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Fecha: 19991203

Título: El poder de la Palabra de Dios

Original en audio: 19 min. 22 seg.


Hermanos Míos:

No cabe duda de que los milagros de Jesucristo, especialmente sus sanaciones, son señales de inmensa esperanza en primer lugar para los que las recibieron, pero luego para todos nosotros. ¡Qué hermosa, qué majestuosa la obra de Cristo cuando devuelve su salud al que estaba enfermo!

Estos ciegos presentaban un espectáculo triste, podríamos decir, lamentable. Seguían a Jesús pero no lo veían, entonces iban caminado dando tumbos, tropezando en todas partes, estorbando a los demás oyendo seguramente reclamos, insultos, improperios. Ese espectáculo Cristo lo termina; esa humillación, Cristo la termina; esa tristeza se acaba cuando aparece Jesucristo.

¿Qué nos dice el Santo evangelio? ¿Cómo fue este milagro? Dice aquí que ellos le dijeron: “Ten compasión de nosotros, hijo de David” San Mateo 9,27, y Él les preguntó: “¿Creéis que puedo hacerlo?” San Mateo 9,28.

Fíjate cómo, con esa pregunta, Jesús está verificando si tienen una luz, que es la luz de la fe. Por la luz de la fe llegaron a la luz de los ojos, y de ¡aquí podemos tomar todos nosotros una enseñanza: Cristo les había otorgado primero la luz de la fe.

¿Por qué ellos seguían a Cristo? Porque tenían la certeza de que en Él estaba su salud, ¿y de dónde les venia esa certeza? Pues de las obras que se contaban sobre Cristo y de la manera en que Cristo hablaba.

A través de su palabra y a través del testimonio de otras personas, Jesucristo les había infundido la luz de la fe y esta luz de la fe les condujo a la respuesta que hemos escuchado: "¿Creéis que puedo hacerlo?" San Mateo 9,28, pregunta Jesús; “¡sí!, Señor”, es la respuesta vigorosa, convencida de ellos. Tienen la luz de la fe. Y Jesús les dice: “Que os suceda de acuerdo con vuestra fe” San Mateo 9,29, y recobraron la vista.

Este es el orden de la sanación: primero la fe, que es la primera sanación porque es la restauración de la unión con Dios en el corazón humano, y después, sobre la base de esa fe, la curación del cuerpo, la curación de los recuerdos, la curación de los proyectos, la sanación de todo lo que Dios quiere hacer.

Podemos extender este ejemplo un poquito más: pensemos en una persona paralítica; en el ejemplo de hoy, los ciegos tuvieron primero la luz de la fe y luego la luz de los ojos. Lo mismo podemos decir de una persona paralítica. Primero, su corazón se pone en movimiento, primero su corazón adquiere libertad.

Cuando ya el corazón no está paralítico entonces el cuerpo se sana de su parálisis; este no es un invento mío. Ustedes recuerdan el caso de aquel paralítico, que lo bajaron quitando unas lozas del techo, en una camilla hasta donde estaba Jesús, porque había tanta gente que no había manera de acercarle el enfermo.

¿Y qué fue lo que hizo Jesús cuando llegó el paralítico delante de Él? ¿Qué le dice Jesús? “Tus pecados te quedan perdonados” San Mateo 9,2.

Jesucristo quita el obstáculo del corazón, sana la parálisis del corazón para que pueda restaurarse la movilidad del cuerpo; quita primero la parálisis del alma y esta sanación interior refluye, se desborda en la sanación física de la persona. Jesús obró muchas veces así, si lo pensamos bien, obró muchas veces así.

Voy a recordarles otro ejemplo: un leproso. Para nosotros la lepra es una enfermedad terrible pero es solo eso: una enfermedad. ¿Qué era la lepra para estos antiguos judíos? Era la señal de la maldición de Dios, especialmente sobre los réprobos, los pecadores.

Era una señal tan manifiesta de maldad que los pobres leprosos estaban condenados a vivir fuera de la ciudad y nadie podía meterse con ellos, mucho menos tocarlos.

Una vez estaba Jesús predicando y se le acercó un leproso, dice la Biblia. Fíjate el orden de los acontecimientos: Jesús estaba predicando, cuando terminó de predicar se le acercó un leproso.

Para nosotros eso es lo mismo decir se le acercó un canceroso, o un tuberculoso, ¿no? Se le acercó un leproso, es un hecho inaudito, que en la mentalidad judía era imposible, el leproso no podía acercarse a nadie.

Jesús, con la predicación, curó de tal manera la sensación de soledad y de exclusión que tenía el leproso, que cuando Jesús terminó de predicar este leproso, venciendo todo prejuicio y contradiciendo toda costumbre, se va donde Jesús.

Primero lo sanó de la exclusión espiritual, primero lo sanó en su corazón, primero le quitó la lepra del alma y después el leproso le dice: "Si quieres, puedes curarme" San Mateo 8,2, y Jesús extiende la mano y toca al leproso, cosa inconcebible, y dice: “Quiero” San Mateo 8,3.

Y con ese "quiero" lo libró de la lepra; pero primero, a través de la predicación le había dado la fe y con la fe el leproso había quitado la barrera de la exclusión de modo tal, que este que había estado excluido, marginado, aislado, tuvo el valor, el arrojo de irse donde Jesús para ser sanado.

¿Qué podemos deducir nosotros de esto? Muchas cosas. Que la Palabra de Dios tiene poder, el Apóstol San Pablo lo dice en el capítulo 10 de la Carta a los Romanos: "La fe viene de la predicación" Carta a los Romanos 10,16.

No espere gran sanación la persona que no acoge la predicación; a través de la predicación Dios hace nacer la fe y desde la sanación de la fe, produce todos los demás milagros, todas las demás obras. Es fundamental la pregunta de Jesucristo ¿Crees que puedo hacerlo?

Primera enseñanza de hoy: la fe viene de la predicación. Segunda enseñanza de hoy: la fe es la primera y fundamental sanación del alma. "Tú eres mi Señor", esa es la proclama de victoria del cristiano; "Tú eres mi Señor", ahí empieza la sanación de la vida, cuando uno dice: "Tú eres mi Señor".

El que no diga eso, no puede esperar que ese Señor tenga poder en su vida; sólo cuando tú le dices a Dios: "Tú eres mi Dios", cuando tú le dices al Señor: "Tú eres mi Señor", en ese momento ¿qué estas haciendo? Le estás abriendo la puerta de tu casa, le estás diciendo: "¡Entra y obra!, y por eso Él entra y obra, porque tú le diste espacio para que obrara.

Pero si tu puerta esta cerrada, si el Señor no es tu Señor, Él seguirá haciendo milagros, sanaciones, liberaciones, en todas partes menos en tu casa, porque si tu casa esta cerrada al Él, no puede Él obrar donde tu lo has excluido.

Por eso la segunda enseñanza de hoy: por la fe le abrimos las puertas a todo el poder de Dios y la fe significa en este caso, profesar, proclamar: "Tú eres mi Señor; te doy autorización de que obres en mi vida, te otorgo ese derecho, por ser creación tuya ya lo tienes, pero como tú me creaste libre, sin mi permiso poco es lo que puedes hacer en mí, por eso te doy permiso, te otorgo pleno derecho, te abro todas las puertas".

"Ven, muestra en mí quién Eres tú”. Esta es la oración que abre el corazón a la fe: "Muestra en mí quién Eres tú. Que en mi puerca, en mi sucia vida, en mi triste vida hoy abierta ante ti, obres tú, Señor, y se vea quién eres tú; muestra en mí quién eres tú".

El que vive esta fe queda sanado interiormente, ésta es la sanación interior; y si está esta sanación interior viene la otra sanación exterior, no sólo en lo físico sino también en lo afectivo, en lo laboral, en tantas otras cosas, la persona queda sana.

De aquí podemos sacar una tercera enseñanza: los milagros de Cristo no son asunto de parasicología; me da ira que se miren los milagros de Cristo como poderes mentales de Cristo, concentración de Cristo; los que pretenden presentar las cosas así, estoy por gritar que son unos malditos, pero como Dios tiene piedad de todos y no se oye bien que un sacerdote grite que son unos malditos, no lo voy a gritar.

Las sanaciones de Cristo no son parasicología. Llámeme a los parasicólogos empezando por JJ Benítez, tráigalo acá, pero no ve que como no va a Misa, mire qué dice aquí, a ver, lea: "Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacerlo?" San Mateo 9,28; "Si, Señor" San Mateo 9,28.

Entonces todos se pusieron en posición de loto, respiraron profundo y se concentraron. ¿Cómo fue esa curación? Vengan los parasicólogos, ¿hubo concentración, meditación? Les dijo Cristo: "En ustedes hay reservorios energéticos; aquí plexo solar, esta no es la barriga, se llama plexo solar, luego corazón, mente, tres centros energéticos; de la sintonía en esos centros energéticos depende que ustedes vuelvan a ver, ¿de acuerdo?"

¿Qué dice el Evangelio? Cristo hizo milagros como para darle risa a los parasicólogos. ¿Se acuerdan cuando hubo un ciego y Cristo escupió en la tierra, cogió saliva con la tierra y se la untó en los ojos, cosa que a uno casi le daría asco? Hizo barro con la tierra y su saliva, y se la untó en los ojos.

¿A qué persona le gusta que le hagan eso? ¿Qué tipo de meditación o de estado mental alfa, beta o gama puede tener una persona para que suceda esa curación? ¿Cuándo terminaremos de entender, manada de torpes que somos, que este es un lenguaje distinto? Esta no es la fuerza de la mente humana, es la fuerza del poder de Dios.

Y el poder de Dios obra allí donde uno tiene fe en Dios, no donde uno tiene fe en los poderes de uno. Todo el mentalismo, toda la parasicología es: "los poderes míos, todo lo que yo pueda". Voy a coger esta llave y la doblo, hasta que la doblan, ahora la enderezo.

¿Ustedes cuándo vieron que Cristo hiciera eso? Cristo ¿Cómo sano a estos ciegos?: "¿Creen que se pueden curar?" "Si" San Mateo 9,28-29, les tocó los ojos, se curaron. El asunto es distinto: Cristo no es un parasicólogo, no es un mentalista, Cristo es un testigo de cuánto nos ama Dios.

Eso es Jesucristo, el testigo que Dios sí te ama; Cristo predica ama, libera, enseña, predica de tal manera que tu vida queda cautivada por el amor de Dios, y tú llegas a creer en Dios; entonces tú dices un día: "Yo quiero que tú, Señor, muestres en mi vida quién eres, muestra en mí quién eres tú, porque tú eres el Señor.

Y esto es lo que transforma las vidas. ¿Por qué leemos esta lectura en Adviento? Porque cuando uno entiende lo que significa esta fe y el poder de la fe, uno entiende también con cuánto amor podemos y debemos esperar a Jesucristo.

Él es el que viene, ¿a qué? A enseñarnos cómo respirar, cómo concentrarnos; no, eso de comer concentrados se lo inventaron para las mascotas. Cristo no comía concentrado, a veces distraído y a veces no comía.

De modo que, Cristo vino ante todo como testigo, como señal elocuentísima, innegable, irrevocable del amor de Dios. Si esa señal tú la recibes y le crees, le das potestad en toda tu vida, en todas la áreas de tu vida, y Él llega y obra; y Él se multiplica en las sanaciones.

¡Qué hermoso que venga a tu vida, qué hermoso que nazca en tu alma! Navidad se está acercando, ya no para nacer en un pesebre, ya no para nacer en Belén; ¡para nacer en ti, para nacer en tu vida, en tu casa, en tu historia! Por eso leemos en Adviento esta preciosa enseñanza.

Al Señor la gloria y la alabanza.

Amén.