V016005a
Fecha: 20101204
Título: Podemos tocar lo mas profundo de los corazones de nuestros hermanos si aprendemos a comprender sus necesidades y hacer algo por ellas
Original en audio: 4 min. 7 seg.
Decididamente, la palabra clave durante el Adviento es la palabra esperanza, y hay tantas maneras de cultivar y de ayudar a crecer la esperanza; por ejemplo, el anuncio de un bien futuro o también, el anuncio del final de un mal presente.
La persona que tiene una enfermedad, seguramente siente alegría anticipada cuando le dicen que se ha encontrado un remedio para eso que le aqueja; la persona que está pagando una hipoteca costosa, siente esperanza cuando ve que va llegando el final de esos pagos.
Así también, en el capítulo treinta del profeta Isaías, nos encontramos con un mensaje de esperanza que viene del Dios que quiere consolar a su pueblo, es el Dios que de muchas maneras le dice: “Tu llanto no se ha perdido, tus lágrimas son preciosas ante mis ojos”.
Y es muy bello ver que este Dios tiene como fuerza la compasión, su poder y su misericordia van juntos, esto no es tan frecuente. Más bien lo que encontramos muchas veces en el mundo, es que los fuertes no son compasivos y los compasivos no son fuertes; y como los poderosos suelen carecer de compasión, entonces el mundo se vuelve un lugar muy difícil para los débiles; y como por otra parte, los que tienen compasión no suelen capacidad de influencia, capacidad de hacer algo específico por los demás, entonces todo se les queda en buenas intenciones.
Pero el Dios nuestro es un Dios compasivo y poderoso. Su fuerza es su misma misericordia y su misericordia es del tamaño de su poder. Este Dios compasivo es el que se anuncia en el Adviento, y este Dios compasivo es el que hemos visto aparecer en Nuestro Señor Jesucristo.
Es lo que nos cuenta el capítulo noveno de San Mateo, cuando Jesús habla de la compasión que siente por aquellas multitudes necesitadas.Jamás debemos olvidar que los milagros de Cristo no son expresiones de una fuerza de concentración mental, son expresiones de un corazón que ama; la gran fuerza de Jesucristo es el amor, la gran fuerza de Jesucristo es la compasión.
Y hoy nosotros somos invitados a encontrar esa misma fuerza, hoy somos invitados a descubrir que también nosotros podemos tocar lo más profundo de los corazones de los hermanos si aprendemos a comprender sus necesidades y hacer algo por ellas.