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Fecha: 19981204

Título: “Jesus, me encerre porque tenia miedo”

Original en audio: 25 min. 19 seg.


Queridos Amigos

La lectura que nos presenta el profeta Isaías nos habla de dos tipos de ceguera, de dos modos de ceguera, dice él “Aquel día oirán los sordos las palabras del libro, sin tinieblas, ni oscuridad verán los ojos de los ciegos” Isaías 29,18.

Esto puede referirse a los ojos físicos, a la ceguera física, y al final de la lectura que hemos escuchado dice: “Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza” Isaías 29,24.

Esta es la segunda clase de ceguera, la ceguera del alma, la ceguera del corazón, y con el salmo todos hemos dicho: “El Señor es mi luz y mi salvación” Salmo 27,1. Luz que puede devolver la vista a los ciegos.

Luz, que también puede quitar esa otra ceguera del corazón, de la que habla el último versículo de la lectura de hoy de Isaías: “Los que habían perdido la cabeza comprenderán, y los que protestaban aprenderán la enseñanza” Isaías 29,24.

Necesitamos que Dios en su bondad cure esa ceguera, abra nuestros ojos, abra nuestro entendimiento; después, de que Jesús resucitó de entre los muertos se apareció a un par de discípulos que iban camino de una aldea en Emaús.

Ellos habían escuchado predicar a Jesús muchas veces, le habían oído hablar, le habían oído que iba a ser rechazado, le habían oído de la cruz. Jesús, desde muy pronto en su ministerio, habló que Él tenía que ser rechazado, y que Él tenía que pasar por la cruz.

Pero los discípulos no querían entender eso, no querían oír esas palabras; esas palabras no les entraban en la cabeza, y aunque se la habían oído al mismísimo Jesucristo, al predicador de predicadores, a Aquel que es la Palabra misma de Dios, aunque le habían oído a Cristo, no le habían entendido, estaban tapiados, estaban cerrados, estaban sellados por dentro, eran ciegos; aunque, pudieran ver el sol, aunque pudieran ver la luz del día, eran ciegos.

Y nos dice el Evangelista Lucas, en este pasaje de los discípulos de Emaús, que "Jesús, finalmente, les abrió el entendimiento para que pudieran ver" San Lucas 24,31. Oye, ¿hace cuánto tiempo nos están diciendo que Dios ama, que Dios es amor? Probablemente, desde que éramos niños.

¿Por qué no lo entendemos? ¿Por qué no somos capaces de creerlo? ¿Por qué no somos capaces de apoyar nuestra vida sobre ese cimiento? Hay algo duro en nosotros, hay algo terco en nosotros, algo que nos impide aceptar esas palabras.

Algo que hace, que aunque esté brillando la luz de Jesús, nosotros sigamos ciegos. ¿Cuántas veces se nos ha dicho que el camino es el arrepentimiento de los pecados? ¿Qué pasa con nosotros?

¿Por qué tardamos tanto en arrepentirnos? ¿Por qué llevamos listas interminables de los pecados de otros? ¿Y por qué no llevamos conciencia humilde de que todos somos pecadores? Nosotros estamos ciegos, no vemos, y necesitamos que Jesucristo abra nuestro entendimiento.

Por eso, en este momento, es necesario que le pidamos a Dios Nuestro Señor: “Abre el entendimiento, abre mi entendimiento”. En los testimonios que escuchábamos al comienzo de esta celebración, nos decía uno de estos caballeros que él sentía que Dios le hablaba.

Y yo pregunto: ¿qué pasa con nosotros? ¿Por qué dejamos pasar meses? ¿Por qué pasan los años? Somos resistentes, somos duros; pero somos duros para desgracia nuestra, porque Dios no va a perder nada.

Dios no necesita de nosotros, nuestra dureza se convierte en nuestra propia desgracia, y cuanto más duro, más desgraciado; y por eso, hay que pedirle al Señor Dios con estas palabras, y otras parecidas: “Señor, la vida me hizo duro, los golpes de la vida me hicieron callos, soy resistente, soy incrédulo, soy escéptico, soy distante y soy duro, para desgracia mía, soy duro”. Eso hay que decirlo: “Para desgracia mía, soy duro”

Porque si Dios va hacer llover un aguacero de gracias, de amores, de ternuras, y de misericordias; ¿Puede haber alguien más desgraciado que el que entra con paraguas? Si Dios tiene amor, y amor para dar, ¿cómo llamaremos a la persona que tiene paraguas y que no le entra el amor, y que no le llega la ternura, y que no siente el calor? Compadezcámonos de nosotros, porque hemos sido pecadores, y tengamos también compasión de aquellos que están encallecidos.

La vida le sacó callo, y están duros, y están resistentes; pero, Jesús es experto en los duros, en los encallecidos; Jesús es experto, Jesús sabe tratar también esos casos, dos o tres ejemplos que demos de los evangelios, nos lo van a mostrar.

A mí me parece, que tal vez, de las personas más endurecidas eran los publicanos, los publicanos eran los que cobraban los impuestos de parte del Imperio Romano, los publicanos pertenecían a la raza judía.

Pero trabajaban para el imperio invasor, y por eso nadie los quería; ser publicano significaba estar repleto de insultos, de odio, de desaprobación; había gente que no entraba a la casa del publicano.

Y gente que no comía en la mesa del publicano, y gente que cuando veía pasar al publicano escupía en la tierra con desprecio, con ira, con rabia; ahora, llámenme a los psicólogos.

Llámenlos, que vengan los psicólogos aquí, y me digan: ¿en qué se convierte una persona cuando dura años, y años recibiendo insultos, rabia, dolor? ¿Qué clase de fiera se vuelve? Mucho bien nos pueden hacer, y de muchas maneras nos pueden ilustrar.

Pregúntale a un psicólogo si una persona que lleva años siendo odiada por todos sus vecinos, aislada de su familia; si una persona así, que desayuna, almuerza y come insultos, ¿dime si una persona así tiene corazón o tiene más bien un pedazo de hierro sucio?

Pero Jesús no le tiene miedo a esas durezas, y escogió para apóstol suyo, a uno de esos sujetos; un hombre maltratado hasta no más, y con justa causa; un hombre que había hecho daño a otros, y que había recibido mucho daño de los otros.

Llamen los psicólogos, y díganme si es posible hacer algo con una fiera de esas. Jesús pudo hacer algo; y vaya lo que hizo, hizo un santo; y vaya el santo que hizo, un apóstol; y vaya el apóstol, que hizo un hombre que escribió testimonio de la vida de Cristo.

Cuando en la Misa escuches: “Lectura del Santo Evangelio, según San Mateo”, hoy, hemos leído: “Lectura del Santo evangelio según San Mateo”; cuando escuches en la Misa: “San Mateo”, acuérdate, “Mateo, el que era una fiera”.

El que sólo sabía insultar, el que no tenía más armas que la violencia, ese pedazo de ser humano, ese resto de humanidad, esa basura en la que nadie creyó, es hoy San Mateo Apóstol y Evangelista, testigo de Jesucristo.

Y cuando se va a leer el evangelio según San Mateo, lo mismo que cuando se van a leer los demás evangelios, nosotros nos ponemos de pie, y escuchamos con respeto las palabras de un hombre que fue ladrón, lleno de odio, lleno de resentimiento.

¿Te das cuenta que Jesús es experto en los duros? Jesús no le tiene miedo a los casos duros, Jesús tiene una palabra que decir. Y ahora, te digo yo: “si alguien hubiera visto a Mateo, ojalá un psicólogo hubiera visto a Mateo destruido, destruido, destruido; tres veces destruido, ¿hubiera apostado un centavo por esa vida?

¿Hubiera dicho: “De aquí se puede hacer algo”? Estoy seguro, nadie hubiera apostado nada; Jesús apostó, y Jesús se implicó, Jesús dio amor y tuvo paciencia, Jesús oro por él, Jesús hizo el milagro. Esa vida cambió.

Segundo ejemplo, de los muchos que podríamos decir: ¿has oído la historia de la samaritana? ¿Sabes lo que le paso a esa mujer? ¿Sabes el resentimiento que ella tenía? Por si no lo sabes, me permito recordártelo, en ella había tres sótanos de odio.

Primer sótano: el hecho mismo de ser mujer en una cultura que no entiende, que desprecia, y que utiliza a la mujer; como lamentablemente ha sucedido otras tantas veces, esta mujer se rechaza a sí misma como mujer.

Y siente odio de los hombres, Jesús le dice: “Cinco maridos has tenido, y el que tienes ahora tampoco es tu marido” San Juan 4,17. Busca a los hombres y odia a los hombres. ¿Hay algo peor que dormir con el enemigo? Esa es la historia de esta mujer.

Siente que es una porquería, pero siente que no puede escoger otra cosa, se odia a sí misma, primer sótano. Segundo sótano: ella es samaritana, tiene resentimientos de raza, porque los judíos afirman que ellos son lo que traen la salvación.

Y ella es samaritana tiene odio de raza, odia a los judíos, y es odiada por los judíos, segundo obstáculo, segunda resistencia, segundo sótano de odio.

Tercer sótano: problemas de religión, la religión para ella es un asunto de ir a las montañas a ofrecer sacrificios, no cree que Dios puede hacer nada por ella, seguramente tiene también odio contra Dios.

Para ella la religión es un negocio más, tiene odio contra sí misma, odio contra los hombres, odio contra las razas, y seguramente odio contra Dios, y se encuentra con Jesucristo, y ahí está Jesucristo.

Tres sótanos de odio, un caso duro, ¿eh? ¿Qué hace Jesús? ¿La echa de una vez en el pozo? No; Jesús apuesta por ese caso perdido, Jesús abre el entendimiento, ¿y qué logra Jesucristo? Esa mujer se convierte en maravilloso testigo del amor.

Le dice Jesucristo “Si conocieras el don de Dios” San Juan 4,10. Y ella recibe un rayito de luz en su corazón y ¿Qué hace? Se va al pueblo y empieza a decirle a la gente, no me canso de admirar el valor de esta mujer: “Oigan, me he encontrado con alguien que me ha dicho todo lo que yo he hecho” San Juan 4,29.

“¿Será el Mesías?” San Juan 4,29, le dice eso a la gente, a la misma a gente que podía despreciarla y humillarla, precisamente porque conocían su pasado. Jesucristo transformó un antro de odio, Jesucristo transformó un nudo de pasiones desordenadas, en una maravillosa testigo del amor y de la gracia.

Jesús es poderoso, Jesús transforma las vidas, Jesús es experto en los casos duros, y Jesús sabe cómo desarmar a cada persona, Jesús tiene las llaves de todos los corazones; no se te olvide nunca eso, ¿eh?

Él sabe donde se abre tu alma, Él sabe llegar allá, Él puede abrir también tu corazón, Jesús sabe por qué tú te encerraste, te encerraste no porque fueras fuerte, te encerraste por débil; te encerraste no porque fueras valiente, te encerraste por cobarde.

Las personas que se encierran en sí mismas y se esconden no son fuertes, ponen la coraza dura, pero detrás de esa dureza ¿qué hay? Personas asustadas, personas con miedo; Jesús tiene las llaves de tu corazón.

Jesús puede llegar allá a tu corazón, Jesús puede abrir tu corazón y puede darle luz; para que tú puedas recibir su palabra, para que tú puedas entender, claro que es difícil entender las palabras de Cristo, detrás de tres puertas con llave no se oye casi, pero Jesús puede ayudarte a abrir las puertas.

Pídele eso, en esta noche pídele eso, dile: “Jesús, me encerré porque tenía miedo, dime si te puedo abrir.” Juan Bautista estaba en la cárcel, lo habían encarcelado porque había denunciado el adulterio del rey Herodes.

Por decir la verdad lo habían encarcelado, desde la cárcel mandó una razón con sus discípulos, los mandó a que fueran a preguntarle a Jesucristo: "¿Eres tú el que tenía que venir o tenemos que esperar a otro?" San Lucas 7,19.

Juan Bautista solo en la cárcel, Juan Bautista que no hizo ni una empresa, ni un hogar; Juan Bautista que no escribió, ni tuvo un taller; Juan Bautista que no dejó un hijo, Juan Bautista que no tuvo un imperio.

Juan Bautista que sólo tuvo desiertos, y el día y la noche, Juan Bautista que lo apostó todo, le manda a preguntar a Cristo: "¿Eres tú? ¿Te puedo abrir? ¿Te puedo abrir? ¿Puedo rendirme? ¿Puedo creer esta vez?"

Jesús, cuando llegaron los discípulos de Juan Bautista, estaba realizando una sesión de sanaciones, y le dijo, mandándole cariño, mandándole amor para la cárcel, mandándole luceros para la mazmorra en que vivía Juan: "Vayan y díganle, que los ciegos ven, díganle que los sordos oyen, díganle que se anuncia el Evangelio a los pobres, y feliz el que no se decepcione de mí, feliz el que me abra” San Lucas 7,22. Era un mensaje cifrado, era una clave de amor que Juan Bautista podía entender.

Juan Bautista y Jesús se vieron en el momento en el que Cristo fue bautizado, pero cuando Juan Bautista estuvo en la cárcel y mandó a sus discípulos a preguntarle a Jesús, este Juan se estaba despidiendo.

Y cuando Jesús le dijo a Juan: “Que los ciegos estaban viendo, que los sordos estaban oyendo” San Lucas 7,22; Jesús se estaba despidiendo, como no le pudo abrazar, porque la cárcel de Herodes no los dejaba, le mandó un abrazo en palabras.

Y le dijo: “Mira que lo tuyo valió la pena, mira que no perdiste la vida, mira que esos desiertos, y esas noches, y esas hambres; mira que esas palabras, y tu misma cárcel valen la pena, por fin el Evangelio se anuncia a los pobres, mira que se anuncia". Fue la última vez que Jesús le pudo mandar decir algo a Juan. Unos días después, Herodes le cortó la cabeza a Juan Bautista.

Queridos amigos, yo sé que muchos tenemos miedo porque la vida nos ha golpeado, yo sé que estamos encerrados detrás de tres o cuatro puertas, cinco candados, y seis cadenas; y no nos damos cuenta de que el que está encerrado es esclavo, así grite que es libre.

Sé que te encerraste por miedo, yo también he vivido encerrado, yo también he tenido miedo, pero Jesús tenía las llaves de mi corazón, y Jesucristo, Jesús de Nazareth, el bendito, y único hijo de Dios Padre y de la Santa Virgen. Jesús tocó a mi puerta.

Y yo que estaba en mi cárcel, como Juan Bautista estaba en la cárcel, yo le pregunté: "-¿Eres tú? ¿De verás eres tú? ¿Esta vez si puedo abrir? ¿Puedo creer?" Y Jesús me dice: “-Mira los sordos oyen, se anuncia el Evangelio a los más tristes, y a los más pobres.

"Feliz tú, si no te decepcionas de mi; feliz tú, si me abres la puerta". Pero Él espera, ahí, Él no tirara la puerta. Apocalipsis en el capítulo 3 dice: “Estoy en la puerta, y llamo” Apocalipsis 3,20; pero, Jesús no tirara la puerta, tú la tienes que abrir.

Él no es una retroexcavadora, es el Hijo de Dios, es el Cordero, y tiene compasión; Él no tiene garras, tiene manos; Él no sabe derribar las puertas, Él sólo sabe tocar a tu puerta, y si tú le abres, y si tu le crees, ¿qué va hacer Él?

La Palabra de Dios lo dice: “Entrará y cenará contigo, y tu cenarás con Él” Apocalipsis 3,20. Eso es lo que va a suceder, cenará contigo, como dice el libro de los Proverbios: “Te dará del vino que ha mezclado, te dará del pan que ha preparado” Proverbios 9,5.

En la cruz a fuego de amor se cosió ese pan; en la cruz, gota a gota, se destiló ese vino, ¿Lo quieres? ¿Estás dispuesto a creer esta vez? ¿Estarías dispuesto a abrirle la puerta? Mateo lo hizo.

Y Mateo estaba lleno de escepticismo, y de dolor, y de miedo y lo hizo; la samaritana estaba llena de resentimiento, de venganza y de odio, y lo hizo. ¿Te atreverías a abrir la puerta Y decirle: “Sigue, ven, cenemos; ven, dame de tu pan; entonces, dame de tu vino, y que lo beba, dame de ti; Señor, hace tanto tiempo que te espero?”

Amigos, Jesús está a la puerta, es Adviento; Jesús se está acercando, Jesús viene, ábrele, créele, Él es el que tenía venir, ya no tienes que esperar ahora.

Amén..