V23d007a
Fecha: 20101223
Título: Abramos espacio en en la simplicidad y austeridad del corazon al Senor que ya llega
Original en audio: 4 min. 08 seg.
La cuenta regresiva va avanzando, y casi más que contar días, ya prácticamente contamos horas antes de la gran celebración del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo.
Pensemos que en esa preparación la figura de Juan Bautista tiene que hacer su obra en nosotros. Así como él fue el precursor, el que preparó el camino para Jesús, así también él, en estas horas finales de Adviento, tiene que dar la disposición precisa a nuestras almas para que aceptemos el regalo que Dios nos da.
Simplemente Dios no podía darnos nada más grande, nada más bello, nada más necesario, nada más santo que su propio Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Y por eso es importante que la altura de este don, de alguna manera, corresponda con la altura de nuestro deseo. Es importante que la profundidad del corazón de Dios, patente en Jesucristo, de algún modo corresponda con la profundidad de nuestro amor, la profundidad de esa hambre con que queremos recibir al Señor.
Y por consiguiente, las lecturas de hoy nos hablan de Juan. En el capítulo tercero del Profeta Malaquías se habla de Elías, del retorno de Elías. Ya Elías ha aparecido en otro momento del Adviento, porque Elías es el profeta de la fidelidad, es el profeta de la santa obstinación, es decir, de aquella convicción irreductible: Dios cumplirá sus promesas. No importa lo que suceda, no importa incluso si llega la persecución, Dios es fiel.Ese fue el mensaje de Elías.
Y por eso, cuando llega Juan el Bautista, necesitamos también a un nuevo Elías, es decir, necesitamos rechazar, dejar de lado nuestros múltiples ídolos, nuestras malas costumbres y más bien, en la austeridad y simplicidad de corazón, como quien tiene un pesebre, abrirle espacio al Señor.
El evangelio está tomado del capítulo primero de San Lucas y se trata del nacimiento de Juan, aquél que precisamente vino a ser como ese nuevo Elías.
La palabra Juan significa: “Dios se ha compadecido”, y la palabra Zacarías, significa: “Dios se acuerda”. El papá de Juan fue el que escogió ese nombre para su hijo, pero este papá se llamaba Zacarías. Como Zacarías se había quedado mudo, como una especie de castigo por la incredulidad a la promesa divina de que tendría un hijo, entonces Zacarías no podía hablar y la gente quería llamar al niño recién nacido "Zacarías", pero Zacarías dice: "Su nombre es Juan" San Lucas 1,63, el nombre de este niño es: “Dios se ha compadecido".
Memoria y compasión están muy relacionadas, pero indudablemente es más necesaria para nosotros la misericordia, porque dice el Salmo 130: "Si llevas cuenta de los delitos, si te acuerdas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?" Salmo 130,3.
Casi más que la memoria de Dios necesitamos el corazón compasivo del Señor; y Juan, que es el que ayuda en esta recta final de preparación, es expresión de esa misericordia, de esa compasión del Señor.