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Fecha: 19971220
Título: El pecado esclaviza, pero ser esclavos de Dios nos hace libres.
Original en audio: 9 min. 59 seg.
Queridos Hermanos:
El Santo Evangelio en este día nos presenta un texto muy conocido. Yo quisiera comparar este evangelio con un pozo. Un pozo también es un lugar conocido, uno sabe dónde queda el pozo, pero del pozo salen cosas nuevas, aguas nuevas, vida nueva.
La lectura de la Palabra de Dios es como acercarse a ese pozo, y lo que cada día sacamos es como agua viva que va calmando nuestra sed y que va dándole fuerzas a nuestro ser.
Por eso, ninguno de nosotros caiga en el error de pensar que porque ya conocemos los textos, ya conocemos y ya hemos recibido todo lo que el texto de la Biblia nos puede dar. Porque sería tanto como decir: "Yo conozco ese vaso, ya no me den agua", o como decir: "Yo conozco ese pozo, ya no necesito beber de él".
La Palabra de Dios es inagotable, y por eso nos acercamos en este día como embajadores de toda Bogotá, como embajadores de toda Colombia; nosotros nos acercamos aquí, al borde de este pozo, para beber de esta agua y para recibir de ella la vida que Dios puede dar.
Pensemos, hermanos, cuántas personas nunca se acercan a este pozo, pensemos cuántos lugares vacíos esperando a los sedientos, pensemos cómo en este sitio y en tantos otros, Dios tiene regalos inmensos y lo que falta es quién se los reciba; lo que falta es quién le reciba su Agua Viva, porque el pozo está ahí y el agua está ahí, como Cristo está ahí, como el Espíritu Santo está ahí como oferta, como gracia, como regalo.
En cada Eucaristía tenemos siempre la señal preciosa de la Cruz de Cristo, un Cristo con sus brazos extendidos, acogiendo y recibiendo a todos; un Cristo que se ha convertido Él mismo en una fuente, porque de su costado brota agua de vida y brota sangre que perdona.
Cristo mismo, que es la Palabra del Padre, ha sido convertido para nosotros en lo mismo que he dicho de la Palabra de Dios: en una fuente inagotable.
De acuerdo con esto, miremos en nuestro corazón y acojamos en lo profundo de nuestro ser el texto que hemos escuchado, la palabra que se nos ha dicho.
Habría tantas cosas que comentar. Un Ángel, Gabriel, se aparece a María Santísima y de parte de Dios le anuncia un plan de amor. Dios no quiso atropellar la voluntad de la Santísima Virgen María, Dios la había creado libre y la amaba libre, como Dios también nos ha creado a nosotros libres y Él es el primero que quiere custodiar, que quiere cuidar nuestra libertad.
Dios no viene a aplastar nuestra vida, a aplastar nuestra libertad. Él es el Creador de nosotros, Él es el Creador de nuestra propia libertad, y Dios no se contradice.
Si Él nos hizo libres, Él es el Custodio de nuestra propia libertad; al contrario de lo que sucede con el pecado. El pecado sí es esclavitud.
El pecado es esclavitud, porque me obliga a ser lo que yo no quiero ser, lo que yo no soy, por eso el pecado esclaviza. En los vicios, por ejemplo, lo vemos tan claramente. Una persona, por ejemplo, se emborracha y se convierte, como decimos popularmente, en una “bestia”, se había vuelto un “animal”, se convirtió en lo que él no era.
Una mujer carcomida de celos, cegada por la ira, gritando groserías, insultando, hiriendo, ¿qué decimos de ella? "Estaba hecha una fiera" ¡Una fiera!, ¿te das cuenta?
El pecado nos vuelve, nos convierte en lo que nosotros no somos; el pecado nos obliga a ser lo que nosotros no somos. Un muchacho se droga y queda convertido en un trapo, en un harapo; él era una persona y quedó convertido en un harapo; el pecado lo obligó a ser lo que él no era.
En cambio, Dios nos invita a ser lo que verdaderamente somos, Él nos ha dado la libertad, Él cuida nuestra libertad, Él bendice nuestra libertad, Él unge nuestra libertad; así se acerca Dios, y por ministerio de este Ángel, le anuncia palabras de amor a la Santísima Virgen María; Dios guarda la libertad de Ella, la custodia, la respeta, la ama.
Y María responde en esa misma sintonía de amor. Es muy hermoso ver que María se llama a sí misma “esclava del Señor” San Lucas 1,48. Antes hemos dicho que la esclavitud en el ser humano proviene del pecado.
La conclusión que vamos a sacare en este día es muy corta y muy hermosa.
Hermanos, ser esclavos de Dios es ser libres. El que es esclavo de Dios, el que cumple en todo la voluntad de Dios, ése es el que verdaderamente es libre, porque Dios será el primero en custodiar, en bendecir, en sanar, en proteger, en fortalecer su propia voluntad.
Ser esclavo de Dios es ser libre. La primera que se presenta como esclava del Señor es la Santísima Virgen María. Nosotros, junto a Ella y con Ella queremos ser los esclavos de Dios, aquellos en quienes su Palabra se pueda realizar plenamente, aquellos que puedan cumplir verdaderamente su santísima voluntad.
Demos gracias a Dios por el "SÍ" de María, y nosotros junto a Ella, animados por su ejemplo, digamos y demos un "sí" amoroso a Dios.
Dios no te va a cercar, Dios no va a tirar tu puerta abajo, la va a tocar; Dios toca tu puerta, Dios te llama, pero Él no va a atropellar tu puerta, Él no va a derribar tú puerta; te llamará y tú, animado(a) por la Virgen María, tú también le vas a decir "sÍ", te acepto, Señor, te acojo, Señor, quiero ser tu esclavo".
¡Gloria a Dios!