V016002a

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar

Fecha: 19971206

Título: Esperar en Cristo

Original en audio: 11 min. 24 seg.


Entre los muchos bienes que tiene la Palabra de Dios, uno es que esta Palabra se convierte en una escuela de esperanza para nosotros.

La esperanza es una virtud muy extraña. Cuando una persona niega sus problemas y se pone a hablar cosas lindas no decimos que tiene esperanza, sino que es un iluso, por ejemplo, una persona que estè sin trabajo y que se pone a hablar de "cómo vo ya a hacer para cambiar de carro y a dónde voy a viajar en las próximas vacaciones", a una persona así le diríamos: "no sea iluso"

Negar la realidad esa no es la esperanza. Tener esperanza no es eso, pero hay otras personas que son realistas y entonces dicen: "Miren, la realidad en este mundo, es que todos son egoístas, la realidad es que todo tiene precio, la realidad es que todos somos orgullosos y chismosos".

Y va uno a ver y resulta que, efectivamente, el pecado cubre de tal manera, que si vamos a ser realistas pues entonces parece que no quedara espacio para la esperanza.

El realista se burla del iluso y el iluso le huye al realista, ¿cuál de los dos, o de qué manera se podrá ser gente con esperanza? Debe ser algo raro eso de la esperanza, porque el Salmo llama "dichosos a los que esperan en el Señor" Salmo 146,5.

Sabemos que en la Sagrada Escritura esta expresión: "dichosos", sólo se pronuncia cuando se da algo que no se da así no más; "dichosos los que esperan en el Señor" Salmo 146,5.

¿En qué consiste la esperanza? No es negar los problemas, tampoco es quedarse en los problemas. Bien lo dice el Profeta Isaías: "Aunque el Señor les dé el pan medido y el agua tasada" Isaías 30,20.

Yo creo que esa es como la expresión de realismo de la Biblia, la Biblia no es un libro de historietas bonitas sobre cómo podría ser el mundo, si hay un libro realista en esta tierra es la Biblia, ahí está retratado el corazón humano con sus problemas, con sus porquerías, con sus pecados con sus límites, y uno se pregunta: ¿pero entonces, cómo puede nacer de ahí la esperanza?

Una respuesta sería: "bueno, pero es que también hay personas que hacen el bien y nosotros mismos no somos quizá del todo malos". Esa es una buena respuesta por lo menos de un tiempo. Sí, efectivamente, hay personas que hacen el bien, pero eso no da todavía propiamente su fuerza a la esperanza, porque alguien podría preguntarse: ¿y quién me garantiza que es el bien el que va ganar?.

Hay mucha gente que dice mentiras y mucha que dice verdades, ¿quién me garantiza a mi que la verdad es la que va a triunfar? A veces parece que fuera más bien la mentira la que se impone; hay justos y hay injustos, injusticias y justicias, ¿quién me garantiza a mi que al final habrá una justicia?.

Sí, hay papás que son muy tiernos, hay noviazgos muy hermosos, hay hijos agradecidos, hay instituciones bien organizadas, hay personas muy solidarias, hay familias hermosas, ¿pero quién garantiza que será ese tipo de familia, de persona, de institución el que tenga la última palabra?

¿O somos nosotros simplemente gente que apuesta? ¿Es la esperanza una especie de apuesta? Porque ya vimos que en el terreno puramente de las ilusiones no va a nacer la esperanza, y en el terreno del puro y crudo realismo tampoco va a nacer la esperanza.

Una persona que quisiera decir: "Yo sólo me atengo a lo que veo y a lo que compruebo", una persona así no podrá tener esperanza, porque tendría que comprobar que sigue corriendo sangre, sigue habiendo masacres, secuestros, asesinatos, traiciones.

Entonces, ¿es la esperanza como una apuesta? "Le apuesto a las blancas, yo creo que en este partido van a ganar las blancas entonces apuesto a las blancas", ¿es eso la esperanza, una apuesta como en el vacío?

No es eso. Sólo podemos tener esperanza si alguien nos muestra que los mismos males pueden convertirse en caminos para el bien, porque si comprobamos que hay bienes y que hay males y decimos: "¡Ah!, yo voy a esperar, porque hay bienes"; otro me dirá: "¡ah!, pues yo voy a desesperar porque hay males".

¿Y quién me comprueba a mí que van a ganar los bienes? Eso hay veces que uno no sabe, si vamos a hablar de bienes y de males, mire usted cualquier cosa, mire el estado de la familia, mire a la juventud, mire a la niñez.

Va uno por la calle y se encuentra niños jugando con otros niños ¿y en qué consiste el juego? En que el uno saca la patada y le quiebra la mandíbula al otro y el otro saca un revólver y despedaza al otro, y uno dice: "¿Estos son los que van a cambiar el mundo, o estos son la fotocopia la repetición impune, aburrida, asquerosa de lo mismo? No es tan fácil, entonces dice uno: "Pero para eso están los misioneros, los sacerdotes, las religiosas".

Sí, ¿pero quién entre todas esas personas no nos ha decepcionado? Si los mismos sacerdotes muchas veces damos casi más razones de desilusión que de esperanza, sólo se puede llegar a la esperanza si alguien muestra que el mal puede ser transformado en bien.

No basta con que haya bienes, es necesario mostrar que los males pueden convertirse en un camino de bien y esto es lo que hizo Jesucristo y esto es lo que no hace nadie más sino el Señor Jesús, porque otros predicadores o maestros pueden inducirnos a la esperanza a través de mostrarnos bienes; Buda nos puede mostrar un camino hacia la paz, Marx nos puede mostrar un camino hacia el desarrollo, Luther King nos puede dar señales de reconciliación.

Sí, eso es posible pero ¿quién le garantiza a mi corazón que la propuesta de Buda le va a servir a la humanidad? ¿quién me garantiza que la reconciliación de Luther King se va a lograr?

Ninguno de ellos, y ésta es una de las particularidades de Jesús, logró tomar el mal como camino de bien, una mal real y verdadero, auténtico, presente y convertirlo en un bien genuino, aunténtico y presente.

Esta maravilla sólo la econtramos en las Llagas de Cristo; esas Llagas son unos males espantosos, porque son males de injusticia, de crueldad, pero esos males reales y concretos se convierten en bienes concretos, reales y vivos para nosotros; la misma llaga que era una miseria se convierte en una misericordia. Sin la Cruz de Cristo no hay una verdadera razón para esperar, no la hay, no la busque que no la hay.

"¡Ah!, pero es que yo tengo buenos amigos". Si tienes buenos amigos, asegúrate que no vayas a tener grandes traiciones; "¡ah!, es que yo tengo un hogar maravilloso", los hogares son maravillosos hasta que se vuelven espantosos. ¿De quién puede uno fiarse? ¿se va uno a fiar de la carne humana? ¿se va uno a fiar de uno mismo?.

El cristiano tiene esperanza, porque ha visto que una llaga de miseria se vuelve una fuente de misericordia. Nosotros hemos visto que también los males se pueden convertir en bienes y hemos visto que el poder del Espíritu que brota de esas llagas llega a nosotros y nos hace capaces de compartir ese mismo amor que transforma el mal, lo vence y lo convierte en un bien.

Por eso a nosotros los cristianos si que nos caben las palabras del Salmo "Dichosos los que esperan en el Señor" Salmo 146,5.

El agua tasada, el pan medido, la vida estrecha, la existencia precaria tantas razones para dudar, tantas lágrimas por secar y sin embargo dichosos nosotros, porque hemos visto las Llagas de Cristo, porque comemos su Cuerpo, porque comulgamos en su Sangre, porque bebemos de su mismo Espíritu.

¡Sí, dichosos nosotros que esperamos en el Señor!