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Fecha: 20041204

Título: La misericordia y la concupiscencia

Original en audio: 22 min 17 seg.


Amados Hermanos:

La palabra que se repite, en las dos lecturas que hemos escuchado, es la palabra compasión. Dios que muestra su compasión al pueblo de Israel que sufría el destierro, Dios que muestra su compasión a los enfermos, los leprosos y los posesos, de acuerdo con las palabras del Evangelio que oímos. La compasión de Dios es universal, inmensa, profunda, irreversible, incomparable.

Es muy importante aprender a ejercer la compasión de Dios, porque la compasión de Dios es el infinito de Dios que mejor podemos imitar. Dios es infinito de muchas maneras: Dios es infinitamente sabio, Dios es infinitamente fuerte, Dios es infinito en sus años, por que es eterno, Dios es infinito en su extensión, porque está en todas partes, Dios es infinito en muchas formas.

Pero yo no puedo imitar a Dios en su sabiduría, porque mi conocimiento, sin duda, es muy pequeño comparado con lo que Dios sabe. Yo no puedo comparar el poder de Dios con el mío, porque lo que Él puede es incomparable con lo que yo puedo.

Yo no puedo compararme en la extensión, porque apenas ocupo un poco de espacio, no estoy en todas partes, no estoy en todos los años, no pertenezco a todos los siglos. En esas cosas yo no puedo imitar a Dios que es infinito. Pero hay un infinito en el que sí yo puedo imitar a Dios: el infinito de la compasión.

Si yo quisiera crecer y crecer en sabiduría, ¿qué tendría que hacer? Tendría que estudiar y estudiar muchísimo, pero esa es una batalla que está perdida desde el comienzo. Porque el tamaño del conocimiento es tan y tan grande, y aumenta de tal manera que, mis queridos hermanos, a estas altura de la vida, creo que no haya una persona que diga: “Yo sé todo lo que se puede saber”, no digo yo de la medicina, sino de una sola especialidad de la medicina.

El conocimiento del pensamiento humano es tan veloz, que solamente un loco podría decir: "Yo sé todo lo que se puede saber". Es una batalla que tenemos perdida desde el comienzo. Ahí no podemos alcanzar a Dios nunca, así nos pusiéramos a estudiar mañana, tarde y noche.

Seguramente nos volveríamos locos, pero no nos volveríamos tan sabios, ni una pizca de lo sabio que es Dios. En cambio podemos crecer en el infinito, en el infinito del amor, en el infinito de la compasión. ¡Qué bello es que yo puedo sentir amor, y puedo sentir ternura, y puedo sentir compasión por todo ser humano! En eso sí que puedo parecerme a Dios.

El que quiera competir con Dios estando en todas partes, se volverá loco y no lograra nada; el que quiera vivir miles y miles de años lo trataremos como loco también, eso es imposible; el que quiera ir al gimnasio todos los dias para ser tan fuerte como Dios, lo trataremos como a un iluso. En cambio, el que quiera crecer en el amor, el que quiera compadecerse de sus hermanos, en eso sí puedo imitar a Dios.

Puedo sentir compasión del niño que no ha nacido y que es amenazado de aborto; puedo sentir compasión por el anciano que se queda solo, por el joven que esta desorientado, por los esposos que no logran tener hijos, por el extranjero que no tiene ni familia, ni amigos.

Puedo sentir compasión por los difuntos por los que tal vez nadie ora; puedo sentir compasión por el Papa, por los sacerdotes, por los pastores, por los misioneros, por los catequistas, por todos los que sirven en la Iglesia; puedo sentir compasión también por los niños y por los profesores.

¡Es maravilloso! Si quieres un camino extra rápido, si quieres un camino maravilloso y corto para parecerte a Dios, cultiva la compasión que te hace semejante a Dios. Sentir misericordia de todos los seres humanos, sentir amor por todos los seres humanos.

Hay muchas maneras de crecer en la compasión, incluso las mismas cosas que a veces son estorbo para nuestra fe, esas mismas cosas pueden servirnos para crecer en compasión.

Me explico: a veces la televisión puede servir para que nosotros nos apartemos de Dios, pero si yo miro en las noticias que lamentablemente hay una tragedia invernal y una serie de tormentas en el Pacifico, que han causado centenares y centenares de muertos, en las islas Filipinas, yo puedo sentir misericordia por esas personas.

Desde luego, eso exige que después de mirar el noticiero, yo apague la televisión y ore por esas personas y por sus familias. Puedo utilizar la televisión de esa manera, puedo utilizar la Internet de esa manera, puedo utilizar la publicidad también de esa manera.

La próxima vez que veas un aviso indecente, hay tanta publicidad indecente en las calles, obviamente, no nos vamos a fijar en eso ni nos vamos a dejar llevar por la concupiscencia. Pero cuando vemos a una pobre jovencita mostrando casi toda la extensión de su piel para hacerle propaganda a cualquier cosa, tú también puede sentir misericordia por ella, no te dediques solamente a juzgarla, también puedes sentir misericordia por ella, puedes orar por ella.

El mundo puede tratar de llenar su mente de pecado, pero tú puedes llenar al mundo de misericordia, y a ver quién gana.

El mundo intenta llenar tu mente de una cantidad de basura y de una cantidad de cosas que no necesitas, de imágenes obscenas, de vulgaridad, de superficialidad. Sí, el mundo intenta eso, pero tú puedes ora por eso. ¿Qué impide que tú ores por esas personas?

Este es un recurso extraordinariamente valioso para cultivar la caridad, la fe y la pureza y la caridad. Es imposible sentir algún deseo impuro por una persona de la que realmente nos compadecemos.

Es lo mismo que sucede cuando vamos por las calles de nuestra ciudad y vemos personas que se prostituyen, a veces mujeres, a veces hombres disfrazados de mujeres, a veces transexuales o travestis. Uno podría tal vez sentir concupiscencia por alguna de esa personas, pero uno puede también sentir lástima compasión.

¿Dóde esta el papá de ese muchacho o de esa mujer? ¿Dónde esta esa viejecita? No estará esa mamá en algún rincón del Paraguay, Argentina, Brasil o Perú llorando con tristeza por su hijo que tal vez pronto muera de SIDA?

Entonces, todo lo que yo miro, todo lo que yo encuentro en la calle, todo lo que yo leo en el periódico, todo lo que veo en televisión o Internet, todo lo puedo volver compasión.

Y así es como miraba Cristo. Por eso la mirada de Cristo es tan pura, porque delante de la mirada de Jesús iba la misericordia, y el que pone por delante la misericordia no peca. La prostituta, que pretende exhibirse delante de mí y lo único que encuentra delante es la misericordia, no lograra nada. La misericordia es un instrumento precioso para transformar la vida de las personas. Es muy fuerte, es muy grande y nos hace muy semejantes a Dios.

Yo nunca podré tener ni la millonésima, ni la trillonésima parte de lo que Dios sabe. En cambio sí puedo llenar mi corazon de amor por todo lo que Dios ama. Y el amor, esa misericordia, esa compasión me da también la luz para saber cómo acercarme a las personas. El amor me da el lenguaje para hablarle a las personas. El amor es creativo.

El amor es creativo, el amor se atribuye a la tercera Persona de la Divina Trinidad, al Espíritu Santo, cuyo nombre es precisamente Amor.

Llevar una vida en el Espíritu es llevar una vida en el amor. De manera que mientras mayor sea la compasión en mí, mayor será la gracia del Espiritu Santo. Este es un modo muy bueno de crecer en los carismas, es decir, crecer en el amor.

Por eso dijo San Pablo, que sí, que hay muchos carismas, "pero les voy a enseñar un camino mejor" 1 Corintios 13,31, y reza allá, en el capitulo trece de Primera Corintios, su famoso himno al amor.

Es muy hermoso ver cuáles son los frutos de ese amor. El amor que llenaba el Corazón de Cristo fue lo que lo hizo capaz de derrotar a la enfermedad, capaz de limpiar la lepra, capaz de derrotar al demonio, capaz de levantar a los muertos. El amor es una fuerza increible. Un corazón lleno de amor es un corazón que ofrece salud, que trae liberación, es un corazón capaz de resucitar muertos.

Hermanos, nuestra vida será radicalmente distinta en la medida en que vayamos conociendo cuán poderoso es el amor. El amor logra cosas increíbles.

Pero, de todo lo que logra el amor, quiero destacar un aspecto del evangelio de hoy. Los Apóstoles nacieron de la caridad. ¿Por qué Cristo tuvo Apóstoles? Porque queria tener más manos. ¿Por qué Cristo tuvo Apóstoles? Porque queria tener más bocas, quería tener más pechos, más corazones, más ojos, más sonrisas; queria tener más canales de bendiciones.

Los Apóstoles nacieron del Corazón de Cristo, los Apóstoles nacieron del mismo Corazón que hizo los milagros, las sanaciones, los exorcismos. Los Apóstoles nacieron del amor de Dios.

Y esto es muy importante para que entendamos cuál es el origen de la vocación que hemos recibido, sin méritos, los obispos, los diáconos, los sacerdotes.

¿Sabes qué es un sacerdote? Es una expresion particular del amor de Dios, y como sacerdote tengo que recordármelo a menudo: yo he nacido del amor de Cristo.

Cristo, para hacerse presente de un modo particular en las asambleas, Cristo, para hacerse cabeza, como quien dirige, como quien lidera, quiso que hubiera apóstoles y luego obispos y sacerdotes. Para eso nos ha creado.

De manera que como sacerdote recibo la misericordia de Cristo que me ha salvado; pero también, a través de mí, Cristo expresa su misericordia hacia el resto de los creyentes amados por Él.

Estoy, entonces, al servicio de ustedes, mis hermanos. Yo soy una creación del amor de Cristo en favor de ustedes. Cada sacerdote ha de pensar eso: "Soy una cración, soy un invento del amor de Cristo. Cristo quería tener más manos, quería tener más bocas, quería tener más ojos, quería esparcir de una manera más amplia la caridad, la misericordia; y para esparcir mejor amor y misericordia, nacieron los Apóstoles.

Nosotros nacimos del mismo Corazón en que nacen los milagros, las sanaciones, las liberaciones. Esto significa que debemos tener para nuestros sacerdotes esa conciencia y esa mirada. Y tambien, por qué no decirlo, esa exigencia.

El sacerdote es una expresion particular de la providencia, de la misericordia, de la caridad, de la compasion de Cristo. Y ustedes, con las potencias de sus oraciones, ustedes pueden modelar los corazones de sus sacerdotes.

Cuando miro mi propia vida utilizo esta comparación, que no sé si la he dicho aqui. Yo comparo la vida mía como sacerdote, la comparo con un tejido. En la tela normalmente hay hilos que van de arriba abajo, hilos que van de izquierda a derecha.

Entonces yo también digo que yo soy un tejido con hilos que van de arriba abajo, e hilos que van de un lado a otro. Los hilos que van de arriba abajo son los canales de la misericordia de Dios, y los hilos que van de un lado a otro son las oraciones que ustedes, mis hermanos, hacen por nosotros.

¿De qué esta hecha el alma de un sacerdote? Está hecha de la misericordia de Dios y de las oraciones de la Iglesia. Si llegare a faltar la misericordia de Dios, que no va a faltar, no habría tela, quedaria más bien un hilo suelto. Pero, atención, si llega a faltar la oración de la Iglesia tampoco hay tela, quedan hilos sueltos.

Ustedes, con sus oraciones, completan el tejido del alma de los sacerdotes. Las oraciones de ustedes por sus sacerdotes puede hacer maravillas. ¡Oren con intensidad por sus sacerdotes! ¡Oren con amor por sus nuevos sacerdotes! Oren para que haya sacerdotes santos también en sus familias!

¿Por qué se da el caso, dicho entre paréntesis, de personas que oran: "Señor, que haya muchos sacerdotes santos entre mis sobrinos, vecinos, conocidos"? Pero allá. No, que también los haya en tu casa. ¡Ah, es un desprendimiento difícil!

Yo recuerdo el trabajo, o más bien eso fue un parto que sufrió mi madre. Mi mamá, y ustedes vieran lo piadosa que es mi mamá, ya he hablado de ella en estas reflexiones de estos dias. Qué mujer tan piadosa mi mamá, y sin embargo, cómo le costó el sacerdocio. ¡Ay, Dios mio, qué dolor!

Son dolores que las mamás pueden entender. Yo como no soy mamá a veces no la entiendo. Pero ella sufrió mucho. Hoy se siente muy feliz, habla con mucho amor y gratitud de la vocación que Dios me ha dado, pero le costó años y años.

Pero con ese sufrimiento y con esa ofrenda, que es un amor unido al amor compasivo de Cristo, mi mamá le dio al mundo un sacerdote.

Siéntanse felices las que son o van a ser mamás, de darle al mundo sacerdotes.

Es maravilloso lo que Dios puede hacer a través de los sacerdotes, precisamente porque somos expresiones del amor de Cristo, mas allá incluso de nuestras propias limitaciones personales. Pero no obliguen obviamente a los niños a que adopten ninguna vocación.

Hay un historia muy simpática de esto y se las voy a contar. Hubo una pareja que tenía ya varios hijos y bueno después de un tiempo les nació otro varoncito y ellos tenían como la ilusión de que ese niño fuera sacerdote.

Entonces empezaron a orar para que el niño fuera sacerdote y oraban delante del niño ¿no? Y entonces eso fue muy gracioso porque el niño era pequeño, debería tener como unos siete años cuando sucedió esto.

Y los papás oraban, estaban en un iglesia, estaban los tres y el papa oraba: “Dios mío yo te entrego a mi hijo, (vamos a cambiarle el nombre) Junacito, yo te entrego a Juancito para que sea tuyo Señor, para que sea sacerdote” y la mamá : “Si, Señor, te entregamos a nuestro hijo, queremos que sea sacerdote, queremos un hijo sacerdote y el niño por allá atrás también empezó rezar con sus ojitos cerrados: “Señor, yo quiero ser boxeador”.

Y él primero rezaba en voz bajita, pero como el papá seguía rezando: “Señor danos un hijo sacerdote, él decía más fuerte: “Quiero ser boxeador”. Esta historia es verídica, yo conozco a los papás y conozco al niño. Claro que el niño ya no quiere ser boxeador y quien sabe si termine siendo sacerdote. Todavía es un niño. De pronto hasta termina siendo un sacerdote.

Lo importante es: Mira, es una bendición para tu familia, con sus oraciones tu puedes modelar el corazón de los sacerdotes, tenemos que creer mucho más en la oración nuestra en favor de los sacerdotes. Dios hará conmigo lo que quiera. Pero yo me admiro, en medio de tantos viajes y de tantos recorridos y cambios de alimentación y cambios de clima. Yo me admiro por ejemplo en el solo hecho de la salud.

Yo no veo en mi salud que tenga nada especial en mi cuerpo, yo veo que mi salud Dios la protege muchas veces. Es que no encuentro otra explicación. Hay veces que salgo de donde estoy viviendo, salgo de Irlanda y dejo a los frailes de allá enfermos, que les dieron sus gripas y resfriós y todo porque llegó el invierno.

Y salgo de allá y los dejo enfermos, y llego a otro país y encuentro la gente enferma, y sigo para otra parte y yo digo: “Dios mío, como es así que estoy en distintas partes y la gente enferma y tu me conservas la salud. Me imagino que tu en este momento me quieres en buena salud para que pueda servirte, me imagino yo eso.

Mientras a ti te guste eso, Bendito seas, pero yo veo ahí una señal del amor de Dios. Porque son muchos cambios les repito, de climas, de lugares, de alimentación y de idioma también. De manera, que yo siento el amor de Dios y eso se debe a ¿que? A que muchas personas oran. Muchas personas oran. Yo se que muchos de ustedes oran por los sacerdotes, y oran con nombre propio e incluso: “Señor te pedimos por el Padre Nelson Medina, identificado con el pasaporte 80410095, a mi me gusta que den el número del pasaporte por que creo que así es más seguro, ¿que tal que haya otro Nelson Medina por allá?.

Hermanos, el amor de Dios, ese es el tema de hoy. El amor de Dios, la compasión de Dios. En la compasión me puedo parecer mucho a Dios, muchísimo, en la compasión, en aprender a compadecer, en aprender a sentir dolor del dolor del otro y sentir que el amor puede trasformar a esa persona, ese es el primer punto.

Y el segundo punto fue una aplicación de eso al caso de los sacerdotes. Que Dios Bendiga a nuestras familias, que Dios bendiga a nuestras comunidades, que nos llenemos de entrañas de misericordia y que Cristo se Glorifique en medio de su pueblo.

Amén.