V015010a
Fecha: 20111202
Título:
Original en audio: 4 min. 7 seg.
El capítulo veintinueve de Isaías es un texto muy hermoso, con un lenguaje poético nos cuenta todo lo que cambia en la vida humana cuando se abre al amor de Dios.
Es un mensaje que necesitamos en nuestro tiempo porque, aunque tal vez no padezcamos los males que Isaías describe ahí, quizás no estamos paralíticos, quizás no estamos cojos, quizás no estamos ciegos, físicamente hablando, pues ciertamente padecemos otros tipos de parálisis, otros tipos de cojera; y tal vez estamos sordos y estamos ciegos al amor, a la alegría, a la paz, a la solidaridad.
Cuando una persona, por ejemplo, dice: "Es que en esta vida todo es plata", ¿qué está indicando con esas palabras? Está indicando su frustración, está indicando que por todas partes lo único que ve es egoísmo; quiere decir que esa persona está ciega, está ciega porque no logra ver los rasgos de generosidad, los rasgos de bondad que existen en esta tierra y que tal vez están muy cerca de eĺ.
Por eso digo que las palabras de Isaías tienen un valor permanente, porque cada uno de nosotros, si revisa su vida, encuentra seguramente: "Estoy ciego en esto, estoy paralítico en esto otro". Por ejemplo, si una persona está todo el tiempo únicamente encerrado en su habitación viendo la televisión o chateando por Internet, no es que eso esté necesariamente mal, pero hay montañas de codas interesante y muy buenas que podrías hacer y que tal vez deberías hacer.
Quizás podrías salir un poco de la comodidad de tu casa, porque muy cerca de ti hay gente que necesita una palabra de consuelo o necesita una ayuda que tú puedes prestar, y no solamente ellos van a ser enriquecidos con esa bondad, sino que tú mismo te vas a sentir extraordinariamente bien, te vas a sentir muy bien porque has producido un cambio, porque has hecho algo bueno por alguien.
Pero mucha gente está como paralítica, paralizados delante del televisor, paralizados oyendo música, paralizados jugando en sus maquinitas o en sus pantallas, en sus distintos aparatos; estamos paralizados, estamos como encadenados, y repito, no es que este mal distraerse un rato, no es que esté mal jugar un rato, pero ¿por qué tienes que estar paralizado? ¿Por qué no puedes ponerte en marcha para servir a otros? Esas son las parálisis que nosotros tenemos, yo creo que todos padecemos de una o de otra forma de parálisis.
Finalmente, con la sordera nosotros podemos escuchar, supongo que muchos o la mayoría de nosotros podemos oír, pero atención, que si no estamos oyendo el dolor de nuestros hermanos, si o estamos oyendo la Palabra del Señor, entonces en verdad estamos sordos, y por eso necesitamos de Jesucristo.
Es muy importante que vivamos este tiempo de Adviento como un tiempo de encuentro, de un anhelo y búsqueda de ese encuentro personal con el Señor. Pero tú solo descubrirás las grandezas de Jesucristo o el poder de Jesucristo, si descubres ante Él, si desnudas ante Él tu ceguera, tu sordera, tu parálisis.
Que sea ese el propósito de nuestro Adviento, y que Jesús se glorifique grandemente en su pueblo.