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Fecha: 20101204
Título: Dios sabe que tiene que darle a cada uno y en que momento. ¡Tengamos confianza en El!
Original en audio: 41 min. 34 seg.
Queridos Amigos:
Pienso que cada uno de nosotros tiene sus propias preferencias cuando se trata de la liturgia y de las fiestas de la iglesia; yo, personalmente, me declaro fanático número uno del Tiempo del Adviento. Es un tiempo que me llega profundamente al corazón, es un tiempo que despierta en mí sonrisas de esperanza y lágrimas de agradecimiento.
Estas palabras, por ejemplo, que hemos escuchado el día de hoy son una carta de amor para nosotros. Lo que encontramos aquí es un Dios que está atento al gotear de nuestro llanto.
Una de las angustias más terribles, unas de las sensaciones más tristes que tienen muchos de nuestros jóvenes es que sienten que su dolor no le importa a nadie. Así lo sienten porque se sienten rechazados, se sienten poco amados, sienten que no son aceptados, y a veces, por eso mismo se rechazan a sí mismos, se odian.
Es impresionante la sensación de abandono que tienen muchas personas. Es impresionante la frialdad que tienen muchas casas y son eso, son casas, no alcanzan a ser hogares.
Tú sabes que la palabra hogar viene de otra lengua, viene del latín y significa “allí donde arde el fuego”. Eso lo tenemos en castellano con la palabra hoguera. Una hoguera es un lugar de fuego, y nosotros tenemos el hogar. El hogar es donde brota, donde está la llama viva, y nuestras casas deberían ser hogares donde ardiera el amor a Dios, y el amor mutuo, y el amor a los pobres, y el amor a los extranjeros, y el amor a los necesitados; pero sobre todo, amor a Dios y amor al prójimo.
El hogar debería ser la escuela primera del amor y la llama del amor jamás debería extinguirse en el hogar. Pero hay muchas casas que están frías, hay muchos jóvenes que tienen que pasar sus horas delante de una pantalla de televisión, o que intentan encontrar calor de afecto a través de una conversación por el teléfono celular, o por el "chat" en Internet.
Y es verdad que se pueden encontrar algunos buenos amigos y es verdad que estos servicios de la tecnología también pueden, en cierta medida, brindar algunas luces, pero nada puede reemplazar el abrazo de papá; nada puede reemplazar el corazón y la sonrisa de mamá; nada puede reemplazar el sabernos aceptados y amados en nuestro propio hogar. ¡Y esto está faltando en muchas familias!
Por eso es maravilloso que la palabra de hoy nos está diciendo que Dios conoce ese dolor que tal vez tú llevas dentro. Mira lo que encontramos en este pasaje: “No tendrás que llorar. Se apiadará el Señor a la voz de tu gemido, apenas te oiga te responderá” Isaías 30,19. ¡Ésta es la palabra del Señor para hoy, mira, sábado de la primera semana de Adviento! Aquí estamos, esa es la fiesta de hoy, esa es la Misa de hoy, estas son las lecturas de hoy. Son una carta de amor para ti, querida niña, querida joven, querido joven.
Mira: “No tendrás que llorar. Se apiadará el Señor a la voz de tu gemido; apenas te oiga te responderá” Isaías 30,19. Y en estas palabras hay un doble compromiso, mis hermanos. Por una parte, está el compromiso que asume el Señor, hoy el Señor se compromete contigo a responder a tu llanto, a tu gemido y a tu dolor.
Hoy el Señor te está diciendo con la seriedad y con la firmeza que únicamente tiene su palabra, el Señor te está diciendo: "Me comprometo contigo a estar cerca de tu llanto, a estar cerca de tu dolor". ¡Pero cuidado! Aquí también hay un compromiso para ti, ¿lo descubres? ¿Te has dado cuenta que aquí también hay un compromiso para ti?
Vuelvo a leer, tú eres muy inteligente y quiero que tú lo descubras antes de que yo lo diga. Aquí se compromete el Señor, pero aquí también tú te comprometes. Vuelvo a leerte ese pedacito de Isaías, capítulo treinta: “No tendrás que llorar, porque se apiadará el Señor a la voz de tu gemido, apenas te oiga te responderá” Isaías 30,19.
Hay un compromiso grande de parte de Dios, pero también hay un compromiso que te queda a ti: tienes que llamarlo, apenas te oiga te responderá. El Señor te está diciendo: "¡No sufras en silencio!" El Señor te está diciendo: ¡Clama, hermano, clama!" El Señor tiene que oírte.
Uno de los pasajes impresionantes en la Escritura, mis hermanos, es aquel en el que Dios, por el ministerio de su Santísimo Hijo Jesucristo, sana a un mudo y era, dice la Escritura, era un "demonio mudo". El demonio tenía amordazada a esa persona. Un demonio mudo que no dejaba hablar y sin embargo, con el poder de Jesucristo el demonio es expulsado y la persona puede hablar.
¿Saben que yo creo que nuestra juventud necesita mucha liberación? Bueno, todos necesitamos, pero yo creo que nuestra juventud necesita liberación para que pueda hablar. Apenas te oiga te responderá para que puedas hablar.
Yo no se si ustedes han ido, tal vez sí lo han hecho, han ido a lugares, por ejemplo hospitales, o si no casas de misericordia, manicomios, casas de reposo donde hay personas que están completamente idas, y algunas de estas personas no pueden hablar, pero ¿qué hacen?: Gruñen, gruñen como animalitos.
Y eso está pasando a muchos hoy, a muchos jóvenes les está pasando eso, han perdido la capacidad de hablar, están amordazados, están amordazados por la tristeza, por la confusión. Están amordazados por la vergüenza, por la perplejidad. Están amordazados, a veces, por el demonio. Y así amordazados no saben hablar sino que gruñen, gruñen como bestias feroces.
Por eso nosotros tenemos que tener un gran cuidado con ciertas formas de música y con ciertas formas de celebración pagana en donde se invita a la gente únicamente a que gruña, ustedes saben de qué estoy hablando. Estoy hablando de esa clase de conciertos, llamados conciertos, donde la gente lo que hace es gruñir, gruñen como fieras, ni siquiera cantan, no hay palabra, hay solamente gruñido. Muchos de los cantantes, de lo que a veces se llama rock pesado, rock metálico, ellos mismos también han perdido la capacidad de hablar, están amordazados y lo único que hacen es producir gruñidos.
Yo a veces pensaba que mi conocimiento de la lengua inglesa era insuficiente, y seguro que sigue siendo insuficiente. Yo pensaba: "-Yo no les entiendo porque yo sé poquito inglés", entonces hablé con algunos de los que son nativos, que saben el inglés desde pequeños y les pregunté: "Oye, este cantante ¿qué es lo que está diciendo? Y me dicen: "-No, yo tampoco entiendo nada".
Es que están gruñendo, son como marranos, son como lobos, como fieras. Como preparándose para la posesión. Fíjate lo que dice la palabra: “Dios se va a apiadar a la voz de tu gemido, apenas te oiga te responderá” Isaías 30,19.
Y por eso una de las grandes liberaciones que tenemos que hacer, o mejor, que tenemos que pedir al Señor, una de las grandes liberaciones es: "¡Señor, devuélveme la voz, estoy amordazado! ¡No sé ni que nombre tiene mi tristeza! ¡No sé cómo se escribe mi dolor! ¡No sé cómo puedo quejarme ni ante quién! ¡No entiendo lo que me pasa! ¡No me comprendo a mí mismo! ¿No sabría qué puede hacerme feliz!"
Ese es el primer punto. Y por eso hoy, en todo lo que hagamos, ya se llame teatro, oración, canción, predicación, sanación, en todo lo que hagamos hoy tiene que haber un Espíritu muy fuerte de liberación, muy fuerte, porque hay muchos que están amordazados, hay muchos que están realmente atados, y hay muchos que están tan amarrados, tan atados que ni siquiera pudieron venir.
Primera conclusión práctica para este día basados en Isaías, capítulo treinta, tenemos que suplicar al Señor: "¡Devuélveme la palabra! Haz que yo pueda hablar, dime cuál es el nombre de mi dolor, dime cuál es el nombre de mi soledad".
Fíjate que cuando una persona se siente enferma, una de las cosas que más necesita y que le pregunta con mucha insistencia al médico es: "-¿Yo qué tengo? ¿Cuál es el nombre de mi dolor? "-Tú tienes el síndrome de XYZ, tú tienes una enfermedad que se llama WK45", ¡el nombre que sea! "-¿Cuál es el nombre de mi dolor? ¿Cuál es el nombre?"
Uno necesita el nombre, por algo en el libro del Génesis, Dios le concedió a Adán darle nombre a las cosas. ¿Cuál es el nombre de mi dolor? ¿Cuál es el nombre de mi inquietud? ¿Sabes por qué? Porque a través del nombre nosotros empezamos a tomar posesión de aquello que antes tenía poder sobre nosotros. Desde el momento en el que nosotros le damos nombre a las cosas y las reconocemos, las distinguimos, podemos también aprender a manejarlas, a superarlas.
Tú tienes que conocer el nombre de lo que hay en ti, y ese nombre a veces es espantoso, y ese nombre a veces nos hace gemir. Cuando nosotros hacemos ese ejercicio y descubrimos que el nombre de nuestro dolor es, por ejemplo, la palabra soledad y nosotros no queremos sentirnos solos, y por eso nos rodeamos de ruido a todas horas.
Vivimos rodeados de ruido: todos los aparatos encendidos, los dos celulares encendidos, el BlackBerry con el chat encendido esperando a que suene el pitico, el pitico del BlackBerry que me dice: "¡Uy, existo! ¡Existo, alguien pensó en mí!"
Por eso consultamos el correo electrónico, algunos de nosotros, tres, cuatro, cinco, doce veces al día. Y hay gente que se despierta en la noche y va para el baño y primero mira el correo a ver si hay algo escrito. "¿Será que todavía existo? ¿Cómo es que es mi clave?" Porque necesitamos existir. El nombre de mi dolor es "soledad", y eso lo hace gemir a uno. Pero fíjate lo que dice Isaías: “el Señor se apiadará a la voz de tu gemido” Isaías 30,19.
Y te voy a contar algo más hermoso sobre ese gemido, ese gemido, ese dolor, el gotear de tu llanto no es solamente tuyo, contigo llora el Espíritu Santo, contigo gime el corazón de Dios. Fíjate lo que nos dice el Apóstol San Pablo en su Carta a los Romanos: “Nosotros no sabemos orar. El Espíritu Santo viene en nuestra ayuda y con gemidos inefables, con gemidos inefables ora en nosotros” Carta a los Romanos 8,26.
Y esos gemidos inefables los necesitamos hoy aquí. Necesitamos que el Señor con su poder haga una efusión extraordinaria sobre nuestros jóvenes y sobre todos los que estamos aquí, incluyendo este anciano de cuarenta y cinco años.
Necesitamos, necesitamos de esa efusión del Espíritu, pero acuérdate lo que nos dice él: “Apenas te oiga te responderá el Señor” Isaías 30,19. Por eso necesita Él oírte y por eso necesitas tú clamarle al Señor: "¡Dame palabras, dame tu Espíritu para que yo tenga palabras; dame, Señor, de tu mismo llanto!"
Así como la Sangre de Cristo tiene que circular por nuestras venas, y para eso existe la Eucaristía, el llanto de Jesucristo tiene que correr por nuestras mejillas y nuestras lágrimas por sus mejillas.
Tenemos que llorar el llanto de Cristo, y Cristo llora con nuestro llanto, y solamente en ese momento el Señor se hace presente liberando y desatando y uno se lleva la sorpresa más grande de toda la vida: "El que quiso que yo existiera y el que jamás, jamás, jamás me va a rechazar es el Señor!"
Y esa es la sanación de todo rechazo. Mi papá, mi mamá, mis abuelos, mis tíos, mis amigos, todos de alguna manera colaboraron, vamos a decir, con que yo existiera, pero el que quiso que yo existiera se llama mi Padre Dios. Fue mi Padre el que quiso que yo existiera, y por consiguiente, con Él, con Él, con mi Papá Dios, con mi Padre Dios tengo la gran deuda; a Él me debo, lo demás si está es maravilloso, y si no está me da dolor, pero no me destruye.
¿Qué dice el Salmo: “Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha; a ti no te alcanzará” Salmo 91,7. Hoy el Señor te da un fundamento firme, hoy el Señor te está diciendo que tú vas a tener ese cimiento, vas a tener ese piso que nadie te puede quitar, porque ¿quién puede quitar que Dios es tu Padre? ¡Nadie! Eso no te lo ha dado el mundo, y lo que el mundo no te ha dado ¡el mundo no te lo puede quitar. Nadie te lo puede quitar. Él es el fundamento en tu vida. Tu Padre Dios es el fundamento en tu vida.
¡Qué pasaje impresionante el que tenemos en el capítulo catorce del evangelio según San Marcos! Cuando Jesús se enfrenta, mirando a la cara se enfrenta a las horas de su Pasión y se da cuenta, con un realismo sin igual, qué es lo que se viene encima y dice abiertamente a sus Apóstoles: “Ustedes también me van a abandonar; pero no estoy solo, el Padre está conmigo” San Juan 16,32.
Toda la solidez de Jesucristo, toda la entidad de su ser, toda la fortaleza admirable de su Pasión, toda la consistencia de sus respuestas, todo el valor de su sacrificio, todo proviene de un solo hecho: "El Padre y yo somos uno. ¡A mí nadie me mueve de mi Padre! ¡A mí nadie me separa de mi cimiento! ¡A mí nadie me corta de mi raíz! En Él estoy porque Él me ha amado, porque Él me amó desde antes que yo existiera. Y por eso, soy invencible".
Las palabras de Isaías son para ti en este día: "Ya no se esconderá tu maestro, tus ojos verán a tu maestro, si te desvías a la derecha o a la izquierda, tus oídos oirán una palabra a la espalda: Este es el camino, camina por el" Isaías 30,20-21.
Esto ya es cuando tú has hecho pacto con el Señor. Esto es cuando ya tú has descubierto ese cimiento del que estamos hablando; cuando ya tú tienes ese cimiento, entonces ya tú ves a tu Maestro, que ciertamente se hizo visible en la persona de Jesucristo: "Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Si yo, que soy el Maestro y el Señor os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros".San Juan 13,13-14.
El Maestro se hizo visible en la persona de Jesucristo: "Me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy" San Juan 13,13. Y en otro pasaje dice Cristo: "Uno solo es vuestro Maestro, Cristo" San Mateo 23,10. Él es el Maestro. ¿Y por qué insisto en esto de ver al Maestro? Porque en todas las edades, pero especialmente en la juventud, nos salen muchos maestros, muchos.
Y yo les digo una cosa: yo no pienso que nuestros jóvenes sean malos, puede que haya algunos que sean malos de corazón, tal vez. Yo lo que creo es que la mayor parte están confundidos, están desorientados, o están distraídos o están medio dormidos. ¿De dónde viene esta perplejidad? De tantos maestros que les salen.
Es que yo digo ser joven hoy es muy difícil, muy complicado. Muy difícil ser joven hoy, muy difícil, entre otras cosas porque le salen muchos maestros, muchos maestros y muchas maestras y todos presentan distintas credenciales y todos le dicen a uno: "Echa para acá, venga para acá", todos dicen: "Sígueme a mí".
Entonces, por ejemplo, aparece una maestra, una maestra puede ser una gran cantante que tiene éxito, que se gana todo el dinero del mundo, que tiene todos los hombres a sus pies, que gana premios, que sale en festivales. Y esa gran cantante está diciendo con su cuerpo, con su sonrisa, con su plata está diciendo: "¡Muchachas, venid tras de mi!" Esa es una maestra.
Y entonces muchas jóvenes dicen: "Sí, sí, ¡ay, si yo fuera así! Si yo aprendiera a cantar así, si yo aprendiera a bailar así, si yo hiciera eso". Y se convierte en una maestra y se convierte en una referencia. Y luego salen las actrices, las actrices que ganan millones y millones de dólares, las actrices que tienen las grandes mansiones, las actrices que salen en todas las portadas de las revistas, las actrices que tienen los mejores vestidos, las actrices que marcan la pauta.
Las actrices que luego se besan con otras actrices, y entonces las niñas dicen: "Ay, sí, entonces debe ser que debo aprender a besar a mi vecina, porque si yo no beso a otra mujer, entonces quiere decir que estoy out, entonces tengo que aprender, ¡huy, pero “guácala”! Pero tengo que aprender".
Actrices, actrices, esas actrices se convierten en maestras, y esas maestras están diciendo: "¡Imítame! ¡Imítame!" Y Entonces las niñas no saben qué hacer: "Sí, sí, la tengo que imitar". Son maestros, maestros y más maestros.
Y luego entra uno a la universidad y la confusión es peor porque entonces salen los grandes catedráticos, gente muy ilustre, con muchos doctorados y que hablan tres y cuatro idiomas y escriben artículos en revistas prestigiosas. Y uno es un alumno tímido, por allá sentado, tratando de tomar apuntes y tratando de que no se pierda la plática que el papá pagó en esta universidad tan cara. Y entonces dice el elegante profesor paseándose, zapateando duro.
Y dice el gran maestro: "¿Ustedes son todavía de esos que conservan los atavismos del catolicismo? ¿Ustedes siguen todavía con la historia esa de que la Virgen y los primeros viernes y toda esas prácticas represivas de una institución repugnante que persiguió a Galileo, que además a través de la Inquisición torturó a millones de personas, que se ha opuesto siempre al progreso? ¡libérense de eso!
Y el muchachito por allá sentado, tomando apuntes: "Mi maestro dice que tengo que liberarme, ya no puedo volver a Misa. Según eso, me tengo que volver homosexual; segundo, no volver a misa; tercero..." Le salen todos los maestros, le sale la cantidad de maestros, y entonces la gente se confunde. Como dijo la reina de belleza: "Entran en la religión de Confucio, que fue el que empezó la confusión, sobre todo la confusión entre las Chinas, ¿no?
Oiga, y entonces le salen a uno la cantidad de maestros y finalmente los jóvenes no saben qué hacer. Entonces llegan de la universidad donde el gran maestro les demostró que Dios no existe, que la Iglesia es una porquería, que la Biblia es un libro de violencia.
Salen con la cabeza que les revienta, llegan a la casa y le saluda la mamá: "-Mijito, ¿cómo te fue hoy? Figúrate que tenemos una Misa". Y el niño mira: "-Mamá, mmmm, ¡bueno, vamos a la Misa! Porque, ¿como le digo a mi mamá que no voy a la Misa?" Entonces van a la Misa, y llega a la Misa y no cree en nada en la Misa y se complican y dice: "¿Cuándo llegará el día en que yo por fin deje la Misa y sea libre?"
Son confusiones sobre confusiones, maestros y más maestros. Los científicos los filósofos, los escritores, los artistas, los políticos, ¡hasta el indio amazónico! Todo el mundo quiere organizarle la vida a uno. Todo el mundo quiere gobernarlo a uno: "Haga esto, tómese esto, vístase así, párese así, siéntese así. No coma tanto que se está engordando, no deje de comer que está anoréxico". Al fin ¿qué hago? ¿Como o no como? ¿Qué hago?"
Los científicos mismos no se ponen de acuerdo: "-Si sigue tomando tanta azúcar va para diabético". "-Ah, entonces páseme ahí el endulzante..." "-¡le va a dar cáncer!" "-Entonces no como nada". "-¡Se va a morir!" "-Entonces sí como" "-¡Se va a intoxicar"! Si como me intoxico muerto de cáncer, y si no como me muero de inanición y de desnutrición y no sé cuántas cosas.
Entonces los jóvenes van por la vida así, todos despistados y por eso tienen así cara como de anoréxicos. Hay una cantidad de muchachitos que lo miran a uno así como con desconfianza y la única solución, la única esperanza es volverse “Emo”. Lo único que queda, empezar a dejarse crecer el copete. Yo me estaba dejando el copete, pero no, no me funcionó, no se qué falló exactamente, no lo tengo claro.
Pero yo me iba a dejar el copete, y a poner cara de amargado, y así vestido de negro, y que le pregunten a uno: "-¿Y tú qué, qué, cómo estás?" Y uno responde: "-¿Que, qué? Como domingo por la tarde, hermano, mal, mal". "-No, yo también estoy llevado". -¿Y tú qué?" "-No, yo también en la inmunda, ?y tú qué?" "-Mal, mal". Esas son las conversaciones de los Emos, ¿no?: "Usted ¿cómo está?" "-Mal". "¿Quiere que le ayude, hermano?" Pero le ayuda a sentirse mal, ¿no?
Y la gente entra en depresión, pero detrás de esa depresión lo que hay es una confusión tenaz, pero una confusión brutal, la gente no sabe que música oír; los amigos le dicen una cosa: "Mire, oiga esto hasta que se le reviente el tímpano". Luego llega allá a la casa y el papá le dice: "-Mijo, usted no ha aprendido a gustar la música clásica, usted no sabe quién es Mozart". El muchacho responde: "-Papá, ni sé quién es Mozart ni me importa, porque usted también desconoce la música que yo escucho".
Es eso, que tienen muchos maestros, y entonces la gente intenta apoyarse en muchas cosas distintas: "A ver, si yo hago esto, si hago esto otro..." Pero en el fondo hay una gran perplejidad, y hay una gran tristeza, y hay mucho miedo.
Fíjate la promesa que nos da Isaías hoy: "Ya no se esconderá tu maestro. Tus ojos verán a tu maestro" Isaías 30,20. Es la primera vez que yo entro a esta construcción que sigue en proceso pero que ya se ve tan claramente para gloria de Dios. Y estoy feliz de que hayan puesto el cuadro del Sagrado Corazón, el mismo cuadro frente al cual yo pude predicar muchas veces en la sede anterior.
¡Yo qué alegría siento, mis hermanos, de mirar a Jesús y encontrar cada día nuevos motivos para admirarle, para amarle, para creerle y para confiar en Él! Yo miro a Jesús, miro su estilo y sus palabras, miro sus ojos y sus manos, miro sus palabras y su bendito corazón, y cada día puedo decir: "Ése es mi Maestro y Ése se merece todos los aplausos! ¡Él, Él se lo merece!"
Tus ojos, tus ojos verán a tu Maestro, y una vez que tú has visto a tu Maestro y una vez que tú empiezas a escuchar la voz de tu Maestro, ya es muy difícil confundirte porque ya tienes la voz del Maestro que te está hablando, la voz del Maestro que te está defendiendo.
Mira lo que dice Isaías: "Si te desvías a la derecha o a la izquierda tus oídos oirán una palabra a la espalda: éste es el camino, camina por él" Isaías 30,21. El joven que se une a su Maestro, el joven que descubre al verdadero Maestro, la persona que descubre al divino Maestro ya no se deja convencer por otros maestros.
Ya pueden venir los espiritistas a echarme historias, ya pueden venir predicadores de sectas extrañas, ya pueden venir los artistas y los evangelistas del dinero y del éxito y del placer y me echarán largas historias: "Mira que si haces esto tendrás y no tendrás..." Pero aquél que conoce al Maestro, apenas intenta desviarse un poquito, Jesús es celoso de lo suyos, Jesús es celoso.
Jesús sabe tu cuánto vales, porque ¿sabes cuánto vale,s hermano? Vales Sangre del Hijo de Dios, eso es lo que tú vales. Tú le costaste Sangre a Jesucristo y Cristo sabe el precio de su sacrificio aunque tú tal vez no lo sabes todavía. Cristo sabe el precio de su sacrificio y Cristo defiende a los que son suyos.
Y por eso Cristo con su voz poderosa, Cristo con su voz bendita y clara, Cristo te dirá: "-No, por ahí no es". "-¡Ay, pero es que todas mis amigas! ¡Ay, pero es que, es que la cantante de moda". "-¡Que no!" "-Ah, bueno, perdón, perdón". ¡Ya! Cristo te libera de los lobos vestidos con piel de oveja, Cristo desenmascara las mentiras del mundo. Ser joven no es tener derecho a pecar, es tener derecho a ser santo. Eso es ser joven.
¡Ser joven es tener derecho a ser santo! No existe, mis hermanos, no existe el derecho a pecar, eso no existe, existe el derecho a la santidad. El derecho a crecer, el derecho a ser sano, el derecho a iluminar, el derecho a tener paz, el derecho a dormirse con la conciencia tranquila y despertarse con una sonrisa de alabanza. Ese es el derecho que tú tienes. Entonces hay que oír, "este es el camino, camina por él" Isaías 30,21.
Un último comentario, porque si tomáramos todos los versículos, les cuento que aquí teníamos para todo el día, con solo este pedazo, con solo este trozo de Isaías, capítulo 30. Y ahora ustedes me comprenden por qué les digo que el Adviento es mi tiempo favorito. Porque aquí está lo que es la vida humana en el estado presente, el estado futuro lo anuncia mejor la Pascua, pero el estado presente lo cuenta mejor el Adviento.
Último comentario: "Aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada. Ya no se esconderá tu Maestro" Isaías 30,20. Esta partecita no la había leído antes. Ese aunque, "aunque el Señor te dé el pan medido y el agua tasada" Isaías 30,20.
Porque tenemos que evitar una tentación que nos acecha también a nosotros los cristianos y es la tentación de creer que cuando nos mudamos al estilo de Jesucristo van a desaparecer los problemas para siempre y uno solo va a tener abundancia y soluciones y más soluciones. No, uno va a tener también problemas, y también dolores, y también enfermedades, y también limitaciones.
Gracias a Dios hoy pude llegar temprano y me gocé el recorrido por estas instalaciones, de arriba a abajo, me fui hasta la azotea, volví. Bueno, y los comentarios que hacían los servidores de María Santificadora eran estos: "El Señor nos ha ido dando paso a paso". Esta obra no se hizo ni se está haciendo con una chequera que tiene de a mil millones, dos mil millones, cinco mil millones y diez mil millones.
¿Cómo se está haciendo esta obra? Como dice aquí: "Con el pan medido y con el agua tasada"Isaías 30,20, así se está haciendo esta obra. O sea que, por favor, nadie piense que creer en Dios es como una especie de acto de fantasía y de magia que va a hacer que uno no pase privaciones ni tenga limitaciones.
Bendita la memoria de Gloria de Gómez, bendita la memoria, tantos de nosotros que la conocimos, creo que nos consideramos amigos de ella, ver a una persona tan llena de Dios y de la visión y el horizonte de Dios, sufriendo tanto. Porque el camino de Gloria fue ese, –y aquí hay muchos que la conocieron y que saben que estoy diciendo la verdad-, el camino de ella fue ese. Es en la limitación, y es en la incertidumbre, y es en el cuestionamiento, y es en el ataque, a veces ataques visibles y a veces ataques invisibles, a veces traiciones de personas que no se esperaba ella.
Esa es la vida cristiana, y es la enfermedad al final, y aunque ella con cristiana resignación abrazó al final su cruz y la aceptación para ir a la pascua eterna, ¿cuánto le costó ese último abrazo? No nos digamos mentiras, ¡le costó muchísimo! Porque ella quería ver esta obra, porque ella quería seguir caminando, porque ella quería seguir sirviendo, y Dios da las cosas, sí las da, pero a veces la da "pan medido y agua tasada", y Dios sabe por qué obra así y Dios sabe por qué da la medida que da.
¿Esto por qué lo comento? Para que tengamos una convicción, mis hermanos: el Señor va a estar con nosotros y Él va a ser nuestro fundamento firme y Él va a ser nuestro único maestro y nuestro guía, Aquél que nos dice con su voz majestuosa a espaldas nuestras: "¡Cuidado, no te vayas a la derecha ni a la izquierda!"
Pero ese mismo Señor sabe qué es lo que tiene que darnos y Él, como dice el Padrenuestro, nos da el pan de cada día, Él sabe lo que tiene que dar. Y siempre la tentación de uno es la que tuvieron los israelitas cuando el maná, ¿te acuerdas lo del maná? ¿Te acuerdas lo que pasaba? Dios les dijo: "Les voy a dar lo de cada día, pero hubo unos cuantos de la tribu de la avispa, o sea ¿los que? ¡Los avispados!, ¡la tribu de la avispa!
Te noto lento, hermano, te noto un poquito lento. Les digo la tribu de la avispa y ellos dicen: "Sí claro, debe ser como la tribu de Neftalí" O como predicaba un padre, que de qué tribu eran los ladrones: "De la tribu de Isacar".
Entonces, yo les digo que la tribu de la avispa y se quedan: "sí, sí, debe ser que ha de haber una tribu de la avispa, con tanta cosa rara que ha salido ahora, debe haber una tribu de la avispa". Entonces los de la tribu de la avispa, o sea los avispados, ¿cierto? Los que se creen muy astutos, entonces dijeron: "Pues aquí está cayendo el maná dizque que para cada día, pero por si acaso, venga, yo recojo más". Y sin embargo, a los que más recogían, se les acababa más rápido y les duraba lo mismo entonces que a los otros.
Dios sabe cómo le va dando a uno. Dios va a ser tu sustento, Dios va a ser tu guía, Dios te recibe hoy, Dios se compromete contigo, Dios te abraza y te ama pero es Él el Señor, el Señor es Él, y Él es el que sabe qué tiene que darle a cada uno en qué momento. Eso se llama la Providencia de Dios. Dios es providente y eso literalmente significa “el que ve adelante”, "el que sabe lo que sigue", entonces Dios en su providencia sabe cómo te va llevando, cómo va llevando tu juventud, cómo va llevando tu infancia, Dios sabe qué te ha dado, Dios sabe que te va a dar. Ten confianza en Él.