V22d003a

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Fecha: 20001222

Título: El cantico de Maria debe ser tambien nuestro cantico.

Original en audio: 11 min. 48 seg.


El Cántico de la Virgen María es un maravilloso espectáculo de amor, de gratitud y de alabanza.

En estos tiempos de Navidad abundan las luces de colores y gustamos de los fuegos pirotécnicos. Es maravillososo ver cómo, sobre el telón oscuro de la noche, se dibujan fantásticas figuras de colores, gracias al ingenio de la mente humana que prepara esos espectáculos: castillos, estrellas, volcanes. Nos gusta ver cosas en el cielo.

Seguramente nos parecemos a todos esos que le pedían a Cristo: "Haz un signo en el cielo" San Mateo 16,1.

Pues un espectáculo de luces y colores, un espectáculo en el que no falta la armonía, el espelndor, la música, ése es el Cántico de la Virgen María.

Como un volcán de amor su alma se convierte en alabanza. Asomarnos al alma de la Virgen, eso es lo que nos permite el texto del evangelio de hoy; asomarnos a ese abismo colmado de misericordias, lleno de gratitud; a ese universo nuevo, porque hay que saber que el corazón de la Virgen María es como el comienzo del nuevo universo donde el pecado no tiene poder.

El Libro del Apocalipsis nos habla de que "Dios va a crear un universo nuevo" Apocalipsis 21,1; y lo propio de ese universo nuevo es: "Yo estaré con ellos" Apocalipsis 21,3.

Pues ese universo ya se empieza, ya tiene su comienzo en el alma de la Virgen, porque a Ella le dijo Dios por medio del Ángel: "Estoy contigo" San Lucas 1,28.

Además, en ese universo nuevo, según el Apocalipsis, "no entrará nada impuro ni manchado" Apocalipsis 21,27. Y eso es lo mismo que encontramos en María, porque el Ángel le dijo: "Has hallado gracia delante de Dios" San Lucas 1,30, después de que el salmo había dicho que Dios no encuentra perfectos ni siquiera a sus Ángeles.

María es el comienzo del universo nuevo, o por decirlo de otra menera, es lo que Dios siempre quiso de nuestro universo, es el universo como Dios lo pensó.

Para nosotros, que padecemos esa doble oscuridad de la que habló Santo Tomás de Aquino: la oscuridad del pecado y la oscuridad de la ignorancia; para nosotros que estamos en esta noche tan cerrada, el Cántico de la Virgen es como un espectáculo de fuegos artificiales, es como un espectáculo de fuegos pirotécnicos.

Porque en medio de la noche de nuestro mundo han aparecido estas palabras que expresan la esencia de la verdadera alabanza, del verdadero conocimiento de sí mismo, del verdadero reconocimiento de Dios.

Las palabras de la Virgen María retratan el alma santa en la que Dios reina. Por eso nosotros, que cuando oímos de estas cosas del universo nuevo, quisiéramos tener por lo menos qué imaginar, por eso nosotros, digo, tenemos que acercarnos a las palabras de la Virgen, esas palabras son como un hilo que nos conduce en medio de la noche y nos permite asomarnos al universo que Dios pensó y al cielo que nos tiene preparado.

¡Qué grande es el Cántico de la Virgen María! Es un momento en el que se resume la alabanza de los pobres, y por eso la Iglesia lo relaciona en la liturgia de hoy con el cántico de Ana. La alabanza de los pobres es la alabanza de aquellos que no tienen sino a Dios; pero no tener sino a Dios es tener sólo a Dios y es tener todo Dios.

Aquel que sólo tiene a Dios, en Él en cuentra todo. Y por eso, la humillación de la Virgen María y su pobreza son las razones por las que la encontramos como verdadera Emperatriz de este universo en el que Dios reina y quiere que nosotros lleguemos a reinar, según las palabras de San pablo: "Dios nos ha sentado en los cielos con Cristo" Carta a los Efesios 2,7; Dios quiere que reinemos con Cristo.

Por eso, el ejercicio nuestro durante esta vida no ha de ser otro; nuestro programa en la vida no ha de ser otro, sino interiorizar el Cántico de la Virgen, porque Ella, lo mismo que nosotros, es la salvada por la gracia de Dios; Ella, lo mismo que nosotros, es redimida por la pura misericordia que se repite en este Cántico, y por eso el Cántico de la Virgen no es solamente un espectáculo que nosotros vemos, sino es el himno de los redimidos en el cielo.

Hay que aprender ese himno, no solamente repitiendo esas palabras, sino acostumbrando el corazón a la melodía espiritual que contienen. Teniendo en nosotros las armoníoas, la melodía que contiene este Cántico, tenemos el lenguaje que se habla en el cielo.

El ejercicio nuestro, el programa nuestro, el plan nuestro en esta vida no es otro sino acostumbrar el oído, acostumbrar la lengua, acostumbrar el corazón a ese Cántico.

Por algo la Iglesia quiere que en el atardecer de toda vida, nosotros repitamos este Cántico, porque así pretende que cuando llegue el atardecer de la vida ya lo tengamos bien aprendido, y cuando se duerman nuestros ojos para esta tierra, se puedan abrir a esa liturgia eterna, en donde estas palabras son el lenguaje común de los redimidos.

Tomar las palabras de la Virgen María para nosotros, proclamar las grandezas de Dios realizadas en nuestra propia pequeñez, es descubrir también una tarea de evangelización. Si la obra de Dios se manifiesta precisamente en los que nada podemos y todo necesitamos, ¿con qué derecho le cerramos la puerta de la salvación a alguien?

Este Cántico no sólo proclama lo que hay que alabra en el cielo, sino lo que hay que predicar en la tierra. Hay que decir que su misericordia alcanza a todos, y que sólo quedan privados de esta misericordia los que se fían de sus propios bienes y se resisten al regalo de la gracia.

Por eso, este Cántico de hoy no solamente es nuestra escuela para el cielo, sino nuestro programa de evangelización en la tierra.

Cuando en todas las naciones, en todas las culturas, en todas las lenguas; cuando en todos los corazones resuene este Cántico, entenderemos lo que significa evangelizar. Porque de María brotó este Cántico, de sus entrañas nació esta canción, porque eran las entrañas fecundadas por el Verbo de Dios.

El que tiene a Dios en sí mismo, entiende este Cántico; el que ha concebido a Cristo, comprende este Cántico; el que tiene la unción de Cristo, pronuncia este Cántico. Evangelizar es hacer que todos, niños, niñas, casados, solteros, separados, viudos, enfermos, ancianos, extranjeros, que todos, que todos puedan repetir, con Cristo en las entrañas, esta canción de alabanza.

Tomemos entonces para nosotros estas palabras, este espectáculo de amores; tomemos para nosotros este programa de evangelización y camino de vida espiritual; tomemos para nosotros esta poesía que se recita en el cielo, grabémosla con letras de oro en nuestro corazón y que Dios, con su poder, nos conceda repetir con gozo sus estrofas en esta vida y proclamarlas con gratitud en la eternidad.

Amén.