V012002a
Fecha: 19961203
Título: La alegria de Cristo tiene su lugar en la propagacion del Evangelio
Original en audio: 17 min. 36 seg.
En el capítulo 11 de Isaías, nos describen escenas maravillosas, increíbles: Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos, la vaca pastará con el oso" Isaías 11,6-7, y así sucesivamente.
¿Qué tienen de particular estas parejas, pues que en ellas siempre estuvo claro quién era el grande y quién era el chico, quién era el fuerte y quién era el débil, quién era el poderoso y quién era el indigente.
Y también estuvo siempre claro, que cuando se juntaban estas parejas, el débil el pequeño, el indigente siempre pierde delante del grande, del fuerte, del poderoso. Ponga usted a vivir un cordero con un lobo, junte usted un cabrito con una pantera, envíe de paseo al buey con el león, o deje que la criatura se ponga a jugar en el agujero de la serpiente.
Parece irremediable que el grande se aproveche del pequeño, parece irremediable que el pequeño pierda. Pero el Santo Evangelio lleva a su plenitud el significado de este hermoso lenguaje poético de Isaías.
Porque precisamente, lo que cuenta Jesús y lo que le llena de alegría, es que son precisamente los pequeños los que primero reciben la revelación, son ellos los que escuchan la palabra de salvación, y viene a resultar, que el pequeño que cree, es más fuerte que el fuerte, es más sabio que el sabio, es má rico que el rico.
Y por eso la alegría de Nuestro Señor, es la alegría de ver que la intervención de Dios hace justicia. Por otra parte, este pasaje del capítulo 10 de Lucas, es bien importante porque es uno de los pocos pasajes, poquísimos, donde se dice que Jesús estaba alegre.
Siempre le vemos adusto, por lo menos serio, circunspecto, en más de una ocasión airado, en más de una vez triste; pero que Jesús exulte de gozo, es algo tan singular, que no deberíamos olvidar este capítulo 10 del evangelio de Lucas.
Es más o menos lo mismos que sucede con Juan Bautista, de Juan Bautista sólo se cuenta en dos oportunidades que estuvo feliz, todo el resto de su vida pareció como un inmenso luto, como una prolongada y a veces angustiosa espera.
Pues bien, de Juan Bautista se cuenta que estuvo feliz cuando sintió la proximidad de Jesús en el vientre de María, y cuando dijo: "El amigo del esposo se alegra cuando oye la voz de el esposo" San Juan 3,29, parece que no tiene como más alegría Juan Bautista.
Y este hecho no puede ser simplemente un accidente o una coincidencia literaria. Cuando una persona tiene tan poquitas alegrías, es porque esas alegrías, así escasas, son las puertas al verdadero misterio de esa persona; si una persona se ríe por todo o por nada, su risa no significa nada.
Si una persona llora por todo o por nada, su llanto no significa nada; si una persona está brava a todas horas, su bravura no significa nada; pero si una persona muy poquitas veces está triste, su tristeza se convierte en profecía, y trae un mensaje a quienes le conocen y tratan.
Así, por ejemplo, quienes vivieron con Santo Domingo de Guzmán, observaron que él nunca estaba triste, pero que había momentos contados, pero señalados y precisos momentos, en que la tristeza se apoderaba de él.
Y pudieron observar que tal cosa sucedía, solamente, cuando recibía noticia, conocimiento de las tristezas, de las miserias, de los dolores, de los pecados del prójimo, y eso se convirtió como en un rasgo típico de Santo domingo: aquél que sólo se entristece por la pobreza por la enfermedad o por el pecado de su prójimo.
Fíjate cómo hay un mensaje ahí. Lo mismo podríamos decir de la alegría de Juan, Juan se alegra, apenas, solamente, cuando siente a Cristo cerca, todo lo demás, parece no importarle.
Que se le acercaron fariseos, soldados saduceos, hombres, mujeres, niños enfermos, ancianos, nada de eso parece despertarle la alegría. Pero se acerca Jesús, está cerca el Verbo y su corazón empieza a latir más fuerte y más aprisa. Ahí hay un mensaje: él es el Precursor y también en su alegría manifiesta su misión de Precursor.
Pues, algo tiene que decirnos entonces esta alegría de Cristo. Que Cristo era alegre no debemos dudarlo, porque Él mismo nos lo dice en el evangelio de Juan, que "Él ha venido para que nuestra alegría sea perfecta, para que nuestra alegría sea plena" San Juan 15,11.
Él viene precisamente a comunicar esa noticia, y ese es su Evangelio, pero para comprender cuál es el centro de esa alegrí, nos va a ayudar mucho el texto que nos ofrece la Iglesia hoy. Fíjate: "Lleno de la alegría del Espíritu Santo" San Lucas 10,21.
Si Juan sólo se alegra con la presencia de Cristo, Cristo sólo aparece, así, claramente alegre, en la alegría del Espíritu Santo, ya había dicho en Isaías, en ese capítulo 11, había dicho que: "Sobre ese vástago de Jesé se iba a posar el Espíritu del Señor" Isaías 11,1.
Pues bien, Jesús no se alegra en nada que reciba de nosotros, de nosotros ni recibe, ni necesita, ni la vida, ni los honores; ni espera, ni necesita el poder, los reinos, la amistad, la compañía.
No es eso lo que despierta el gozo en su corazón. "Se alegró en el Espíritu Santo" San Lucas 10,21, todavía mejor, mire esta traducción: “En aquel tiempo el Espíritu Santo alegró a Jesús, llenó de alegría a Jesús” San Lucas 10,21.
A mí me parece que no forzamos el texto original que traducimos así, fue el Espíritu el que le comunicó esa alegría a Jesús. "Te doy gracias, -dice-, Padre del cielo y de la Tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla" San Lucas 10,21.
¿Qué son estas cosas? ¿cuáles son esas cosas que están ocultas a los sabios y entendidos, y que están manifiestas a los sencillos, a los humildes? Pues estaba Jesús sanando y predicando, y vuelven los apóstoles, y cuentan lo que han hecho: que el Evangelio se difunde, que la noticia llega.
El contexto de este capítulo 10 de Lucas es la vuelta de los Apóstoles después de su misión. "Lleno de alegría, Jesús dice, has ocultado a los sabios y entendidos y lo has revelado a la gente sencilla" San Lucas 10,21. Entonces podemos decir que la alegría de Cristo está, tiene su fuente en el Espíritu, y tiene su lugar en la propagación del Evangelio.
Jesús sólo aparece alegre cuando el Evangelio se difunde, cuando el Evangelio se proclama. Pero hay que añadir todavía otras dos noticas a la alegría de Cristo.
Aquí parece que Él se alegra de que los sabios y entendidos no comprendan. Yo creo que no hay que disimular ese aspecto de la alegría del Señor, yo lo relaciono, por ejemplo, con aquel texto que nos ofrecía no hace mucho la liturgia de la caida de Babilonia, la caída de Babilonia es motivo de alegría.
Otro ejemplo, cuando Nuestra Señora la Virgen, canta y engrandece su alma al Señor dice: "Porque derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" San Lucas 1,52.
Entonces no debemos ocultar que hay una alegría de que ese mensaje quede así de lado para los sabios y entendidos, así como tampoco debemos ocultar que es motivo de alegría que ese mensaje se muestre a la gente sencilla.
Pero aquí tal vez tendremos que añadir alguna explicación. ¿Cómo puede alegrarse Cristo de que ese mensaje le quede oculto a los sabios y entendidos? Bueno, eso es lo mismo que decir, ¿cómo puede alegrarse la Virgen de que los poderosos caigan de sus tronos? Ella gozaba viendo a los poderosos ahí caer de sus tronos: "Se rompieron la crisma, bien, buena eso?".
¿Cómo pueden gozar los Ángeles y los santos de que Babilonia se quebrantó y se derrumbó y se volvió morada de demonios y aves asquerosas? "¡Ah, esa sí es dicha, al fin cayó Babilonia!"
¿Qué clase de alegrías son esas? Bueno, ahí podemos decir dos cosas. Primera, que en estas caídas de los poderosos o cegueras de los sabios y entendidos, hay una revelación de la justicia de Dios, ahí hay una justicia de Dios.
Pero lo que es más profundo y tal vez más importante, en el texto que nos ofrece hoy la Iglesia, lo que es más profundo, quizá, es que aquél sabio que no entiende, se olvida de su soberbia y se hace discípulo.
Qué bueno que caigan los poderosos, sí, por dos razones. Primero, porque en eso hay un acto de la justicia de Dios, pero sobre todo, segundo, porque si se derriban, ya dejan de estar arriba, ya empiezan a estar abajo, y ya el Evangelio puede ser para ellos.
Qué bueno, que el que está ciego, vea, claro, pero Cristo añade: qué bueno que el que cree que ve, quede ciego, porque en el momento en el que queda ciego, empieza a buscar la verdadera luz, y ese también será evangelizado; qué bueno que la gente sencilla acoja el evangelio, pero sobre todo también, qué bueno que los sabios y entendidos no entiendan y no sepan.
Qué bueno que dejen de ser sabios y dejen de ser entendidos, para que empiecen a ser gente sencilla y también ellos se salven.
Entonces, en la alegría de Cristo, no hay solamente ese aspecto de justicia: "Qué bueno que eata manada de sabiondos que creían que todo lo entendían no pudieron decir nada, los dejé callados", no, eso sería un poco infantil.
La alegría de Cristo no es simplemente la alegría de que: "Ahhh, ¿estonces qué era todo lo que ustedes decían? ¿No dizuque habían estudiado mucha Escritura? Entonces, digan, a ver, respondan".
No es solamente la alegría de que se hizo justicia, sino es la alegría de que ahora que ellos empiezan a no entender, todos, todos van entrando por el camino de la gente sencilla, todos podrán ser evangelizados, si la cosa sigue así.
Si la puerta para entrar al Evangelio es una puerta bien bajita, y hay que entrar así como bastante humillado, entonces, qué bueno que entren los humildes, los humillados, y qué bueno que los poderosos se humillen, para que ellos también entren.
Bendito Dios y su Palabra de salvación.
Podemos resumir nuestras enseñanzas de hoy en tres puntos. Primero, que Isaías nos ha presentado lo que todos hemos visto en nuestra historia: que el pez grande se come al chico; pero ha contado que el Ungido, un Ungido de Dios, va a cambiar esa situación.
Y por eso nuestra primera enseñanza fue, que ese Ungido es precisamente el que llamamos el Cristo, y que Él cambió esa situación, porque aquí ya no ganó el grande sino el pequeño.
Y número dos, hemos explicado que esa alegría de Cristo nos abre algo del misterio de Nuestro Señor, porque nos cuenta que El sólo se regocija en la difusión del Evangelio y en el poder del Espíritu.
Y número tres, que esa alegría tiene también una dimensión muy concreta, porque esa alegría de que el sencillo ya comprende, de que el sabio no entienda, porque si no entiende, un día podrá ser también gente sencilla, que pida y reciba como regalo, y ya no por pretendido mérito suyo, la gracia de la salvación, el don del Evangelio.