V011004a

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Fecha: 20111128

Título: El Adviento visto desde la espiritualidad del peregrino

Original en audio: 4 min. 32 seg.


El Adviento que recién hemos empezado es uno de los cuatro tiempos litúrgicos llamados a veces "tiempos fuertes", y estos cuatro tiempos fuertes van por parejas: el Adviento va con la Navidad, la Cuaresma va con la Pascua, esos son los cuatro tiempos fuertes. El Adviento prepara la Navidad y la Cuaresma prepara la Pascua.

Pero atención, esa preparación tiene un propósito, tiene un punto culminante; así por ejemplo, en el Adviento el punto culminante va a ser la llegada de Cristo a esta tierra. Todo el Adviento termia mirando con agradecimiento y con esperanza al recuerdo de esa llegada de Cristo; lo mismo en la Cuaresma toda la atención apunta a un momento, ese momento culminante es la salida de Cristo de esta tierra, es decir, su dolorosa Pasión y su muerte redentora.

Así que los tiempos litúrgicos llamados fuertes se concentran, dos de ellos, en el principio de la vida de Cristo en esta tierra; y los otros dos, en el final de la vida de Cristo en esta tierra.

Así que tanto el Adviento como la Cuaresma tienen una característica muy especial que podemos identificar con la palabra "camino". Cuando hay una meta, cuando hay un punto culminante, quiere decir que estamos avanzando, es un camino, y creo que eso nos hace mucho bien, porque es muy propio de la espiritualidad bíblica, es muy propio de nuestra fe recordar siempre que somos caminantes, que somos peregrinos. De hecho, esta es una de las características del pensamiento judío, del pensamiento semita.

Mientras que para el mundo paganos, por ejemplo, el mundo de los griegos, el tiempo es simplemente una repetición y se da vuelta sobre lo mismo, para los judíos, en cambio, el tiempo es como una flecha, tiene una dirección, y fíjate que litúrgicamente eso es lo que tenemos especialmente cuando se trata del Adviento y de la Cuaresma.

Por otro lado, estos tiempos litúrgicos, estos dos, se manifiestan externa y visiblemente en las vestiduras, en los ornamentos que utilizan los ministros, y especialmente los diáconos, los sacerdotes, los obispos; me refiero en concreto al color morado, un color que habla de luto pero que también, desde otro ángulo, nos habla de penitencia.

Es decir, el que va de camino tiene que dejar de mano, tiene que renunciar a muchas cosas, los sabemos porque creo que todos o casi todos tenemos la experiencia de viajar, y siempre que uno va de viaje tiene que renunciar a muchas cosas, uno no puede, como el caracol, cargar toda su casa.

Así que, mis amigos, ahora que empezamos el Adviento, tomemos esta espiritualidad, la espiritualidad del caminante, la espiritualidad del que tiene una meta, la espiritualidad del que sabe también renunciar a tantas cosas superficiales, no porque sean en sí mismas perversas, sino porque es necesario permanecer ágiles, es necesario avanzar con presteza.

¡El Señor viene y queremos salir a su encuentro!