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Fecha: 19961107
Título: Todos los Santos de la Orden de Predicadores
Original en audio: 6 min. 24 seg.
En esta fecha celebramos a todos los santos de la Orden de Predicadores. Evidentemente, una fiesta litúrgica en paralelo con la celebración que tiene toda la Iglesia para Todos los Santos el día primero de noviembre.
Y por eso podemos decir que, así como en la fiesta del primero de noviembre, en la solemnidad del primero de noviembre, la Iglesia celebra la santidad de Jesucristo victoriosa en todo género de vidas, de culturas, de edades, de historias, así también el día de hoy estamos celebrando la santidad de Domingo de Guzmán en un género muy amplio de vidas, de historias, de culturas, de circunstancias.
Desde los oficios más humildes hasta los más encumbrados a ojos de los hombres, personas siempre llenas de sabiduría, personas llenas de luz y de verdad, pero que han expresado esa luz y esa verdad de modos diversos.
Porque hay la sabiduría del que expresa y evangeliza y proclama la Palabra de Dios, ante todo, con su testimonio y el servicio a la predicación, y hay el testimonio y hay la vida del que expresa esa misma Palabra con la elocuencia que el mismo Espíritu le concede.
¿Cuál es el rasgo principal que podemos destacar en la santidad de Domingo y, por consiguiente, la santidad de la Orden? Me atrevería a decir que se trata de una santidad apostólica, pero no en el sentido pobre que toma la palabra apóstol o apostolado cuando lo referimos simplemente a una actividad.
Como cuando se dice que los estudiantes tienen ejercitaciones apostólicas, que eso suena como a que hacen ensayos de ser apóstol por raticos.
Apostolado, en sentido pobre, es simplemente la actividad que se realiza. Vida apostólica y regla apostólica es lo propio de la Orden de Predicadores pero referido, ya no a la actividad que se realiza, sino a aquellos que como primeros testigos de Jesucristo dieron origen a la Iglesia con su vida, con su predicación y muchas veces con su martirio, es decir, a los Apóstoles.
Es indudable que Santo Domingo de Guzmán tomó como referencia para su Orden de Predicadores a los Apóstoles.
El evangelismo que se vivía en el siglo XIII, esa especie de obsesión por la letra del Evangelio, ese anhelo de llevar a cumplimiento lo que Cristo le dijo a los Apóstoles o aquello que vivieron los Apóstoles en Jerusalén, esa especie de literalismo, casi fundamentalismo pegado a la Palabra de Dios con el deseo, con el anhelo, casi con la obsesión de que se cumpla en medio de nosotros lo mismo que dice la Sagrada Escritura, ese anhelo quemante le imprime un sello particular a la Santidad de Domingo.
Dos textos resultan aquí fundamentales para comprender el género de santidad de la Orden:
En primer lugar, está ese texto del capítulo segundo de los Hechos de los Apóstoles, donde se cuenta de la comunidad que vive en Jerusalén, que todo lo tiene en común, que se alimenta de la palabra de los Apóstoles y que manifiesta, en su unidad, la reconciliación que Cristo ha venido a traer a esta tierra.
En segundo lugar, el texto del capítulo décimo del evangelio según San Mateo. donde Jesús da instrucciones a sus Apóstoles sobre cómo han de predicar de dos en dos. Ese otro texto se convierte también en una referencia contínua para la Orden de Predicadores.
El primer texto se refiere a la vida apostólica, el de Hechos de los Apóstoles, y el segundo texto, el del capítulo décimo de Mateo, se refiere a la regla de los Apóstoles. Y así la Orden de Predicadores necesita vivir dentro de su comunidad como en Jerusalén, pero luego, al partir a predicar, han de predicar como Jesús en Galilea. Jerusalén y Galilea son entonces como los dos polos de la santidad de Domingo y como los dos polos también de la santidad de la Orden de Predicadores.
Se trata de vivir, en la intimidad del convento, la intensidad de la obra del Espíritu y de vivir luego, fuera del convento, en la obra de la predicación, la generosidad de la confianza y la providencia y, en fin, esas señales que Nuestro Señor Jesucristo le da a los suyos en el capítulo X del evangelio de Mateo.
Vida de los Apóstoles y regla de los Apóstoles configuran a la Orden de Predicadores precisamente como una Orden apostólica, como una especie de contínuo memorial para sí misma y para la Iglesia de lo que significa estar vivamente unidos a Jesucristo, según aquello del capítulo tres de San Marcos: “Llamó a los que quiso para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar” San Marcos 3,13.