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De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 19991101

Título: Las bienaventuranzas y la vida religiosa

Original en audio: 20 min. 1 seg.


Para seguir esta celebración en el día de Todos los Santos, día también de la profesión solemne de de Sor Marly del Amor Misericordioso, me han pasado este cuadernito hermosamente editado que trae indicaciones muy precisas, dice, por ejemplo: "Después de que se levanta la profesa, el Presidente hace la plática exponiendo las obligaciones de los votos solemnes y las austeridades de la Orden".

Esa es la parte que me corresponde a mí en este momento, me toca hablar de las obligaciones y los votos solemnes y de las austeridades de la Orden de Predicadores a la que deseas vincularte por este camino de la vida contemplativa, esa fórmula que conocí hace algunos años, la fórmula que viene en este sencillo ritual, me ha llamado la atención, porque lo que se le pide al Presidente de la celebración es que despliegue la cruz, que muestre la cruz.

Lo que se espera de esta predicación es que aparezca claramente la Cruz, como la porción propia, como la herencia y lote que recibe la religiosa que hace su profesión solemne.

Es un poco extraño ese modo de hablar para nuestros oídos. Si a uno le preguntaran, no digamos a uno, tal vez algunos ya han aprendido estas respuestas, si se le pregunta a una persona adulta o a un joven terminando su bachillerato: "¿Usted qué desea hacer de su vida?" Tal vez la persona diga: "Quiero ser un ingeniero, un abogado, un médico, quiero ser un especialista en diplomacia y relaciones internacionales, un artista, tal vez un músico".

Si le preguntáramos a esa persona por qué quiere ser eso, la persona diría: "Porque quiero realizarme, porque quiero ser feliz, porque quiero desarrollar mis posibilidades, mis talentos, encontrar gozo, alcanzar mis metas". Yo pienso que estas serían las respuestas que nosotros daríamos: "quiero alcanzar mis metas", "quiero realizarme".

Pero aquí dice este ritual, que no lo han cambiado, dice: "El presidente hace la plática exponiendo las obligaciones y las austeridades, obligaciones de la Orden". Obligaciones de los votos y austeridades de la Orden, y lo menos que hace uno es preguntarse, cómo se puede conjugar, o si se puede conjugar una cosa con la otra.

Todo el mundo está buscando su realización personal, su felicidad, su gozo y resulta que aquí tenemos a una dama que parece estar en suficiente estado de salud mental y que dice que quiere oír hablar de las austeridades de la Orden y las obligaciones de los votos.

Dice uno: "Esto es una locura, esto no tiene sentido, sería lo mismo si una persona dijera: "Quiero encontrar problemas", "-¿usted por qué va a estudiar esa carrera?" "-Porque quiero encontrar muchos problemas", uno diría: "-O es un chiste malo, o es un loco el que está diciendo eso", pero las lecturas que acabamos de escuchar, sobre todo, el evangelio como que tienen el mismo virus.

Las lecturas están enfermas de lo mismo, parece que a Sor Marly le ha afectado, la ha contagiado el mismo virus que ya ha afectado a Jesucristo, porque Jesús estaba diciendo cosas que parecen también contradictorias, que parecen también locura: "Dichosos los que lloran, los sufridos, los que tienen hambre y sed de justicia" San Mateo 5,1-10.

Otros entienden: "Más dichosos los misericordiosos; bueno, ése como que uno lo puede entender un poco, sí la compasión, la misericordia pueden dar alguna felicidad, los limpios de corazón... sí, suena, los que trabajan por la paz... sí, más o menos."

Pero hay unas que uno no entiende: los pobres en el espíritu, que de pronto queda mejor traducido como dice el Leccionario de Colombia: "Los que tienen espíritu de pobre, los que lloran, los sufridos". Saquemos una primera conclusión.

En este momento lo que se le está diciendo a Sor Marly en este ritual es que todas estas bienaventuranzas le van a caer encima; eso es lo que se le está diciendo, o sea, que lo del ritual es una expresión del evangelio, ¡quien lo iba a creer!, lo que se le está diciendo es que el evangelio se va a cumplir en la vida de ella.

Imagínese que pasara esto: qué tal que el ritual no dijera lo que dice, que dijera, por ejemplo, el presidente, en este momento, predica y le dice a la religiosa que va a ser feliz y va a reír, va a gozar y nunca le va a faltar nada, y qué tal que ese día saliera el otro evangelio de Lucas que tiene, no sólo las bienaveturanzas, sino las malabenturanzas.

¿Ah? Qué tal que el día de la profesión de la religiosa el presidente diciéndole: "Tú vas a ser abundante en bienes, tú vas a ser feliz, tú no vas a tener problemas"; y el evangelio dice: "¡Ay! de los que no tienen problemas, ¡Ay! de vosotros los ricos, ¡Ay! de vosotros los que ríen, ¿qué querría decir eso? Querría decir que el estilo de vida de esa religiosa no va a recibir las bendiciones de Jesús, sino las lamentaciones de Jesús.

Bueno, vamos a ver cómo nos vamos aclarando. Lo primero, es que este género de vida, es una vida según las bienaventuranzas, punto. Eso es lo primero que nos queda claro.

La persona que sienta en su corazón que le palpita la sangre con las bienaventuranzas, esa persona sirve para esta vida, si no le palpita el corazón con las bienaventuranzas de Jesús, es mejor que haga otra cosa, se consiga, por ejemplo, un hornito, hace unas empanadas, va progresando: chorizo y arepa; saca adelante su negocio.

Eso no quiere decir que entre los chorizos y las arepas no se puedan vivir las bienaventuranzas, sino quiere decir que esta vida sólo se entiende si uno está convencido hasta el tuétano de las bienaventuranzas.

Si uno está convencido de lo mismo que contagió a Jesucristo, entonces uno entiende por qué una persona toma tantas renuncias, asume tantas pérdidas para orientarse en una vida que, como dice el ritual, tiene obligaciones y tiene austeridades, tiene cruz. Esta es nuestra primera conclusión en este día.

Pero eso no nos resuelve todavía el problema. ¿Qué tal que, por ejemplo, en esta selecta concurrencia, esté un psicólogo, como los psicólogos no llevan hábito, uno no sabe si hay; qué tal que un psicólogo de perspectiva humanista o conductista, en fin, esté por ahí sentado y esté oyendo lo que dice el predicador, ¿qué pensaría un psicólogo de esto?

Diría: "Aquí hay un trastorno grave, esto es grave, aquí tiene que haber un problema de la psiquis, ¿cómo así? Lo normal es que una persona quiera su realización, quiera su felicidad; lo normal no parece ser que una persona quiera las obligaciones de los votos y las austeridades de la Orden, ¿por qué eso?"

Es muy difícil conseguir un psicólogo que esté convencido vivamente de la fe, es muy difícil, eso no es sólo difícil para una profesión solemne, eso es difícil para todos los días del año. Claro que los hay, de que los hay los hay, pero toca buscarlos mucho.

Un psicólogo que pueda integrar el misterio de las bienaventuranzas, que no es otro sino el misterio de la Cruz, que lo pueda integrar en su psicología, es muy difícil, ¿qué podría pensar un psicólogo de esto? ¿Qué podría decir de esto?

Bueno, vamos a dedicar unos minutitos a decir una palabra sobre eso: ¿cómo se puede entender este tipo de vida, porque ¿sabe por qué hay que predicar de esto? Porque cuando la gente no entiende las verdaderas motivaciones y el verdadero sentido de esta vida, empieza a inventar cosas.

Cuando yo dejé una carrera universitaria, en la que gracias a Dios me iba bien, y dejé unas posibilidades familiares hermosas y cariñosas que nunca, gracias a Dios, me faltaron y entré a la Comunidad Dominicana y estaba en el noviciado nuestro en la ciudad de Chiquinquirá, algunos de mis amigos de la universidad, allá donde yo estudiaba, en la Nacional, fueron a visitarme a Chiquinquirá.

Un día llegaron en buen número, como unos diez o doce, entre ellos una amiga mía que no estudiaba mi carrera, física, estudiaba matemáticas puras, una muchacha supremamente inteligente, atea.

Mi amiga atea, recorre los kilómetros que separan a Bogotá de Chiquinquirá con doscientas setenta y tres preguntas en la cabeza, y cuando llega frente al convento nuestro, encuentra al que había sido su compañero de trabajos científicos con el hábito dominicano bendiciendo un camión.

Llega mi amiga atea, y el primer cuadro con que se encuentra es un camión con el capó levantado y lo están bendiciendo, y el "bendecidor" de ese camión era Nelson Medina, bendiciendo el camión; de hecho, ella ya no pudo entrar al convento, tuvo que pararse para ver cómo bendecía el camión, debo reconocer que me sentí un poco raro.

Acabada la bendición del camión, ella entró y me miraba de arriba abajo para ver qué otra particularidad tenía, por ejemplo, si comía tierra, si pateaba las paredes; cuando vio que yo me sentaba más o menos como una persona normal, sólo me hizo una pregunta: "¿Usted es feliz en esto?" le dije: "Creo que sí", me dijo: "Bueno", se paró y se fue.

Mucha gente puede pensar de la vida religiosa algo así. Si a esas mujeres les gustó encerrarse por allá, porque no les gusta la familia, porque no pueden con los hombres, porque tienen traumas afectivos, por lo que sea, bueno, allá ellas, si eso las hace felices, allá ellas.

Resulta que esa no es la verdad de la vida conventual. Es verdad que la vida religiosa tiene muchas alegrías, pero también tiene muchos sinsabores, además, la gente que se casa escoge con quién vivir, nosotros, los religiosos, no hemos escogido con quién vivir.

De pronto, hombre, uno está bien y llegó Fray Gustavo un día, "-¿Y usted?" "-Bueno, yo también profesé", "-bueno, darle pieza, cierto?" ¿Qué más se hace? Yo estoy obligado a darle pieza a Gustavo, porque cuando yo entré a la comunidad, yo tampoco le caí bien a todo el mundo, no sé por que le caí mal a alguien, pero uno no le cae bien a todo el mundo, eso tampoco es cierto.

No hay que llegar al extremo que afirmaba Voltaire, él decía: "Los religiosos llegan sin conocerse, viven sin amarse y mueren sin llorarse". No hay que añadir que Voltaire no era un promotor vocacional. Tampoco la cosa llega hasta ese extremo, pero uno tiene que decir que en la vida del convento tampoco es que esté en los grandes gozos y en las grandes satisfacciones humanas.

Estas mujeres, dentro o debajo de todas esas ropas, siguen siendo mujeres, con las cualidades propias y con los defectos propios del sexo femenino; con las deficiencias, con las necesidades, con las búsquedas propias de una humanidad herida por el pecado y levantada por la gracia.

O sea, que uno no entra al convento, uno no entra a la vida religiosa, por evitar... ¡eso no funciona! Las personas que entran tratando de evitar problemas, se convierten en problemas ellas; la gente que llega evitando problemas, la gente que llega huyendo, normalmente, sigue huyendo.

Este es un misterio distinto, ¿en dónde radica el misterio de esta vida? ¿Qué es la vida religiosa? No es sino la vida cristiana, esta, la de las bienaventuranzas, tomada con cierta radicalidad y según el modo de vida que tuvo Cristo en esta tierra, punto. Esa es la vida religiosa. Lo mismo que dijo Cristo para todo el mundo, lo mismo.

Nosotros lo queremos vivir con cierta intensidad de amor, con cierta dedicación, con cierta pasión por el absoluto y, ¡atención!, según el modo que tuvo el Verbo de Dios en esta tierra, esa es la vida religiosa, es la misma vida cristiana.

La vida religiosa no tiene su principal expresión en las cosas externas, que también ayudan, cosas externas como la clausura, como el hábito como las observancias regulares, esa no es la esencia de la vida religiosa, la esencia es una visión de amor hacia Jesucristo.

Decía el profeta Jeremías: "Señor, es que tú me has seducido es que tú me has enamorado; tú has luchado conmigo y me has podido". Jeremías 20,7.

Resulta que el proyecto de Jesús, el estilo de Jesús, la carne de Jesús, el amor de Jesús ha enamorado nuestros corazones y hemos considerado la posibilidad de dedicarnos sólo a eso. Y esto pasa no sólo con la vida religiosa, Isaac Newton fue célibe no por religioso, sino porque él estaba como prendado, como enamorado, como seducido por la ciencia y quería darle todas sus fuerzas a eso, eso tiene cierta lógica, eso es normal.

Cuando uno está finalmente apasionado por algo, uno se da a eso, y eso le pasa a los artistas, le pasa a los científicos, ¿por qué no le puede pasar a una persona que conozca a Jesucristo, que escuche de Jesucristo?