V015009a
Fecha: 20091204
Título: Con la luz que nos da Jesucristo, descubramos cuales son las cegueras que tenemos
Original en audio: 4 min. 10 seg.
Continuamos nuestro camino por el Adviento y seguimos de la mano de Isaías.
Esta vez es, el viernes de la primera semana de Adviento, y tenemos el capítulo veintinueve de Isaías que nos habla de las promesas de Dios trayendo luz para los ciegos, trayendo oído a los sordos y castigando también a los cínicos, y derribando también a aquellos que creen que saben mucho y que ven mucho.
Ese es el texto de Isaías, lleno de promesas, lleno de esperanza, lleno de anuncio de victoria.
Por su parte, en el evangelio según San Mateo, capítulo nueve, encontramos a Jesús curando a dos ciegos. Es decir, tenemos el tema de la ceguera, que sirve como de puente entre la primera lectura y el Evangelio.
Esto no es extraño en el Adviento. De hecho, lo que encontramos es que resulta relativamente sencillo ver siempre, entre la primera lectura y el Evangelio, ver un puente; por ejemplo hoy, la ceguera.
¿Qué podemos aprender nosotros de esta curación? Por supuesto, podemos descubrir que en Dios hay capacidad para restaurar en nosotros lo que está dañado; también podemos pensar en cuáles son nuestras cegueras.
Hay personas que son ciegas a la bondad; hay personas que son ciegas a la verdad; hay personas que son como ciegas a la hermosura, a la belleza; hay personas que son ciegas para consigo mismas. Por ejemplo, no llegan a conocerse, no llegan a aceptarse, no llegan a reconocer, a veces, los bienes que tienen, o no llegan a reconocer los pecados que han cometido.
Yo me atrevería a decir que cada uno de nosotros tiene alguna forma de ceguera. ¿Estoy exagerando? Quizás no. Quizás todos necesitamos de esa luz que solamente Jesucristo puede darnos.
Y por eso, una de las oraciones más hermosas, más significativas del Adviento es pedirle a Jesús: “Señor que yo vea”, y Él nos va a preguntar, como preguntó a los ciegos, si nosotros creemos que Él puede hacerlo.
Y por eso, este Adviento va a ser también una época, un tiempo para crecer en la fe, para poner más confianza en Jesucristo, para decirle: “Tú puedes mostrarme, tú puedes conducirme, tú puedes guiarme, tú puedes iluminarme”, de modo que aquello que yo no estoy descubriendo, yo lo pueda descubrir.
Pero no se nos olvide, ya para terminar, cómo en el profeta Isaías hay ese otro aspecto de la victoria de Dios. No es solamente curar a los ciegos, es también derribar a los cínicos.
¿Y qué es el cinismo? Es la actitud de aquel que sabe que está obrando mal, pero cree que todo está bajo control. Cree que puede simplemente burlarse de la Ley, puede burlarse de la conciencia, puede burlarse de los principios morales, porque cree que tiene todo bajo su dominio y que entiende suficientemente bien el universo.
Que Dios nos libre de ese cinismo, porque finalmente la victoria de Dios va a ser destruir ese cinismo, ese descaro, esa arrogancia, y al contrario, va a ser luz para todos los que necesitamos ver lo que no estamos viendo, y encontrar lo que seguimos buscando.
¡Feliz Adviento para todos!