V012004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20011204

Título: ¿Por que abandonas tan pronto tus suenos?

Original en audio: 19 min. 8 seg.


Hermanos:

Acabamos de empezar el tiempo del Adviento, y yo creo que este tiempo llega muy bien, es un tiempo que llega a tiempo, ¿por qué? Porque este es un tiempo para educarnos en la esperanza.

La palabra fundamental del Adviento no es la espera, sino la esperanza, porque la espera se puede hacer de mala gana, la espera se puede hacer porque tocó, en cambio la esperanza nace adentro. Sólo hay un lugar, sólo hay una tierra donde se cultiva esa semilla y es en el corazón del hombre; sólo allá puede brotar la esperanza.

Y Jesús en nosotros y a través de nosotros con esta palabra quiere formarnos en la esperanza, quiere educarnos en la esperanza. No me cansaré de decirlo, amigos, son muchas las personas que tienen amor, que proclaman amor, que predican amor; son muchas las formas de fe y hay muchas religiones y muchos modos de creer.

Los problemas más graves, la escasez más severa, no es escasez de fe ni es escasez de amor, es escasez de esperanza. Después de todo ese ateísmo de la ciencia atea y del comunismo ateo, después de toda esa incredulidad el mundo hoy que esta rogando y que está buscando maneras de creer.

Todo ese retorno de la magia, piense usted en la película de Harry Potter, todo ese retorno de la magia, ¿qué es? Es el retorno de la necesidad de creer.

La gente cree en un cuarzo, cree en una vela, cree en un rezo, cree en una superstición o cree en Dios, pero ¿y la esperanza? Y el Adviento es la gran escuela de la esperanza. ¿Qué es la esperanza? La esperanza no es ilusión.

Un iluso es uno que de alguna manera se tapa los ojos y dice: "Hagamos de cuenta que esto que está pasando, no está pasando y yo me voy con mi pensamiento a otro mundo". Los ilusos acaban todos estrellados contra las piedras.

No se trata de ser ilusos, se trata de tener esperanza y la esperanza no es algo tan sencillo como la ilusión. La esperanza es una mirada profunda a la realidad, a eso que realmente somos. Tenemos y podemos una mirada que pueda encontrar la huella, el principio, el brote de una cosa nueva. Esa es la esperanza.

La ilusión es cerrar los ojos, la esperanza es abrir los ojos; la ilusión es miope y quiere ser ciega; la esperanza es lúcida y quiere ser penetrante. Sólo tiene verdadera esperanza el que a través de una mirada profunda, una mirada penetrante encuentra el brote nuevo, ahí está la esperanza, en el brote nuevo, en el germen de aquello que empieza.

La iglesia quiere que nosotros, particularmente nosotros, vivamos el misterio de la esperanza. Que nosotros a través de nuestra predicación, a través de nuestro testimonio, a través de nuestra acogida comuniquemos esperanza y brindemos esperanza.

A veces no es sencillo. Los acontecimientos trágicos y desalentadores que encontramos en el mundo y en nuestra patria, un futuro tan incierto, tan frustrante para tanta gente que se ha gastado tanto, por ejemplo, en sus estudios profesionales, eso desalienta, eso mata la esperanza.

Y por eso, la pregunta surge: "¿Cómo puedo yo educarme en la esperanza?" No es la ilusión. No se trata de vender sueños baratos, no se trata de vender droga espiritual.

Algunas veces tengo miedo de que nosotros con la predicación o con el canto hagamos como un mundo fantasioso, como una especie de droga, como una especie de descanso para un momento. Y luego sale del gran show, a encontrarse con una vida que en el fondo no ha cambiado. Eso es duro.

¿Cómo podemos formarnos en la esperanza? La palabra de Dios nos da la respuesta, y yo les invito a que no solamente en este día, sino en los días que están por venir a que estemos muy atentos a la Palabra del Señor, porque todo el Adviento es una escuela de esperanza.

Por ejemplo hoy, ¿qué podemos aprender sobre como esperar? El profeta Isaías hace algo en su lenguaje poético: despierta lo mejor de nuestros sueños. Cosa concreta, enseñanza concreta del evangelio de hoy: necesito educarme y educar a otros sobre la esperanza, ¿cómo? Punto número uno: despierta el mejor de tus sueños.

Con esa imagen de los animales de la selva: "Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pasearan juntos" Isaías 11,6.

Con esas imágenes Isaías no esta haciendo biología, está despertando lo mejor de nuestros sueños. Porque la desesperanza es cruel, la desesperanza decapita todos los sueños: “Usted no tiene derecho a soñar, usted no tiene derecho a cambiar nada, usted no tiene derecho a imaginar nada”.

Lo primero que hay que hacer es devolver ese derecho. Y eso se logra despertando lo mejor de nuestros sueños. Esta es una técnica amiga que realmente es muy fuerte, es muy poderosa. ¿Cuál es el mejor sueño que usted ha tenido en su vida? ¿Y por qué se despidió de él? Ahí no estamos pecando de ilusionistas.

¿No sería que usted se despidió demasiado rápido de sus sueños? Usted tiene derecho a volver a su mejor sueño. Tal vez no había que despedirse de él.

Santo Tomas de Aquino, habla de la fortaleza y habla de la esperanza y dice que tiene que ver con afrontar situaciones difíciles, lograr objetivos difíciles; pero unos objetivos difíciles no se logran en el primer intento.

Y hay veces en que nosotros nos hemos detenido y hemos dejado de soñar demasiado pronto. El otro día había acá una avioneta con un letrero que dice: "¿No será que te despediste muy pronto de tus sueños?"

Una muchacha de dieciocho años fue a una consulta, a un diálogo conmigo y dice: “-He considerado la posibilidad de suicidarme”. Dieciocho años; “-¿Por qué?” Porque he tenido tres novios y no se cuál ha sido peor. Sé que el amor no existe. Y soy una persona que vivo de amor y para amar. Me voy a matar”.

Hay que ponerle delante ese letrero: ¿No será que te despediste muy pronto de tus sueños? Eso vale para todos nosotros. Por ejemplo, un alma consagrada, pensemos en un alma de Cristo, pensemos en un evangelizador, pensemos en alguien que quiere ser sacerdote.

Y encuentra dificultades afuera y adentro y encuentra dificultades en la casa y se siente débil y se desanima: “¡Uy!, yo sí quería, pero con tanto problemas yo no voy a poder con esto”. Yo le pondré una pregunta por delante: -"¿No será que te estás despidiendo demasiado pronto de tu sueño?

Isaías en su lenguaje poético dice cosas absurdas, “el lobo con el cordero” Isaías 11,6,"¡no, cómo va a habitar el lobo con el cordero, eso no es posible!" Pero es una manera de despertar al sueño. No te despida demasiado pronto de tu sueño.

Desde luego, para nosotros las almas consagradas, para nosotros que queremos caminar en el seguimiento de Cristo, el gran sueño se llama santidad, pero ese es el sueño más atacado del mundo, porque todo en el mundo me esta gritando: “No se puede, no se puede, no lo intente, es inútil, nadie lo logra; los que lo logran eran en otras épocas, otras circunstancias, aquí con su puerca vida y con su puerca historia, eso no se puede”.

Y por dentro, las dudas y las tentaciones y los pecados de uno, entonces uno se despide de sus sueños y empieza a decir: "¿Entonces qué voy a hacer? Seguir así".

Está bien, pero Isaías esta ahí. Isaías alcanzó a soñar que el lobo iba a habitar con el cordero; alcanzó a soñar que el mundo se podía llenar con la ciencia de Dios, empezando por el monte Sión. El mundo se puede llenar de la ciencia de Dios, y cuando sea Dios el que sea conocido, todos los sueños encontrarán su verdadero lugar. Podríamos quedarnos solamente con esa enseñanza hoy.

¿Cuál es el mejor sueño que usted ha tenido? ¿Se despidió de él? ¿Por qué? ¿No sería que se despidió demasiado pronto? Pero el evangelio nos da otra enseñanza también.

Recuerde que el Adviento es la escuela de la esperanza. Así que hay que oír todas las lecturas, pensando: ¿Y esto cómo me educa en la esperanza? Jesús, Nuestro Señor dice a sus discípulos: “Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis” San Lucas 10,23.

Segunda enseñanza para la esperanza: ¿has tomado en cuenta todo lo que tienes? Manera de caer en la desesperanza: vivir uno obsesionado con lo que no tiene.

Para la desesperanza no se necesita sino eso: “No, si yo no tuve preparación académica, yo no tuve un hogar firme, yo no tuve un papá que me entendiera, yo no tuve, yo no tuve, yo no tuve”, pero ¿qué sí tuvo, hermano? ¿Qué es lo que sí tuvo y que sí tiene? Yo creo que Jesús hoy también nos puede decir a nosotros eso.

Un día decía un predicador: “El rey David, con ser el rey David y el maravilloso rey David, y el increíble rey David nunca estuvo en Misa, él nunca estuvo en Misa, él nunca escucho: “Esto es mi Cuerpo”, nunca pudo postrarse ante su Dios, nunca pudo comer y saborear al Salvador”.

Y el profeta Elías, con ser el profeta Elías, y el maravilloso e increíble profeta Elías, jamás vio al Crucificado. Y Salomón, con todo lo que fue Salomón, nunca escucho quien le dijera: “Yo te absuelvo de tus pescados”.

Decia San Leon Magno: “Lo que era visible en Cristo, nosotros lo tenemos en los sacramentos”. Para educarnos en la esperanza, segunda enseñanza que nos trae la Palabra: ¿seguro que has sumado bien lo que sí tiene? Y deberíamos empezar por la vida, empezar por la salud, empezar por la capacidad de pensar, por la capacidad de orar, por la capacidad de creer.

¿Tú no has visto las diferencias que hay entre creer y no creer?. Seguramente sí la has visto ,seguramente la conoces. Para ti es esa bienaventuranza que dice Cristo: “Dichosos tus ojos que ven” San Lucas 10,23. Es que eso no lo vio mucha gente.

Si Juan Bautista hubiera podido estar en la Misa -la Misa es tan grande, tan grande- si Juan Bautista hubiera podido estar ahí, ¿qué hubiera sentido? Pero dice la Carta a los Hebreos: “Todo esto se le negó a ellos" Carta a los Hebreos 11,39.

Dios lo tenia reservado para otro tiempo, el de nosotros. ¿Somos mejores que Juan Bautista, o que Isaías, Elías, Salomón o David? Tal vez no, todo es gracia.

Bueno, entonces las dos enseñanzas de hoy: Lo primero es que este es tiempo para educarse en la esperanza y lo segundo es que hay enseñanzas aquí; la primera enseñanza para educarte en la esperanza, despierta tus mejores sueños. ¿Por qué te despediste tan rápido de ellos? La segunda enseñanza, ¿Has tomado en cuenta todo lo que tienes?

Y termino contándoles, amigos míos, una historia cortica. Nosotros tenemos una pequeña asociación de laicos en Bogota, de laicos dominicos. Bueno, había una serie de dificultades con un muchacho, para ser franco, nos había decepcionado varias veces.

Mejor dicho, yo estaba muy disgustado con él, muy decepcionado con ese hombre, y yo estaba resuelto a mandarlo como a la "porra", y yo dije: "Voy a tratar de ser decente, pues no hay que resentir a la gente, pero, a ese hombre, a metros, se acabó".

Bueno, se me ocurrió hacer un poco de oración, cosa que no debería ser así, sino que debería ser como la ley de uno, estaba haciendo oración, mientras meditaba sobre los problemas que nos había creado este hombre.

Tampoco eran cosas del otro mundo, mientras yo oraba, yo sentí que el Señor me decía: “Ya vas a ver, Nelson, cómo se vuelve ese hombre cuando lo amemos”, “vas a ver cómo se va a poner cuando lo amemos”.

Entonces, amigos míos, despertar los mejores sueños, ¿cómo te vas a volver tú cuando te dejes amar? ¿Cómo te vas a volver tú cuando el Espíritu te llene, te penetre, que no quede un rincón de ti sin Espíritu Santo? ¿Cómo vas a volverte?

Seguro que es una realidad tan hermosa, tan maravillosa, que si hoy nos dijeran: "-¿Sabes que fulano ese que...", "-¡no!, ¡no, ese no! ¡no, yo lo conozco!", "¿y qué, y santo y todo?" Sí, señor, Dios quiere y puede hacer en ti una realidad de esas.

Y no se te olvide la parte del evangelio: hacer cuentas de lo que tienes: de la dicha que tienes, de la felicidad que tienes. Hay demasiadas semillas buenas en ti y están esperando un poco de rocío, un poquito de lluvia del cielo para dar frutos maravillosos.