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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19991211

Título: Ser valientes para anunciar a Dios

Original en audio: 16 min. 47 seg.


Hermanos Míos:

Este es el tiempo de la espera y de la esperanza, el tiempo del Adviento. Y precisamente porque estamos en Adviento, la Iglesia nos ofrece estas lecturas que nos presentan al precursor de Jesucristo, Juan Bautista. Y la comparación que nos ofrecen las lecturas de hoy es con Elías.

Elías fue uno de los más grandes profetas del Antiguo Testamento y la Iglesia nos propone hoy a Elías para descubrir a Juan Bautista precursor de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién fue este Elías? ¿Quién es este hombre tan notable que marcó la historia de los Israelitas?

Elías vivió en tiempos muy duros, muy difíciles. El pueblo de Dios se había dividido. Había dos reinos: el Reino del Norte que se llamaba Israel y el Reino del Sur que se llamaba Judá.

Y en el Reino del Norte apareció un rey idólatra, un hombre de carácter débil llamado Ajab, con un corazón adúltero, es decir, según los términos de los profetas, un hombre con un corazón voluble, vanidoso e inestable.

Así como de una mujer se dice que es adúltera cuando teniendo a su esposo, sin embargo anda pendiente de otros amores y de otros hombres, así la Biblia llama adúltero al corazón de aquellos que pertenecen a Dios, pero que sin embargo están buscando detrás de los ídolos favores y bienes, y no ponen en Dios toda su esperanza.

Elías vivió en tiempos de uno de estos reyes. Uno de los reyes de corazón más inestable y adúltero. Ajab se llamaba él. La esposa de Ajab era una mujer llena de odio contra la religión de Dios, contra la religión de Yahvé, una mujer que quería implantar el culto a un falso dios llamado Baal.

Mira qué situación tan triste la que le tocó a Elías. No fueron tiempos fáciles, fueron tiempos arduo difíciles. Ajab con ese carácter inestable, manipulable, y la esposa de Ajab que se llamaba Jezabel, llena de odio contra la religión de Yahvé, porque ella quería implantar la religión del ídolo, la religión de Baal.

La promesa de Yahvé es la salvación. La promesa de Baal es la prosperidad, la fecundidad; “Te irá bien no te va a pasar nada malo”. Esa es la promesa de Baal.

Ahora bien, Elías fue perseguido porque era profeta de Yahvé. Elías tenía que llevar el testimonio de Dios, pero los que predicaban y pregonaban el nombre de Dios eran excluidos, odiados, algunos de ellos torturados y muertos, pero Elías se mantuvo firme.

Elías no se doblegó, y más bien puso su esperanza en Dios y estuvo tan unido a Dios que se convirtió en azote, en castigo para el pueblo infiel de Israel.

En alguna ocasión, Elías pronunció estas palabras: “Vive Dios que no volverá a caer una gota de lluvia si yo no lo digo” 1 Reyes 17,1. Elías prohibió la lluvia sobre la tierra de Israel.

La religión de Baal era la religión de la prosperidad, la religión del placer, “todo te va a salir bien” La religión de Baal más que sacerdotes, tenía sacerdotisas, y eran mujeres dedicadas a la prostitución sagrada.

La gente que iba a ofrecer sacrificios a Baal, normalmente tenía relaciones sexuales con estas sacerdotisas, y así se mezclaba la religión con el negocio, con la promiscuidad y el desorden sexual.

Baal anunciaba prosperidad, éxito, suerte: “Te va ir bien, no te va a pasar nada de malo”, y los profetas de Baal eran gente llena de comodidad que predicaba la comodidad y el placer: “Te va ir bien”, “nunca tendrás problemas”, "todo se puede conjurar", "todo se puede vencer con la magia de Baal.

Pero resulta que aparece Elías, y como si tuviera las llaves del cielo, cierra la lluvia y se acaba la lluvia. Y si se acaba la lluvia se acaban las cosechas y llega el hambre, llega la necesidad.

Elías cerró el cielo, no va a llover, no va a caer una gota de lluvia, y no llovió. En tres años y medio no cayó una gota de lluvia, y desde luego, ¿qué les paso a los que creían en Baal? Pues que se dieron cuenta de que su religión no servía para nada.

¿Qué podía hacer este Baal? Pregonar que iba a haber mucho placer, mucho bienestar y gran prosperidad, y sin embargo con la falta de la lluvia, el hambre se avalanzaba sobre el pueblo de Israel.

¿Por qué Elías tomo esta acción inspirada por Dios? Porque Elías quería mostrarle al pueblo que esa religión de ellos, esa superstición, esa idolatría, no tenía poder. Elías cerró el cielo para que se viera que el dueño de la vida no era Baal y que los sacerdotes, profetas o sacerdotisas de Baal nada podían hacer.

Elías fue un hombre valiente, Jezabel la esposa del rey lo odiaba a muerte y lo buscó por todas partes para matarlo. En Elías obraba el Espíritu Santo de una manera impresionante. Algunas veces fue arrebatado; el Espíritu lo llevaba por lo aires, como le pasó a Ezequiel o al diácono Felipe, según nos cuentan los Hechos de los Apóstoles.

Elías era arrebatado por el Espíritu, su cuerpo entraba como en una dimensión nueva, por el poder del Espíritu, y era transportado de uno a otro lugar. Fue un hombre muy grande y muy valiente. Elías predicó la verdad de la Alianza, predicó quién era el Dios verdadero y predicó cuál era la fe verdadera. Eso fue lo que hizo Elías.

También en nuestra vida, a veces necesitamos que Dios nos muestre el fracaso de nuestro modo de obrar. A veces Dios tiene que desarmarnos nuestra vida para mostrarnos que los caminos que estamos llevando no son verdaderos caminos. Un ejemplo impresionante de esto es lo que sucede a veces con los jóvenes. Voy a dar un par de ejemplos: el primero es cuando una muchachita tenía su novio.

Lamentablemente, porque es de lamentar, esta pareja empieza a excederse en su trato, en sus caricias y termina teniendo relaciones. La muchacha, que está muy enamorada, está como enceguecida.

Alguna vez escuchó a un padre que predicaba en una iglesia, y el padre decía “El plan de Dios para la sexualidad es distinto. Dios quiere que la sexualidad se viva en el marco del matrimonio”.

La muchacha fue a hablar con el sacerdote y le dijo: “Padre, nosotros, mi novio y yo, tenemos relaciones, pero es que nosotros nos amamos. No es por puro placer, es que nos amamos y eso no tiene nada de malo y la Iglesia no puede ser tan anticuada”, y otra cantidad de cosas.

El padre, el sacerdote, trató de explicarle a esta niña que eso no le convenía, pero ella siguió su propio camino.

Esa muchacha está representando a los israelitas que iban detrás de Baal. Los meses pasaron, el novio se cansó ya del cuerpo de esta niña y más bien puso sus ojos en otra jovencita. Empezaron las peleas, y todos sabemos lo que sucedió... en unas pocas semanas se acabó ese noviazgo.

Un día esta niña vuelve a la iglesia, adonde no iba con mucha frecuencia. Entra a la iglesia a la Santa Misa, de pronto ve que por otra puerta de la iglesia entra el que había sido su novio, acompañado por la nueva novia y ella siente que el corazón le arde de rabia por dentro: “¡Descarado! ¡Cómo se le ocurre pasear esa vieja por todas partes!” Es lo primero que piensa esta muchacha.

Siente rabia y se hace esta reflexión: "A esa novia que ahora tiene el que fue mi novio, a esa novia que ahora tiene le estará diciendo las mismas palabras bonitas que me dijo a mí, le estará diciendo las mismas historias, y seguramente estará teniendo sexo también con ella.

Y en ese momento esta muchacha se siente una estúpida, se da en la cabeza y se dice: “¡Torpe! ¿Cómo fue que me deje engañar? ¿Cómo fue que me dejé utilizar? Así serán todos los hombres”. Ese es un ejemplo de lo mismo que sucedió con Elías.

Elías hizo que el engaño de la idolatría de Baal cayera; Elías hizo que el plan idolátrico fracasara; Elías hizo que la religión de Baal no funcionara y así pudo preservar la fe del pueblo de Dios.

Muchas veces Dios hace que nuestros planes adúlteros contra Dios, al margen de Dios, nuestra vida de pecado, fracasen, para mostrarnos la realidad de la vida, y para que dejemos los ídolos y nos volvamos al Dios verdadero.

Cuando esta niña se encontró en Misa que su novio iba con la nueva novia que tenía, y sintió rabia y celos, y se sintió como una estúpida, en ese momento ella cayó en cuenta: “Ahora entiendo por qué Dios dice que el sexo tiene su lugar propio en el matrimonio.

Claro, porque mientras no haya la solidez de un sacramento fundado en Jesucristo, mientras eso no se esté dando, sigo yo expuesta a que cualquier aprovechado me utilice, haga lo que quiera conmigo, me diga las palabras bonitas y luego se largue. Bonito papel he hecho yo en la vida, soy una estúpida”.

Cuando esta niña hace sus descubrimientos, ¿qué ha hecho Dios? Ella tenía un noviazgo bonito. El noviazgo de ella, ¿te acuerdas? Decía que era muy bonito. Dios le desarmó ese noviazgo que parecía bonito, pero que en el fondo era la manera de este muchacho para aprovecharse de ella.

Dios aprovechó el fracaso de ese noviazgo que ella llamaba bonito para mostrarle: “Mira, lo que verdaderamente te están haciendo, es esto.”

Eso es lo mismo que nos ha contado la Palabra de Dios. Eso es lo que hacía Elías. Eso fue lo que hizo Elías. Elías llevó al pueblo a que se diera cuenta de que iba por mal camino; llevó al pueblo a que entendiera a quién estaba adorando, a quién estaba siguiendo.

Esta muchacha, la de mi historia, se dio cuenta de por qué Dios manda lo que manda, y sacó una conclusión: “He pecado. Verdaderamente, cuando Dios manda las cosas, las manda por mi bien; cuando Dios ordena algo lo manda porque me ama. Ahora le creo más a Dios, ahora me voy a arrepentir de mis pecados, ahora voy a creer más en Dios, ahora voy a seguir lo que Dios dice."