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Fecha: 19951214
Título: En el Adviento Dios nos invita a nacer de nuevo
Original en audio: 5 min. 31 seg.
El Adviento tiene sus figuras propias, sus personajes propios. El primero que nos ha presentado la Iglesia es el profeta Isaías.
El hecho mismo de que casi en su totalidad la primera lectura de la Eucaristía durante este tiempo provenga de Isaías, ya habla de la importancia de este profeta.
Pero luego hay otras dos figuras: la de Juan el Bautista que es figura central del segundo domingo de Adviento y luego la Virgen María. Los maestros del Adviento entonces, aquellos que pueden formar nuestro corazón en la espera son, de acuerdo con la Iglesia, el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María.
Hoy el texto del evangelio se ha referido expresamente a Juan. Quisiera hacer sólo un comentario breve sobre aquella frase un poco enigmática de Jesús: “No ha nacido ninguno mayor que Juan; pero el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él” San Mateo 11,11.
Podemos parafrasear esta expresión del Señor diciendo que lo más grande que puede dar una mujer, lo más grande que puede dar a luz una mujer el Señor lo llama Juan Bautista, pero que el Reino de los Cielos tiene un origen distinto.
En realidad este es el equivalente en el evangelio de San Mateo de aquella frase que le dice Jesús a Nicodemo: “El que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de los Cielos" San Juan 3,5.
No se trata aquí de una especie de comparación, una simple comparación jerárquica o por grados, entre quién tiene mayor o menor virtud, y, además, resultaría muy problemático ver quién es ése que es el más pequeño en el Reino de los Cielos.
La idea de Jesús no es tanto que se pueda clasificar a las personas en más y menos, sino que está diciendo que aunque una mujer tenga el hijo más santo y más sabio, y más valiente, y más coherente que podamos alabar en la humanidad; aunque una mujer tenga un hijo así, eso todavía es muy pequeño para lo que Dios quiere que nazca en nosotros.
Y de esa manera, en realidad lo que está anunciando es que el Reino de los Cielos tiene otro origen, y como decía, que para entrar en ese Reino de los Cielos se necesita empezar de nuevo, se necesita comenzar.
De comienzo, de empezar y de la gracia de Dios para empezar, nos ha hablado la lectura del profeta en este día.
La persona que se ocupa demasiado de su tamaño, como el que siente que es un gusano, como cuando uno está deprimido uno siente que es un gusano, que uno es una oruga: "¿A quién le importo? ¡Yo no soy nada!", pues el profeta toma esa expresión de la persona triste: "Si tú eres una oruga, si tú eres un gusano, no temas, soy yo el que lo va a hacer" Isaías 41,13-14.
Pero es muy importante que no le quita lo de gusano, no le quita lo de oruga, no le dice mentiritas. Es verdad que eres pequeño y qué bueno que lo descubriste, ahora apóyate en el grande, ahora comienza. Y aquello que quiero hacer en ti ciertamente tiene tanta diferencia contigo, como la hermosa mariposa con la repugnante oruga".
Demos gracias al Señor, alabemos a Dios que hoy nos invita a nacer de nuevo. Están próximas ya las fiestas de la Natividad del Señor, pues nazcamos de nuevo, no fiados de nuestro tamaño, que si nos miramos mucho lo único que descubriremos es gusano, oruga.
No fiados de nosotros, sino fiados de Aquél que nos dice: "Yo soy tu auxilio y conmigo puedes nacer de nuevo a una vida que es distinta de la que puede dar cualquier mujer".
Recibamos ese germen de vida nueva en esta Eucaristía, y que dé abundante fruto para gloria del Padre.
Amén.