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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20041216

Título: Que importante es saber decir las dos cosas: que Dios es justo y que Dios es compasivo

Original en audio: 6 min. 53 seg.


Mis Hermanos:

Todavía se escucha de tanto en tanto esta especie de acusación contra el Antiguo Testamento: que el Dios del Antiguo Testamento es el Dios justiciero, mientras que el Dios del Nuevo Testamento es el Dios misericordioso. El Dios del Antiguo Testamento es el Dios del miedo, y el Dios del Nuevo Testamento es el Dios del amor.

¡Pues qué acusación tan absurda! Claro que más que calificarla lo mejor es rebatirla con las palabras que nos da la primera lectura de hoy.

Al que dude del la presencia del lenguaje del amor en el Antiguo Testamento, solamente hay que mostrarle este capítulo 54 del profeta Isaías: "Podrán desaparecer los montes, podrán hundirse las colinas, pero mi amor por ti no desaparecerá, y mi alianza de paz quedará firme para siempre. Lo dice el Señor, el que se apiada de ti" Isaías 54,10.

¿No es esa una preciosa declaración de amor, una preciosa declaración de fidelidad y una preciosa declaración de misericordia? Amor, fidelidad y misericordia están presentes a lo largo de toda la Escritura, y dicho sea entre paréntesis mis amigos, que también en el Nuevo Testamento aparece el lenguaje de la justicia.

Por favor, no imaginemos el Nuevo Testamento como una colección de textos que rebajan las exigencias de la Ley de Moisés, algo así como si Dios se hubiera puesto a pensar: "Bueno, ya que está tan difícil esa Ley y parece que nadie puede cumplirla, vamos a rebajar un poquito, vamos a dar una especie de tiempo de ofertas y rebajas y verá que la gente ahí sí acepta el mensaje, ahí sí van a creer; si les rebajamos, entonces ahí sí como que van a creer".

No nos dejemos engañar por esa manera de pensar. Incluso parece, nos advierte San Agustín en algún lugar, que las enseñanzas del Nuevo Testamento son todavía más estrictas que las del Antiguo. Tú te acuerdas lo que dijo Jesús: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No cometerás adulterio", pero yo os digo que incluso mirar con deseo a la mujer, ya es cometer adulterio" San Mateo 5,27-28.

O sea que no miremos al Nuevo Testamento como el tiempo de las rebajas, de las gangas, o como se llamen en los distintos lugares, de las ofertas y las promociones para ver si así logramos creer, como que la justicia hubiera quedado olvidada y como que ahora la fe y la religión fueran cosa fácil. En realidad, son más difíciles, son más fuertes la exigencias del Nuevo Testamento.

Pero tampoco es verdad que sean imposibles porque en el Nuevo Testamento, aunque la exigencia sube, sube incomparablemente más el auxilio, la ayuda, la fuerza, la energía que Dios nos da, no sólo para vivir lo que pedía la Antigua Alianza, la Alianza de Moisés, sino para vivir mucho más que eso. Esa es la potencia de la gracia, esa es la fuerza del auxilio que Dios nos da a a nosotros.

Y esto lo comento, hermanos, para que no nos dejemos engañar, para que no vayamos a pensar que el Dios del Antiguo Testamento era un Dios que sólo sabía poner exigencias y dar castigos, mientras que el Dios del Nuevo Testamento es un Dios que sólo sabe consentir, mimar y bueno, hacer la vista gorda frente a nuestros pecados.

Eso no es cierto. El Dios del Antiguo Testamento conoce bien el lenguaje de la ternura, porque es el mismo Dios de siempre, porque en Él no hay cambio y por eso nos dice: "No temas, no te sonrojes; olvidarás la vergüenza de tus años jóvenes, no volverás a recordar el deshonor de tu viudez" Isaías 54,4.

Este es un Dios que sabe consolar, este es un Dios que sabe envolvernos en su ternura, acariciarnos en su amor que perdona. ¡Ese es nuestro Dios! ¡Y está ahí en ese texto del Antiguo Testamento!

Y por otra parte, como ya dijimos, en el Nuevo están también las exigencias de santidad y de perfección, sólo que viene el auxilio de la gracia, y es con la potencia de la gracia con la que logramos lo que no se lograba en la Ley de Moisés y mucho más que eso, porque estamos llamados a santidad según el modelo que Cristo nos ha mostrado.

Hermanos, qué importante es saber decir las dos cosas: que Dios es justo y que Dios es compasivo; qué importante decir las dos cosas: que Dios es poderoso y que Dios es humilde; qué importante decir las dos cosas: que Dios conoce toda mi miseria, pero que Dios reconoce toda su misericordia.

Y eso es lo que ha llegado a nosotros en la Navidad, hermanos. Eso es lo que viene para nosotros en esta Navidad: el misterio de unir lo grande y lo pequeño, lo infinito y lo finito; el misterio que nos permite unir y reconocer que solo Él es todopoderoso, que solo Él es grande, que sólo Él es santo, y al mismo tiempo, que ese Santo nos hace llamados y capaces de santidad con el auxilio de su amor, con el auxilio de su gracia que ha venido en Jesús.

Sigamos esta celebración convencidos de nuestra vocación a la santidad y convencidos que esa vocación alcanzará plenitud con el auxilio que Dios nos da con su gracia.