V021005a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 20111205

Título: Permitamosle a Dios que se apersone de nuestras cosas

Original en audio: 4 min. 35 seg.


Es indudable que cuando llegan los momentos de crisis tenemos siempre la tentación de sentirnos abandonados. Los tiempos de dificultad son precisamente aquellos en que más nos hace falta la mano de un buen amigo, la palabra de un buen consejero, la oración de un hombre de fe.

Y por eso, cuando el pueblo de Israel vivió sus momentos más duros, fue también cuando aprendió a suplicar la presencia de su Amigo, Amigo con "A" mayúscula.

Hay que tener en cuenta que Israel creció rodeado de enemigos. Los grandes imperios de aquella época, los asirios, los fenicios, los egipcios, los moabitas, los edomitas, los idumeos también se les llamaba, los caldeos, los persas, ninguna de estas naciones fue realmente favorable a Israel. Así que Israel aprendió que tenía solamente un Amigo, tenía solamente un amor, tenía solamente una esperanza, y ese único amor, esa única esperanza es el Señor. Aguardaban y esperaban al Señor. Aprendieron a suplicar, aprendieron a implorar esa presencia del Señor.

Y por eso nos impactan estas palabras que nos traen las lecturas de hoy en el capítulo treinta y cinco de Isaías. El profeta dice: "El Señor viene" Isaías 35,4. Y dice más: "El Señor viene en persona" Isaías 35,4. Utilizamos a veces en español ese verbo que me gusta tanto: "apersonarse", apersonarse de algo es asumirlo como un asunto personal. "Yo me apersonaré de eso" quiere decir: "Lo voy a tomar como cosa mía", "voy a tomar tu problema como problema mío"; "voy a tomar tu necesidad como su fuera la mía".

Y eso es lo que Dios nos está diciendo hoy. Nuestro Dios se ha apersonado de nuestras necesidades. Viene el Señor en persona, resarcirá y nos salvará" Isaías 35,4, así promete Isaías. Resarcir es un verbo también muy bello, quizás poco usual, resarcir es como dar una compensación pero una compensación abundante, quizás sobreabundante.

Decir que Dios resarcirá es decir que Dios conoce el impacto que nuestras heridas han causado en nosotros; el Señor conoce de ese dolor y el Señor está dispuesto a darnos algo equivalente, o algo todavía mejor, porque el Señor sabe lo que hemos sufrido. Y termina diciendo: "El Señor nos salvará" Isaías 35,4, y ese "salvar" significa ponernos fuera de peligro.¡Fíjate qué promesas tan maravillosas! El Señor se apersona, el Señor resarcirá, el Señor salvará, el Señor te pone fuera de peligro.

Yo sé que estas promesas parecen excesivas. Pero luego viene el evangelio, y en el evangelio encontramos que Jesús es Dios en persona, que Jesús es Dios apersonándose de lo nuestro, que Jesús es Dios gastando su ser, su energía, su amor, que todos son inagotables, por nosotros; Jesús es Dios gastándose por nosotros, -y eso fue lo que experimentó aquel paralítico que aparece en el evangelio de hoy-; Dios tomó mi caso, Dios tomó mi situación de una manera personal, de una manera bella.

Démosle permiso a Dios para que se apersone de nuestras cosas, para que brille su poder y su victoria.

Amén.