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Fecha: 20101215
Título: El Senor viene a transformar tu corazon para que se oriente y encuentre su ruta unicamente hacia El
Original en audio: 4 min. 8 seg.
Yo espero que a estas alturas del Adviento, y ya vamos en el miércoles de la tercera semana, tú te hayas hecho muy amigo de Isaías. Este es el profeta que nos ha acompañado desde los primeros días de este hermoso tiempo litúrgico. En el pasaje de hoy, capítulo 45, encontramos una hermosa súplica y una preciosa promesa.
La hermosa súplica está en aquellas palabras “Cielos destilad el rocío” Isaías 45,8. Con ese mensaje tan cargado de poesía, Isaías está describiendo lo que tiene que ser el corazón del cristiano durante estos días: Un corazón que ora, un corazón que ama, un corazón que cree y que espera.
Esta es la manera de preparar nuestros corazones, esta es la manera de preparar nuestros hogares también, para que Dios venga, para que Dios habite, para que Dios pueda hacer su obra en nosotros.
Pero en el mismo capitulo 45 está también la promesa de Dios y es una promesa que reclama de nosotros una fe total. Dice el Señor: “Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra. Yo soy Dios y no hay otro” Isaías 45,22.
Este es el primer mandamiento de la Ley de Dios, lo recordamos muy bien, de modo que el Adviento es para que Dios recupere su lugar en tu vida. El Adviento es para quitar de nuestras vidas toda idolatría. El Adviento es para que nuestros corazones se orienten y encuentren su ruta únicamente hacia Él.
¿Y qué tenemos que llamar ídolo aquí? Nuestros hermanos protestantes dicen que son ídolos, las imágenes que tenemos, por ejemplo, en los cuadros o en las iglesias, o en las estampas, y dicen que esos son nuestros ídolos.
¡Qué equivocados se encuentran! Ningún católico que haya recibido una semana de catecismo va a creer que una imagen de madera o de yeso es un Dios. Esos no son nuestros dioses. Son simplemente recordatorios, y además son testigos que apuntan hacia el mismo amor y hacia el mismo Dios que nosotros tenemos. Por ejemplo, cuando miramos la vida de María Santísima, ¿como no orientarnos hacia Dios, a quien Ella sirvió como fidelísima hija, como esclava de amor?
El problema de la idolatría no es un problema de yeso ni de madera, es un problema que está en el corazón humano. Es el problema, finalmente, de si voy a escoger mi opinión, mi gusto y mi voluntad, o si voy a rendirme a la voluntad del Señor. Si estoy dispuesto a recibir a Dios como mi Salvador, Aquél que puede hacer conmigo esas obras que se describen en el capítulo séptimo de Lucas, el Evangelio de hoy.
Si puedo llegar frente a ese Dios que me visita en Jesucristo y reconocer mi ceguera para que Él me dé la luz; reconocer mi sordera para que Él me de su Palabra; reconocer mi parálisis para que Él me ponga en sus caminos. Si yo estoy dispuesta a vivir así, habrá Adviento en mi vida, habrá transformación y visita de Dios en mi corazón.
Y eso espero para mí y eso deseo para ti.