaman saduceos, los saduceos se consideraban descendientes del gran Sadoc y se consideraban por lo tanto como la mejor casta del sacerdocio en Judá.
Ellos eran la gran autoridad, pero como todos eran tan codiciosos y tan cobardes, entonces, pues, resulta que si el sumo sacerdote tenía que durar para siempre, si era vitalicio, muy pocos iban a poder ser sumos sacerdotes.
Entonces se inventaron, traicionando la ley de Moisés, que se supone que tenían que enseñar y defender, se inventaron un sumo sacerdocio rotativo, de manera que la marrana del sacerdocio pudiera ser repartida entre todos los que tenían ganas de ser sacerdotes.
Por otra parte, siguiendo una estrategia que han utilizado las casa nobles en muchos países y en muchos lugares, necesitaban que ese sumo sacerdocio no saliera de unos pocos nombres y familias, y por eso se casaban entre parientes y de esa manera garantizaban que el sumo sacerdocio se mantuviera siempre entre ellos, era una rosca exactamente, la rosca sacerdotal.
Pero esa rosca necesitaba un director de orquesta, que era el poder detrás del trono, es decir, que mientras que el sumo sacerdocio iba rotando, teóricamente se necesitaba alguien que siempre estuviera justificando eso, que era un engaño, era una mentira. Este, el que se mantenía oculto, pero que era el que orquestaba el sistema político religioso en Jerusalén en esa época, era Anás.
De manera que, aunque Caifás tenía el apelativo del sumo sacerdote en ese año, según dice la lectura de la Pasión, el verdadero poder y el que estaba interesado en salir de Jesús era Anás, ¿y cuales eran las preocupaciones de Anás? Eso es lo que aparece ahí también en el texto.
Las preocupaciones de Anás, que era el tipo pensante y que era el sátrapa también, y que era el que permanecía escondido, pero movía todos los hilos, las preocupaciones de Anás eran dos. Primera: "¿Qué hacemos con el problema de los discípulos? El movimiento de Jesús está tomando fuerza", y segundo: "¿Que hacemos con el problema de la doctrina?" Esos eran los dos temas que le preocupaban.
Y por eso, cuando llevan a Jesús frente a Anás, entonces lo que le pregunta Anás a Jesús es precisamente por los discípulos y por la doctrina, porque eso era lo que le llenaba de agrieras el estómago al viejito Anás, eso era lo que no le dejaba dormir bien, y por esa razón, los milagros de Jesús eran una desgracia, porque cuantos más milagros hiciera, más discípulos tenía.
Y el problema de que tuviera discípulos, ¿cuál era? Era doble, por una parte, que a medida que Jesús iba ganando discípulos, ellos perdían discípulos y eso humillaba el orgullo de ellos y les quitaba poder.
Y por otra parte, estos eran unos habilísimos diplomáticos, Anás y Caifas, y sus demás secuaces. Ellos, que estaban manteniendo unas mentiras, es que en la época de Jesús, todos los que tenían poder eran de mentiras, examinemos y verán.
¿Se acuerda que había un rey Herodes? Resulta que Herodes no podía ser rey porque Herodes ni siquiera era hebreo, era de familia idumea, estaba sostenido únicamente sobre la escalera de cráneos que había hecho juiciosamente repartiendo crueldad por todo el que se opusiera, ese era el poder de Herodes.
Luego, había un Procurador romano, que tenía el papel principalísimo de repartir justicia de acuerdo con los principios inviolables, eternos, luminosos y no sé cuántas cosas más del Derecho Romano, de manera que, ese gran representante del Derecho Romano, es el que hoy tiembla de miedo, no sabe qué hacer, no sabe cuál es la verdad y finalmente manda a la muerte a un inocente, ese era el gran juez de los romanos.
Y los otros que tenían poder eran los sumos sacerdotes, que estaban parados sobre una mentira: "Volvámonos rosca, organicemos el club, partamos la marrana, todos contentos; mientras haya un pobre pueblo que esté ofreciendo corderos, cabritos y todos pagando ofrenda y todos están contentos".
Ellos, en esos sistemas de mentiras, tenían todo asegurado, una gran posición social, estabilidad en su manera de negociar con Roma, ingresos jugosos.
Cuando alguien procuraba organizar ruido, entonces ya habían organizado la policía del templo, ¡por Dios! ¿En dónde dice la Ley de Moisés que una policía para el templo? Esa era una traición de los saduceos, porque querían en todo momento, a través de la fuerza de su labia, de su engaño y de la fuerza de su alianza con la fuerza pública, querían mantener su sistema.
Y llega Jesús a decir que el amor está cerca, que el Reino llegó, que Dios es Papá de todos, que el perdón es para todos.
Toda esa doctrina les sabia a cacho a estos señores, porque estaban destrozando los cimientos del edificio, que con tanta astucia, paciencia y años habían logrado construir, para mantenerse en el medio entre los romanos, Herodes, los fariseos. De manera que llega Jesús y llega a dinamitar todo eso.
Leamos más cuidadosamente ese pedazo del prendimiento de Jesús. La patrulla, el tribuno y las guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, ¿por qué lo llevaron donde Anás? Eso no tenía sentido, es que todo es absurdo en ese episodio.
Si se trataba de hacerle un juicio religioso, pues sean consecuentes por lo menos con las mentiras que dicen y llévenlo donde el sumo sacerdote, pero no, lo llevaron con el que tenía el poder real, que ya no era sumo sacerdote, y que era Anás.
Y por eso Jesús fue llevado donde uno, que en realidad no tenía autoridad sobre Él, pero era el que más sufría, tenía principios de gastritis y se llamaba Anás; y el sumo sacerdote apenas ve a Jesús entonces le pregunta, bien provisto de policías, por eso está el de la bofetada, porque ahí están retratados los saduceos, porque lo que no logramos con nuestra lengua de serpiente, lo logramos con puño de militares.
El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. ¿Hubiera sido difícil para Jesús presentar una síntesis de su enseñanza? Yo creo que no, Jesús era un gran maestro, Jesús hubiera podido levantarse y decir: “Alégrome sobre manera, dignos senadores de esta nación escogida, en poder presentar en breves palabras, cuál ha sido mi enseñanza, no otra cosa, mis hermanos, sino que Dios ha venido a cumplir sus promesas y hay un anuncio de gracia…”
Pero resulta que Jesús no es solamente un profesor, los que han sido solamente profesores pueden ser bastante ingenuos, o podemos ser; Jesús va mas allá. Anas le pregunta por los discípulos y la doctrina, Jesús le responde: “Yo he hablado abiertamente”, esa es la primera bofetada que le dio a Anás.
Porque Anas nunca hablaba abiertamente, porque Anás era experto en la conversación de pasillo, en la intriga, en mover el hilo, en hacer la seña, en hacer el guiño, en mover los hilos, tirar la piedra y esconder la mano, ese era el arte de Anás.
Y le dice Jesús, -yo me lo imagino mirándolo a los ojos-, y decirle: “Oiga, es que yo si hablo abiertamente, hermano; es que yo no me ando escondiendo”.
Era la primera vez que aparecía Anás, y es tan gracioso que Anás le haga esa pregunta, cuando Jesús efectivamente andaba por todas partes, todo el mundo lo conocía, mientras que este viejito, salía de su casa que era un pequeño palacio para la época, -esas ruinas se conocen-, salía de su casa y de su casa iba a politiquear con Caifas, y de ahí con Pilato, y luego con Herodes, y en eso se la pasaba el viejo, y ya no se indigestaba, que era lo más grave.
“Yo he hablado abiertamente al mundo, lo que tú no tienes Anás; yo he enseñando en la sinagoga y en el templo, no en las casas escondiéndome, murmurando, intrigando con mis amigotes".
"Anás, yo hablo en la sinagoga, yo hablo en el templo, Anás." Porque lo más simpático y lo más bello del relato de la Pasión de Cristo según San Juan, es ver cómo los que iban a juzgar a Jesús quedan juzgados, como le dijo Jesús a Pilato: “El que me entregó a ti tiene un pecado peor que el tuyo, un pecado mayor que el tuyo” San Juan 19,11, con lo cual le dijo: “Estás pecando ahora mismo”.
Pero sigamos con la historia de Anás. "Yo he hablado abiertamente", -dice Jesús-, he hablado donde se reúnen todos los judíos" San Juan 18,20, "¿oyó, señor? Donde se reúnen todos, no donde se reúne su camarilla y su rosca", eso es lo que le está diciendo Jesús.
"Yo hablo para todos, usted sólo habla con su rosca; no he dicho nada a escondidas, ¿le suena a algo Anás?" Pero no revolvamos usted con tú, porque Jesús estaba tuteando según esta versión, "¿Por qué me interrogas a mi?" San Juan 18,21.
Esa es una buena pregunta. "¿Qué quieres saber que no hayas sabido?" Dice un refrán, que el ladrón juzga por su condición.
Como Anás manejaba todas las cosas con un doble juego, porque ante la gente el era el sumo sacerdote, solemne, se puede uno imaginar a ese viejo, solemne en sus ceremonias, casi parecía un santo Anás, pero ese era un lenguaje que tenía manejar.
Otro lenguaje, que era el lenguaje de para dentro, "bueno, ya se acabó esa ceremonia, ahora quitémonos estos trapos, ahora sí vamos a hablar, qué es lo que va a pasar de aquí en adelante".
"Ahora, ¿y qué hacemos con el tal Herodes? ¿Viste que decapitó a Juan? Bueno, eso conviene, no te preocupes, porque eso conviene”. Anás es experto en doble lenguaje, y le pregunta a Jesús: “Bueno cómo es lo de tus discípulos y tu doctrina”.
Pero ese juicio no lo hace en público, se hizo en la casa de Anás, ahí donde se habían resuelto tantas cosas, incluyendo traiciones, muertes, ahí donde se repartían la marrana, ahí es donde tiene a Jesús.
Y entonces ¿qué es lo que le pregunta a Jesús? "Bueno, cómo es lo de tus discípulos y lo de tu doctrina" San Juan 18,19.
No nos imaginemos a Anás como un viejito neurótico, con la vena pintada, no, él intenta primero negociar, como diciéndole a Jesús: “Sí, tu tienes tu aire de santidad por allá, dejemos por allá el personaje y hablemos aquí entre nos, manejemos el asunto aquí chiquito entre nos".
"¿Qué opinas aquí de nuestra rosca? ¿Por qué no coordinar aquí unas cuantas alianzas? ¿Por qué no nos organizamos? Entendámonos, ¿cómo es el cuento y que por allá andas enseñando? Cuéntame, a ver, qué andas enseñando no sé qué cuentos, ¡contadme, hombre! y a ver, ¿en qué quedamos?" Como quien dice: “a ver, destapa tu juego verdadero”.
"Bueno, si tienes por allá tu versión que el Evangelio, los pobres, el Reino, pero bueno, sí, ya eso es lo de allá, pero hablemos de lo de aquí". Anás está tratando de que Jesús obre como siempre obraba Anás, es decir, "deja tu lenguaje de allá, y ahora vamos con el lenguaje de aquí".
Y Jesús le dice: "¿Y por que me interrogas a mi? Interroga a los que me han oído, ellos saben lo que he dicho" San Juan 18,21, y entonces Anás, como que no consta, y como que dijo: "¡Ah vaina! Entonces este tipo tiene el mismo lenguaje afuera y adentro, entonces este no sabe el cuento del doble lenguaje; ¡ay, Dios mío, ya tan grandecito, tan mayorcito y no sabe esto del doble lenguaje, hay hombre no se la pilla, no entendió".
Entonces, ¿qué sucedió? Pues lo que sucede en esos casos, el sapo sale inmediatamente a golpear a Jesús, a ganar puntos, con esa bofetada ganó unos puntos con el sumo sacerdote. Jesús dice su famosa frase: “si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado” San Juan 18,23, es la frase más lógica de Jesucristo.
Según un tratado que había allá en mi casa cuando yo era niño, que se llamaba religión, apologética y no sé cuántas cosas, dicen que la frase mas lógica de Cristo fue esta, ¿es como un dilema no? “si he hablado mal muéstrame en qué; si no, ¿por qué me pegas?” San Juan 18,23. Claro, eso no tenía respuesta.
Entonces Anás lo envía atado a Caifás, ahí entendemos por qué. ¿Cuál era el objetivo de la visita en la casa de Anas? Era ver si el asunto se podía manejar ahí en chiquito, era ver si Jesús se podía integrar ahí en la rosca y dejar todo más o menos calmado, sin que hubiera mayor tropel.
Anás no le gustaban los tropeles, por dos razones. primera, porque sabía que todo ese tejido de alianzas era sumamente frágil, y segundo, porque ya era bastante anciano y entonces en esas revueltas, ¿no? Ya él quería una vejez tranquila sin problemas, de manera que Anás vio que "no funcionó, no.
"El tipo, ¿no? Resultó más ingenuo de lo que esperábamos, ahora se las va a tirar de héroe, y de coherente y de consecuente", entonces lo mandó atado a donde Caifás.
Y donde Caifas ¿qué sucedió? Seguimos el relato de Juan: “Llevaron a Jesús de casa de Caifás, al pretorio” San Juan 18,18-28, dice aquí. Y uno pregunta: "¿y qué se hizo?" Se nos saltaron aquí unos versículos, ¿no? En la casa de Caifás no pasó nada, porque Caifás era un títere de Anás, él no tenía nada que decir.
Y es impresionante ver en el relato subsiguiente, que en realidad nunca presenta ninguna acusación contra Jesús, lo único que piden es castigo, pero nunca dan una razón, ¡crucifícalo, mátalo, es un malhechor!, pero nunca dicen por qué.
Los verdaderos motivos sólo estaban en la cabeza de Anás, los verdaderos motivos nunca aparecieron ahí, pero indudablemente tenían que ver con esa manera de cómo los saduceos habían organizado su vida.
Bueno, en el caso de Pilato habíamos llegado a una conclusión: que es muy peligroso tener mucha autoridad, cuando se tiene poca luz; es muy peligroso amar el poder, si no se ama la verdad. ¿Qué enseñanza nos deja este recorrido de la política judía del siglo primero? ¿Qué podemos aprender de ahí?
Podemos aprender que es muy difícil entender a Jesús cuando se tienen tantas conveniencias, cuando se tienen tantos intereses, estos hombres estaban realmente atados de pies y manos, estaban atados por todas partes, tenían demasiado que cuidar.
El evangelio nos cuenta en otra parte, de un joven que se acercó a Jesús y le dijo que quería seguirlo; bueno, le dijo qué tenía que hacer para alcanzar la vida eterna, y Jesús le dijo que cumpliera los mandamientos, y el muchacho le dijo que ya los había cumplido.
Entonces Jesús le dijo: “Si quieres llegar hasta el final, entonces vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, ven y sígueme” San Marcos 10,21, "y el muchacho se fue triste, porque tenía muchos bienes" San Marcos 10,22.
Algo parecido es lo que nos enseñan los saduceos, sólo que ellos no tenían bienes materiales, sino que tenían comodidad, tenían nombre, tenían una paz entre comillas, un bienestar, una estabilidad. Qué peligroso es rodearnos de cosas, de amistades, de prejuicios, de convenciones sociales, que terminan por atarnos tanto que desobedecemos al Evangelio.
En el caso de Pilato mostrábamos que Pilato sigue vivo y sigue matando inocentes, ¿será que los saduceos siguen vivos? Claro que siguen vivos; muchas veces, en lo pequeño y lo grande, la voz del predicador, la voz del maestro se silencia porque no quiere perder lo que tiene.
Demos un ejemplo pequeñito y luego otro más grande. El ejemplo pequeñito me sucedió en una capilla no lejos de aquí, pero no diremos su nombre, resulta que se acerca una señora para una confesión, hay señoras que son compulsivas para el momento de confesarse, "necesito que me confiese ya", uno no sabe si es un golpe de la gracia o si la señora va a golpear a uno, es un poco difícil.
Yo discerní un poco el caso de la señora y le pregunté, sin empezar la confesión, porque uno llegando a cierta edad, tiene que aprender algunas marrullas, uno no puede empezar la confesión así nada más, uno tiene que saber primero si se puede realizar la confesión, que eso no es tan seguro.
Bueno, vino a resultar que era una señora que estaba viviendo unas segundas nupcias, nombre discreto para decir que era una adúltera, esta señora estaba pasando por un drama familiar muy complicado, porque se le acababa de morir el papá.
Y la razón de su prisa no era tanto el golpe de la gracia, sino que las exequias del papá eran ya en ese momento, es decir, faltaba media hora, por decir: “Es que ya son las exequias de mi papá, y quiero comulgar”.
Y bueno, pero todo eso sin empezar con la confesión, porque uno debe ser un poquito marrullero, uno no debe empezar la confesión así nada más. Y entonces le pregunta uno discretamente a la señora en qué situación se encontraba, si es casada, porque hoy mucha gente no dice en qué situación se encuentra.
A mi, desde que una vez me pasó que un señor dijo que había sido infiel a su pareja y que estaba muy dolido y luego apareció en el cruce de la conversación que la pareja era otro hombre, entonces dije, "realmente uno tiene que documentarse bien, primero documentarse bien".
Entonces estábamos hablando, y resulta que la señora sentía que sí, que el matrimonio es una cosa muy respetable y todo, pero ella tenía derecho a rehacer su vida y no iba a dejar su pareja y había encontrado el amor y ahora sí tenía un hogar estable y feliz y de manera que iba a seguir esa relación hasta la muerte, ahora sí hasta la muerte.
Bueno, entonces, como dice mi papá: ¿Y ahora qué se hace? Y ella con su drama: “Es que tengo que comulgar porque son las exequias de mi papá”. Y se pone uno a pensar, a ver un momento, ¿cómo es que es la Eucaristía? ¿Es como algo así como un bombillo, como un bálsamo, como una cosa que uno lo enchufa para que uno se sienta bien cuando uno este “down”?
¿Eso es como un antidepresivo? ¿Como "fortalecenol" que le echan a uno para que no se deprima porque se le murió el papá? ¿Eso es la Eucaristía? ¿La Eucaristía es eso? a mí me enseñaron otras cosas en el tratado de la Eucaristía.
De manera que con la caridad que fue posible, traté de explicarle a la señora, fallidamente, que así no se le podía realizar la confesión, que no se le podía dar la absolución, que había que reconsiderar la situación en otro contexto, que no se podía con tanta prisa, que por lo menos era necesario hablar largamente en otro momento.
Me ofrecí para hablar en otro momento, y hasta ahí se acabó la conversación, y me dijo: "¡Padre, por eso hay protestantes!" Me dio la espalda y se fue, de manera que, por lo visto, los protestantes me deben una.
Pero antes de terminar de darme la espalda la señora me dice: “¿Sabe, padre, que yo en otras ocasiones me he confesado con el padre “XYZ” y él sí me da la absolución? Un padre que es amiguísimo, un padre muy de la casa".
Ese padre, que es muy de la casa, que después de tener tanta amistad con esta señora y con el esposo que ahora tiene, vamos a llamarle esposo, entonces, claro, después de todos esos chocolates, detrás de tres o cuatro empanadas que se haya comido en el curso de sus visitas, decirle a su amiga del alma que le prepara unas empanaditas, y decirle: "Fíjate que no te puedo absolver".
De eso no es capaz. Y ese es un problema grave que tenemos hoy en la Iglesia, la cantidad de sacerdotes que por amistades y afectos humanos, y eso se llama saduceo, que por amistades humanas, que por no perder una sonrisa, que por no perder unas empanadas o un chocolate dejan de decir cosas.
Un caso un poquito más grande es el de algunos sacerdotes escritores que tenemos en los periódicos colombianos y sienten que como hay verdades que son un poco difíciles de sostener frente al gran publico, entonces empiezan a aguar la fe, para hacerla más soportable a los oídos del mundo.
Como resulta tan difícil eso de creer que María es virgen antes del parto, en el parto y después del parto, entonces mejor “liquid paper” para esa parte de la doctrina, tapemos eso y demos otra versión: simplemente Jesús es hijo de María y José y cada quien entienda como quiera entender eso.
Eso se llama vender barato para no perder la amistad del mundo y yo digo si la Iglesia se hubiera construido así, jamás hubiera habido Iglesia, porque si Jesús cuando estaba ahí, seguramente temblando de miedo y sabiendo lo que le iba a pasar, hubiera vendido barato el Evangelio, ni ustedes ni yo hubiéramos tenido nunca el perdón de los pecados.
El Evangelio, que costó la sangre de Cristo, no se puede vender barato, pero la Iglesia lo ha vendido barato muchas veces, y no sólo en esos temas menores, en algunas ocasiones la Iglesia ha tenido gravísimas alianzas con los poderes de este mundo, y ha ayudado a que se cometan gravísimos excesos.
Aunque es verdad que no sólo hubo inquisición en la Iglesia Católica sino que fue un fenómeno que abarcó prácticamente a todos los cristianos, porque los protestantes tuvieron otra inquisición que fue peor, aunque eso es cierto ¿por qué se llegaron a tantos excesos en la inquisición católica?
Por las alianzas con la corona española, porque la parte punitiva estaba completamente en el poder de España y eso le servia al gobierno español para resolver una cantidad de entuertos, acusando a la gente por la vía religiosa.
Démonos cuenta que Pilato y Anás están vivos, démonos cuenta de eso; démonos cuenta no sólo de Anás, en la inquisición, llámese Torquemada; o no sólo Pilato en las clínicas de abortos, no. Pilato y Anás también están adentro de nosotros y también nosotros podemos sentirnos tentados de traicionar a Jesucristo.
Nos sentimos tentados de traicionar a Cristo, cuando sentimos que tenemos tanto poder por lo que sabemos, por el cargo que nos dieron, por los estudios que hemos hecho o por lo que sea, cuando sentimos que tenemos tanto poder y cuando se nos olvida que todo poder es servicio, y traicionamos y matamos a Jesucristo.
Cuando somos como Anás y sentimos que estamos tan amarrados por unos lazos de amistad, de afecto y de caricias tan complicados que nos gustan tanto, que no somos capaces ya de decir otro lenguaje sino lo que nos quieran oír.
Saquemos este año, de esta meditación de la Pasión de Cristo, saquemos unos frutos para nuestra vida. Anas y Caifas seguramente están también dentro de mí, o por lo menos quieren estar dentro de mí; seamos sensatos y seamos sinceros, todos tenemos muchos de esos y somos capaces de traicionar muchas cosas.
Cuántas veces sucedió en los Consejos de Provincia entre los frailes, que había gente que estaba convencida de que se estaba tomando un decisión que no era, pero no quería perder el buen nombre que tenía con el Provincial y entonces dejó que se cometieran injusticias.
En los viajes de apostólicos que hice como fraile estudiante, me tocó ir a una parroquia donde me encontré un día a un sacerdote colmado de amargura, y el que se escandalice con eso, pues no es mi deseo, pero me lo encontré tan colmado de amargura, casi digo de odio.
El hombre estaba en ese tiempo en el Consejo de Provincia y miraba lo que se estaba haciendo y le daba tanta ira lo que hacía el Provincial de ese momento, como la cobardía y la complicidad de los otros que no querían perder sus prebendas.
¡Eso me puede pasar a mí también, eso puede pasar en el Consejo de este monasterio, eso puede pasar cuando se educa a los hijos, eso puede pasar cuando se dan clases de religión! Todos tenemos algo de Anás, que nos tienta; y todos tenemos algo de Pilato, que nos atrae.
Que Dios el Señor, con el poder de su Espíritu, que es el único que convierte corazones, nos libere para que seamos humildes, pero libres servidores del Evangelio que costó la sangre de Jesucristo.
Amén.