Visi003a
Fecha: 20020531
Título: La primera evangelizacion
Original en audio: 11 min. 5 seg.
Había un señor muy católico y muy piadoso, que acostumbraba rezar el Santo Rosario en familia. Rezaba el Rosario con la esposa, con los hijos cuando se podía, y un día tuvo de visita a un sacerdote amigo y le dijo: "No se ponga bravo conmigo, padre, pero yo hace mucho tiempo tengo una duda: ¿Qué le ven de especial a esa Visita de la Virgen para dedicarle todo un misterio del Rosario?"
Si uno se pone a pensar en los misterios del Rosario, la Anunciación, el Nacimiento de Cristo, la Resurrección del Señor, Pentecostés..., parecen todos cosas muy grandes, muy solemnes. Y este señor decía: "Bueno, y esa Visita, ¿qué será eso tan especial que tiene esa Visita como para dedicarle todo un misterio del Rosario?"
Y me quedé pensando en esa pregunta de este caballero...¿qué era lo especial que tenía esa Visita? Y no sólo tiene un misterio del Rosario, sino que tiene una Fiesta. Estamos hoy, precisamente, celebrando la Fiesta de la Visita de la Virgen a Santa Isabel.
Entonces hoy nos volvemos a preguntar, ¿qué será lo que tiene de especial esa Visita como para dedicarle toda una Fiesta Litúrgica, todo un día en toda la Iglesia?
Si nosotros lo miramos así, un poco como por encima, nos podemos extrañar. Pero si excavamos un poquito, si profundizamos un poco, pues encontramos que hay mucho que celebrar en este día y hay mucho que meditar, cuando llega aquel misterio del Santo Rosario de la Visita de la Virgen a Santa Isabel.
Porque este es el misterio donde vemos la primera evangelización; es la transmisión de la Buena Noticia. Aunque hablando rigurosamente, la primera evangelización le correspondió al Arcángel Gabriel cuando le dio la Noticia a la Virgen, que es ante todo, una noticia de gracia, una noticia de salvación para Ella y para todo el género humano.
Pero la primera evangelización, la primera vez que Cristo se convirtió en Buena Noticia a través de una persona humana, eso es lo que estamos celebrando hoy.
Y como yo sé que muchos de ustedes están comprometidos en la evangelización, pues podemos decir que hoy estamos celebrando nuestra raíz, hoy estamos celebrando la primera evangelización y hoy estamos recordando con alegría a la primera Evangelizadora. Ese es el contenido de este día, la primera evangelización.
En segundo lugar, esta Fiesta nos invita a mirar el servicio y la alabanza, las dos cosas, en la persona de la Santísima Virgen. No estamos celebrando el misterio del comadreo de María; María no se fue a comadrear, como se dice, a perder el tiempo; no se fue a murmurar y a hablar de otros vecinos, o vecinas de Isabel o de ella, o de parientes que no veían hace rato.
María va con una actitud de servicio. El Ángel se le aparece a María seis meses después de que Isabel hubiera quedado esperando milagrosamente. Era ya una mujer anciana. Seis meses después va María, y el Evangelista Lucas nos cuenta que María estuvo con Isabel tres meses San Lucas 1,56.
¿Qué significa esto? Que María fue en una actitud de servicio, que María fue a ayudar a su pariente en ese trance, en ese momento de los últimos meses, los más difíciles, tal vez, donde Isabel necesitaba más ayuda.
María no se sitúa en una posición de: "¡Cuidado conmigo que soy la Madre de Dios! ¡A ver, cómo me van a venerar!". María, llevando a Jesús dentro, se pone en camino y se pone en servicio.
Pero María con Jesús en su vientre y primero en su corazón, es también María de la alabanza. Tan es así, que ese Cántico de la Virgen que acabamos de leer, conocido por su primera palabra en latín, "Magnificat" San Lucas 1,46-55, ese Cántico, en cierto modo, es el modelo de toda alabanza.
¡María del servicio y María de la alabanza! Y así, la Virgen en esta Fiesta de hoy, se convierte como en un modelo de la Iglesia, podríamos decir. Porque la Iglesia es servidora de la humanidad en orden a la salvación, y porque la Iglesia es cantora de las misericordias de Dios.
O sea que en esta Fiesta de hoy y en aquel misterio Gozoso del Santo Rosario, estamos celebrando el misterio de la Iglesia en este mundo. Porque la Iglesia es servidora y es cantora: servidora, con misericordia, en las necesidades de los hombres, cantora, con alegría, de las ternuras y de las bondades de Dios.
Esa es la Iglesia, la Iglesia que, a través del servicio, acerca la bondad de Dios a las miserias humanas, y la Iglesia que, a través de la alabanza, acerca la pequeñez humana a la grandeza del Cielo.
O si se quiere mirar de otra manera, Iglesia servidora por todas las vocaciones que llamamos apostólicas o activas, Iglesia cantora por todas las vocaciones que llamamos contemplativas, de adoración o de intercesión.
De manera que María, en el misterio de la Visitación, es María Iglesia, es, podríamos decir, la Vanguardia, es la Primera, es el Modelo, es la que abre el camino para lo que tiene que ser, para lo que puede ser la Iglesia. Y eso lo estamos celebrando en este misterio.
En tercer lugar, este es el misterio en el que recordamos frases que también repetimos con júbilo en el Santo Rosario. El Rosario es una oración bíblica. Las palabras del Santo Rosario están tomadas de la Biblia. Yo pienso que si una persona quiere dedicarse a orar solamente con la Biblia, pues casi se podría quedar con el Rosario, porque el Rosario es bíblico.
"Bendita tú entre las mujeres, bendito el fruto de tu vientre" San Lucas 1,42, son las palabras que ha dicho Isabel en este pasaje de hoy. Pero lo más importante es que con esas palabras, Isabel nos está ayudando a descubrir la raíz del gozo de María, de la santidad de María y de la vida de María.
Y si Ella es la primera discípula, si Ella es la primera cristiana, si Ella es la gran evangelizadora y si Ella es el modelo de la Iglesia, ¡qué grande para nosotros saber en dónde está la raíz de todo eso! La raíz de todo está en la frase que le dice Isabel y que hemos escuchado en el Evangelio: "Dichosa tú porque has creído" San Lucas 1,45.
Es la fe, es la Virgen creyente. Porque sólo con la fe abrimos la puerta de la generosidad de Dios en nuestra vida. Sólo la fe abre la puerta del amor de Dios en nosotros, sólo la fe.
Por eso, este es el misterio que nos invita, ante todo, a creer en Dios y a creerle a Dios. Es un misterio grande. En la misma sencillez de lo que sucedió, el encuentro de dos mujeres humildes, se nos enseña también otra cosa: que el Dios grande no necesita grandes espectáculos, sólo necesita corazones abiertos a Él.
Amén.