V016007a
Fecha: 20111203
Título: En Adviento esperamos al Dios grande que toca a nuestra vida y que esta dispuesto a perdonarnos
Original en audio: 4 min.. 25 seg.
Sería muy interesante preguntar a distintas personas cuál consideran que es el rasgo más característico de Jesucristo.
Quizás algunos dirían: "Me llama la atención el poder de Cristo, cómo Él enseña con autoridad, cómo arroja los demonios, cómo trae luz a la mente de tantas personas. Quizás otros dirían: "Me llama la atención la oración de Cristo, esa dulce intimidad con el Padre Celestial, esa fuente inagotable de la que saca tantas riquezas para nosotros".
Otros tal vez dirían: "Me llama la atención la unción que tiene Jesús, ya que por ello lo llamamos "el Cristo", palabra que quiere decir precisamente "ungido, Jesús tiene unción, y como dice el Evangelista San Lucas: "De Él sale una fuerza que sana a todos" San Lucas 6,19. Esa fuerza, esa unción de Cristo es lo que más me llama la atención".
Otra persona más podría decir: "Me llama la atención que Cristo es auténtico, Cristo es sincero, es el mismo en todas partes. Si está con los poderosos o si está con los humildes, no tiene que ponerse más caras, no tiene una agenda escondida, no tiene una trastienda, no está escondiendo otra parte de su ser, es transparente, sincero, es auténtico, es de fiar".
Mis hermanos, todas estas son verdades sobre Jesucristo, Él es así, Él es todo eso y mucho más. Pero las lecturas de hoy de algún modo nos llevan al centro mismo del alma, al centro mismo del corazón de Nuestro Salvador. Porque lo que aparece en las lecturas de hoy es la compasión. Dios había por metido por medio del profeta: "Yo escucharé y me compadeceré del gemido de mi pueblo" San Lucas 30,19.
De hecho, esta es la gran diferencia entre el Dios en el que nosotros creemos y lo que podía creer un pagano, digamos un filósofo como un Aristóteles o como un Platón. Estos grandes filósofos llegaron a afirmar que tenía que haber un Dios, llegaron a afirmar la fe en Dios; pero para ellos, por ejemplo para Aristóteles, el Dios que pensaban que existía era un Dios que no se iba a tomar la molestia de preocuparse por las cosas pequeñas, por las cosas cotidianas, por los problemas de seres tan diminutos como nosotros. Porque comparados con esa grandeza de Dios, nosotros somos diminutos. Entonces Aristóteles decía: "No tiene sentido que un Dios grande se ocupe de cosas pequeñas".
Pues la Biblia lo que nos esta diciendo es que sí tiene sentido, el que el Dios grande muestra su grandeza cuidando de los pequeños, el Dios altísimo muestra que es el verdadero Dios agachándose, abajándose para cuidar de cada uno de nosotros.
Y ese el el Dios al que estamos esperando en este Adviento, este es el Dios que necesitamos, porque no es un pensamiento lejano, no es un visitante de otro planeta, no es algo distante, sino más bien es el Dios vivo, el Dios que toca también nuestra vida, el Dios que está siempre dispuesto a transformarnos.
Es la hora de abrirle la puerta, es la hora de abrir el corazón a ese Dios, para que ese Dios grande haga cosas grandes en nosotros, como las hizo también en María Santísima.