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Fecha: 20001221

Título: Maria Santisima nos muestra el verdadero rostro del amor, de la mujer y de la fe

Original en audio: 13 min. 26 seg.


Hermanos Muy Amados:

Ya está cerca la fiesta de la Navidad. ¡Está cerca! Dios aumenta nuestra esperanza y nos trae mucha alegría a través de estas lecturas, que precisamente nos cuentan cómo fue que Nuestro Señor Jesucristo llegó a este mundo.

Ayer escuchábamos el relato de aquella maravillosa aparición, en la que Dios, por medio de su Ángel, le comunicaba la noticia de su amor a María Santísima. Porque, el amor es la gran noticia, el amor es la buena noticia para el corazón humano.

Hoy vemos a María en una actitud hermosa de servicio, de ayuda. Ella, movida por el amor, se convierte en Mensajera de amor. Y por eso, la primera enseñanza del día de hoy, está en esa palabra, la palabra amor.

Porque, nosotros creemos que amamos cuando nos están amando. Decimos que amamos, porque nos gusta sentir amor. Hablamos del amor, pero es casi siempre del amor que otras personas deberían tener, tendrían que tener por nosotros.

Yo me atrevo a decir, que la inmensa mayoría de las canciones, las poesías y las palabras que hoy se dicen sobre el amor, se refieren al amor que nosotros queremos recibir.

La Biblia nos presenta un rostro distinto del amor. Ese rostro está hoy en la sencillez del servicio, en la sencillez de la solidaridad, la ayuda, la colaboración que María le presta a su pariente Isabel.

El amor nos pone en camino, el amor tiene prisa, y por eso dice el relato, que, "María va deprisa" San Lucas 1,39.

El verdadero rostro del amor está en esas tres palabras: prisa, camino, servicio. Porque, el verdadero rostro del amor es la búsqueda del bien de la persona que se ama. De ahí que cuando el amor verdaderamente llega a nosotros, también nosotros sentimos prisa, sentimos ese afán, esa urgencia de llegar a otros corazones, para que también ellos vivan lo mismo que nosotros hemos vivido.

Y el amor nos pone en camino, el amor nos hace servidores de nuestros hermanos. Sin embargo, nunca debemos olvidar que la fuente del verdadero amor, no es una cosa que nosotros tengamos dentro de nosotros, sino es una cosa que Dios nos regala. Sólo cuando Dios nos visite con su amor, nosotros podremos visitar a otros con amor.

Por tanto, hay que pedir a Dios en esta Navidad: "Visítame con tu amor. Visítame, Señor, con tu amor. Visita mi hogar con tu amor, visita mi pasado con tu amor, visita mi trabajo con tu amor, visita mi casa con tu amor. Sólo si tú me visitas, también yo podré, Señor, visitar a otros dándoles amor". Esa es la primera enseñanza para el día de hoy.

La segunda enseñanza la tomamos de las palabras que Isabel le dice a la Santísima Virgen María. Son palabras que nosotros, los católicos, conocemos muy bien, porque se las decimos a la Santísima Virgen recordando con agradecimiento las obras que Dios hizo en Ella. Son obras que han dado fruto en nuestra propia salvación.

María, en efecto, no se queda con nada. Así como vemos que recibe amor y da amor, así también María, con una actitud de absoluto desprendimiento, no se queda con nada.

Ella comunica, transmite, es eco de la misericordia de Dios para nosotros, y es eco de nuestras alabanzas ante Dios. Por eso, nosotros le queremos decir sin temor alguno, una y mil veces, esas palabras de Isabel: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" San Lucas 1,42.

Esas palabras son bíblicas, como es bíblico todo el Santo Rosario. Algunos cristianos no católicos, consideran que el rosario es una repetición de palabras que nos aleja de Dios.

¡Nada más falso! Los misterios del rosario y las oraciones del rosario, están tomados de la entraña misma de la Sagrada Escritura, mis hermanos.

De la Biblia tomamos nosotros el rosario. Ese saludo a María: "Te saludo muy Amada" San Lucas 1,28, ése que escuchábamos ayer, éso no se lo inventó persona humana, eso viene de lo alto del Cielo como palabra de amor para María, y a través de María como anuncio de salvación para nosotros.

Y lo otro que decimos: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" San Lucas 1,42, no es invento nuestro, está en la Sagrada Escritura; es la palabra que Isabel le dice a María.

Esa palabra, mis hermanos, tiene una enseñanza para nosotros, una doble enseñanza. Primero, lo que ya dijimos: alegrémonos proclamando las obras de Dios en María, porque no hay obra comparable a la que Dios hizo en Ella.

Segundo, reconozcamos en María a la Mujer bendecida y por lo tanto, podríamos decir, lo que Dios quiere y lo que Dios espera de la mujer, el verdadero rostro de la mujer, está en María Santísima.

¿Dónde buscamos nosotros el rostro de la mujer? ¿En las carátulas de las revistas de moda? ¿En las sonrisas repetidas, convencionales de las reinas de belleza? ¿En los cantos obscenos de aquella actriz o cantante extranjera que alborota a las jovencitas y a los muchachos? ¿En la actriz que ya lleva cuatro, cinco o diez matrimonios?

Hermanos, ¿es ahí donde estamos buscando el rostro de la mujer? ¿Es ése el ideal de mujer? Hay que tener cuidado, hay que andar con prudencia, mis hermanos, porque lo que uno mira, en eso se convierte.

El que sólo mira el dinero, se le vuelve la cara de metal. El que sólo mira la vulgaridad, se le vuelve la cara un pantano. El que sólo mira la idolatría, se convierte en estatua muerta.

Si una muchacha, si una niña, sólo mira a las cantantes, a las actrices con la vida tan desordenada que casi todas llevan, imitará también esa vida desordenada, sólo que a ella no le van a pagar los millones que le pagan a la actriz o a la cantante.

Llevará una vida desordenada, y seguramente no tendrá hogar, ni será una verdadera mamá ni una verdadera esposa. Será simplemente una mujer desordenada y promiscua, tal vez con dinero, pero sin un corazón en donde pueda habitar Dios.

La bendición de Isabel no es solamente una felicitación; es un dedo indicador que nos dice: "¡Mire a María! ¡Ella es la Bendita entre las mujeres! Esa es la Mujer bendecida, esa es la Mujer a la que hay que mirar".

María es camino, alegría, sonrisa, buena noticia para todas las mujeres. Las niñas, las jóvenes, las religiosas, las casadas, las viudas, las que les han matado los hijos, todas pueden mirar hacia María.

Y aquello que esté de acuerdo con el Corazón de María, éso es lo que hará bien a tu corazón. Lo que no quepa en el Corazón de María, es algo que hace daño a tu vida.

Ahora digo algo a las niñas que están aquí, a las jovencitas que están aquí. Lo que no quepa por los oídos de María, -Ella que sí sabe discernir cuáles son las voces del Cielo-, lo que no quepa en el Corazón de María, es algo que te hace daño.

Si una amiga, si un amigo, si un novio, unas amigas o quien sea, te hacen una propuesta que no cabe en el Corazón Inmaculado de la Virgen, es una propuesta que no va contigo.

Que tu camino, que tu modelo sea la Santísima Virgen María. Esa es la segunda enseñanza.

La tercera y última enseñanza de este día, está también en las palabras que Isabel le dijo a la Santísima Virgen. Observemos que la felicitación que le da Isabel a María,... ¿Porque le quedó bonito el peinado? ¿Porque esa falda le luce? ¿Porque tiene un cuerpo escultural? ¿Porque adquirió el perfume de moda? ¿Porque tiene muchos títulos académicos? ¿Porque se tapó de plata?

¿Por qué felicita Isabel a María? Por la fe. ¡La fe! La fe es la que nos abre al universo de Dios, la fe es la que nos abre al mundo de Dios, la fe es la que hace posible que una historia de pobreza, de postración y de muerte, se convierta en una historia de gloria, una historia gloriosa, una historia perfumada y pascual.

¡La fe! Nuestra última palabra en esta predicación es una invitación a creer, creer radicalmente en lo que Dios nos dice, aunque todo el mundo lo niegue. Aquello que Dios nos manda, esos santos mandamientos de Dios, hay que darles fe.

¡Créele a Dios! ¡Cree la Palabra de Dios! Créele profunda, radicalmente a Dios, aunque parezca imposible, aunque parezca improbable, aunque parezca inútil. ¡Cree! ¡Cree!

Porque, solamente con la fe viva en Dios, podrás contemplar el tamaño, la hermosura y la fecundidad de lo que Él quiere hacer contigo.

Pidamos entonces para todos, para las mujeres, claro, -pero es que todos lo necesitamos-, pidamos el don de la fe, la fe que nos hace felices, la fe que nos abre puertas, la fe.

¿Fe en qué? Pues, fe en Dios, en primer lugar. Fundados en esa fe en Dios, luego podremos aprender qué significa creer en nosotros mismos, creer en nuestro pueblo, creer en nuestra cultura, o creer en lo que sea.

¡Que no todo hay que creerlo tampoco! Pero, lo primero es la fe en Él, en Dios, estar seguros de Él, estar confiados en Él, estar entregados en sus manos. Esa es la fe que nos hace felices.

"Feliz la que ha creído" San Lucas 1,45, dijo Isabel. "Felices los que crean", nos dice la Iglesia en este día.