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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20001216

Título: La actitud en el Adviento es arriesgarlo todo por Cristo

Original en audio: 5 min. 15 seg.


Hermanos:

Esta lectura de hoy se refiere a un gran hombre del Antiguo Testamento: Elías. Elías vivió en unos tiempos muy duros y sin embargo permaneció fiel a Dios; fue perseguido a muerte, pero permaneció fiel a Dios; se burlaron de su fe, se quedó solo, no tuvo ni esposa, ni familia, pero permaneció fiel a Dios.

Tuvo que andar por el desierto, los cuervos le traían pan en el pico, un ángel lo despertó porque se le acabaron las fuerzas y se deseó la muerte, pero permaneció fiel a Dios. Tuvo que caminar hasta la montaña santa donde Dios había dado la Ley de Moisés, el Horeb, el monte Sinaí, y permaneció fiel a Dios.

Es decir, este es el profeta de la fidelidad a Dios, este es el profeta que nos enseña que Dios está primero que todo. Y ese estilo de vida y esa manera de hablar fue la que tuvo Juan el Bautista.

Para encontrarse con Cristo, que ese es el objetivo de la Navidad, se necesita un corazón así, un corazón que esté dispuesto a perder todo.

Hay un ejemplo tan bonito en la Biblia, que no es de la lectura del evangelio de hoy, pero es tan bello, y viene tan a punto que vamos a mencionarlo.

¿Usted se acuerda cuando había un ciego por allá al borde del camino que le gritaba al Señor: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”? San Marcos 10,47, y la gente le decía que se callara, pero él seguía gritando, entonces Jesús les dijo: "Bueno, entonces díganle que venga" San Marcos 10,49.

El hombre, dice el texto bíblico, "dando un salto, tiró el manto y se fue donde Jesús".San Marcos 10,50."Tiró el manto" San Marcos 10,50.

Este pordiosero, en una época en que la tela valía tantísimo, porque la tela no se producía en serie, en fábrica, sino que todo, desde luego, era hecho a mano; este ciego, este mendigo tiró el manto, botó su única certeza, se arriesgó completamente y fue donde Jesús para que Jesús le diera la salud, para que Jesús le devolviera la vista.

Es decir, este ciego hizo una especie de apuesta, apostó por Cristo. Supongamos, lo que no sucedió, ni puede suceder, pero supongamos que él hubiera tirado su manto y va donde Jesús y Jesús no lo cura, supongamos, por cualquier razón, supongamos eso.

Este pobre hombre. Mire, este manto era su abrigo en el día y su cobija en la noche. Un manto valía muchísimo. Un manto se compraba sólo con muchos días de trabajo y él no podía trabajar.

Pero él tira el manto, es decir, él se arriesga. Y una actitud así es la que necesitamos en este Adviento: apostarle radicalmente a Jesucristo, creerle a Él. Me gusta tanto eso, que ya lo he oído predicar varias veces.

No solamente creer en Dios, es creerle Dios, apostar por Dios, tirar también nosotros el manto y decir: "Señor, no se qué va a pasar conmigo. Yo necesito mucho abrigo, necesito mucha protección, necesito mucho cariño, necesito mucha ayuda, pero estoy dispuesto a dejar todo".

"Quiero es encontrarme contigo, aunque tenga que perder todo, aunque no sepa más; quiero encontrarme contigo, quiero estar contigo, quiero vivir contigo, quiero recibir lo que tú ofreces".

Esa es la actitud del Adviento, y por eso la Iglesia nos regaló esta lectura para que nosotros tomemos esa actitud, para que nosotros digamos: "Señor, páseme lo que me pase, sucédame lo que me suceda, piérdase lo que se pierda, quiero apostar por ti, quiero salir a tu encuentro".

También yo quiero incluso tirar por el lado mis certezas; quiero saber qué es estar contigo. Decía San Pablo que quería tener una experiencia íntima de la muerte de Cristo y del poder de la resurrección, y eso es lo que nosotros vamos a vivir en este Adviento: que nazca en nosotros la resolución total, la resolución de Elías, la resolución de Juan Bautista.

Lo que sea, que se pierda lo que sea, que suceda lo que sea; tengo que encontrarme con El, Él me espera, yo lo espero, tenemos que encontrarnos. ¡Vamos a salir al encuentro del Señor!