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Fecha: 20081218

Título: La Palabra de Dios nos ensena a encontarle sentido a las cosas malas que nos suceden

Original en audio: 9 min. 13 seg.


A lo largo de los siglos, mis queridos hermanos, ha habido dos grandes líneas de interpretación sobre el mal y sobre las cosas malas, ¿por qué suceden cosas malas?

Las dos líneas son: la primera, es porque hay dos grandes poderes, hay dos principios: un principio bueno y un principio malo. Los gnósticos llaman a eso “el uno” y “el demiurgo”, otros dicen: "El espíritu es lo bueno, la materia es lo malo; el alma es buena, el cuerpo es malo. Esa es una manera de responder al problema del mal.

¿Por qué me ha sucedido una desgracia? ¿Por qué algo que yo no esperaba me ha acontecido? Pues este es un golpe de ese principio malo, un principio poderoso; fíjate que no menciono el caso de Dios y el diablo, es diferente, ese caso es diferente. Entonces la línea del gnosticismo, del Zoroastrismo y también de la Nueva Era va por ahí, hay dos principios: uno bueno y uno malo, el espíritu y la materia, la mente y el cuerpo, cosas así.

El otro modo de explicación es lo que hemos oído en la primera lectura de hoy, la frase que más se repitió es: “Yo soy Dios y no hay otro”,Isaías 45,7, y nos encontramos al puro principio con esta frase que uno no sabe donde ponerla: “Yo soy el Señor y no hay otro, creador de la luz y las tinieblas, autor de la felicidad y la desgracia" Isaías 45,7.

Es decir, en la Biblia no se admite que haya dos principios igualmente poderosos que estarían en combate. El Gnosticismo presenta la vida humana así: como un combate entre dos principios igualmente poderosos, y ellos consideran que la vida humana es exactamente el lugar de la batalla entre ese bien y ese mal.

Pero la Biblia nos dice algo diferente, nos dice que hay uno solo que es el majestuoso, uno solo que es el Señor, y ese único que es el Señor es el creador de todo, absolutamente de todo. Y entonces dice uno: "Bueno, pero si es el único creador, entonces ¿por qué suceden cosas malas si se supone que es un Dios bueno?"

Son preguntas tan profundas y es tan corto el tiempo para realmente abordarlas, pero en síntesis, lo que nos enseña la palabra de Dios, en síntesis lo que nos enseña el Evangelio es: que no hay dos dioses igualmente poderosos que estén batallando. Hay uno solo, el majestuoso, el omnipotente; y en cuanto a las cosas malas, esas cosas malas son parte de una historia, fragmentos de un mosaico que solo se comprende cuando se mira en su conjunto; son como puntadas de un dedal que solo se comprenden cuando miras el conjunto de la tela.

Si uno mira un mosaico, esto que está hecho a base de pequeñas piedras, si tú miras una sola de las piedrecitas, incluso las piedras bonitas, no dicen mucho, no dicen mucho, sus formas son a menudo irregulares, no dicen mucho. Si las aíslas del conjunto, no dicen mucho; pero si luego miras el conjunto del mosaico, entonces empiezas a entender que ese color oscuro que en sí mismo parecía demasiado triste, ese color oscuro ya puesto en el conjunto, tiene un significado.

Lo que nosotros creemos, nosotros cristianos católicos, herederos de esta Palabra que hemos oído, lo que nosotros creemos, es que esas cosas que nos golpean, que son inesperadas, esas desgracias, esas pérdidas que tenemos, son incomprensibles y nos quedamos mirando ese solo pedacito, si miramos solamente ese fragmento, jamás entendemos.

Pero si Dios nos ayuda, y sí que nos ayuda a levantar la mirada, empezamos a encontrar un conjunto y empezamos a encontrar un sentido y empezamos a encontrar una especie de significado en la historia completa.

Es lo mismo que sucede cuando una persona está hablando en un discurso; si yo tomo una sola palabra, esa sola palabra no dice mucho. Tomemos por ejemplo la palabra “sola”, si yo me paro aquí y digo: ”Sola”, pues tú no sabes qué estoy diciendo ni por qué lo digo, ni si es una persona, ni si ese es un adjetivo, ni qué función está cumpliendo. Pero cuando yo digo: "No te quedes con una sola palabra sino mira el conjunto", ahí te estoy invitando precisamente a que ubiques la palabra "sola" dentro del conjunto.

Lo que nosotros creemos es que nuestra vida entera, con todas sus desgracias, con todas sus lágrimas, con todos sus dolores y con todas sus esperanzas, nuestra vida entera es un solo mensaje, es como una sola poesía, es como un solo cuadro, y en ese cuadro hay rasgos que no logramos comprender.

Tal vez muchos de los que estamos aquí tenemos la experiencia de haber visto cuadros de escuela impresionista o de escuela puntillista. El impresionismo es muy bueno para lo que estamos comentando aquí. Si uno mira alguno de esos cuadros, y los mira de cerca, de cerca, y mira sólo un detalle, lo único que ve es un brochazo, un poco de pintura tirado sobre un lienzo, pero te alejas y de pronto aparece un lago, te alejas, lo miras un poco en la distancia y parece una calle de París o parece una torre magnífica.

Necesitamos esa perspectiva que solo la da el tiempo, necesitamos esa perspectiva que solo la da el Espíritu, para encontrar cuál es el significado de los brochazos oscuros, de los golpes bajos, de las noticias inesperadas; necesitamos esa perspectiva y esa distancia, y solo en la distancia nuestras lágrimas empiezan a secarse y una sonrisa asoma a nuestros labios cuando decimos: "Pues mira que si tenía un significado, todo tenía un significado".

Hoy les invito, hermanos, a no caer en la tentación del juego de los dos poderes o de los dos dioses; pero claro, hay que decir entonces un poco sobre qué creemos en realidad nosotros sobre Dios y el diablo. El diablo no es una competencia contra Dios con un poder parecido o equivalente al de Dios, como nos enseñan los grandes santos y entre ellos, Tomás de Aquino.

El diablo, lo mismo que todas las desgracias que puedan tentarnos o acaecernos, el diablo no puede actuar más allá del límite de la providencia divina. El diablo no es omnipotente, es finalmente, siervo, a regañadientes, echando espuma por la boca, pero es siervo del plan de Dios y no hay que tenerle más miedo de la cuenta.

Sigamos esta celebración pidiendo el don del Espíritu para que nosotros, también en los acontecimientos duros que yo sé que nos han visitado, en esos acontecimientos, nosotros podamos recibir el consuelo que viene de lo alto y esa mirada que empieza a reconocer un significado en esa vida hermosa que hoy estamos recordando.

La Palabra de Dios nos invita a hacer ese acto de confianza, a acercarnos quizá golpeados, quizá llorosos, pero acercarnos al Señor y decirle: "Aunque por el momento no entiendo, aunque no puedo comprenderlo, sé que tú me darás poco a poco la mirada que necesito para ver tu mano amorosa también en aquello que me ha sucedido.