V22d002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19971222

Título: El Adviento: una escuela de oracion.

Original en audio: 19 min. 2 seg.


Podemos decir que el Adviento y la Navidad se relacionan entre sí como una oración de súplica y una oración de acción de gracias.

La oración de súplica es el Adviento, sobre todo con aquella petición que le decimos en la Novena y en tantas antífonas: "Ven, Señor Jesús", y la acción de gracias nace de nuestros corazones cuando vemos que esta oración ha sido atendida. Súplica y acción de gracias son Adviento y Navidad.

La Cuaresma y la Pascua tienen una estructura semejante, pero en este caso, la primera lectura es como una oración de contrición, de arrepentimiento, de pedir perdón; y lugo la Pascua es como la oración de alabanza del que ha sido perdonado, del que ha sido creado de nuevo por la obra de Dios.

O sea que uno puede pensar en los tiempos litúrgicos, que a veces llamamos fuertes, en relación con la oración. Adviento y Navidad como petición y acción de gracias; Cuaresma y Pascua como la contrición y la alabanza.

Por eso el Tiempo de Adviento, entre otras cosas, puede mirarse como una escuela de oración, porque nosotros creemos que orar, sobre todo pedir es sencillo. Yo creo que todos estamos familiarizados con esa corrección que es frecuente hoy: "No hagas sólo oraciones de petición, dale también gracias a Dios, alábalo, bendíselo".

Yo no me voy a referir a esa idea, sino voy a decir que incluso dentro de la misma oración de petición, uno muchas veces nosabe pedir, y esto noes nada nuevo que yo lo diga, porque San Pablo lo dice en el capítulo 8 de la Carta a los Romanos: "Nosotros no sabemos qué pedir, ni cómo conviene" Carta a los Romanos 8,26.

A veces uno cree que las oraciones de alabanza son un poco más difíciles porque requieren un cierto talento poético, una cierta inspiración. Las oraciones de acción de gracias requieren como un cierto entusiasmo, y si uno no es así como demasiado entusiasta, como que no le salen fácilmente.

Pero fácilmente creemos también que las oraciones de petición son las fáciles dentro de todas las oraciones, porque en esas sí el asunto es sencillo: exponer las necesidades de uno. Esa es más o menos la idea que muchos de nosotros tenemos.

¿Qué es hacer una oración depetición? Creo que lo hemos cambiado por un pliego de peticiones. Entonces, así como los sindicatos le presentan a las empresas unos pliegos petitorios con una serie de requerimientos, así nosotros le presentamos a Dios pliegos de peticiones.

Bueno, pero tal vez otros no sean tan sindicalistas, y vean las cosas de otro modo. Entonces cambiamos el pliego por el pañuelo; hacemos de nuestra oración de petición un pañuelo de lágrimas, un pañito de lágrimas que es más un desahogo de nuestras imposibilidades, que propiamente una oración de petición.

Pero como de pronto resultaría muy largo hacer la lista acerca de lo que no es la oración de petición, puede ser más práctico que nos dejemos guiar hoy por la lectura del primer libro de Samuel, porque en ese episodio que está al puro comienzo del libro de Samuel, en el capítulo primero, se ve bien cómo sí es una oración de petición.

Por decirlo con terminología eficientista, el propósito de esta predicación es cómo hacer más y mejores oraciones de petición, oraciones que puedan realmente ser un paso de nuestro camino hacia Dios y no simplemente, repito, la expresión de nuestras necesidades o el desahogo de nuestras impotencias.

La historia entonces es que Ana era una de las dos esposas de un cierto personaje, y este personaje había tenido o había recibido muchos hijos de la otra esposa. He aquí una de las razones por las que es complicado eso de las dos esposas, uno de los muchos.

Entonces una de las esposas sí tenía hijos y la otra, que era Ana, no tenía hijos. Entonces la que tenía hijos, a medida que más iban llegando los hijos, pues se iba sintiendo más señora y más dueña y más mujer.

Estamos realmente en otros tiempos lejanos a los de hoy. Hoy la que se sentiría más mujer es la que no ha tenido hijos: no se le ha dañado el cuerpo, está muy elegante, está muy bonita; esa sería la que se burlaría de la que había tenido hijos.

Hoy la cosa tal vez cambiaría, pero como estamos en este tiempo bíblico, en ese tiempo bíblico las mujeres se alegraban en tener hijos, y veían en eso una señal de bendición de Dios.

Hoy muchísimas mujeres tal vez dirían: "Ana, pues alégrate, simplemente tú sigues en tu gimnasio, tú sigues en el salón, tú sigues bellísima, tú estás hecha". Mientras que la otra con esa distención de tejidos y con las deformidades de la maternidad difícilmente alcanzará una óptima forma, una óptima figura.

De modo, pues, que volvamos al tiempo bíblico. Estamos en el caso de las dos mujeres: una con bastantes hijos y otra, Ana, estéril. Ana ruega al Señor y el Señor le concede su petición. Lo que ella le pedía al Señor era un hijo y ese fue el hijo que le dio el Señor, ese hijo fue el famoso Profeta Samuel.

De Samuel se hacen unos elogios grandes en la Escritura, Por ejemplo, se dice: "Ninguna de sus palabras llegó a caer" 1 Samuel 3,19. Era un hombre lleno del Espíritu de Dios.

Para resumir nuestra enseñanza tomemos la respuesta que da Ana, porque tal vez ahí está como una clave importante de la oración de petición.

Le dice Ana a Helí, el sacerdote del santuario a donde habían ido a ofrecer el niño, porque es que fíjate: ella fue a un santuario a pedirle a Dios que le diera un hijo, y lo raro está en que después que le da el hijo, entonces va con el hijo y dice: "Bueno, esto era lo que yo pedía, aquí está, aquí lo dejo" ¿A usted eso no le parece raro?

Mire, "Señor, -le dice al sacerdote, está hablando con el sacerdote Helí-, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí rogando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, el Señor me ha concedido mi petición, por eso se lo cedo al Señor de por vida para que sea suyo" 1 Samuel 1,26-27.

He aprendido que cuando uno, leyendo la Biblia, encuentra algo que le choca un poco, porque uno dice: "Yo no obraría así", número uno: normalmente el que está mal es uno y no la Biblia; número dos: cuando sucede algo así, usualmente hay una enseñanza para uno.

Entonces, leyendo este pasaje uno se encuentra que dice: "Este niño es lo que yo pedía, el Señor me ha concedido mi petición, por eso se lo cedo al Señor de por vida para que sea suyo". 1 Samuel 1,27-28; y ahí siente uno algo raro.

Yo, por lo menos cuando leí ese pasaje sentí como un ligero shock, sentí un pequeño golpe, dije: "¿Cómo así? ¿Yo le pedía esto al Señor, me lo dio, entonces yo se lo cedo al Señor?" 1 Samuel 1,27-28. Así como que no obraría uno, porque uno piensa la oración de petición tal vez en términos muy humanos.

Uno dice, si yo estoy pidiendo por ejemplo, bueno, vamos a trasladar esto al lenguaje financiero, voy donde el gerente de un banco: "-¿Usted me puede conceder un préstamo? Necesito unos millones para mis necesidades", o para lo que sea, y el gerente dice: "-¿Cuántos milloncejos?" "-Necesito doce millones", por ejemplo.

Entonces le dan los doce millones, y dice el hombre este: "-Bueno, este era el préstamo que yo pedía, muchas gracias, señor gerente, aquí le dejo sus doce millones". Uno dice: "No tiene sentido, algo pasa aquí, no tiene como la lógica. O si uno piensa en el niño que le pidiera un caramelo a los papás, o cualquier otra cosa semejante.

"Este niño es lo que yo pedía, el Señor me ha concedido mi petición, por eso se lo cedo al Señor de por vida para que sea suyo" 1 Samuel 1,27-28.

¿Que será lo que nos trata de enseñar la Biblia? Porque ya dijimos que cuado uno choca un poco con la Sagrada Escritura, casi siempre la que tiene la razón -o yo creo que siempre-, es la Sagrada Escritura.

Entonces, ¿qué nos está tratando de enseñar este pasaje? "Se lo cedo al Señor para que sea suyo" 1 Samuel 1,28.

Para nosotros, pienso que el error más grande que cometemos en la oración de petición es creer que nosotros vamos a mantener como nuestros cuentos, o nuestras toldas, o nuestras bodegas, como se quiera decir, separados de las de Dios; yo creo que ahí está el error grande que cometemos.

Es decir, cuando yo voy donde el gerente, la plata del banco y mi plata son distintas antes y después de la petición. Obsérvese: yo llego a pedir un préstamo, en ese momento el banco tiene una plata y yo tengo otra, usualmente el banco tiene más que yo. Llego allá al banco a pedir la plata, y una cosa es la cuenta del banco y otra cosa es mi cuenta.

Bueno, me dan el dinero, suponiendo, porque en una predicación todo se vale, me dan el préstamo, los doce millones y yo me voy con mis doce millones. Resultado final: la cuenta del banco sigue siendo la del banco y la cuenta mía sigue siendo mi cuenta, lo que se ha hecho es conservar las dos cuentas y pasar de una a otra.

Y lo mismo podríamos decir con las bodegas: una cosa es la bodega del que me concede la petición y otra cosa es mi bodega. Yo saco de la bodega del que me concede la petición y paso a la mía; al principio había dos bodegas y al final hay dos bodegas.

El que mire la oración de petición así, no entenderá, me parece a mí, jamás quién es Dios, no entenderá cómo obra El con nosotros.

Mientras nosotros pensemos que Dios es dueño de algunas cosas, y yo soy el dueño de otras, entonces yo le pido a Dios que de sus bodegas saque alguna cosita, por ejemplo, ese carrito que le está como estorbando allá, y por qué no me lo pasa más bien a mí; cuando yo miro mi oración de petición así, es decir, que se conserva lo de Dios y después se conserva mi cuento, ahí no voy a entender lo que es Dios, ¿por qué no lo voy a entender? Por dos razones.

Primera: porque sucede un problema, el banco es dueño de alguna plata, no de toda la plata, en cambio Dios es dueño de todo, El es el Creador, no es el dueño déspota, es el dueño Señor, Señor de amor, Señor de todo cuanto existe.

De manera que mientras yo mire que Dios es dueño de una parte, ya ahí yo la "embarré", ya ahí me equivoqué, porque Dios no es dueño de una parte, no es el superbanco mundial, no es el dueño de todo; y no es el dueño de todo por apropiación, sino por creación. Entonces ahí hay un error grave.

Y segundo error: no sólo es dueño de todo, sino que también es mi Señor, yo también soy de Él. Entonces lo que falta en la oración de petición es que uno piensa la oración de petición como las dos cuentas: que salga de los activos del banco de Dios ese dinero, que pase a las cuentas por cobrar, porque todo es por partida doble, y que llegue a mi cuenta para que entonces, ahora en mi cuenta, se pueda utilizar ese dinero. Eso no es así.

Lo que a uno le choca de la frasesita de Ana es eso: "Este niño es lo que yo pedía, el Señor me ha concedido mi petición, por eso se lo cedo al Señor de por vida para que sea suyo" 1 Samuel 1,27-28.

¿Qué fue lo que pasó aquí? Que Ana juntó cuentos. Después de la oración de petición no quedan dos cuentos. Precisamente, el paso grande que hace la oración de petición cuando es bien hecha, es que yo dejo de pensar "en lo de Dios" "y "lo mío" y empiezo a pensar en "lo nuestro".

Si Dios me concede algo, no quiere decir que ahora sale de los graneros o de las bodegas de Dios y empieza a contarse en lo mío; no, quiere decir que puesto que Él es el dueño de todo, aquello que llega a mí en realidad es "lo nuestro".

Así mira Ana a ese niño que era lo que ella le había pedido al Señor: "Este niño me lo ha concedido el Señor, yo se lo cedo al Señor" 1 Samuel 1,27-28.

Alguien diría: "Pero está deshaciendo el regalo". No está deshaciendo el regalo. Al cederle al Señor lo que Él nos ha dado, nosotros no lo perdemos, simplemente constituimos un "nosotros", constituimos "lo nuestro", "lo de Dios" y lo "mío". Porque, efectivamente, Dios no domina excluyendo.

El problema de fondo está en eso, que para nosotros, que yo tenga algo, significa que nadie lo utiliza; para nosotros la tenencia tiene esas dos dimensiones: "por una parte, es mío, pero por otra parte, y sobre todo, no es suyo, ¿entendió?" Esa es nuestra manera de tener las cosas. Que yo tenga esto quiere decir que yo soy el que puedo manejarlas, pero sobre todo quiere decir que usted no puede meterse.

Nuestra tenencia, nuestro modo de tener las cosas es excluyente: yo quedo perfectamente incluido y usted queda perfectamente excluido. Dios no tiene así las cosas. Esa tenencia excluyente es la propia del corazón herido y egoísta; el corazón sometido al pecado.

El corazón de Dios limpio, cristalino, luminoso no tiene así las cosas, no nos tiene a nosotros tampoco así. La tenencia de Dios no es exluyente sino incluyente.

El que hace verdadera oración de petición descubre en lo que Dios le da, más de lo que Dios le dio, un nosostros con Dios, una alianza con Dios; descubre una oportunidad, un puente, un nexo para que Él y yo, para que el Señor y nosotros unamos nuestros dones, nuestros regalos.

Bueno, y alguien puede decir: "¿pero yo qué le puedo aumentar a Dios?" Efectivamente, Dios es el dueño de todo, pero tu corazón goza de libertad, el sí de tu corazón ese sí maravillosos, libre de tu corazón, el sí por el que tú aceptas que El sea tu Señor, eso es lo que El espera de ti.

Bueno, ahí hemos avanzado un poco en la comprensión de este texto.

Demos gracias a Dios por su Palabra, y pensemos para nuestras peticiones futuras: "Ya sé que la manera como Él concede las cosas es para constituir un "nosotros"; ahora podemos decir: "Si yo le pido los millones, no al gerente, sino a Dios, Dios sigue siendo dueño de esos millones; esos millones están entonces orientados a su plan y a su gloria.

Pasa como cuando se bendicen los objetos. Yo, por lo menos, siempre que hago oraciones de bendición, por ejemplo, de un automóvil, además de las recomendaciones de precaución: cinturón de seguridad, etc, añado que ese objeto bendito queda en una condición análoga a la de nosotros bautizados.

Dios nos protege, pero nosotros estamos a su servicio; Dios bendice el objeto, Dios bendice la casa, sí, pero ese objeto está a su servicio, está para su gloria.

Si Dios nos da la gracia de comprender que tener no es excluir, si llegamos a entender eso, podemos comulgar con más alegría y podemos tener una Navidad más plena.